Cine en serie – Excalibur

•Febrero 9, 2010 • 8 comentarios

MAGIA, ESPADA Y FANTASÍA (XI)

Los inmortales y majestuosos acordes de Carmina Burana, de Carl Orff, acompañan la última salida al combate de Arturo, el legendario rey de Camelot, a la vez que sus dominios van librándose de la oscuridad, recuperando la primavera que disfrutaron tiempo atrás a cada paso que acerca al monarca y a los caballeros que todavía le son fieles a la batalla contra su -involuntariamente- incestuoso hijo, Sir Mordred, habido a raíz de un sortilegio de su hermanastra Morgana. La última batalla, la muerte segura de un rey que sabe cuál es el precio a pagar por recuperar su país y su legado. El cierre de un ciclo con la vuelta de Excalibur, su legendaria y poderosa espada, a manos de la Dama del Lago, y que se inició cuando el rey Uther, enloquecido por el deseo, convenció a Merlín de que, a cambio de entregarle el producto de su amor, creara un conjuro que le permitiera yacer con la esposa de su nuevo aliado, el rey de Cornualles, la posterior muerte de Uther y la mítica espada clavada en la roca de la que, dieciocho años después, sólo podría retomarla un caballero de su estirpe.

Así, con unas riquísimas y bellísimas imágenes más cercanas a lo operístico que a lo cinematográfico, recrea John Boorman una de las leyendas más presentes en la cultura europea occidental y una de las más importantes, si no la que más, de la etapa medieval, repasando cada uno de los episodios conocidos con meticulosidad y, por qué no decirlo, con algo de lentitud y densidad: el asalto por Uther del castillo de Tintagel, la elección de Arturo como soberano, la guerra frente a sus enemigos, la creación de la Tabla Redonda, la búsqueda del Grial, y en enfrentamiento postrero con Mordred para salvar al reino de las tinieblas y la maldad. Y cómo no, la amistad de Arturo y Lanzarote y el affaire de éste con Ginebra, la esposa del rey, custodia y guardiana de la espada durante todos sus años de retiro en un monasterio, que coinciden con la decadencia física de Arturo (extensible a su reino) y el destierro de Lanzarote. Continuar leyendo ‘Cine en serie – Excalibur’

Música para una banda sonora vital – Juego de lágrimas

•Febrero 7, 2010 • 7 comentarios

De las músicas que suenan a lo largo del metraje de Juego de lágrimas, jugoso drama del irlandés Neil Jordan filmado en 1992 y que cuenta una muy sui generis historia que combina el terrorismo del IRA, el drama romántico de personajes solitarios y unas cuantas sorpresas de guión que nos enseñan que el amor y el sexo son una caja de sorpresas, la mejor es sin duda When a man loves a woman (o casi, podría decirse en este caso) clásico del soul de Percy Sledge que abre la cinta acompañando esa escena panorámica de una feria de atracciones, con el bullicio de las casetas y la silueta de la noria clavada en el cielo, y que, a la vista de las derivas de la trama, cobra una dimensión insosprechada (y algo guasona, la verdad).

Por tanto, aunque no tenga que ver con la película y ya que andamos metidos en el soul, cabe preguntarse, como hacían los belgas Vaya con Dios en este tema, aunque moderno y europeo, no menos clásico, What’s a woman.

Un caso para Sherlock Holmes: el problema de la adaptación literaria al cine a propósito de El perro de Baskerville

•Febrero 5, 2010 • 18 comentarios

“El público quiere un Sherlock Holmes más físico”. Tamaña estupidez (y lo peor, vistas las cifras de taquilla, es que es una estupidez acertada, quizá porque el público lo que quiere es físico, sea o no Sherlock Holmes) la afirma, cómo no, Guy Ritchie, el autor material que ha perpetrado la última fechoría contra los clásicos de la literatura a manos del sindicato de directorcetes de cine, bien incapaces de crearse una voz y un estilo propios a la hora de narrar historias, bien cuyo talento, atrapado en una única forma de contar todo envoltorio y nada de chicha que reproducen una y otra vez en cada trabajo, carecen de verdarera inteligencia y pericia cinematográficas para salirse de ella y mantener su nivel recaudatorio a la vez que progresan en lo artístico, como es el caso del británico en cuestión. Valga que la película de marras sea de encargo, pero siempre se puede decir que no, a no ser que se carezca de talento y ambición para hacerlo mejor.

