La tienda de los horrores – Braveheart

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Menudo careto tiene aquí el amigo Mel Gibson, probablemente uno de los bichos más raros del Hollywood actual, conocido por su carácter fuerte, a veces violento, difícilmente compatible con su sentimiento profundamente religioso (de hecho, uno de los días más felices de su vida, según él mismo ha dicho, fue el que una hija suya le confesó que deseaba hacerse monja). Norteamericano de Nueva York, mucha gente cree que es australiano porque fue en ese país, donde su familia había emigrado intentando que los hijos mayores del matrimonio no fueran movilizados para la guerra de Vietnam, donde inició su carrera en el cine, protagonizando la gran Mad Max con tan sólo 23 añitos, a la que siguieron Gallipoli, una versión moderna de Rebelión a bordo, acompañado por grandes actores británicos como Anthony Hopkins, Liam Neeson, Daniel Day-Lewis, Laurence Olivier o Edward Fox, o la magnífica El año que vivimos peligrosamente, junto a Sigourney Weaver.

Una vez vuelto a las Américas, alcanza su consagración mundial con el papel de violento y desequilibrado sargento de policía Martin Riggs en la serie de películas de Arma Letal, junto a Danny Glover, y se especializa en papeles de acción y violencia física y verbal. Salta a la dirección con Eternamente joven, un drama lacrimógeno, y realiza el mejor papel de su carrera, con muchísima diferencia, en la versión que de Hamlet filmó el director italiano Franco Zeffirelli, y en la que Gibson salió mucho más que airoso de un papel, el del príncipe de Dinamarca, que la crítica esperaba que iba a suponer su mayor batacazo.
Su siguiente salto a la dirección y su entrada en el Olimpo conservador de Hollywood fue esta Braveheart de 1995, que le dio el premio a la mejor película y mejor director en la Academia, lo cual dice muy poco en favor de estos premios.
La película, por si alguien no la ha visto, retrata, eso sí, en clave de defensor de los oprimidos y libertador de los esclavos, la lucha del héroe escocés William Wallace por la independencia de Escocia frente a los ingleses en tiempos de Eduardo II. Lo cual no estaría mal en sí, dado que realiza una aproximación veraz y realista a lo que debieron ser los asesinos y criminales métodos de ocupación ingleses, después perpetuados durante siglos por todo el mundo, al mismo tiempo que ofrece unas notables escenas de combates que probablemente se asemejen en su crueldad mucho más a los reales de aquellos tiempos que en cualquier otra película previa, aunque quizá se recree en planos excesivamente violentos que no aportan nada y que podrían haberse recogido de otro modo.
El problema es que la peli no se la puede creer nadie que tenga dos dedos de frente. El tal Wallace no creo que fuera un retrato muy aproximado a un demócrata defensor de los derechos humanos y de la libertad, tal como nos ofrece Gibson, que pone en su boca pensamientos e ideales que no aparecerán en el mundo hasta la Ilustración, además de darle hacia el final de la película casi un carácter mesiánico o providencial, aunque posiblemente en Escocia fuera aniquilado de un guantazo por atreverme a decir semejante cosa. El caso es que Gibson nos plantea unos personajes planos y presos de un maniqueísmo nauseabundo, con momentos de humor actual difícilmente encajables en el siglo XIV, y con una pirueta narrativa (el embarazo de la Princesa de Gales a cargo del melenudo Wallace), que traspasa las cotas del delirio y la pérdida de las funciones cerebrales mínimas. La peli se alarga en exceso, el ritmo se hace depender no de lo que cuenta la historia, sino de los continuos enfrentamientos armados, el guión es en sí mismo pobre, y la fuerza de los paisajes, la sutileza con la que trata la historia de amor al principio, aunque luego degenere en el pasteleo más burdo, y algún buen retrato particular de ciertos personajes (el futuro rey Robert Bruce, interpretado por Angus Macfayden), no impiden que la narración decaiga hasta quedar bajo mínimos, que esta película sea de esas que pueden verse una vez por entretenimiento, pero no más, sin que el vómito ascienda por el esófago. Eso por no hablar del nulo rigor histórico, porque aunque Gibson se preocupa de señalar sin errores los míticos acontecimientos que recuerda el nacionalismo escocés más puro, maneja las cronologías a su antojo (como el hecho de hacer morir a la vez al héroe y al villano, cuando en realidad murieron casi con diez años de diferencia). Por otro lado, la película nos ofrece por vez primera la escena que luego Gibson gusta de repetir fotograma a fotograma en sus películas posteriores: nos referimos a la tortura de un personaje, a su mirada clavada en el público, al niño (o diablo, en La Pasión de Crristo) que se le queda mirando y le sonríe, mientras se ve el primer plano del personaje y quedan en segundo plano sus mondongos arrancados de cuajo por el verdugo, todo ello rodado a cámara lenta y con una musiquilla de una tía haciendo gorgoritos solemnes y pomposos… (la misma escena, además de en La Pasión de Cristo, se repite en Apocalypto, en lo alto de una pirámide azteca).
Por todo ello, esta película alcanza un merecido lugar en esta tienda de los horrores.

Acusado: Mel Gibson
Atenuantes: su papel en Hamlet, de Zeffirelli y cierto sentido del humor que le permite ridiculizarse a sí mismo, en la serie The Simpsons, o en una comedia norteamericana protagonizada por Robin Williams y Billy Crystal, titulada estúpidamente en España Un lío padre.
Agravantes: sus dos últimas películas, La Pasión y Apocalypto.
Sentencia: culpable
Condena: hacer una película en la que nadie reparta bofetones, golpes, patadas o dispare, acuchille, raje o escupa, si es que sabe.

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48 comentarios en “La tienda de los horrores – Braveheart

  1. Vaya, pues yo era una de las que creía que Gibson era australiano..
    Mad Max me gustó mucho (no se si la viese ahora..) sobre todo porque era impactante, muy diferente a todo lo que se había visto hasta entonces ¿no?. Me sobrecogío su violencia pero no sé, tenía algo que atraía.
    En cuanto a esta peli, creo que no terminé de verla y si lo hice me pasó sin pena ni gloria. Para empezar el género no me atrae así que supongo que no la cogí con entusiasmo pero, desde luego, no hubo añadidos que la hiciesen mas interesante.
    Creo que determinados actores/actrices como Gibson, sabedores de su atractivo, lo explotan para jugar a hacer cine y ser esos personajes que les encandilan: el bravo guerrero, el seductor divertido, el poli violento….como hacemos cuando somos pequeños, como si fuese un juego.
    Lo cierto es que la industria del cine gana tanto con ellos que lo consiente y anima. Enfin, de todo tendrá que haber ¿no?.
    De acuerdo contigo en la valoración, porque si además me dices que no tiene rigor histórico es que ya es la pera. Les encanta tomarnos el pelo, si.(Porque eso de repetir escenas no tiene nombre)
    P.D. También estoy contigo en que estuvo muy creíble en Hamlet. Le “pegaba” el papel, si.

  2. Ciertamente, en “Hamlet” estuvo muy bien. Es una peli a recuperar, porque las actuaciones eran estupendas y la ambientación fantástica. Cuando la gente recuerda adaptaciones de la obra se acuerda de Laurence Olivier o de Kenneth Branagh, pero a mí me gusta mucho esta.
    El interés de “Braveheart” es muy limitado, y en cuanto a Gibson, es de ese tipo de actores cuyo trabajo consiste en que la cámara les enfoca, y punto, raramente transmiten nada con una mirada, un gesto, una entonación, un silencio… Eso habla muy poco en favor también de los directores… Por cierto, a recuperar también “El año que vivimos peligrosamente”, ahí Gibson está muy bien y la peli merece la pena.
    Un saludo.

