El centenario de John Wayne

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En pocos días se ha cumplido el centenario de nacimiento de tres grandes estrellas de la historia del cine. Ya nos referimos en su momento a Katharine Hepburn y Laurence Olivier, y hoy nos ocupamos del ‘Duke’, como siempre, feo, fuerte y formal, John Wayne, para lo cual extraemos el reportaje que esta semana se publica en la web de El cine de lo que yo te diga.

ASÍ NACIÓ LA ESTRELLA

“Antes de que el mundo le conociera como John Wayne, la relación más “directa” que había tenido con el cine había sido meterse en la cama con una de las actrices del momento: Clara Bow. Pero tampoco había sido una forma de entrar en el negocio porque cuando la secretaria de la actriz se vengó de ella pasándole a la prensa la lista de hombres con los que se había acostado… ¡figuraba al completo la alineación del equipo de rugby de la Universidad de Carolina del Sur donde jugaba Wayne!
Pero ya ves, fue el fútbol usamericano quien le condujo a un estudio cuando su entrenador le consiguió un trabajo de verano en la ‘Fox’ para transportar muebles por los decorados. Al poco tiempo se presentó para doblar al protagonista de una peli de fútbol, y debutó marcándose un touch down.
El hijo de Ford contó que en esa época fue cuando ambos se conocieron. Ford le vió moviéndose con el atrezzo del estudio y se dirigió a él reconociéndole como jugador.

-¿Eres uno de los chicos de Howard Jones? (Entrenador de rugby)
-Sí -respondió Wayne.
-¿En qué posición juegas?
-Defensa.
-Defensa, ¿eh?
-Sí.
-Yo era zaguero. ¿Crees que podrías sacarme?
-Sí, sé que podría.

Los dos se pusieron en cuclillas, con los nudillos sobre el suelo, y empezaron a lanzarse el uno contra el otro. Pero Ford tenía 32 años y no jugaba desde hacía casi veinte. Wayne tenía 21, metro noventa y noventa kilos.
Cuando Ford comprobó que no podía mover a Wayne desafió a Duke a que intentara detenerle. Echó a correr hacia él, intentó superarle pero Wayne le agarró, no limpiamente, pero le paró. Cuando Ford se estaba soltando, Wayne le pateó en el pecho y lo arrojó despatarrado al suelo.
Hubo un silencio mortal en el plató, Todos esperaban la reacción de Ford echando al joven para siempre de allí, pero se puso en pie, se sacudió el polvo y dijo: “Bien, volvamos al trabajo. Ya hemos hecho bastantes tonterías”".

Después de más de diez años en series B con películas para completar las sesiones dobles del cine de entonces, Wayne aceptó la invitación a pasar un fin de semana en el yate de Ford y este le pidió que leyera un cuento corto que había aparecido en una revista.
Se titulaba “Stage to Lordsbury”. Los protagonistas eran una chica alegre, una señora, un médico alcohólico, un banquero corrupto, un viajante de whisky, un tahúr y un pistolero. Se convertiría en la película que hizo pasar a Wayne del cine barato al protagonismo absoluto.

“La diligencia” fue una prueba de fuego para los dos John, sobre todo porque ningún estudio importante quiso correr el riesgo de producirla. Nadie creía en el western porque pensaban que sólo funcionaba como historia de segunda clase.
Ford tuvo que convencer a un productor y hasta casi imponerle a Wayne diciendo que sin él no dirigiría la película. Se completó así el reparto de actores de talento, pero sin estrellas. Ford era listo y le pidió a Wayne lo que podía darle, y eso no incluía mucho diálogo. Puede que Wayne estuviera aprendiendo a ser actor, pero Ford se dio cuenta de que en aquel armario de tío había un aire de vulnerabilidad especial. Claire Trevor, la chica de la historia, fue una compañera excelente que trabajó con Wayne durante horas para preparar las escenas que tenían que rodar juntos.
Fue un éxito rotundo que llenó de colas los cines donde se proyectaba. Había vientos de guerra en el mundo y era importante olvidar la sensación de que se avecinaba algo terrible. La Academia no falló y le dieron siete nominaciones, entre ellas la de Mejor Película y Mejor Director, porque el trabajo de Wayne no era destacable.
Pero 1939 era el año de “Lo que el viento se llevó”, imposible aspirar a nada aquel año en el que también se había estrenado “El mago de Oz”y “Caballero sin espada” (Mr. Smith Goes to Washington). Lo malo es que se tuvieron que repartir las migajas. La diligencia, por ejemplo, se tuvo que conformar con dos Oscar: Mejor Actor Secundario y Mejor Banda Sonora.
En realidad a Wayne le resultó mejor que a la propia película porque después de más de diez años se convirtió en una estrella de películas de serie A.”

