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Cortometraje - ‘El talento de las moscas’, de Laura Sipán

Este hermoso y multipremiado cortometraje de la zaragozana Laura Sipán (pincha aquí para leer una entrevista exclusiva con la directora), basado en una historia de Óscar Sipán, deja al espectador boquiabierto al primer visionado, perplejo, noqueado, vencido por su profunda sensibilidad, cautivado por su sencillez, su sutilidad, por su economía narrativa y la, no obstante, profundidad y riqueza de temas, perspectivas, propuestas, que van desde la guerra, el exilio y la derrota, al amor, las dudas, la dificultad ante la toma de decisiones, y que seduce desde el mágico primer instante en que asistimos atónitos a la caída libre en paracaídas de Antoine de St. Exupéry en el jardín de Sofía. Especial mención a la voz en off narrativa de la gran actriz española Mercedes Sampietro. Lo ofrecemos en dos partes sin cortes publicitarios y por el mismo precio. Imprescindible su visionado, incluso más de una vez (duración aproximada total, 16:02 mins.).

Agradecemos a Pat su sugerencia para su inclusión en esta escalera, y más en un día como hoy, cuando hace exactamente 112 años de la primera proyección cinematográfica en España (aunque el dato sea cuando menos discutible).

Fausto 5.0, el mito revisitado

Concebida como la última parte de una trilogía creativa del grupo teatral La fura dels baus en torno a la figura del Doctor Fausto iniciada con el montaje teatral Faust versión 3.0 y continuada con la ópera La condenación de Fausto, esta película dirigida en 2001 por Alex Ollé, Isidro Ortiz y Carlos Padrissa con guión de Fernando León de Aranoa es una de las obras más sugerentes e inquietantes del último cine español gracias a su atmósfera entre onírica, mágica y siniestra magníficamente recreada sin necesidad de los trucos y trampas visuales del más exitoso cine español de los últimos años. Con un reparto central excepcional compuesto por el argentino Miguel Ángel Solá (desprovisto de acento para la ocasión), la sugerente Najwa Nimri y, sobre todo, por el excelso y fenomenal Eduard Fernández (interpretación sublime, excepcional, enorme que le valió el premio Goya), la película revisita de forma actualizada y con una estética moderna el viejo mito de Fausto y sus relaciones con Mefistófeles.

La película nos cuenta el viaje que el Doctor Fausto (Solá) realiza a una decrépita, desolada y no identificada ciudad para acudir a una convención médica que ha preparado gracias a la ayuda de su recatadísima y casi monjil pero, no obstante, atractiva y perturbadora secretaria (Nimri) y de la extraña relación que se establece entre él y Santos (Fernández), encarnación siniestra de Mefisto entre el casticismo grosero y bastante “jeta” y el refinamiento seductor del más poderoso demonio de los abismos del mal. Porque Santos, un hombre que disfruta de la vida y de sus placeres, dice haber sido en otro tiempo paciente del Doctor Fausto y haber recibido un diagnóstico de desahucio médico ocho años atrás ante sus complejas dolencias, y sin embargo, ahora se encuentra ante él, sano y recuperado, obligándole a aceptarlo como cicerone obligatorio por una ciudad desconocida que le resulta inhóspita, decadente, en ruinas.
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Música para una banda sonora vital - Peter Gabriel

Este clásico de Peter Gabriel, Solsbury hill, aparece en muchas películas. Quizá la más reciente que cuenta con esta canción en su banda sonora sea la irregular comedia In good company (titulada estúpidamente una vez más en España Algo más que un jefe), que cuenta la historia de un veterano jefe de ventas de una revista que con más de cincuenta años tiene que aceptar a un nuevo jefe de tan solo 26. Cuenta con actores y actrices como Dennis Quaid, Scarlett Johansson, Philip Baker Hall o Marg Helgenberger, y recibió en general buenas críticas aunque a mí especialmente no me agrada. Lo mejor, la música.

Por otro lado, en El coleccionista de huesos, dirigida por Philip Noyce en 1999 y con Denzel Washington y Angelina Jolie como protagonistas, vulgar thriller de asesino psicópata identificable como tal nada más verlo al principio de la película, Don’t give up, otro clásico de Gabriel, sirve para cerrar de manera digna tanta banalidad.