  3. Estoy de acuerdo contigo. A mi la peli me parece de lo peorcito. Hace unos años estando en Escocia me dio por estudiar al personaje de William Walace y de Robert Bruce. Realmente fueron increíbles, personas excepcionales para su tiempo. Pero tienes razón, nada que ver con lo que el film nos muestra.
    En cuanto al actor, yo pensaba que era australiano.
    Lo siento pero aún recuerdo el Hamlet donde aparecía con cara de pitimini en la escena del to be or no to be, sus pestañas rizadas y boquita de piñon hicieron que me diera la risa. Mi acompañante se mosqueó conmigo. Lo siento chic@s pero a mi no me gusta en el papel del principe.

    Que tío mas gilipollas. No lo soporto. Y la última película no la he visto pero debe ser espantosa. Además yo no lo veo guapo, ni en broma. Me dejan en una isla con él y os aseguro que no le pido ni la vez para el pan. Ugggg, me da pampurrias.
    MI opinión es que has sido muy bueno en la condena. Yo le impondría algo más fuerte.
    No sé quizá ser protagonista de una película de Paco Martínez Soria o de Arturo Fernández o algo así.
    Kisses Bravehartianos

  4. Ja, ja, ja, ja…Me he reído mucho con tu comentario, con tus calificativos hacia el amigo Gibson, sobre todo eso de que te da pampurrias…Pero tienes toda la razón, es un tipo de lo más antipático. Y a mí también me da pampurrias, y más cosas.
    En cuanto a la condena, a lo mejor es verdad. Ahora se me ocurre obligarle a hacer un remake de ‘No desearás al vecino del quinto’, con esa peluca rubia que se ponía Alfredo Landa y con el caniche Fifí en brazos y haciéndose cositas encima. Mucho mejor así, dónde va a parar.
    Scotch kisses

  5. Así que no es autraliano, y de remate va haciendo papeles de héroe. Braveheart me pareció un tostón. Hamlet aceptable. Coincido con Entre Nómadas en que has sido un poco blando con la condena,sobre todo con esos dos agravantes pesados como losas.
    Un abrazo.

  6. A mí el señor Gibson me cae fatal,a lo que ayuda que sea católico integrista, y no me gusta nada de lo que hace en cine.
    Ahora bien, de joven era un bollazo.

  7. Lo de bollazo, bueno, como ser vivo mamífero catarrino heterosexual que soy, me parece que ha habido actores más atractivos que este, pero claro, mi comprensión del atractivo masculino en las mujeres es limitado. Todo lo demás, mucho más que de acuerdo.
    Un abrazo

  8. xD. Me ha hecho gracia tu juicio al señor Gibson. La verdad es q sí, es un poco tontorrón, pero yo me río un taco con las tonterías q se le ocurren a veces. Ahora, a mí Braveheart me gusta y me resulta bastante entretenida, si dejo de lado el nulo conocimiento histórico de este señor y las vueltas absurdas q da el guión llegados a cierto punto. Pero me entretiene, vaya.

    Otra cosa q le da bastantes puntos es q ha sido la única persona a la q se le ha ocurrido rodar en arameo y maya antiguo. Eso tiene mérito, la verdad.

  9. Sí, la película para pasar el rato está bien. No tiene mayor aspiración. El problema viene cuando Academias, críticos y algún lameculos empieza a darle premios y a colocarla en listas de “las mejores de…”. En cuanto a Gibson, es un tontorrón más bien reciente, porque hace 25 años nadie pensaba que llegaría a eso.
    En efecto, lo del arameo y el maya tiene mérito (al menos para quienes nos sonrojamos viendo a los romanos hablando en inglés) como concepción auténtica y rigurosa de una película que pretende ser histórica en ambos casos y que no llega a serlo. Y los actores también tienen mucho mérito por ello.

  10. K tal? La primera película de Gibson no es Eternamente joven, que ni siquiera la dirige él por cierto, sino otra producción posterior de 1993, el Hombre sin rostro. Tú crítica de Braveheart aún siendo acertada en muchas cosas, tanto buenas como malas, me parece que al final exagera en lo negativo, dándole demasiada importancia a cosas que no la tienen para lo que es la película independientemente de su ajuste a la realidad. Por último en sí y por sí creo que en conjunto, y teniendo en cuenta lo que acabo de argumentar, es una buena película, entre otras cosas por algunos detalles que tu apuntas en tu crítica como por ejemplo que las escenas de combate son notables, y ésta es una película en la que eso es fundamental más que otras cosas.

  11. Toda la razón, lapsus imperdonable confundir esas dos películas (quizá por lo poco que me aportaron ambas). En cuanto al resto, no me parece exagerado criticar la inexactitud (si no el delirio) histórica de esta película puesto que se pretende basar en hechos históricos (a mí personalmente, me resultan difíciles de tragar las versiones “libres” de hechos conocidos, principalmente porque sirven para tergiversar los hehos, en el peor de los casos, o para hacer mala literatura, en el menos malo de ellos). Convendrás conmigo que si la peli va a ir de golpes y batallas, no hace falta irse a la Escocia medieval ni inventarse un marco diferente al que es bien conocido. Por lo demás, es una película aceptable, entretenida, incluso emotiva a ratos, pero, para mí, no termina de funcionar bien.
    Un saludo y gracias por tus comentarios.

  12. A mí Braveheart me parece una gran película. En términos generales me parece una gran película. Descalificar a los Oscar porque la premiaran me parece exagerado e injusto. No conozco qué otras películas había ese año, pero Braveheart seguro que hubiera tenido posibilidades con muchas otras de contrincantes, con muchas.
    Dices que la película no se la puede creer nadie que tenga dos dedos de frente. Yo creo que el objetivo de la película no era hacer un relato historicista sobre el personaje, entre otras cosas porque a muy poca gente fuera de Escocia realmente le vaya a importar el acercarse a la historia y realidad del héroe escocés.
    Yo no veo en William Wallace (el de la película) a ningún defensor de los Derechos Humanos, de la libertad sí, pero no de la Libertad como concepto ilustrado, moderno y abstracto, sino de la Libertad de su pueblo, de la independencia de su pueblo, el escocés. Dudo que alguien que se presente en el campo de batalla con esas formas pueda parecer luego un defensor de los Derechos humanos en la película. Vamos, ni que Mel Gibson nos lo esté presentando como Gandhi.
    Yo creo que el ideal de Libertad, que creo que es el único claro que sobrevuela toda la película, y también el de lealtad… no creo que esos ideales vinieran con la Ilustración. Yo creo que esos ideales o virtudes son consustanciales a la naturaleza humana desde muchísimo antes de la Ilustración. También el ideal de resistencia, de lucha, de supervivencia, de venganza si se me apura. Esos conceptos no los ha traído la Ilustración ni la Revolución Francesa.
    Luego criticas que se nos presente a William Wallace con un carácter mesiánico o providencial. ¿Y acaso no hizo lo mismo David Lean con el teniente Lawrence en Lawrence de Arabia? Yo creo que si alguien quiere ver de verdad a un Dios humano, ha de ver Lawrence de Arabia. La escena en la que camina por el techo de los vagones de un tren mientras la luz del sol deslumbra a sus hombres es una alegoría de Dios, coño, de cuando Dios cegó a San Pablo y lo tiró del caballo. O la escena en que los turcos lo violan y para violarlo lo intentan poner sobre una especie de banquillo largo… En el momento en que lo están pasando (al teniente Lawrence) de estar de pie a ponerlo sobre la banqueta, es otra alegoría, en este caso de la crucifixión de Cristo, de cuando (una vez crucificado) empiezan a levantar la cruz para ponerla de pie. Además, en la propia película, Peter O’Toole extiende los brazos como un Cristo justo en ese momento en el que lo van a poner sobre la banqueta (como si fuera la cruz) y lo van a violar.
    No me voy a extender más en esta crítica a tu comentario porque tampoco merece la pena alargarlo más. Seguramente la película contenga errores históricos. Yo no soy un experto en historia de Escocia ni en William Wallace ni tampoco lo voy a ser. No me interesa tanto el tema como para ir a ver si murieron él y el rey el mismo día. Yo cuando vi la película me imaginé que no morirían el mismo día. Tan tonto no creo que sea. Tampoco me pareció mal o penoso que se permitiera esa licencia. Yo creo que la película es otra cosa. Que no es un fiel reflejo histórico. No que no lo sea, sino que no lo pretendía. Pretendía hablar de otras cosas.
    ¿Que hay algunas licencias excesivas como lo del embarazo de la princesa? Sí, no lo niego. Pero los paisajes, la música, las escenas de acción, el hijo marica del Rey de Inglaterra… La banda sonora es una maravilla, al menos para aquellos a los que nos gusta la música celta. Yo creo que esas partes de la película están rodadas con cariño, gusto por el cine y calidad, bastante bastante calidad. No comparto tu análisis global sobre la película.