Disponer de una amplia gama de relatos de Sherlock Holmes y, sin embargo, apostar por un cómic bastante poco riguroso es sin duda uno de los indicios de mediocridad que avalan el resultado final. Pretender innovar en un campo en el que se han hecho tantas cosas, mejores y peores, y en el que existen ya un buen número de visiones altenativas, desde La vida privada de Sherlock Holmes a El secreto de la pirámide (con aspectos directamente fusilados por Ritchie), pasando por la serie de dibujos animados japonesa de Miyazaki, es el camino más corto al plagio descarado o a la irreverencia frente a personajes y situaciones y, por extensión, a los millones de lectores para los que Holmes forma parte de su imaginario colectivo al mismo nivel universal que, por ejemplo, Don Quijote y Sancho. Y aunque el Holmes de Ritchie no es, en última instancia, tan infiel (aunque lo es) al original como cabría esperar, sí es cierto que no reconocemos al auténtico Holmes en la piel de ese vulgar macarra mamporrero que encarna estupendamente Robert Downey Jr. Por el contrario, en anteriores versiones, quizá igualmente inexactas en lo que a la figura del protagonista se refiere (su “uniforme” de la gorra de cazador y la capa de cuadros, la pipa y el continuo “elemental, querido Watson”, inexistentes en las obras de Conan Doyle) y que han configurado una visión colectiva del personaje un tanto distante de su verdad literaria, no nos cuesta nada identificar las notas características de un personaje inmortal, aunque en algunas versiones perpetradas con extraños fines propagandísticos el Holmes de Basil Rathbone, por ejemplo, se las tuviera que ver con agentes alemanes o en tramas de espionaje internacional en un clima prebélico.

En cualquier caso, para contrarrestar el mal sabor de boca dejado por esa especie de Sherlock Holmes de Guy Ritchie, nada mejor que volver la vista atrás, en concreto a 1959, y sumergirse en la adaptación que Terence Fisher hizo de una de las más recordadas historias del detective, El perro de Baskerville, ya filmada en 1939 con Rathbone en la piel de Holmes y, esta vez, con otra de las caras más reconocibles del famoso sabueso: Peter Cushing. Continuar leyendo ‘Un caso para Sherlock Holmes: el problema de la adaptación literaria al cine a propósito de El perro de Baskerville’

Mis escenas favoritas – Frankenstein

•Febrero 3, 2010 • 24 comentarios

Lo sé, lo sé, ya tardaba a salir por aquí el alter ego de un servidor…

La escena de la niña y el estanque es una de las más conocidas de Frankenstein (titulada, por una vez, acertadamente en España El Doctor Frankenstein, ya que se trata del nombre del creador, no de la criatura con quien todo el mundo identifica ese apelativo -que algunos llamamos Frankie como a Sinatra-, y que sigue sin tener nombre a día de hoy), el clásico de James Whale de 1931, parodiado de manera desternillante cuatro décadas más tarde por Mel Brooks en su, ejem, adaptación.

Cine en serie – El destino también juega

•Febrero 1, 2010 • 10 comentarios

POKER DE FOTOGRAMAS (VI)

¿Dónde va por en medio del desierto del oeste americano un carro fúnebre a toda velocidad? ¿Llega tarde a un entierro? No. ¿Huye de algo o de alguien? ¿De los indios, quizá? Tampoco. Llega tarde nada menos que a una partida de póker. El hombre que conduce (Charles Brickford) es el rico propietario de las pompas fúnebres más solicitadas de Texas, y está recogiendo uno a uno a los jugadores que van a participar en la partida más dura del territorio. Saca de un juzgado casi a rastras a Havershaw (Kevin McCarthy), abogado que no vacila en dejar en el aire la sentencia a muerte de un juicio con tal de no llegar tarde a la partida, y de su casa al millonario Drummond (genial, inconmensurable, Jason Robards), que se marcha de la boda de su propia hija (de la que él dirá más tarde, “es más fea que un limón”) para no llegar tarde al evento que está esperando durante todo el año.