EL RECONOCIMIENTO

“Está bastante claro para la mayoría, incluso de sus máximos defensores, que Wayne es de esos actores con muy pocos registros, pero eso si, el par que tiene son únicos.
Tal vez por eso al pensar en premios a mejores actuaciones, sus colegas de la Academia nunca o casi nunca le consideraban para la noche de los Oscar.
Habían pasado 40 años desde su primera película y en 1970 estaba sentado en las butacas con el resto de los nominados y con más nervios que el cuello de un psicópata. Para que le dieran un Óscar, tenía que haber sacado más votos que actores mucho más polifacéticos como Richard Burton, Dustin Hoffman, John Voight, espléndidos en “Cowboy de medianoche”, o el tampoco muy afortunado Peter O’Toole.
A su lado se sentaba Pilar, su mujer en aquel momento, otra prueba más de su gusto por las mujeres latinas y que, contaría después, sintió la mano del Duke tomando la suya cuando se aproximaba el momento en que Barbra Straissand agarró el sobre al ganador de mejor actor. Wayne tenía una sonrisa tan ancha, tan abierta y tan forzada como para que luego confesara que le dolieron las mandíbulas y para que a su mujer le quedaran las huellas de sus uñas en la mano hasta dos días más tarde.
Ocurrió en 1970 y Wayne no podía lucir su aspecto más hermoso porque salía con un parche en un ojo. La película era “Valor de ley” y por fin Barbra anunció: “…Y el ganador es…¡John Wayne!”. Duke recibió una ovación estruendosa, besó a Barbra Streisand, se quitó una lágrima de la mejilla y pronunció el siguiente discurso:
“¡Bueno! ¡Si lo sé me pongo ese parche [en el ojo] hace treinta y cinco años! Damas y caballeros, este podio no es cosa nueva para mí. He subido aquí y he recogido estos hombres dorados tan bonitos en otras ocasiones, pero siempre para amigos. Una noche recogí dos: uno para el almirante John Ford y otro para nuestro querido Gary Cooper. Esa noche estuve muy hábil e ingenioso… la envidia incluso de Bob Hope. Pero esta noche no me siento muy ocurrente. Estoy muy agradecido, muy humilde, y estoy en deuda con muchísima gente. Quiero dar las gracias a los miembros de la Academia. A todos los que estáis viendo la televisión, gracias por interesaros tan vivamente por nuestra gloriosa industria. Buenas noches”.

Muchos usamericanos, no sólo los más conservadores o defensores de la visión del Duke sobre la sociedad, habían ido creando una atmósfera de excitación y de justicia por la candidatura de Wayne, que no sólo salía el primero en las previsiones, sino que la ceremonia aquella noche rompió todos los records de audiencia.”

EL GRAN CONSERVADOR

Es difícil saber qué hizo a Wayne un hombre tan conservador, pero tal vez fuera que sus padres no lo eran. En especial su madre, que fumaba cuando las chicas todavía se escondían para hacerlo, y que en lugar de casarse “como dios manda”, se fugó con su padre cuando tenía 20 años. No fueron felices y Marion (Nombre original de Wayne) se tapaba la cabeza con la almohada a los ocho años para no escuchar los gritos de reproche que cada noche daba su madre a su padre.