  13. Me parece muy bien que no compartas el análisis, Nacho, la discrepancia es sana. Pero permíteme que te diga que no ha lugar la comparación con Lawrence de Arabia. Porque en él ese aspecto mesiánico era consustancial, y esa creencia en su propia “divinidad”, por usar tu mismo término, partía de su propia megalomanía. Si has leído o lees “Los siete pilares de la sabiduría”, cosa que David Lean sí hizo, lo puedes comprobar tú mismo, al igual que esas escenas que relatas las obtuvo Lean de las propias crónicas sobre Lawrence.

    Volviendo a “Braveheart”, por supuesto tiene virtudes: la música, los paisajes, las escenas violentas, el trabajo técnico en su conjunto. Nada más. El tema del embarazo de la princesa es tan, tan, zafio que por sí solo merece una condena aún mayor. Los errores históricos, que no son tales, sino licencias, son inadmisibles cuando se pretende vender una presunta “biografía”. Si lo hubieran llamado Pepito Pérez y en vez de Escocia fuera un mundo imaginario, me parece bien. El lenguaje cinematográfico requiere sus ritmos y formas propias, pero hacer cambios deliberadamente para dar una imagen idealizada de un auténtico hijo de perra como Wallace, es más que eso.
    Por último, me permito, aunque celebro tu idealismo, señalarte de que en cuanto a los conceptos de libertad, etc., andas equivocado. Es profundamente erróneo pretender interpretar situaciones del pasado con lenguajes del presente o que han surgido siglos después. La libertad, la nación, el pueblo… son conceptos que surgen cuando se inventa la palabra que los define. Pretender que existen entes infinitos desde siempre y que estaban ahí esperando a que los cojamos es, además de un error de perspectiva, una idea casi religiosamente reaccionaria. Por ejemplo, el concepto de lealtad que utilizamos hoy no es el mismo que entonces. La lealtad de un vasallo no tiene nada que ver con la imagen idealizada que tenemos de ese concepto. Wallace ni por asomo luchó por la libertad de nadie, leer en clave de libertades y mucho menos de pueblos (no existen los pueblos sino los súbditos, incluso para Wallace) las luchas y tensiones de poder en la Edad Media, sea Escocia o España, es un anacronismo tan flagrante que desde un punto de vista de rigor histórico y científico es sonrojante, aunque extendido por los intereses políticos de algunos (no hay más que ver el éxito que este tipo de demagogias tiene entre los simpatizantes de los distintos nacionalismos). Un personaje del siglo XIII no puede hablar como un ilustrado del XVIII, ni siquiera pensar como él. La elaboración de un personaje histórico implica adjudicarle una mentalidad, una forma de pensar, probable, no un folletinesco programa de intenciones libertarias que jamás pudo partir de él. Ese es el peor rasgo de la película. Y en cuanto a la libertad del pueblo, ¿tú crees que mejoró algo la calidad de vida de los súbditos, que no ciudadanos, otro término inaplicable al caso, bajo el gobierno del rey Robert Bruce? Su calidad de súbditos era la misma, su opresión era la misma. Las luchas de poder entre nobles (casi todos familia, por cierto, y con tanto poder en Inglaterra como en Escocia) no tenían nada que ver, ni de lejos, ni siquiera en la más mínima preocupación, con el bienestar del pueblo. Cualquier interpretación que pretenda ver así la película o la Historia es palmariamente errónea. Es como poner en las películas a los romanos hablando de democracia o de derechos humanos.
    Dices que Gibson no pretendía hacer un film historicista. No sé en qué te basas: cita las batallas auténticas, usa los nombres auténticos, sitúa la acción en un tiempo y espacios auténticos, el trabajo de vestuario y localizaciones es rigurosísimo… Y sin embargo, la mentalidad de los personajes y su total maniqueísmo no son auténticos, ni siquiera creíbles o verosímiles. Es más bien un retrato de personajes y de situaciones tirando a infantil.
    Pero señalas algo importante: a nadie le importaría la historia de Escocia si el relato fuera historicista… Por eso Gibson dota al personaje de unos rasgos y de una demagogia anacrónica, precisamente para que le entiendan en su país y les interese la película. Yo niego la mayor, precisamente es la historia localista, la particularidad concreta de cada situación, del hecho histórico puro y duro, sin aditivos, tergiversaciones ni licencias el que mayor enseñanza y moraleja puede transmitir. El error de Gibson es manipular la historia para hacerla más accesible y digerible al público. Y claro, eso requiere convencionalismos que no se sostienen.
    También tienes razón en otra cosa: ganó el premio porque los rivales aquel año fueron pésimos. Pero “Sentido y sensibilidad” es una película infinitamente superior en todos los conceptos. Sin duda, debió ganar.

  14. Mira lo que en mi opinión criticas como las de los errores históricos en una película no tienen importancia (o toda si lo quieres) si quiero rigor veo un documental y entonces si exigiré exactitud. Luego cuando opinas ofendes, si decir cosas como- cualquier persona que le guste no tiene dos dedos de frente- me parece de un esnobismo brutal, tampoco creo que pretendan hacer un relato fiel del personaje, seria como pretender que Dioses y Monstruos (una de mis pelis preferidas) sea un documental de las últimos días de vida de James Whale, hicieron su película (y a muchos con dos dedos de frente que necesitan que les habrán los ojos) les gusto.

  15. Amigo Peperoni, todo depende de lo que exijas del cine. Yo lo primero que exijo, porque lo pago, sobre todo, es que no pretendan venderme motos. No me molesta que se traten de errores porque nadie somos perfectos, pero tergiversaciones premeditadas de personajes y de hechos para buscar interpretaciones determinadas a historias concretas o para vender según qué mensajes políticos sí me escaman. Evidentemente, con cine así es imprescindible acudir a documentales; el cine con mayúsculas combina rigor, calidad, profundidad y entretenimiento, y esta película tiene poco de lo primero, algo de lo segundo, nada de lo tercero y sí, bastante de lo cuarto. Para ti y para gran parte del público es suficiente; para mí, no. El comentario de los “dos dedos de frente”, para empezar, no lo has leído bien, porque en ningún momento critico a quienes les ha gustado, sino a quienes se la creen, lo cual es muy diferente: por suerte tengo la mente lo suficientemente limpia como para diferenciar lo objetivo y lo subjetivo, lo que es bueno o malo de lo que me gusta o no; esta película no me gusta, pero es que además tiene aspectos que, objetivamente, me gusten a mí o no, son vomitivos, como el tema del embarazo o el nulo rigor histórico, no porque sí, sino porque pervierte lo que es un personaje verosímil o creíble, la caracterización de un personaje del siglo XIV, que no se parece nada al Wallace que nos pinta Gibson; ¿tú crees realmente que es una ofensa? Para mí la ofensa la constituye que se cuenten cosas tan bárbaras como que el hijo de un rey inglés era un bastardo de un rebelde escocés. Ése es el disparate, ése es el insulto a la inteligencia del público, sobre todo cuando esos giros argumentales son concesiones facilonas para contentar a un público convencional que espera historias convencionales.
    En cuanto a “Dioses y monstruos”, desde luego, no es un retrato veraz de los últimos días de Whale, pero su pretensión en cuanto a las cuatro notas que te mencionaba más arriba es producto de un fin artístico, creativo, no una intención folletinesca de creación de un entretenimiento bastante plano, facilón, tópico, y además poco que ver con la realidad.
    Por cierto, se dice “abran los ojos”.

