Cine para soñar – Remando al viento
- “La muerte. La muerte y su hermano el sueño“.
(…)
FLETCHER: ¡Mylord, ha sucedido algo imperdonable! (…) Le ruego que me considere despedido.
BYRON: Queda despedido, Fletcher. Pero dígame, ¿qué ha ocurrido?
FLETCHER: (…) Una mujer ha entrado en la casa. Le ruego que me considere despedido.
BYRON: Queda despedido, Fletcher. ¿Cuánto le debo?
FLETCHER: No recuerdo la última vez que Mylord tuvo la gentileza de pagarme.
BYRON: Bien, no seamos mezquinos. Quédese. Le perdono.
(…)
- “Las botas no, nunca las botas. En el fondo del lago hay líquenes, pero si miras la superficie, sólo ves tu propio reflejo”.
(…)
BYRON: Hay tres cosas que yo puedo hacer y usted no (…). Cruzar un río a nado, apagar una vela de un disparo a veinte pasos…Qué inútil es todo, ¿para qué cruzar un río, o disparar a una vela?
POLIDORI: ¿Y la tercera? (…). Ha dicho que eran tres cosas.
BYRON: Sí… Escribir un poema del que se han vendido diez mil copias en un solo día.
(…)
SHELLEY: Percy Bysshe Shelley, ateo y demócrata.
BYRON: Lord Byron, tengo cien años.
MARY: Dentro de cien años, todos tendremos la misma edad.
(…)
- “El mejor poema sería el que diera vida a la materia”.
(…)
- “No es bueno dejar al perro fuera de casa cuando llueve“.
(…)
- “Aquí yace un hombre que sólo sabía hacer tres cosas, y ninguna bien”.
Frases como estas pertenecen a una de las mejores películas españolas de todos los tiempos, la espléndida Remando al viento, dirigida en 1988 por el cineasta, escritor, dramaturgo, periodista, poeta, incluso ex-ojeador de fichajes del club de fútbol Internazionale de Milán, Gonzalo Suárez, director atípico del cine español y sin duda el más literario, que ha dirigido filmes tan magnéticos y misteriosos como Epílogo, Don Juan en los infiernos, El detective y la muerte o Mi nombre es sombra.
Esta película, a la que hace unos días hizo referencia Luisa Miñana en su estupendo blog Pandeoro, se aproxima con mucha imaginación a las figuras reales de personajes como Lord Byron, John Polidori, la pareja formada por Percy B. y Mary Shelley o el filósofo William Godwin, narrando el proceso de creación de una de las grandes novelas románticas, una de las más populares e icónicas de todos los tiempos, Frankenstein, y con un enfoque realmente imaginativo, la perspectiva de una creación literaria que cobra vida hasta el punto de influir decisivamente en los destinos de quienes han asistido o colaborado en su nacimiento, de tal manera que la obra, surgida del reto de escribir un estremecedor cuanto de terror, propuesto por Byron a la luz de las velas una noche de tormenta en Villa Diodati, la casa cerca de Ginebra donde Byron se encontraba en 1816, se toma como punto de unión del trágico destino que tuvieron todos los personajes involucrados en la forja de una ficción en la que el nuevo Prometeo debía desafiar nuevamente a los dioses, suponiendo la fusión indivisible de la ficción creada con el destino humano.