‘Julio César’: Shakespeare, Mankiewicz y Brando

Cuando Julio César, según la tragedia de William Shakespeare pero en circunstancias muy similares a las leyendas que el pueblo de Roma contó durante siglos, acudía al Circo Máximo para los festejos durante los cuales le sería ofrecida la corona de rey, un viejo y ciego augur le gritó desde el público: ¡¡¡ GUÁRDATE DE LOS IDUS DE MARZO !!! El anciano se refería, según la cronología actual, al periodo que comprendían los días 13 al 15 del mes, en este caso marzo del año 44 antes de nuestra era, y César, que despreciaba tanto a sus rivales de entonces que incluso infravaloraba las amenazas que pudieran surgirle de ellos, respondió que ya estaban en los Idus y que nada le había ocurrido. “Sí, pero los Idus aún no han terminado”, añadió el ciego. Y como todos sabemos, acertó.

El extraordinario director, guionista y productor Joseph Leo Mankiewicz adaptó en 1953 la magistral tragedia compuesta por William Shakespeare y realizó una magnífica película en la que se dan la mano la Historia, la leyenda, la mejor Literatura y un conjunto de interpretaciones soberbias, excelentes, inigualables, que sin duda merecerían ser objeto de análisis minucioso en cualquier escuela de arte dramático. Shakespeare y Mankiewicz tienen, en primer lugar, el enorme acierto de situar la trama en el momento más preciso. Ni la película hace un panegírico de la figura de César, uno de los personajes más importantes de la Historia de la Humanidad (inventor entre otras cosas de la burocracia, en especial de la parlamentaria y presupuestaria), gran político, filósofo, militar, humanista y literato, generoso con sus amigos y más aún con sus enemigos, ni se pierde en innecesarios epílogos que recojan los avatares del Segundo Triunvirato y las luchas entre Octavio y Marco Antonio. La película comienza precisamente en los festejos en los que César, sabio manipulador de las masas, rechazará por tres veces la corona de rey que le ofrezca el Senado, obligado a ello por un pueblo que adora al dictador (surgido de una familia de la aristocracia agraria, pero pobre como casi todos ellos) y que es escéptica frente a los aristócratas y burgueses del Senado. La película nos muestra el complot para libertar a Roma del tirano, la gestación de la conjura, con Casio a la cabeza, y las dudas de Bruto, que finalmente se entregará en cuerpo y alma por el futuro de Roma. Avanza con el asesinato de César y por los acontecimientos posteriores que sacudieron a la capital del mundo, desde la gestación del Segundo Triunvirato (el Primero lo formaron César, Craso y Pompeyo) por Marco Antonio, Lépido y Octavio (magistral también la escena en la cual los tres se reúnen en la mesa de César ante su silla vacía para elaborar el reparto de poder en la futura Roma, y Brando, al final de ella, tras haber despachado al anciano Lépido y al enfermizo, aunque inteligentísimo y prudente, Octavio -fue de hecho quien terminaría años más tarde quedándose con todo en una maniobra maestra- se deja caer en la silla del dictador, marcada con el águila que Octavio convertirá en imperial bajo el nombre de Augusto), hasta el ostracismo de los asesinos, su rebelión militar en el oriente del imperio, su derrota definitiva en Filipos ante Marco Antonio y Octavio y la muerte de los conjurados.
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Diálogos de celuloide - Flores de otro mundo

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PATRICIA: Oye, ¿te gusto?

DAMIÁN: ¿Cómo?

PATRICIA: Que si te gusto.

DAMIÁN: Claro.

PATRICIA: ¿Y por qué no me lo dices?

DAMIÁN: Pues si ya lo sabes.

PATRICIA: Ay, muchacho, no sea tan desabrido. A nosotras las mujeres nos gusta que nos lo digan.

DAMIÁN: Pero qué.

PATRICIA: Que te gusto.

DAMIÁN: Pues eso.

PATRICIA: Pues eso qué.

DAMIÁN: Que sí.