  16. Parece que quiera llevarte la contraria en todo y te aseguro no es así, es que discrepamos, el cine no tiene porque ser solo como indicas puede ser entretenimiento mas liviano y no por ello ser bodrios. Esta peli (digo peli no hace falta que me pongas se escribe Película borrico) es eso una historia de héroes, villanos, amor etc no infravalores el entretenimiento que no pretende mas que eso.

  17. Pero hombre, lleva la contraria siempre que creas que debas hacerlo, eso no es un problema. La conjunción de las notas que te pongo más arriba no es imprescindible ni son notas excluyentes, pero cuantas más de ellas contiene una “peli”, mejor es. Escoge cualquier clásico y haz la prueba: niveles narrativos, capas de profundidad, grado de entretenimiento, respeto (o rigor) no sólo por la historia que cuenta, sino por lo que de ella se deriva en cuanto a una correcta construcción del personaje. Por supuesto hay grandes obras de entretenimiento (insisto, una cosa es el plano objetivo y otro el subjetivo, por ejemplo, puedo distraerme divinamente con una película de Bud Spencer y Terence Hill, me gustan, me echo unas risas y tal, pero eso no quita que sea una birria de película). Por cierto, si ves alguna otra entrada que no pertenezca a esta sección, verás que esas historias “planas”, de buenos y malos, de amores, villanos puros y duros, etc. tienen cabida de muchas maneras en el cine, y también en la traducción en imágenes de estas historias un tanto planas, hay formas mejores y peores de llevarlas al cine. Por ejemplo, sabemos que el clásico “Robin Hood” de Errol Flynn es una historia maniquea: ¿Y qué? En este caso es un factor menor, hablamos de fantasía, de folletín, de novelas, de literatura popular; en el caso de Wallace hablamos de Historia convertida en folletín. Pregúntales a los ingleses qué bien les sentó. O fíjate cuando, en aras de esa libertad creativa sin límites que defiendes, se nos retrata a los españoles dentro de los topicazos habituales por el cine americano. El entretenimiento no es una categoría única, también lo hay bueno y malo.

  18. Yo sigo sin ver que Braveheart sea, o pretenda serlo, una biografía fiel de la vida de William Wallace. Yo creo que la película es simplemente la historia de una época. Una recreación épica de una parte de las luchas y guerras entre ingleses y escoceses por la independencia de estos últimos con respecto a los primeros. Y centrada en el caudillo William Wallace. Yo no veo que sea un documental o un relato biográfico. No lo veo.

    Y como yo también sé ser un cabrón y darle la vuelta a la tortilla, y subirme en el pedestal como Jesucristo en el sermón de la montaña para pontificar desde allí, voy a utilizarte contra ti mismo. Tus palabras fueron: “Es profundamente erróneo pretender interpretar situaciones del pasado con lenguajes del presente o que han surgido siglos después. La libertad, la nación, el pueblo… son conceptos que surgen cuando se inventa la palabra que los define”. Por tanto, calificar a William Wallace como hijo de perra (lenguaje actual y juicio de valor actual) sin tener en cuenta la época en la que vivió y la realidad de su época, su entorno, sus circunstancias, sus costumbres… es un error. Por tanto, subsane usted ese error. Aplíquese el cuento. William Wallace sería un hijo de perra hoy en día. No entonces. Los tiempos, afortunadamente, han cambiado. Por otro lado, te puedo reconocer que el concepto de nación es romántico. Los otros no. El concepto de libertad y de pueblo han existido desde mucho antes. Todas las sublevaciones o revueltas que ha habido dentro de los grandes imperios por parte de pueblos (sí, repito, pueblos, que tenían conciencia de pertenencia a una comunidad propia, ya fuera por motivos religiosos, culturales o lingüísticos) conquistados, todas esas revueltas se hicieron para quitarse el yugo del imperio conquistador. Es decir, se hicieron para recobrar su libertad, su independencia. Y esto no es algo romántico o que haya surgido en el siglo XIX tras la Ilustración, como en la guerra de Independencia española o la Independencia americana. Esto ha existido toda la vida, en el Imperio Romano por ejemplo. Por supuesto que el concepto de libertad ahora y entonces es diferente, claro, eso no lo he negado. Por supuesto que los pueblos que se sublevaban contra un gran Imperio luego caían en manos de opresores a veces incluso peores. Puesto que aquellos que los habian acaudillado en la sublevación luego se convertían en sátrapas y líderes locales peores que aquellos contra los que lucharon. Pero el concepto de libertad ya existía. Eso no viene de la Ilustración. Tampoco viene de entonces el concepto de pueblo. El de nación sí. No hay más que irse al diccionario y conocer la etimología de la palabra libertad, que ya existía en el latín. O pueblo. Incluso nación. Aunque sí que estoy de acuerdo de que esa palabra adquiere un significado pleno a partir de la Ilustración y del Romanticismo. Claro que la libertad entendida en el siglo XIII no es la misma que en el S. XX. Eso está claro. Volveré a ver Braveheart para ver si realmente Wallace habla como un ilustrado. A mí no me dio esa sensación. Para mí hablaba como un caudillo militar idealista, lo cual sea falaz, seguro. Pero como yo la película no la vi en clave biográfica, pues tampoco me preocupó o molestó tanto.

    Dices que William Wallace no luchó por la libertad de nadie, ni siquiera por la independencia de Escocia con respecto a los ingleses. Vale, pues alúmbranos. ¿Por qué luchó entonces? ¿Porque le dio la gana? ¿Porque no sabía hacer otra cosa? ¿Porque le ponía cachondo la sangre? Ya que pareces saber tanto sobre la figura de William Wallace y sobre sus intenciones y pensamientos, (cosa que dudo que nadie sepa realmente, porque este señor no nos dejó ninguna obra escrita en la que nos lo explicara) explícanos tú por qué luchó y acaudilló a un grupo de escoceses este hijo de perra. Estoy de acuerdo en que no luchó por la libertad de nadie si por libertad entiendes lo que se entiende hoy en día. Pero estoy seguro de que tú no has cometido el infantil error de utilizar la palabra libertad, cuando has dicho que Wallace no luchó por la libertad de nadie, con el significado actual. Tú no. Tú, (estoy seguro, lo juro) no has interpretado situaciones del pasado con lenguaje del presente. Estoy seguro de que no. Sería impensable en alguien de tu rigor, en “El Azote rigorista de los vocablos”.

    Y ya para terminar, estoy seguro de que si tanto te repugna Braveheart porque Wallace habla como un ilustrado, igualmente te debe repugnar Espartaco (una de las mejores películas de cine que se han hecho jamás) porque Kirk Douglas parece otro. De hecho, no parece un esclavo, sino un intelectual en esa película. ¿También te parece una película tan mala? ¿También Espartaco? Espero tu respuesta. Sobre todo con respecto a lo de Espartaco.