Después de la derrota y confinamiento de Bonaparte y finalizado el Congreso de Viena, donde se le perdonó por vez primera la vida a Francia (cosa que terminó convirtiéndose en costumbre repetida de nuevo en 1830, 1848, 1871, y 1945) tras su formidable derrota, Europa se ve inmersa en una turbulenta época de cambios sociales y políticos: se intenta profundizar en los conceptos democráticos insinuados en la Revolución Francesa en detrimento de la sociedad aristocrática del Antiguo Régimen, comienzan a sentarse las bases de las reivindicaciones obreras que marcarán las revoluciones del siglo XIX y también empiezan a despertar las conciencias nacionales que tantos desastres traerán en un futuro no muy lejano. Al mismo tiempo Schiller, Byron, Goethe y algunos otros destronan a Goldoni como mejor poeta de su tiempo, y el Romanticismo se encuentra en pleno apogeo. Las estampas de castillos abandonados, de ruinas, de cementerios desolados y sombríos, los ideales o amores que pueden llevar a un suicidio temprano en el que la muerte es forma de ascenso hacia la ansiada libertad total, la crítica a los privilegiados (sobre todo a la Iglesia), la ruptura de las convenciones sociales, y sobre todo, el teatro y la poesía que sirven de vehículo a estos pensamientos, alternan con la preocupación por los acontecimientos políticos europeos, como la forja por parte de Inglaterra de un inmenso imperio colonial, los levantamientos liberales en España contra el absotismo de Fernando VII o los primeros conatos independentistas de Grecia frente al poder otomano.
En este marco se desarrolla la historia, inspirada en hechos reales pero con gran derroche de imaginación, que cuenta las jornadas que estos personajes compartieron en Villa Diodati, durante la visita que Percy Bysshe Shelley, Mary y Clara realizaron a Lord Byron en su retiro suizo. El estupendo vestuario (incluso en cuanto a las rarezas estéticas de Byron), la escenografía, las magníficas localizaciones naturales y los exteriores escogidos dotan a esta película de un magnetismo misterioso, repleto de poesía y al mismo tiempo cercano a la puesta en escena teatral. Las secuencias rodadas en exteriores profundizan en la estética romántica como forma de mostrar las firmes convicciones ideales de quienes pertenecían a esta corriente: los planos de la barca bogando bajo la luz de la luna, el mágico jardín de la casa, medio iluminado medio en penumbra, el castillo al que se dirigen Byron y Shelley cuando sufren la tempestad, pero también las imágenes de las anchas playas de fina arena y los mares embravecidos, de los acantilados de fuertes vientos, de la campiña italiana de prados verdes bajo la lluvia, o de Venecia, con ese obispo vestido con sus ricas ropas apoltronado en una góndola que surca los canales sobre aguas grises, entre edificios sucios y bajo puentes humedecidos, justo antes para llegar al palacio de inmenso patio enlosado en cuyo dormitorio Byron retoza con una dama casada, cuyo marido espera el dinero que el poeta está dispuesto a pagar por haber disfrutado de su esposa, para lo cual utilizan tan ilustre correo (la Iglesia siempre sabe sacar provecho de toda situación).
Como es sabido, una noche de tormenta, de esas que en Villa Diodati transcurren leyendo poesía a la luz de una vela o jugando una partida de billar, Shelley, Byron, Polidori, Mary y Clara se entretienen leyendo y contando historias de fantasmas en un entorno lúgubre, de viento, lluvia, truenos, relámpagos y sombras de perfiles sinuosos que se proyectan en las paredes débilmente iluminadas. De esta auténtica reunión nació El vampiro, de John Polidori, y por supuesto, Frankenstein o el moderno Prometeo, cuyo título hace referencia al Prometeo liberado de Shelley y a su vez al clásico Prometeo encadenado, atribuido a Esquilo.
