Cine para pensar – Dogville, de Lars von Trier
Por muchos, como el que escribe, Nicole Kidman no empezó a ser considerada actriz hasta que interpretó de forma tan soberbia el papel de Grace en esta película de 2003 dirigida por el siempre polémico Lars von Trier, que con esta cinta dio inicio a su trilogía sobre los Estados Unidos, que continúa con Manderlay y finalizará con Washington, en principio con Cate Blanchett como protagonista, si las últimas depresiones diagnosticadas a Von Trier por los médicos no le obligan a cumplir esos dos años de retiro alejado de las cámaras que anunció.
El objeto de la supuesta trilogía consiste en realizar una aproximación crítica a la sociedad norteamericana, resaltando los grandes valores que presuntamente la mueven pero sobre todo haciendo hincapié en la crónica hipocresía y la deshumanización que presiden la vida colectiva en ese país. El primer pilar de la serie es esta magnífica Dogville, que resulta profundamente interesante tanto por la forma como por el contenido último de la narración.
De entrada, nada más comenzar la película, una magnífica voz en off (el excelente John Hurt en la versión original, más recomendable para el visionado de la película, o la voz de los documentales de La2 si de la versión doblada al castellano hablamos), nos pone sobre aviso: se trata de una película compuesta por un prólogo y nueve capítulos. La voz en off le confiere a la película una doble característica, en primer lugar, un acercamiento a modo de los cuentos, subrayando el carácter fabulístico de la historia, y segundo, al ser la narración una forma de completar las acciones de los personajes, dando claves sobre sus historias personales, sus comportamientos, sus fueros internos y las consecuencias de sus actos, nos ofrece una visión más cercana al documental objetivo que a la exposición dramática de una historia. Continuando con algunas de las directrices que fijó el movimiento Dogma (aunque se salta otras, como el uso imperioso de luz natural), la original distribución de las escenas contribuye a la atmósfera opresiva, pero absolutamente teatral del film, magnificada tanto por la ubicación de la acción en un único escenario, enorme, pero plano (algo parecido a una nave industrial rectangular, con paredes sumidas en la oscuridad más profunda, dejando iluminado tan solo el centro por donde los personajes se desenvuelven no entre decorados y paredes prefabricadas, sino en un espacio abierto, sin divisiones, y cuya separación no está realizada con elementos físicos, sino con perfiles perfectamente marcados en el suelo), como por la falta total de exteriores, de grandes decorados o escenografías, reducidas solamente al mobiliario que se encuentra colocado en cada dependencia y con el que los personajes interaccionan, lo que genera efectos como por ejemplo, que los personajes, para entrar y salir de su propia casa, la cual sólo está marcada en el suelo, tengan que fingir que toman el pomo de una puerta para abrir y cerrar.
Esta original puesta en escena busca la eliminación de lo superfluo. Mediante una representación abstracta, minimalista, desnuda y artificiosa, Lars von Trier busca subrayar los caracteres propios de cada tipo, deteniéndose en lo más significativo de personajes y espacios. De este modo sirve como marco a un profundo drama austero, incisivo e incluso irónico que busca expresar la visión personal del autor respecto a los Estados Unidos, sumergiéndose para ello en los pormenores de la vida de una comunidad pequeña y puritana de la perdida localidad de Dogville.
La historia que la película cuenta, que recuerda lejanamente (o no tanto) en su planteamiento inicial a la magnífica El festín de Babette, puede resumirse en pocas líneas: durante la depresión de los años 30, Grace es una mujer aparentemente frágil que huye de unos tipos que la persiguen y que va a dar con sus huesos en un pequeño pueblo de las Rocosas. La llegada de la joven es todo un acontecimiento en un lugar donde apenas pasan cosas nuevas, y es acogida con el recelo, cuando no la antipatía, que suele ser propio de comunidades pequeñas y cerradas. Sólo la buena fe de un joven escritor, interpretado por Paul Bettany, la protege de la hostilidad y maledicencia de los habitantes del pueblo, y logra que los vecinos concedan un ‘periodo de prueba’ de quince días a la joven para decidir si la aceptan o no entre ellos.