  19. A ver, Nacho, que te has puesto a decir demasiadas cosas y alguna tontería sin venir a cuento. Primero, “libertad, nación, el pueblo” son conceptos políticos abstractos que surjen cuando la evolución del pensamiento político los crea, siglo XVIII, y no antes. Sí existen como palabras, pero los significados que les da Gibson no se dan hasta entonces. En cambio, hijos de perra ha habido siempre, porque son conceptos subjetivos concretos y juicios de valor humanos, como atribuir a alguien la cualidad de cabrón como haces tú, sin educación y además presuponiendo que yo lo soy porque me limito a formular mi opinión libremente, y sólo porque no coincide con la tuya. Si quieres puedo buscarte como se dice hijo de perra en inglés del siglo XIII, porque se decía, incluso gaélico, escoto, juto, o arameo y tenía exactamente el mismo sentido que hoy en día, cosa que no se puede decir de los términos “nación, libertad o pueblo”. Y mientras, tú me buscas esos textos históricos en los que se habla de la libertad del pueblo escocés, la nación escocesa, etc., aunque échale paciencia por si acaso tardas un par de siglos en encontrarlo. Por lo tanto, no hay tal error, sino una ofuscación tuya fundamentada en la falta de argumentos para defender posturas propias, como el tema del pontificado, cosa que te has puesto a hacer tú, no yo.
    En cuanto a la finalidad de Gibson, anda entre el biopic y la dudosa verdad histórica que nos quiere vender, y rigurosamente no es ni una cosa ni otra. Me da lo mismo, yo me quejo de sus anacronismos y de los defectos de construcción de los personajes, además de giros de trama absurdos. Nada más.
    Te señalo, aunque no es el tema de este blog, la diferencia existente entre la lucha por la libertad de los pueblos desde el siglo XVIII y la Revolución Francesa con las luchas nobiliarias por los privilegios: ahora abundan los idiotas que a fenómenos como las Germanías, los Comuneros de Castilla, la independencia escocesa, etc., les atribuyen erróneamente ese mismo concepto de libertad que usas tú. Y lo mismo digo de las luchas contra el imperio romano que señalas. Insistes en tu anacronismo proveniente parece ser de la asimiliación de la demagogia nacionalista, ése es tu problema; si partes de premisas falsas lógicamente el resto de las conclusiones son igualmente falsas. Las luchas “por la libertad” de la antigüedad, léase, antes del siglo XVIII, que señalas no son tales, sino luchas entre nobles por los privilegios, y el pueblo no pinta nada, ya que no se plantea su emancipación como tal hasta el Tercer Estado de 1789. Esa “independencia” de la que hablas no tiene nada que ver con el pueblo ni con la nación, sino la de unos nobles que mantienen sus privilegios frente a otros o frente a un rey que pretende recortárselos. No pontifico, leo Historia y además la entiendo.
    Luego, sarcásticamente, hablas de la figura de Wallace. Lee un poco sobre él, porque dices acertadamente que él no dejó un ideario político escrito, pero sí escribieron otros sobre él. Y fíjate cuál es su origen real y compáralo con la película. Y fíjate quién era Robert Bruce, y luego dime en qué repercutió su victoria en la libertad de un súbdito escocés (porque súbdito es la palabra, ni pueblo, ni nación). Luchó por el mantenimiento de los privilegios en Escocia exclusivamente para los nobles escoceses, ni más, ni menos. La visión de Gibson es puramente demagógica: “lucharon como escoceses, y ganaron su libertad”. ¿Qué libertad? Robert Bruce desde luego logró quedarse con todo para él sin tener que rendir tributo a un rey inglés, ¿y sus súbditos? ¿Qué libertad tuvieron gracias a eso? ¿Podían decidir algo? ¿Se les tomó en cuenta? ¿Dejaron de pagar rentas? ¿Dejó de existir el derecho de pernada que tan brutalmente retrata Gibson al principio? Hay que leer más y creer menos en fantasías, amigo Nacho. Y mucho menos utilizar fantasías propias para ser sarcástico.
    Por otro lado, tú eres quien ha escrito la palabra “repugnar”, con ese don de la ubicuidad interpretativa que te caracteriza.
    Y ya el colmo es la comparación con “Espartaco”, como juntar un huevo a una castaña. Ni Gibson dirige como Kubrick, ni actúa como Douglas, ni de lejos. “Espartaco” para mí no es lo mejor de Kubrick, precisamente, entre otras cosas, por eso mismo que insinúas, pero no es la única razón. Por otro lado te diré que muchos esclavos, como el personaje de Antonino (Tony Curtis) poseían mucha más cultura que sus amos, aunque no es el caso de Espartaco, por supuesto. Para mí resulta excesiva la licencia que se toma Kubrick en cuanto a la caracterización de Espartaco, por cierto, otro hijo de perra, pero su respeto por los hechos históricos y el rigor con el que presenta los acontecimientos es palmario, no en vano Kubrick era aficionado a la literatura clásica y no le suponía ningún problema acudir a las fuentes y respetarlas, a diferencia de Gibson. Por último, te señalo que la analogía que pretendes establecer entre ambas películas es errónea: Gibson pretende que Wallace luche por la “libertad” de una colectividad “nacional” inexistente. Espartaco, el de verdad y el de la película, se rebeló por la libertad de una colectividad, no de una ficción política, sino una libertad consistente en la suma de libertades individuales (en el sentido del término latino que tú mismo citas y que no tiene nada que ver con el significado que quieres darle). O sea, que Gibson, erróneamente habla de libertades “nacionales” en el siglo XIII; Kubrick, acertadamente, habla de libertad individual en el siglo I, en una sociedad en la que la libertad podía suponer el paso del status de esclavo al de súbdito, o incluso ciudadano.
    Finalmente, reitero que las críticas a las películas no deben interpretarse como críticas a quienes gustan de ellas; partir de ese planteamiento es otra premisa falsa, y sin duda es lo que tú interpretas puesto que insistes en personalizar una crítica que es sobre una película.
    Un saludo.

  20. Tu comentario es peor que la pelicula, he perdido mi tiempo, mejor dedicate a otra cosa que de cine te mueres de hambre.

    Saludos y que estes muy bien

  21. Geostilos, lamento que hayas perdido tu tiempo. Aunque más tiempo perdiste viendo la película.
    Gracias por tu preocupación sobre mi futuro. En cuanto a perder el tiempo, no lo perderé yo diciéndote lo que sin duda mereces.

  22. Sabes una cosa??? Es una de las mejores pelis echas en la vida, y tu, con tus posibles chuscos caseros, no le llegas na a la suela de los zapatos e intentas hacer creer a la gente d que esto es una mierda y que es de incultos creer q esta pelicula merece lo qe tiene… o me equivoco? a, por cierto, si quitas este comentario, voy a acribillarte a fre-coments

  23. ¿Sabes una cosa, Valios? Si crees que esta es una de las mejores pelis hechas en la vida es que te pones el listón muy bajo. Yo no intento hacer creer nada a nadie, digo mi opinión y punto, y a diferencia de ti la fundamento con algo más que mis caprichitos personales. Si te gusta, muy bien, allá tú, a mí me parece una mierda, así de claro.
    Y guárdate tus amenazas, que no estamos en el patio del colegio.

  24. Esta creo recordar que era entretenidilla y ya está, pero pretender compararla con Espartaco ¡hala vamos! Espartaco te muestra actuaciones memorables de grandes actores, sobre todo los que hacen de romanos, escenas emblemáticas de la historia del cine, aprendes historia de la buena (aparte la idealización de la rebelión claro está), aprendes costumbres y formas de vida de la época, tiene su trama política, sus batallas… Es mi peli histórica preferida…
    La que me gustó de Mel Gibson, y me lo pasé muy bien con ella, fue la de los aztecas porque me parecio bastante original y a ratos, al principio, parecia un documental dejando a un lado que se acerque ó no a la realidad histórica.

    • Efectivamente, las comparaciones son odiosas y perniciosas para el factor inferior, en este caso, Gibson. Completamente de acuerdo en lo que comentas sobre la peli de Kubrick (por cierto, no entiendo por qué la vinculan siempre con la Semana Santa, ¿porque lo crucifican al final?). La verdad, no hay color entre una y otra por todo eso que comentas y alguna cosa más.
      A mí “Apocalypto” tampoco me gustó. Es entretenida, sí, pero carece de cualquier aspecto cercano al rigor. Para nosotros queda un poco turbio porque no estamos muy puestos en cultura precolombina, pero hay personas que me han contado que las burradas históricas y antropológicas son monumentales. Eso sí, le reconozco una virtud: hay cierto indigenismo nacionalista que señala que todos los males llegaron a su tierra con la llegada de los españoles. No es que no les lleváramos una buena cantidad de ellos, que sí, pero también es cierto que les extirpamos otros de los que ellos ya estaban bien servidos. Y la peli de Gibson muestra buena parte de ellos, más allá de que se equivoque en el fondo y en la localización geográfica de algunos de ellos.