Antes de que la familia se arruinara intentando cultivar el desierto y se trasladaran a Los Ángeles, el pequeño vivió el ambiente de una de las ciudades más patriotas del país. El hogar natal de John está en la calle South Second Street, número 224, de Winterset, en Iowa. Hoy día sigue siendo una comunidad agrícola del Medio Oeste que vende soja, maíz, y tiene criaderos de aves, cerdos, ganado y caballos. El pueblo tiene menos de cinco mil habitantes. La Cámara de Comercio adquirió el edificio donde nació el actor en 1981 y se instaló allí pero le devolvió el aspecto que tenía en 1907. No hay mucho más que ver en el pueblo que la casa, una cocina con la cama de Wayne, un cuarto de estar y una tercera estancia con objetos sobre Wayne.

Cuando nació el actor hace cien años, Winterset era la sede del condado de Madison, considerado como el corazón del continente norteamericano. Está entre dos ríos, contra un fondo de colinas suaves, y sus ciudadanos destacaban por su sentido del patriotismo. La Guerra Civil usamericana tiene todavía mucho peso allí, porque setecientos de los novecientos hombres de la ciudad, los que estaban entre los 18 y los 35 años, se unieron al ejército de la Unión. Terminada la guerra nunca regresaron 104 vecinos y otros 106 fueron gravemente heridos o pasaron un tiempo como prisioneros. Por eso el niño Wayne vivió la mayor fiesta de su infancia en forma de desfiles patrióticos el Día de la Independencia. Era el día más grande en todo el condado de Madison, con desfiles cada 4 de Julio. A principios de la década de 1900, todavía seguían desfilando cientos de hombres, diciéndoles a todos los que querían oír, y en particular a los niños, dónde y cuándo lucharon contra los estados sureños rebeldes.

Wayne fue siempre un ultraconservador que ofreció todo su apoyo a gente como Richard M. Nixon, Barry Goldwater, Spiro T. Agnew, Ronald Reagan y otras figuras públicas que comulgaban con su sentido del patriotismo y anticomunismo. Pero incluso algunos de sus enemigos valoraban del Duke que era honesto, incapaz de traicionar sus ideales, pero capaz de distanciarse cuando creía que los republicanos no lo hacían bien.

Por eso, cuando visitó Harvard, y le preguntaron si el presidente Nixon le había hecho alguna vez alguna sugerencia interesante para sus películas, contestó: «No, todas han tenido éxito»”.

HOMENAJE AL DUKE

«Odio los funerales solemnes», decía Duke. «Cuando me muera, que me lleven a una habitación y me incineren. Luego que se reúnan mi familia y unos pocos amigos, que se tomen unos tragos y que hablen de lo bien que nos lo pasamos juntos».

Le tocaremos un poco las narices con “Granada”, sí, la canción española, que odiaba a tope, no podía soportarla.
Creo que era lo único que no le gustaba de España, porque Duke pasó casi un año en Madrid en 1964, para rodar “El fabuloso mundo del circo”. De ese tiempo la mayor parte la pasó viviendo al lado de un local muy famoso de entonces llamado Mayte.
Se hizo amigo de mucha gente porque era campechano y flipó sobre todo con los callos a la madrileña. De hecho flipó tanto que la propia Maite, hasta poco antes de su muerte, seguía mandándole, siempre que podía, una caja con callos madrileños.

La verdad es que le gustaba todo lo latino, en particular las chicas, tuvo tres mujeres y todas de ascendencia latina. Hablaba español con un acento mejicano bastante raro. Lo latino le influyó tanto como para hacerse católico antes de morir y pedir que su epitafio fuera escrito en español (“Feo, fuerte y formal”).

~ por 39escalones en Junio 4, 2007.

11 comentarios to “El centenario de John Wayne”

  1. Yo me reconcilié con él en “El hombre tranquilo”. Reconozco que no me entusiasma demasiado. Me encantaría haberle visto en un papel de coway gay.
    Bueno, son cosas mías. Ni caso.
    Besos de lunes

  2. Opino como Entrenómadas, la que más me gusta es “El hombre tranquilo”.
    Pero no es de mis actores preferidos.
    Un abrazo.