A big hand for a little Lady, de 1966, western que no es un western dirigido por Fielder Cook, pertenece a ese grupo de películas, casi ya un género en sí mismo, que pueden catalogarse como películas con sorpresa, seis años antes que La huella, siete antes de que se rodara El golpe, y décadas antes que otras del mismo tipo como Sospechosos habituales o la argentina Nueve reinas. De camino a una pequeña granja de San Antón, Texas, Meredith (Henry Fonda), Mary (Joanne Woodward), y su hijo de 10 años, se quedan a descansar en un hotel de una ciudad llamada Laredo tras sufrir una avería en la carreta en la que transportan todos sus enseres. A la vez, los hombres más ricos del territorio, empedernidos jugadores de póker, incluyendo al multimillonario Henry Drummond, se reúnen en un reservado del mismo hotel para la más importante partida de póker del Oeste. Meredith, aficionado al juego, pasatiempo que tuvo que abandonar a raíz de la insistencia de su mujer tras haber adquirido en el pasado deudas impagables que pusieron en riesgo su vida y su matrimonio, motivo éste de su huida hacia un rincón perdido de Texas donde no haya salones ni casinos, acaba por azar y con la secreta ambición de aumentar el escaso capital con el que han partido en su aventura en una mesa sin que su mujer lo sepa, jugándose la poca fortuna familiar que poseen y todo su futuro al destino de las cartas. Nervioso, ansioso, malhumorado y cada vez más angustiado, pierde continuamente mientras espera el milagro de un buen juego que le haga multiplicar su dinero y poder abandonar la mesa antes de que su mujer regrese y descubra que ha faltado a su palabra. Sus secretas plegarias son escuchadas, y por fin, cuando apenas le quedan unas pocas fichas sobre la mesa, recibe una mano ganadora. Sin embargo, con el poco dinero que le queda y enfrentado a las mayores fortunas del Estado, no puede cubrir el importe de las apuestas y corre el riesgo de perder todo lo que posee aunque atesora en sus cartas la mejor mano de póker de su vida. La presión es enorme, los nervios, insoportables, y el ataque cardiaco, inevitable. Meredith se desploma mientras estrecha sus valiosas cartas contra el pecho. Su mujer, puritana, moralista antijuego y antialcohol, no tendrá más remedio que, una vez descubierta la traición de su esposo, intentar terminar la partida a pesar de que jamás ha visto una baraja en toda su vida y ni siquiera conoce las reglas del póker. Continuar leyendo ‘Cine en serie – El destino también juega’

La tienda de los horrores – A Wong Foo, gracias por todo (Julie Newmar)

•Enero 30, 2010 • 13 comentarios

Cabría preguntarse por qué cuando al cine americano le da por, según ellos, “adaptar” grandes éxitos internacionales a las “particularidades” de su público, siempre opta por hacerlo descargando a excelentes películas de sus mayores logros narrativos e interpretativos y reduciéndolas a meros clichés sentimentaloides, a pastiches sensibleros para esclavos de las taquillas o de eso llamado “entretenimiento”. Hay decenas, cientos de ejemplos (desde Tres solteros y un biberón a Deliciosa Martha, por citar dos grandes éxitos europeos relativamente recientes muy venidos a menos en sus adaptaciones yanquis) de grandes éxitos a nivel mundial procedentes de cinematografías distintas a la norteamericana que, reconvertidas en productos made in Hollywood, fueron banalizadas, plastificadas, estupidizadas y puestas en el mercado para horror de quienes alguna vez se sintieron conmovidos, emocionados o seducidos por las cintas originales. En 1995 le tocó a la simpática comedia australiana Las aventuras de Priscilla, reina del desierto, pasar por la batidora-piqueta y volver a la luz convertida en esta cosa llamada A Wong Foo, gracias por todo (Julie Newmar), rodada por Beeban Kidron, autor de filmes olvidables cuyo mayor éxito es Bridget Jones: sobreviviré, lo cual explica todo, constituye un testimonio vivo de sus nulas cualidades como director.

Este plagio apenas disimulado está igualmente confeccionado bajo la forma de road movie, y cuenta las peripecias de tres drag queens (el malogrado Patrick Swayze, el machorro Wesley Snipes y el frágil John Leguizamo, el único que consigue dotar a su personaje de una dimensión humana que permita ver al espectador algo más que un recipiente de testosterona travestido) que realizan un largo viaje en automóvil a través de Estados Unidos para asistir a un certamen de reinonas. Pero claro, el coche las deja tiradas en medio de ninguna parte y van a parar a un pueblucho de mala muerte en el que los lugareños viven plácidamente en una atmósfera palurda, conservadora, religiosa y represiva, que la aparición de las tres recién llegadas va a transformar para siempre, sacando a la luz la verdadera naturaleza alegre, despreocupada y feliz que sus habitantes llevan dentro… Snif, snif.