  25. La verdad, no le veo sentido a filosofar de esa manera sobre el rigor o falta de rigor histórico de Braveheart. Creo que cualquiera que vea esta película se dará cuenta de que Mel Gibson se toma muchas licencias artísticas, sobre todo en el embarazo de la princesa de Gales. Sin embargo, la propia historia de William Wallace es casi desconocida, no se sabe con exactitud casi ningún detalle de su vida, lo cual deja bastante margen a la imaginación. No es lo mismo que lo absurdo que resultan películas como Pearl Harbour en las cuales directamente reinventan hechos históricos. Creo que Braveheart es una gran película, muy bien filmada y con una historia preciosa, además de unas escenas de batalla increíbles (y eso que nunca me han gustado las peliculas de guerra).

  26. Tiene un punto a favor, que es que omite la digitalidad y rueda las batallas tal cual. En cambio, lo que tú llamas filosofar es lo que termina por convertir a una película en algo notable o en una vulgar serie B. Porque profundizar en el rigor no es un capricho; sirve para caracterizar a los personajes, evaluar sus reacciones, construirlos y contar una historia sólida que cautive y emocione. Cosa que esta película, más allá de su marketing, consigue durante poca parte del metraje. Y lo que llamas “licencias artísticas” suelen ser producto, por un lado, de la falta de talento y, por otro, de la ignorancia. Porque las licencias sirven cuando con ellas se intenta aportar algo, enriquecer la historia, dar nuevos puntos de vista; cuando se reducen a giros de guión caprichosos o van contra el imaginario colectivo son absurdos y censurables.

  27. Tú lo que necesitas es aprender que el hacer una buena película no es inherente a que respete la realidad histórica, siempre y cuando la película no tenga como fin representar fielmente dicha realidad, he ahí la diferencia entre la película y el documental.
    Pero nada, con lo simple que es, no pareces querer entender todo lo que no sea tú propia opinión. ‘Escuchar a los demás’, es por donde deberías empezar para que se pueda tener una conversación contigo, por lo que paso de perder mi tiempo entrando en disquisiciones con alguien así, sólo decirte que deberías aprender algo de humildad.
    Cuando un tonto va por un camino, el camino se acaba pero el tonto sigue.
    Eres un pedante insufrible, te lo dice un inculto de 19 años.

  28. Ah, entonces eres de la generación LOGSE, Luis, eso lo explica todo. Pues hala, anda a jugar a las maquinitas.
    El tonto probablemente se dé cuenta de que esta sección está escrita desde la ironía. El inculto de 19 de años, es el que se la toma en serio. Y por citar refranes sobre tontos, supongo que ya sabes ese de que cuando un dedo señala el camino, el tonto se queda mirando al dedo. Pues eso, que tú sólo has visto el dedo.
    Podría explicarte por qué no respetar la historia estropea la película, pero ¿para qué? Contigo es inútil.

  29. Hola 39 escalones (por qué se llama 39 escalones? Para empezae creo que hay que aclarar que una película es una arte y una industria, osea un negocio. Y vaya que Mel Gibson lo sabe. Entonces para alguien que sabe de historia y específicamente sobre la historia de Escocia y maneja los conceptos de nación, pueblo, etc, es obvio que le va a chocar la pelíclua por las inezactitudes históricas, pero hay otro público que busca entretenimiento, que no sabe de historia y no tendría tampoco por qué saberla, porque su fin al ver la peli es entretenerse. Para ése público la película le va a parecer lo máximo, interesante, alucinante, etc. Mel Gibson hace que William Wallace sea un librepensador de hoy en día porque es más atrctivo para el público en general, más entretenido. Es decir que no es un error es simplemente una decisión de representar al personaje de una manera que guste a la mayoría. Es mi opinión. Osea concuerdo en lo que dices, pero solo si lo miro desde una perspectiva muy rigurosa, pero en el ámbito del entretenimiento y bajo el rótulo de película de ficción se puede hacer lo que se quiera, si deseo pongo a un tibetano en el Cusco y hago que se enamore de un león y se acabó, total es ficción. Ahora otra coa es que me digas que Mel Gibson lo vende como un documental. Pero no es asi. Y aunque diga que está basado en la historia de William Wallace, aún asi puede hacer lo que quiera, porque sólo se está basando en la historia, no la está retratando. Creo que por ahí va el asunto. ¿Qué opinas?

  30. Hola, Pablo. Puedes buscar el por qué del nombre de esta bitácora en un post precisamente titulado así.

    En cuanto a tu comentario te diré dos cosas: primera, que existe una tendencia, con la que no estoy de acuerdo, a pensar que el público en tan tonto, tan analfabeto y tan estúpido como para que no se le puedan contar las cosas como son, que se va a aburrir si no se busca el entretenimiento descargando a las historias de sus complejidades y matices, volviéndolas planas, pobres, absurdas, facilonas, es decir, rebajándolas. Como verás, la historia del cine demuestra justo lo contrario: las obras que perduran son aquellas que ofrecen recovecos, matices, riqueza por todas partes. No creo que el resultado de la película obedezca a una decisión personal de Gibson, sino a su incapacidad de hacer la película de otra manera por falta de formación personal y cinematográfica.

    La segunda cosa: confundes dos conceptos y los haces sinónimos. Una cosa es el entretenimiento (es decir, ser espectador activo, pensar, ser un elemento más de la trama, de la película, del guión, con un director y un guionista que han contado con la complicidad del espectador a nivel intelectual y emocional para construir su historia) y otra el pasatiempo (espectador pasivo, el que se traga cualquier cosa que le pongan bajo la excusa de “como esto es ficción, cualquier cosa vale”, exactamente lo que pretendes defender tú). Personalmente, defendemos el entretenimiento, y no el pasatiempo, y por tanto no puedo estar de acuerdo contigo ni con películas como ésta, que con la excusa de un falso “entretenimiento”, no ofrecen nada más que un culebrón revestido de Edad Media.

  31. De acuerdo en lo que dices pero creo que estás pecando de estricto cuando se trata de una ficción. Osea yo “supongo” que Mel Gibson no es tonto y sabe de cine. Solo que también quiere ganar dinero. Y digo supongo porque no tengo la sagrada verdad, a menos que converse con Mel Gibson y él me cuente por qué hizo la pe´licula de tal manera. Por lo tanto lo tuyo también son suposiciones. Ahora está muy bien que las argumentes y todo éso y que aclares conceptos como entretenimiento y pasatiempo. Pero insisto las cosas como son. A mi la película me gusta como mero entretenimiento. Me gusta la fotografía, la música, etc. Ahora si me pongo riguroso en la historia como fue, claro que es un punto en contra. Pero es una arte y uno puede tomarse ésa licencia. Y no necesariamente porque crea que el público es tonto o analfabetos, simplemente puede ser porque se le dió la gana de hacerle cambios a la historia verdadera. Como te digo una película puede estar basada en hechos reales, pero hasta ahí nomás, no significa que la va a retratar fielmente como fue. Es como que me digas que Quentin Tarntino en Kill Bill es un bruto porque la sangre no sale como chisguete cuando le cortan un brazo a alguien. Obviamente que no y Quentin lo sabe pero él no pretende retratar la realidad. El crea una historia basada en hechos reales pero crea su propio mundo a partir de ella, un mundo donde una mujer puede matar a 88 chinos y decapitar a hombres más grandes que ella como si fueran pollos. Si me pongo en una postura tan rigurosa como tu lo haces con Braveheart entonces esta película resultaria malisima. Pero no tengo esa posición tan rigurosa cuando veo una cinta de ficción.

  32. Mira Pablo, no es cuestión de ser estricto, pero es que el cine tiene sus reglas, y la primera de ellas, que tú interpretas equivocadamente como “en la ficción no hay reglas y hago lo que me da la gana” es más bien la siguiente: el principio de CO-HE-REN-CIA. Esto es, en un guión yo puedo elegir las reglas, pero una vez elegidas tengo que atenerme a ellas. De este modo, si yo sitúo una historia en la Escocia del siglo XIV y yo llamo a un personaje William Wallace, por principio de coherencia, tengo que dotar al personaje de una realidad personal y colectiva correspondiente a la Escocia del siglo XIV. El cine tiene sus ritmos, sus expresiones, sus sonidos, pero el principio de coherencia es la esencia de la historia; si eso falla, lo demás no salva a una película. Imagínate a John Wayne en “Centauros del desierto” que, para vencer a los indios, empiece a asesinarlos con un rayo láser que provenga de su mirada. Sin duda lo calificarías de absurdo en un western: lo mismo es que William Wallace se líe con la princesa de Gales y sea el padre del futuro rey de Inglaterra; igual de estúpido y de ridículo.