Pero la película, que está contada a modo de flash-back por una solitaria Mary que es pasajera de un barco que surca aguas árticas en busca de la Criatura que ella misma había creado (remedando así el director el principio y final de la obra literaria, que Mary Shelley situaba en las heladas superficies árticas) realiza el seguimiento de las vidas de estos personajes que coincidieron aquella mágica noche y los desgraciados avatares que les sucedieron a ellos y a quienes los rodearon, y para ello utiliza como vehículo al monstruo, la Criatura ideada por Mary Shelley, el Prometeo de su obra (al que por cierto, todo el mundo identifica como “Frankenstein”, olvidando que éste no es su nombre, sino el de su creador; el monstruo no tiene nombre) cuyas espectrales apariciones tienen lugar siempre como anuncio de la catástrofe que está a punto de sobrevenir: en primer lugar Polidori contempla el monstruoso horror de la Criatura antes de poner fin a su vida, pero luego se nos cuenta la muerte de Godwin y de la hermana menor de Clara y Mary, después veremos a la Criatura visitar al hijo de Percy y Mary (en una escena inspiradísima que rememora la famosa escena de la película de 1931 en la que el monstruo juega junto a un niño a hacer flotar en el río un pequeño barquito), y también a la hija de Byron y Clara, internada en una escuela religiosa. Igualmente, aparecerá en la playa antes de que Shelley se haga a la mar y sufra el accidente que le costará la vida, y su presencia amenaza a Byron, que tras la sugerente escena de la incineración del cadáver de Shelley en la playa, mientras se recita La serpiente, formula propósito de ir a luchar por la libertad de Grecia, donde encontrará la muerte en Missolonghi. Las apariciones de la Criatura se rubrican además con sus frases de diálogo, apenas pronunciadas, y que rememoran palabras dichas por los propios personajes en momentos anteriores de la película y que parecían estar presagiando, sin darse cuenta, su propio desgraciado final. De este modo, se nos muestra la Criatura, no como un espectro o una presencia ajena a los personajes, sino como una proyección de su propia alma que cobra vida, como un reflejo del lado oscuro de cada uno de ellos en el espejo de un futuro fatal (”Tu respiración es mi respiración”, dice el monstruo emulando una conversación entre Percy y Mary).
Película de admirable factura, de fotografía y localizaciones espléndidas, de estupendo pulso narrativo, de encanto literario absoluto y fantástico guión que ensambla historia, literatura, realidad, ficción e imaginación, además de algún problema de ritmo y quizá excesiva recreación en determinadas tomas o situaciones, encuentra quizá su punto flaco en los actores. Hugh Grant interpreta a Byron, antes de convertirse en actor de una sola cara y un solo papel, en la experiencia cinematográfica más extraña de su vida, como él mismo ha dicho, Valentine Pelka, que más tarde aparecerá en cintas como El pianista, de Roman Polanski, interpreta a Shelley, Lizzy McInnerny es Mary, y una irreconocible Elizabeth Hurley, pareja de Grant entonces, es Clara (antes de convertirse en una siliconada y frívola actriz de escaso talento y más que discutible encanto, paraíso de los cirujanos plásticos). Junto a ellos, algunos actores españoles, como el gran José Luis Gómez como Polidori, la Criatura interpretada por José Carlos Rivas (más cercana en su caracterización al monstruo descrito en la obra literaria que al recreado sobre Boris Karloff con cicatrices y tornillos en la película clásica), un José María Pou como aduanero italiano que come a dos carrillos mientras realiza una quijotesca criba entre los libros que los Shelley llevan en su equipaje al penetrar en Italia, y una jovencísima Aitana Sánchez-Gijón como joven e idealista amante de Byron.
Por otro lado, si la película arrastra algunos problemas que minoran el resultado final, es cierto que encuentra uno de sus mayores aciertos en la música utilizada por el director. La música de Mozart sirve de marco para la acción, mientras que el inicio de la película nos introduce en el inquietante mundo de sueños, ilusiones, amores y pesadillas que vamos a presenciar con los mágicos y sublimes acordes y melodías de la Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis, compuesta por el músico inglés Ralph Vaughn Williams (1872-1958), una de mis músicas favoritas, extraordinaria composición, emocionante, lúgubre y majestuosa, sensible y bellísima al mismo tiempo, que se corresponde perfectamente con la narrativa y la estética de esta gran película. Ofrecemos aquí un montaje de esta maravillosa música con imágenes del compositor.
Remando al viento es una película que hará las delicias de quienes aman la literatura y a sus autores, pero de la que deberán abstenerse quienes esperen acción, sexo o historias banales y prescindibles. Una obra cumbre del cine español que escapa de las fórmulas tan manidas y repetidas hasta la náusea, y que por eso se ha revalorizado con el transcurso del tiempo.



Tu blog me ha llamado la atención y me parece muy interesante. A mi también me gusta mucho el cine. Saludos!