A partir de ahí Grace tiene que ganarse día a día la confianza y el afecto de los habitantes de Dogville para que le permitan quedarse allí (de hecho, refugiarse) durante más tiempo y fundar una nueva vida, y ello da pie para que Von Trier nos muestre la miseria moral a la que puede llegar una colectividad, los peligros que encierra el poder de las masas y el hábito con el que son tergiversados los hechos y las obligaciones cuando resulta conveniente, al mismo tiempo que critica la inocencia y la candidez de las buenas intenciones y de la confianza en la buena fe de nuestros semejantes. Para ello cada personaje representa diferentes facetas de la personalidad, que todas juntas, conjuntamente, dan pie a conformar lo que sería la complejidad moral de un individuo, es decir, que Dogville es la metáfora de la mente y el corazón del hombre, con su buena fe, sus afectos, su candidez, su inocencia (representadas por Grace y Tom, el escritor), pero también su mezquindad, sus caprichos, sus deseos, y sobre todo, sus tentaciones (mostradas mediante la frágil sensualidad de Grace) y frustraciones. La benevolencia de los habitantes de Dogville no hace sino esconder las profundidades de la verdad humana con todas sus contradicciones, y Grace resultará engañada, manipulada, explotada y maltratada, por cometer el único pecado que hay que pagar en Dogville, la búsqueda de la felicidad en un hogar donde reine el amor, todo lo contrario de lo que esperaba y que se identifica con el mismo peligro del que huía al llegar al pueblo, la avaricia y el egoísmo, cuya proliferación colectiva no lleva sino a consecuencias catastróficas, como termina sucediendo en la película. Porque aquello de lo que Grace huía se volverá de manera terrible y letal contra sos crueles vecinos, cuya desgracia final se muestra como justo castigo por la perfidia de su alma mezquina y vil: quienes dan rienda suelta al mal terminan siendo exterminados por éste, multiplicado y sin medida. En ningún momento este castigo genera remordimientos al espectador.
Si ponemos este final en relación con los acontecimientos vividos en Estados Unidos no hace mucho (colectividad con altos valores, puestos en práctica de manera más que deficiente por sus gobiernos, con una tragedia como acto de “castigo” por quienes resultan, en teoría al menos, damnificados por la exportación norteamericana de la hipocresía y la doble moral, la detención ilegal y en algunos casos sin motivación de ciudadanos de otros estados y su confinamiento cadena al cuello en cárceles alegales, etc.) tenemos una lectura actual y viva del mensaje de la película.
Pero Dogville contiene muchas lecturas. La bondad, el amor, la fraternidad, son derrotados por la vileza, la mezquindad, la ruindad de unos ciudadanos sumidos en la rutina, en una vida puritana y convencional, en la que un elemento nuevo es acogido con recelo, cuando no abierta animadversión, asumido con dificultad a cambio de una prestación de servicios (a ser posible, los peores), para pasar seguidamente no a reconocer un status de igualdad al recién llegado, sino a exigir de él cada vez más prestaciones y también a castigarle cuando protesta por las condiciones de abuso y explotación en las que se encuentra, al mismo tiempo que la única actividad que se le permite es la prestación de esos servicios que revierten en el bienestar de la comunidad a cambio del más bajo de los precios. Con esta lectura, inevitablemente viene a la cabeza una palabra: inmigración. Y más, al tratarse de los Estados Unidos (o de la próxima Europa), país que se ha levantado con el sudor y el esfuerzo de unos inmigrantes generalmente tratados como ganado o mercancía, fuerza de trabajo capitalista y confinada en guettos de dudosa salubridad en muchas ocasiones. La depresión de los 30 es la metáfora que Von Trier utiliza para presentar la depresión moral de una sociedad acomodaticia en la que los valores han quedado reducidos a conceptos meramente publicitarios y donde prima únicamente el egoísmo y la supervivencia económica, habiéndose perdido el carácter humanitario de las relaciones entre personas.
Para ilustrar este aspecto, Von Trier utiliza todos los recursos a su alcance, empezando por el propio guión y explotando al máximo la desnudez de la puesta en escena, pero el toque soberbio son los títulos de crédito finales (que adjuntamos aquí gracias al amigo Jesús Gella, gran cinépata entre otras cosas), en los que, al son de los acordes de David Bowie y su Young Americans (ver post anterior), Von Trier nos ofrece otra estampa de América, de las sociedades capitalistas y deshumanizadas en general, alejada de sueños americanos, de barrios residenciales, centros comerciales de estanterías repletas, de alfombras rojas y oropeles. Nos ofrece imágenes crudas, de seres sufrientes, castigados por las condiciones de una vida no tan cómoda, son los olvidados del maestro Luis Buñuel, son los ‘paganos’ del desarrollo y el crecimiento sin límites, pero a la vez, son personas llenas de esperanza, que, aun en la pobreza, comparten, conviven, y alternan miradas perdidas de incertidumbre con tímidas sonrisas de ternura y fe en un futuro mejor. Una muestra de que, un recurso cinematográfico aparentemente pobre y narrativamente inutilizable, puede servir para redondear, fijar y completar el mensaje de una película de hondo calado.
Dogville es una grandísima película, de valores pedagógicos más que recomendables, de visionado electrizante, profundo pero en ningún caso denso o aburrido, de excelente guión y con interpretaciones soberbias (además de los protagonistas, James Caan, Lauren Bacall, Philip Baker Hall, Ben Gazzara, Chloë Sevigny, Stellan Skarsgard…) y con un colofón magnífico que nos invita a reflexionar sobre el mundo en que habitamos, sus pros y contras, y sobre todo, acerca del coste humano que genera nuestro cómodo medio de vida y la pérdida de la esencia de las relaciones humanas en un mundo demasiado atento a la tecnología, a los medios materiales, al marketing publicitario, y poco centrado en el ser humano, como decían los indígenas Sioux de Norteamérica, el verdadero y único camino.