    Seguidamente cometes el error de citar “Kill Bill” para justificar tu postura. Primero, “Braveheart” no es cine histórico, pero está basada, y muy mal, en hechos históricos a los cuales debe atenerse. Una pregunta: ¿aceptarías que, en una adaptación de La Biblia, Jesucristo, en vez de morir en la cruz y -según los cristianos- resucitar, se fuera de putas, se aliara con los romanos o se convirtiera a la religión de Mitra? ¿Por qué no? Haríamos ficción, y en ese caso, todo vale… Lo mismo vale para la Historia y para las adaptaciones literarias. Gibson escogió Escocia, el siglo XIV y William Wallace cuando podría, directamente, haberse inventado un mundo a su medida en el cual los analfabetos peludos, incultos, brutos y sanguiarios se enrollaran con princesas finolis y sensibleras casadas con un príncipe afeminado, pero no, eligió una realidad con nombres y apellidos para luego decirnos que ese nombre y esos apellidos no valen para el público actual y hay que rebozarlos de comercialidad. Eso se llama, llanamente, traición, no ya a la Historia, sino a una historia coherente. El error de citar “Kill Bill” como coartada consiste básicamente en que Tarantino copia un producto (repito, copia) que, proveniente del cómic y de un tipo de cine japonés muy determinado, tiene unas reglas comunes a las que se ciñe, y que incluyen la sangre (que sí, puede brotar del cuerpo como un surtidor) a chorros como elemento distintivo (véase el cine de Akira Kurosawa, por ejemplo). De ese modo, Tarantino sigue unas reglas bajo el principio de coherencia, el pastiche, el refrito, el homenaje, la copia a un tipo de cine muy concreto que es el que le gusta, y al que se somete al cien por cien sin deber de respetar ninguna historia ligada a un nombre, a unos apellidos, a un lugar o a una época, dado que todo es creado por él siguiendo unas reglas concretas y precisas del género al que pretende adscribirse, aunque la película guste más o menos. Gibson no hace nada de esto, sino tomar un mundo y una herencia ya construidos modificándolos a su antojo en lo que le interesa, en ocasiones llegando al ridículo más espantoso. En los noventa del siglo XX, y en el actual siglo XXI, conviene crecer a la hora de filmar; para rodar películas en clave de buenos y malos ya estaban las películas medievales de Robert Taylor en los cincuenta.

  33. Insisto en que es ficción, es arte y como tal puedo mezclar si quiero el estilo cómic para contar la historia de la Biblia. ¿Por qué no podrias? ¿Está escrito en algun lugar ésa norma de COHERENCIA que dices tu que debe tener una historia? ¿Osea que no puedo inventar un nuevo estilo porque debo respetar y ceñirme a uno? Mmmmm…. no me parece tu apreciación, no termina de cuajarme. Como te vuelo a ndecir si lo entiendo desde un punto de vista histórico, nada más. Pero de ahí a que me digas que el cine debe tener coherencia no estoy de acuerdo. Para empezar qué es la coherencia. Si alguien quiere contar la historia de la bilbia y hace que Jesús se vaya con putas, pues allá quién haga la película y quién la vea. Puede no gustarme el argumento, la histopria, los códigos que use, pero no por eso debo decir que es no es coherente. No tiene por qué serlo. Si el arte tendria que ser coherente no habria muchas de las grandes obras que existen y que ya se depsrende del cine meramente, hablo del arte en general. Nadie tiene la divina verdad a la hora de hacer las cosas, no hay por qué someterse a parámetros a la hora de hacer cine. No tiene coherencia desde el punto de vista histórico, científico, pero es una ficción e insisto se puede hacer lo que se quiera. Asi de simple, no hay normas, no hay reglas, no hay parámetros. Ahora que el cine que tu gustas sea más parametrado eso es otra cosa. ¿Pero quién dice que el cine tiene normas estilisticas? ¿Qué una historia debe tener coherencia? Si yo tengo muna cámara es todo lo que necesito para hacer cine. Seguro tu has leido muchos libros o has asistido a un curso de guiones o algo asi, pues déjame decrite que eso no son más que meras sugerencias, lo que se estila, pero no es la sagrada palabra. Lo que te pueden enseñar son técnicas y cómo usar equipos, pero de ahí a que me digan cómo se debe contar una historia, yo no lo acepto. Sugerencias si, pero no reglas, no normas, no nlineamientos a la hora de crear no debe existir eso.

  34. Creo, Pablo, que no entiendes mucho lo que estoy diciendo. Primero, la ficción no es un cheque en blanco para el “todo vale”; segundo, ficción y arte no son sinónimos; tercero, nadie ha dicho que no puedas contar la Biblia como si fuera un cómic: lo que se ha dicho que sería una estupidez cambiar el final del personaje de Jesucristo, de la misma manera que es estúpido que el cine cambie una obra literaria o un acontecimiento histórico contrastado, especialmente cuando se hace en aras de edulcorar historias para engañar al público más inculto y menos exigente; cuarto, no es una apreciación mía, sino un detalle puramente objetivo que se desprende, sencillamente, de la historia del cine; quinto, el principio de coherencia es inherente a cualquier fenómeno creativo narrativo, literario o cinematográfico, pero especialmente cuando hablamos de guiones: si no entiendes esto, y veo que no lo entiendes por cómo te vas por las ramas, es que, sencillamente no sabes lo que es el cine.

  35. Feliz Año 39 escalones. Ahora saber qué es el cine, veo que eres la típica persona que necesita rotular todo, parametrar todo. ¿Por qué dices que cambiar el final de una historia basado en un hecho real o una obra literaria es engañar al público más inculto? ¿Osea que si no sabia yo la historia de William Wallace antes de ver la película soy un inculto? Mmmmm.. creo que el que está confundiendo las cosas eres tú. Es arte chiquillo, si quiero puedo recrear la biblia en un apleícula y al final hago que nunos extraterrestres se lleven a Jesús es una nave. Proque es mi visión y punto. El que quiere que vea mi película y el que no, pues no y punto. Y si a hay una persona que nunca ha leído la bilbia pero que vió mi película y le pareció genial, pues bien por ella, no tiene la obligación de leer la bilbia previamente para ver mi película. Luego de ver mi película pordir aleer la biblia y sabria que me he basado en ella y que le cambié el final, y eso no tiene nada de malo, no descalificaría mi película. Ahora sobre tu última oración respecto a que yo no sé nada de cine, pues si tu te consideras que sabes de cine y escribes lo quee escribes (que insisto me parece bien pero pecas de estricto y de rebelde sin causa) pues prefiero no saberlo. Yo nunca he dicho que cine y ficción es lo mismo. Digo que el arte no debe tener parámetros ni reglas. Hay dos tipos de personas los artistas que sienten y los nalistas que piensan. Veo que tu piensas, yo siento. Seguro que tu has leído conceptos de cine y su historia, qué aburrido, créeme mientras más “estudies el cine” más te alejaras de él.