Bienvenido, Budokan. Gracias por tu comentario. Intentamos siempre tomar el cine como punto de partida de reflexión, o bien como forma de provocar sensaciones, y por tanto no nos dedicamos expresamente a las cuestiones técnicas, ni a hablar de estrenos o cosas actuales. La idea es crear poco a poco un compendio de películas y temas cinematográficos que sirvan de homenaje a este arte tan grandioso.
Saludos
Reconozco que cuando hice el listado de las diez mejores películas se me pasó Remando al viento, debería haberla incluido.
Lo mismo digo. De ahí el rechazo a las listas y fórmulas de este tipo que lo que hacen es limitar, excluír, categorizar y marginar.
Claro, esas listas deberían llamarse: “las diez primeras estupendas películas que te vienen a la cabeza” o algo así.
Afortunadamente el cine y su gente tiene mucho y bueno que mostrarnos, como esta joya que hoy nos traes. Es una delicia ver una buena historia, bien contada en todas sus expresiones (aunque te fallen pelín los actores).
¡Ah!, tengo que volver a verla despues de leer tu crónica y el post de Luisa. Seguro que le saco más jugo.
Abrazos.
Siempre es una película que agrada volver a visitar de vez en cuando. A pesar de algunos actores (¿dónde dejar la estelar aparición de Bibi Andersen?).
Un abrazo
Me he perdido en lo de los actores.
Me encanta la película. La fotografía esplendida, todo me gusta. Hace poco leí una pésima critica sobre ella. Me alegro que el experto Mister Escalones nos hable bien sobre esta película. Ufff, menos mal.
Kisses
¿Por qué te pierdes? ¿Tan desconocidos son? Más por nombre quizá, que por el careto, que, aunque no todos, varios son reconocibles.
Quien pone muy mal esta película seguramente sea un purista de los géneros, de los que consideran que la literatura y el teatro no deben mezclarse con el cine, o viceversa. Cuando el gran Joseph Leo Manckewicz logró demostrar que la virtud está en todo lo contrario.
Besos al viento
He puesto un link a este post tuyo en mi blog porque quería hacer una entrada sobre “Remando al viento” y la música de Vaughan Williams (que me fascina y seduce a partes iguales) y creo que lo mejor que yo podría escribir ha sido superado con creces por esto, así que de la entrada original no queda más que la sombra.
Espero que no te importe, pero es que tu crítica me parece insuperable. Gracias
Gracias Banderas, muy generoso (y exagerado) tu comentario. Saludos.
hola donde puedo escuchar la banda sonora
Pues desconozco si está editada, amigo Marcos. Lo siento. De todos modos, se compone en su mayor parte de música de Mozart e incluye el tema que aparece en el vídeo de más arriba.
¡Guau! la música…¡sublime!
Respecto a la peli, recuerdo haberla a visto a retazos una noche en la 2, a principios de los 90′, recuerdo la barca en las agua grises… entonces me produjo una sensación de aburrimiento y es que entonces yo todavía no estaba capacitado para valorar diálogos y guiños a todos esos personajes históricos, por ejemplo.
Después de leerte ya estoy deseando verla entera.
Échale un ojo, Carlos, o los dos. Merece mucho la pena. La paciencia que quizá exige el primer visionado se torna en euforia cuando se rememora o se disfruta por segunda o tercera vez.
Yo la ví en el cine cuando salió; me conmocionó y asustó de tal manera, que solo he conseguido volver a verla en el 2006, cuando me tocó dar el Romanticismo haciendo el CAP.
Nunca en mi vida he dado una clase tan buena, pero es que Gonzalo, me lo dio todo hecho.
Es una película suprema, conmovedora, y su “cómo se hizo”, te pone los pelos de punta y no deja de despertar admiración hacia su director. Lo mejor, el poema del principio, la música, el canto albanés, los paisajes y las palabras. Una obra de arte.
Totalmente de acuerdo, Asun. Una de las mejores películas españolas de todos los tiempos, injustamente tratada, olvidada, ninguneada por el hecho de que trata de literatura, de creación, de mitos… Eso no vende, pero siempre prevalece.