  3. Lucía, Entrenómadas, coincido con vosotras. Al valorar la figura de John Wayne suele pesar más la imagen mítica de algunos de sus personajes y la proyección sociológica en Norteamérica que su propio valor como actor.
    Y en cuanto a reconciliarse con él, si veis “Boinas verdes”, volveréis a odiarle, y justificadamente, por cierto.
    Besos

  4. Es mi cowboy de niño…el hombre que al final resolvía los problemas…desde la diligencia fue haciendo del polvo del oeste la frontera que nos dejaba soñar…de mayor las cosas son distintas pero uno no deja de ser lo que fue…abrazos.

  5. Fernando, has expresado muy bien en poco espacio lo que quería decir el post de hoy, mucho más allá de que fuera buen o mal actor o que sus ideas políticas fueran tan ‘especiales’.
    Lo que hace tener estudios…
    Un abrazo

  6. ;) ;)…eres un bribón…un abrazo

  7. Sí, yo, más que de John Wayne, soy de Jack Palance en ‘Raíces profundas’…
    Un abrazo

  8. Yo no puedo odiar a John Wayne, a pesar de su mala baba cuando la caza de brujas. Yo también quise ser un héroe como él cuando era crío y quiero creer que si denunció a alguien fue porque de verdad creía que el Comunismo era una amenaza, quiero decir que creo que sería sincero y consecuente con sus ideas. (Viendo al Stalin de la época lo puedo entender)

    • En cualquier caso, eso no mengua el carácter mítico de su figura ni tampoco lo disculpa políticamente. Los sistemas legales que permiten los delitos de opinión o de ideología y quienes sirven a esos sistemas, no pueden llamarse democráticos y no pueden contar ni con nuestro respaldo ni nuestra comprensión, de la misma forma que no hacemos esfuerzos por entender a quienes denunciaban a comunistas antes las autoridades nazis, por ejemplo, o a no comunistas ante las autoridades estalinistas.En ese sentido Wayne o Kazan, por citar dos, no cuentan con mi simpatía: denunciaron a compañeros, no por cometer crímenes ni por delincuentes, sino por opinar distinto, una opinión o una ideología (ser comunista), prohibida en un país que presume de democracia y libertades. Lo que yo no entiendo es tu referencia a Stalin, efectivamente un criminal de aúpa. Primero, porque precisamente en aquella época su etapa de purgas ya había concluido y, segundo, porque ¿qué te hace pensar que los Estados Unidos no estaban cometiendo crímenes atroces en el resto del planeta? No han dejado de hacerlo desde su fundación, allá por 1776.

  9. Intento ponerme en el lugar del ciudadano cuya única información del mundo le llegaría desde los medios oficiales controlados por el gobierno y que se sforzaban en publicar los crimenes de Stalin y no los propios (al margen, claro está de que a estos actores les pagaran o les ayudaran por mantener eses posturas. Aquí durante años sucedía lo contrario por los que sólo veían las bondades de la URSS y las voceaban por la radio ilegal. Y quiero que m comprendas, estoy intentando verlo de un modo sociológico, científico, no defiendo mis simpatías políticas.

    • Bueno Carlos, llamémoslo entonces un sacrilegio irónico…

      Comprendo lo que dices, pero la perversión de McCarthy y compañía es atribuir, pongamos, a Dalton Trumbo connivencia con los crímenes de Stalin por creer en el comunismo como solución (un comunismo que no era lo que en la práctica aplicaba Stalin, por cierto). Es como si yo atribuyera a Bruce Willis los crímenes de George W. Bush por haberse reconocido republicano y me empecinara en que testificara como criminal en una Comisión del Congreso, ¿no te parece? Por eso no me vale como explicación sociológica o científica si lo separamos de dos conceptos a los que aquella época, como tantas otras, iba ligada: el adoctrinamiento (anticomunista en este caso) y el miedo.

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