  36. Feliz Año Nuevo, Pablo.

    ¿Rotular? Nuevamente te confundes. El arte no tiene reglas, pero sí tiene códigos. Por ejemplo, nadie niega la posibilidad de que cambies el final de Jesucristo en la Biblia, pero igualmente es innegable que en ese caso ya no adaptas la Biblia, dado que al alterar el sentido y el significado de todas y cada una de sus páginas (convenientemente manipuladas durante milenios y siglos en busca de un final concreto), sólo conservarías la superficie, la vulgaridad, el histrionismo onanista de un supuesto inventor de cine, como tantos y tantos, y solamente el público menos preparado y más fácil de contentar podría confundir el vacío con “tu visión”. Lo mismo pasa con las obras literarias (ahí tienes “Valor de ley” de los hermanos Coen, por ejemplo, con su horrible manipulación de la obra literaria, que hace perder a la película buena parte de su fuerza y su sentido).
    Y, por supuesto, tras acusarme a mí de compartimentar el arte, pecas de lo mismo: “tú analizas; yo siento”. Separar intelecto de sensibilidad es tan inútil y tan torpe como pretender que tu mano izquierda y la derecha pertenezcan a seres distintos. La profundidad psicológica, el análisis, el conocimiento, no limitan el sentimiento ni son incompatibles con él; al contrario, lo potencian, lo expanden, lo intensifican: sentir por sentir, sin saber lo que uno ve, sin saber qué ha hecho un artista para despertar y amplificar ese sentimiento, es disfrutar el arte al 50%. Y a veces incluso menos. Y si eso te parece aburrido, y si sigues sin entender que en el arte, aunque no haya reglas, sí existe un principio de coherencia que impide que, por ejemplo, en el melodrama, los personajes vuelen por el aire sobre un burro alado, o que los bárbaros incultos y desdentados se enrollen con la princesa de Gales (a la que por años fue imposible que conociera), es que sigues sin entender lo que es el arte y confundes el cine con el culebrón barato, como tantos y tantos productores de Hollywood. Esa manera de pensar hace que el cine cada día sea peor.
    Recuerda a Picasso: “Un pintor es el que pinta lo que vende; un artista es el que vende lo que pinta”.

  37. Bueno 39 escalones, creo que nunca vamos a estra de acuerdo, pero está bien, de eso se trata las discusiones no? De todas maneras respeto tu punto de vista, no lo comparto del todo, pero lo respeto. Al fin de cuentas cada quien aprecia el cine de la manera que le convenga y lo haga feliz. A veces yo veo a las personas que hacen colas para ver Crepúsculo y digo: ¡Qué carajos tienen en la cabeza!pero al fin y al cabo si a ellos les gust y les hace feliz pues bien por ellos. Es cuestión nde gustos también. No estoy de acuerdo, no me gustan las películas vacías y huecas y clichés, pero si a otro le gusta porque su visión es “diferente” que la mia, pero no “menor” a la mia, o debo decir que tiene una visión corta o es bruto o algo asi. Para nada simplemente tiene una visión distinta a la mia, ni mejor ni peor. Bueno de todas maneras ha sido un placer discutir contigo.

    Saludos.

  38. Mi beligerancia, Pablo, en estas cuestiones se debe a que no creo que todos los gustos sean iguales, ni tampoco igual de respetables, como no todas las ideas son iguales ni igual de respetables. Aunque no nos pongamos de acuerdo, es fácil comprobar el deterioro del cine como arte, entretenimiento y medio de comunicación en los últimos treinta años, y en el deterioro del público. Es un círculo que se retroalimenta, y su responsabilidad es compartida. Y me temo que es innegable, que no hay argumentos para no reconocer que la realidad es la que es, cuáles son sus causas y cuáles van a ser sus consecuencias.
    Saludos.

  39. Bueno creo que has acertado en declarar tu beligerancia en éste tema, y lo entiendo, a mi también me hierve la sangre cuando veo una estúpida comedia romántica le gana en taquilla al verdadero cine. Las exigencias del público disminuyen porque se acostumbran a las fórmulas del cine comercial de tal modo que cuando les pones en fente una película con todas las de la ley, el público no lo entiende o se aburre o simplemente no la ven. Es lamentable, y esto a mi entender es propociado por ver al cine solo como industria. Cómo producto. Y tu frase de Picasso cae como anillo al dedo, pues ahora se hacen películas para vender y nada más. Y lo peor de todo es que lo están logrando. Ojalá y alguien nos salve.

  40. No “se acostumbran” sino que “los acostumbran”, efectivamente Pablo, es justamente lo que he intentado decirte desde el primer comentario. Y este cambio se produce a mediados de los setenta gracias al éxito desenfrenado de grandes películas (“El padrino”, “El exorcista”, “Tiburón”, “La guerra de las galaxias”) y de “genios” como Spielberg y George Lucas, que si bien revitalizaron el cine en cierto modo, no es menos verdad que su influencia, con el paso de los años, ha sido muy perjudicial. Casi letal.

  41. Es que el cine “39 escalones” ahora con la tecnología y todas las facilidades para hacer peliculas deviene en que se hagan películas malas. Osea antes hacer una película era realmente algo monumental, ahora al abaratarse los costos, pues a consecuencia también se abarat el produtco. Osea Lamentablemente el cine no siempre cae en buenas manos. Entonces uno debe buscar con pinzas para encontrar algo realmente bueno. Pero debo mencionar y resaltar que en el fondo es una ncuestión de gustos y costumbres. Es decir, mucha gente lamentablemente desde que nacieron han visto cine únicamente comercial, lo que hace muy difícil que uno pueda cambiar su punto de vista. Porque ellos ya no conciben un cine de autor, que no necesariamente tenga la típica historia americana. Las cosas están asi.

  42. Entiendo lo que quieres decir, pero no es correcto. El producto final no se abarata; es la historia, son los guiones, los que se adocenan, se devalúan, se minimizan, a fin de que todo espectro de público (adulto y niños, se entiende) pueda ver las mismas películas, a fin de recaudar lo suficiente para que el coste de la película se recupere cuanto antes. Del mismo modo, se pretende la neutralidad ideológica y política (que termina derivando en vacío total), para que no haya nadie que por posturas personales pueda sentirse contrario a ver un filme. Si eliminamos estos dos aspectos, profundidad y calado del contenido, ¿qué nos queda? Disney…
    Y, al hilo del final de tu argumento, te recuerdo que cineastas como Htichcock, por ejemplo, fueron comerciales, y su cine no puede tacharse en ningún caso de baja calidad. ¿Qué ha pasado para que el cine comercial haya derivado en cine sin sustancia? Pues lo que te contaba más arriba.

  43. Como eres Alfredo. De acuerdo con gran parte de tus acusaciones. El delito para mi, más grave de esta pelicula, es la falta de rigor histórico, el no ceñirse a la Historia, que no entiendo porqué no lo hicieron. Del resto, pues le tengo un atenuante importante, y es el saber transmitir la emoción y el orgullo de un pueblo ¿acaso tu cuando apagaste la tele no querias ser escocés?

  44. Reconozco, José María, que este texto se escribió en los primeros tiempos de esta sección, y que por tanto no le había cogido el tono. Ahora escribiría cosas mucho peores…

    El pecado no es ya la falta de rigor histórico en hechos y fechas (se puede conceder una licencia dramática con fines narrativos; eso no es malo, y el cine lo ha hecho toda la vida). El mayor horror es la historia de amor con la Princesa de Gales. Cuando vuelves a ver la película, es francamente ridículo.
    Por último, y volviendo al rigor histórico, jamás me he creído el discurso nacionalista, y en esta película en particular, resulta risible. Hablar de libertad en el siglo XIV en los términos en que se hace es verdaderamente chocante, pero aun consintiendo eso, durante la película no se me escapaba que, más allá del pataleo tradicional de los nacionalistas escoceses -que me recuerda a alguien, precisamente-, Escocia se unió por propia voluntad a Inglaterra en el sigilo XVIII, y ha continuado de muy buena gana en el Reino Unido durante tres siglos, participando de su hecho imperial y beneficiándose de su política de filibusterismo internacional. A día de hoy, por más que el referéndum aparezca interesadamente en la prensa a fin de alimentar otros nacionalismos ibéricos, es verdad que no llega al tercio de escoceses los que apoyan la independencia. Desde este punto de vista, puedo decir que no, que no me creí el nacionalismo de la película, ni tampoco cierto nacionalismo escocés de hoy. Y cuando lees algo sobre el Wallace histórico, tampoco te lo crees a él.

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