Flores de otro mundo. Iciar Bollaín (1999).

Cine en serie - El festín de Babette

CINE PARA CHUPARSE LOS DEDOS (III)

Una maravillosa delicia esta película del danés Gabriel Axel basada en una historia de Karen Blixen (o Isak Dinesen), ganadora del Premio de la Academia a la mejor película de habla no inglesa en 1987: sutileza, sencillez, tacto, buen gusto, puro gozo hecho cine para el deleite de los sentidos, particularmente de la vista y del… apetito, el verdadero sexto sentido. Esta película “pequeña” sorprende por su perfección narrativa, su maravillosa puesta en escena, mínima pero eficacísima, y por su belleza visual encantadora, sugerente, mágica. Una película para recordar mucho, mucho tiempo, sin duda, y para que los atrevidos practiquen sus dotes culinarias.

En la convulsa Europa del XIX, sumergida en constantes guerras, revoluciones, movimientos de masas, conflictos políticos, invasiones, nacionalismos, comunismos, anarquismos, conservadurismos, imperialismos y colonialismos, aún quedan reductos medio olvidados de todo y de todos que subsisten gracias a la tradición, a una moral rígida y controladora, y a una estética de la austeridad y de la pureza como formas de transitar por el valle de lágrimas de la vida haciendo méritos para disfrutar de la otra que pudiera venir (hay gente ‘pa tó’, que dijo el Maestro). En una pequeña y olvidada comunidad de Dinamarca viven dos hermanas ancianas que no han hecho más que el bien en toda su vida y que, ahora ya muy mayores, sienten una gran nostalgia por todo aquello a lo que renunciaron, por todo aquello que no vivieron, por la música, la fiesta, el amor desenfrenado, los placeres de la vida y de los sentidos. O sea, por todo lo que la religión prohíbe para tenerlo todo bien sujeto y controlado, en su costumbre de girar cheques sin fondos por una vida eterna que hay que creerse obligando a amargarse en ésta, mientras recaudan los billetes para el viaje en terrenales billetes y monedas. El puritanismo en el que estas hermanas fueron educadas les ha arruinado la vida, les ha impedido ser felices, y la austeridad, la rutina y las sencillas convenciones y formas de la vida cotidiana son su único mundo desde décadas atrás. Pero un buen día aparece Babette, una francesa que huye de los convulsos vientos que soplan en la Europa Central y del Sur, y que encuentra refugio en el pequeño e insulso oasis de vida contemplativa de la pequeña comunidad danesa.

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La tienda de los horrores - Sahara

Bodrios como éste hay muy pocos. Construida como una sucesión de entretenidas escenas de acción en competencia por erigirse en la más estúpida, absurda, superflua y ridícula, esta cinta del intrascendente Breck Eisner (alguien debería aprobar una ley para abolir determinados nombres anglosajones… ¿qué demonios quiere decir “Breck”?), rodada en 2005 es candidata en firme al título de Petardo Fílmico del Siglo XXI, y cuenta como protagonistas con Matthew McConaughey, Matiumaconajiú en cristiano, y la ínclita Penélope Cruz, en su momentánea preocupación por abrirse paso en Hollywood rodando mierda entre amante y amante de la farándula (y repito, ya hicimos este mismo comentario una vez, que no debe tildarse de sexista; hay que tener en cuenta que sus intrascendentes papeles en América hasta su trabajo con Almodóvar en “Volver” no le proporcionaron la fama que sus múltiples devaneos amorosos sí le dieron; negar eso es negar la realidad), en una curiosa forma de hacerse un nombre por cualquier camino que no sea elegir proyectos en condiciones.
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Mis escenas favoritas - El nombre de la rosa