Kidron, que da para lo que da, echa por el sumidero todo lo que de especial tenía la cinta australiana, Continuar leyendo ‘La tienda de los horrores – A Wong Foo, gracias por todo (Julie Newmar)’

Mis escenas favoritas – La quimera del oro

•Enero 28, 2010 • 23 comentarios

Siempre es buen momento para volver a Charles Chaplin. La quimera del oro, de 1925, contiene algunos momentos inolvidables de su filmografía y de toda la historia del cine, como el famoso guisado de bota y con el baile de los panecillos. Escenas que sólo pueden ser obra de un genio.

Cine en serie – Lady Halcón

•Enero 26, 2010 • 25 comentarios

MAGIA, ESPADA Y FANTASÍA (X)

El éxito continuo y, a juicio de quien escribe, increíblemente desmesurado, que desde los ochenta tiene la épica de inspiración medieval con tintes fantásticos en el cine (y no sólo en el cine, ahí tenemos la eclosión de los juegos de rol) ha alcanzado en los últimos tiempos su máxima eclosión con la saga de El Señor de los Anillos, de la que ya hemos hablado dentro de esta misma sección suficientemente (por no decir demasiado), pero se trata de un género que periódicamente ha estado presente en las carteleras con más o menos pretensiones y mayor o menor fortuna. Uno de los clásicos es esta cinta de Richard Donner en la que nos ofrece una fantasía de romance, magia y aventuras de capa y espada en la Europa medieval.

El obispo de Aquila (John Wood), un hombre ambicioso y sin escrúpulos herido en su orgullo, invoca a las fuerzas del mal para lanzar sobre una pareja de amantes, Isabel y Navarre (Michelle Pfeiffer y Rutger Hauer) una insólita y cruel maldición: estarán condenados a permanecer juntos pero con la imposibilidad de amarse; de día, ella se convertirá en halcón, de noche, ella recobrará su forma humana pero él se transformará en lobo. Así habrán de permanecer, separados pero juntos, mientras vivan. Hundidos en la desesperación, viven su condena como almas en pena hasta que la casualidad quiere que un ratero, Gaston (Matthew Broderick), se cruce en sus vidas y abra una puerta a la esperanza.

La película, vibrante y pausada (a veces demasiado, por no decir que tiene un evidente, y a ratos desquiciante, problema de ritmo), romántica y con todo el sabor de la aventura y la acción rebozada de música con reminiscencias pop y rock (de largo, lo peor de la cinta, pese a contar con el grupo de pop sinfónico-psicodélico The Alan Parsons Project), contiene todos los elementos de este exitoso subgénero: castillos, hechizos, romanticismo, combates, lucha entre buenos y malos, acción, humor y fantasía a raudales, y, como plus, cuenta con la impagable presencia de la belleza de Michelle Pfeiffer, en la que la excelente fotografía del gran Vittorio Storaro, que hace de esta película menor para público juvenil un placer estético de primer orden, se recrea y se detiene a gusto para ofrecernos postales imborrables. Sin embargo, la mezcla encaja de una manera tan poco natural, tan forzada, que invita a pensar que algo no funciona. Continuar leyendo ‘Cine en serie – Lady Halcón’

In memoriam – Jean Simmons

•Enero 25, 2010 • 14 comentarios

Música para una banda sonora vital – Smoke

•Enero 24, 2010 • 16 comentarios

Aprovechando la música de Jerry García, versión de Smoke gets in your eyes de The Platters que se contiene en la banda sonora de la película, os invitamos, queridos escalones, al evento que tendrá lugar este próximo martes 26 de enero en el Forum de FNAC Zaragoza-Plaza de España con la participación de un servidor.

LIBROS FILMADOS: SMOKE
26/01/10. 18:00 h. (proyección) y 20:00 h. (coloquio)

Organizado por la Asociación Aragonesa de Escritores y coordinado por Alfredo Moreno, inauguramos con esta sesión otro ciclo de sesiones donde cine y literatura se dan la mano. Después de la proyección de cada película se abrirá un coloquio sobre la obra literaria original y su adaptación cinematográfica. Comenzamos con Smoke, un brillante ejercicio de Wayne Wang en la dirección de actores y puesta en escena apoyado por el soberbio guión de Paul Auster a su vez basado en el relato “Cuento de Navidad” de A. Wren. Se trata de una interacción de personajes y vidas cotidianas de barrio, un rompecabezas emocional que se refleja metafóricamente en la colección fotográfica que a diario alimenta el personaje central, dueño del estanco, transformándose ésta en el compendio de proyectos, ilusiones y decepciones de todos los que por allí transitan.