Mira, no hubiese visto la película porque le tengo un poco de paquete a la Kidman (me parece una maniquí, que quieres que te diga)pero me has picado mogollón con este magnífico post.
De cualquier manera, con la de espejos que tienen para ver sus miserias ¿como es posible que no haya cambios en la sociedad americana?, sería de agradecer, al menos, en lo que nos afecta a los demás.
Ala, a por Dogville.
Inma, yo también le tengo paquete, no te creas, pero en esta película, y sólo en esta, me convenció. En particular detesto a estos actores que sólo venden imagen (Pitt, Clooney, DiCaprio, Kidman, etc.), aunque algunos son más salvables que otros. Pero a veces nos sorprenden con talentos que algunos directores saben encontrarles.
Lo de América no sé si tiene solución. Allí donde hay un poder absoluto hace falta una revolución para bajarse de la parra. Dentro del pueblo americano hay un enorme potencial humano en este sentido que poco tiene que ver con los gobiernos. Sólo falta una cosa, que la revolución moral en ese país sea rentable: entonces, en quince días, cambio al canto. Te lo digo yo.
Te animo a ver Dogville, a mí me impactó.
Un abrazo.
ESTUPENDA, MAGNIFICA,PROFUNDA, DIFERENTE, AGUDA, INTELIGENTE, ORIGINAL, EXTRAORDINARIA, ESPECTACULAR. Puedo seguir hasta que me eches de tu blog-casa.
¿sabes ya lo que opino de la peli?
Kisses de viernes
Y una anécdota: siempre soy yo quien le da la lata a mi madre para que vaya al cine.
En esta ocasión fue al revés. Mi madre y mi prima fueron a ver esta película. Las recogí a la salida del cine y me dieron tanto, tanto la paliza con la peli, estaban tan alucinadas con ella, que me obligaron a meterme al cine.
Entrenómadas, nunca se sabe de quién o cuándo puede venir una buena recomendación. La pena (yo no quiero ser agorero, que ya sé que no os gusta) es que si esto sigue así llegará un momento no muy lejano en que películas de este tipo no se proyectarán en los cine, estará todo lleno de Piratas, superhéroes y atracadores de casinos escapados de pasarelas de modelos.
Psé, aún me queda alguna duda sobre tu opinión de la película, no sé, no sé, no lo tengo muy claro…
Besos de week-end
Alguien me recomendó esta película pero sólo me dijo que estaba muy bien. No fui a verla. Si en ese momento hubiese leído tu post sí que habría ido a verla. Me has dado muchas razones de peso.
Un abrazo.
Lucía, yo soy muy reticente cuando alguien me recomienda ir al cine, normalmente no hago caso y cuando más adelante veo la película compruebo que hice bien. Pero a veces, sólo a veces, me pierdo algo bueno. Como las películas con globos descontrolados…
Un abrazo.
Aunque voy un poco tarde -como casi siempre-, me parece que la peli se merece que manifieste mi abosluto acuerto con tu post. No siempre me gusta el cine de von Trier, aunque siempre me interesa. Pero en este caso hay que descubrirse ante la intención, el riesgo tremendo asumido y el magnífico resultado.
El post espléndido. Ya es habitual.
Un abrazo.
Gracias, Luisa. Creo que es la mejor película de Von Trier. A mì eso del Dogma no me convence mucho, y aquí lo cierto es que está muy mitigado, pero coincido contigo en que sus historias siempre son interesantes.
Un abrazo.
La primer pelicula que vi de Lars Von Trier fue “contraviento y marea” , luego “una bailarina en la oscuridad”. Hasta ese momento no conocia el director. Cuando pude disfrutar de Manderlay no pude dejar de obcesionarme con sus peliculas. Dogville es mas que exelente, nunca una pelicula me produjo tantas cosas y dejo mi cabeza dando vueltas a mil. Son peliculas para disfrutar, y tambien para reflexionar.
Saludos
Ay, Gabriela, gracias y bienvenida. Desde luego, un comentario más que acertado. Sin embargo, debido a su trilogía sobre su forma de ver los Estados Unidos, tan poco complaciente, empieza a ser visto de forma hostil por gran parte de la industria norteamericana del cine, que en principio quería abrirle los brazos para que hiciera cine en América. Ahora lo tenemos en plena depresión. Esperemos que mejore.
Un saludo
[...] Origen: 39 Escalones [...]
DogVille. « dijo esto en Octubre 10, 2007 a 6:46 pm |
inolvidable y necesaria película, plantea con acierto muchas cuestiones de una manera magistral y para mí nada gratuita o caprichosa… quizá es de lo más audaz e interesante que el cine ha dado en los últimos años. Un saludo.
No sé si es la más audaz, pero sí de las más interesantes, profundas y reflexivas de los últimos tiempo, sin duda.
Un abrazo.