La risa es peligrosa porque con ella no existe el miedo, y sin el miedo, no hay autoridad. Eso siempre lo ha sabido la Iglesia y por tanto no ha escatimado medios en dos largos milenios y pico para que se nos hiele la sonrisa permanentemente. El nombre de la rosa, de Umberto Eco, no es sólo una novela de crímenes ambientada en una oscura abadía del norte de la Italia del siglo XIV. Habla, mucho y bien, de la religión en general como instrumento de poder, y de la Iglesia católica en particular como ente que ha llevado a la perfección hábiles sistemas de dominación sobre sus semejantes, hasta llegar a la esclavitud intelectual, tan perjudicial, si no más, que la común. Para muestra, esta conversación entre Guillermo de Baskerville, personaje trasunto del Sherlock Holmes de Conan Doyle, y Jorge de Burgos (anagrama de Jorge Luis Borges, viejo, inclinado y ciego para dar más pistas, cuyo Aleph sirve de inspiración además para la laberíntica biblioteca de la historia) en este clásico del cine europeo de Jean-Jacques Annaud, que logra captar el espíritu original de la obra aunque lo pervierte en algunos aspectos, como la hollywoodiense muerte del inquisidor Bernardo Gui (inspirado en el inquisidor perseguidor de los cátaros Bernardo Guidoni) en la parte final de la película. Hablaremos más largo y tendido de ella.

‘La mirada de Ulises’, la mirada de la Historia

El cine alcanza con toda justicia la cota de manifestación artística de primer orden, equivalente a las mayores obras maestras de la Pintura, la Escultura o la Literatura, gracias a obras como la que el griego Theo Angelopoulos rodó en 1995, por la que consiguió la Palma de Oro en Cannes. Angelopoulos, con una maestría sublime, una estética arrebatadora, un lirismo conmovedor, una desnudez de elementos superfluos envidiable, un ritmo pausado y reflexivo, una puesta en escena sencilla y despojada de artificios y unas imágenes de enorme belleza, profundo calado simbólico y culto al rostro de los actores, rostros casi esculpidos al viejo estilo de los genios de la Hélade, se convierte ante nuestros ojos en testigo de la Historia, en depositario de la eterna sabiduría de ese continente autónomo, de ese ecosistema de almas y sueños humanos, de esa gran nación de la Humanidad que es el Mediterráneo, esta vez concentrándose en el este europeo y la cuenca del Mar Negro.

Esta sugerente, conmovedora, impactante película que a lo largo de sus tres horas de duración derrocha belleza y lirismo y que sirve tanto como resumen histórico de seis mil años de civilización en los Balcanes como de estudio de emociones humanas, en particular del eterno sentimiento de búsqueda que padece el Hombre, nos cuenta la historia de un director de cine griego (Harvey Keitel) exiliado a Estados Unidos años atrás por cuestiones políticas que vuelve a su país para presentar su última película en un festival local que se celebra en su ciudad de origen. El director cuenta además con otro motivo para su viaje, un secreto íntimo que espera desvelar, su obsesión por la primera película que se rodó en Grecia a finales del siglo XIX o principios del XX a cargo de dos pioneros del cine, una pareja de hermanos que por vez primera retrataron en cinematógrafo imágenes en movimiento en el país balcánico (inquietantes, cautivadoras, hipnóticas imágenes, breves y en estado muy precario, en las que se nos muestra a un grupo de mujeres enlutadas, mayores, ancianas y jóvenes, con sus labores domésticas cotidianas, la huella de la Historia en sus rostros curtidos, memoria de miles de años en los que el luto de la mujer ha sido el uniforme oficioso reglamentario de la cultura mediterránea, tan antiguo como el Partenón, el Templo de Jerusalén o las Pirámides, la memoria que va desde Penélope aguardando a Odiseo directamente hasta nuestras madres y abuelas, siempre la misma mirada de miles de años de antigüedad, el mismo brillo, la resignación, la abnegación, el orgullo y la fuerza indómita en forma de arrugas surcando una piel castigada, sacrificada y hermosísima, el rostro de la Historia). Continuar leyendo ‘‘La mirada de Ulises’, la mirada de la Historia’

Diálogos de celuloide - Las nieves del Kilimanjaro

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TÍO BILL: Beatriz, hay algo de divinidad en ese nombre. Dante, ¿te acuerdas?

CONDESA: Sí tío.

TÍO BILL: Mi querida muchacha ¿es usted divina?

BEATRIZ: Oui, monsieur.

TÍO BILL: Lo suponía.

The snows of Kilimanjaro. Henry King (1952).