Cine para pensar – Blade Runner

20070104215133-blade-runner.jpg

“¿Dé dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Cuánto tiempo me queda?”

En 1968 el reputado autor de novelas de ciencia ficción, Philip K. Dick publicó ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? y hasta catorce años después no apareció una mente cinematográfica ni un bolsillo suficientemente repleto con 28 millones de dólares capaces de adaptar a la pantalla el sugerente mundo plasmado por Dick en su obra, si bien la acción en la película no se situó en 1992 como en la novela, sino en 2019, como quien dice, pasado mañana. El encargado de adaptar la historia a un guión que pudiera ajustarse a dos horas de metraje fue Hampton Fancher, antiguo bailarín flamenco en los tablaos para turistas de Madrid y que tenía por nombre artístico Mario Montejo. El resultado no fue muy flamenco, sino una de las obras maestras, quizá la mayor, del género de la ciencia ficción.

En una futurista Los Ángeles, habitada en su mayoría por asiáticos, repleta de publicidad electrónica (verdadera publicidad, pues fue incluida en la película para financiar en parte los enormes costes) y donde no se ve ya la luz natural del día a causa de la extrema polución y la contaminación lumínica, la empresa Tyrrel Co. ha desarrollado una nueva especie de androides, llamados replicantes (pellejudos, para el comisario de policía), de la serie Nexus, la más perfecta ideada hasta entonces. Sus prestaciones son magníficas, resultan absolutamente humanos en todas sus acciones y formas de razonar. Para prever errores y sobresaltos ante posibles ansias de autonomía de estas máquinas, el fabricante les ha instalado una vida máxima de cuatro años. Sin embargo, este robot ha alcanzado tal grado de perfección “humana” que muchos expertos consideran que su cerebro artificial es tan exacto al humano que las máquinas son capaces de elaborar sus propias respuestas emocionales (amor, odio, empatía, piedad…). Cuando un grupo de seis replicantes se fuga de una colonia espacial y se cree que ha vuelto a la Tierra, Deckard, antiguo policía perteneciente a una brigada destinada a la eliminación (“ellos lo llamaban retiro”) de los replicantes, exteriormente humanos a todos los efectos, que por errores de diseño o funcionamiento cometían actos para los que no estaban programados, denominada brigada de Blade Runners, es reclamado de nuevo por sus antiguos jefes para ir tras la pista de los recién llegados y ‘retirarlos’. Aquí se plantea la primera inversión moral de la película, puesto que ‘el bueno’, el personaje a través del cual vamos a seguir la historia, en realidad es el asesino, quien va a perseguir para liquidar a una serie de máquinas cuyos actos amorales, crueles y asesinos tienen como fin, como descubriremos más adelante, el mantenimiento de su vida más allá del injusto límite de cuatro años impuesto por su creador. El dilema moral de Deckard por eliminar a unos seres, quizá llenos de hierros y cables por dentro, pero con emociones y sentimientos plenamente humanos, que luchan, acertadamente o no, por su supervivencia, es la premisa del drama de la película, más aún cuando surgen en él sentimientos por una replicante que conoce en la empresa Tyrrell.

Desde el primer momento en que Ridley Scott aceptó que en el proceso de elaboración de su primera película norteamericana estuviera presente la prensa británica que acudió a cubrir el acontecimiento como si de un nuevo Hitchcock se tratara, empezaron los problemas. Abundan los libros y artículos dedicados al turbulento rodaje de esta gran obra, a las malas relaciones (ni siquiera se hablaban) de Harrison Ford (en el que sigue siendo su mejor papel) y la insípida Sean Young (de hecho, en la escena de amor entre ambos, el forcejeo entre ellos es auténtico, real, no fingido), las protestas de los técnicos por el agotador ritmo de trabajo, plasmadas en unas camisetas de protesta que todos vestían en presencia del director, el cual contraatacó con otra camiseta en la que contestaba con una ordinariez, o la falta de química entre el director y la estrella Ford. Ello, unido al fracaso económico del estreno y al desconcierto que causó en la crítica hizo crecer la rumorología y la mitomanía acerca de esta película, que pasó a engrosar las filas de las llamadas películas malditas, esas cintas esperadas que caen en el más absoluto de los fracasos y que llegaron al estreno saboteadas desde dentro por las malas relaciones internas, conflictos permanentes e historias subterráneas de odios enconados, antipatías manifiestas o hundimientos teledirigidos. Harrison Ford, habitual en la prensa y en las entrevistas de Hollywood pese a haberse salido voluntariamente del circo mediático, ha rehusado en muchas ocasiones manifestarse en cuanto al rodaje, limitándose a decir que ha sido el más duro de su carrera, por encima de la serie de Indiana Jones, con la que va a volver en 2008 a los 66 años. Sólo para un reducido grupo de críticos y aún más reducido grupo de espectadores la película era valorada en su justa medida, pero la aparición en 1992 de un nuevo montaje dirigido por Ridley Scott, en el que se añaden algunas escenas (el sueño de Ford con el unicornio, planos extraídos de la película Legend del propio Scott, que fundamentarán para algunos la tesis de que Deckard, el personaje de Ford, es en realidad un replicante), se completan explicaciones y se da una nueva versión del final, colocaron por fin a la película en el lugar que le corresponde en la cinematografía mundial.

Como mayor virtud de la cinta podemos destacar el formidable diseño de producción para ofrecernos una ciudad futura completamente desolada, iluminada artificialmente, repleta de gases, vapores, atestada de gente y sumida en la lluvia ácida. La riqueza de la simbología de la película (por ejemplo, la paloma blanca que asciende al cielo con la muerte del último replicante en la primera versión del final de la película, el clavo con el que Batty, el androide interpretado por Rutger Hauer, se perfora la mano), ha dado pie a multitud de debates, artículos, reflexiones, interpretaciones y comentarios, incluso más que los dedicados a los pormenores del cruento rodaje. Para muchos se trata de una película que habla de la religión, ocupando Tyrrell el lugar de Dios, que crea las máquinas a su imagen y semejanza humanas, con una vida limitada, un valle de lágrimas como el anunciado por los monjes medievales, y con un contador temporal limitado, mientras a lo largo de esa vida limitada él observa desde su promontorio tecnológico el discurrir de sus tristes e insignificantes vidas.

Además de una grandiosa producción, la película tiene la virtud de aunar sin que chirríen dos géneros en apariencia incompatibles, el cine negro y la ciencia ficción, creando un efecto sensacional. Ford se quejó de su mera presencia como monigote en los magníficos decorados de Scott, y su desconcierto, tampoco fingido sino real al no entender cómo y dónde debía moverse en cada escena, le confieren un matiz de desorientación y presencia atormentada a su personaje difícilmente conferibles de otro modo.

La cantidad de escenas complementarias, de metros de celuloide, de banda sonora con narraciones de Ford haciendo de voz en off explicando contenidos de la película en escenas que finalmente fueron cortadas, además de su leyenda negra, su simbología, y la pelea de los estudios con Scott por el final adecuado para el público, convierten a esta película en una cinta de culto indiscutible, con legiones de fans y seguidores.

A ello ha contribuido el debate cada vez mayor acerca de si el personaje de Deckard es también un replicante, que por tanto, retiraría a sus semejantes, un Judas. Scott no ha aclarado si esa teoría es o no cierta, lo cual nos induce a muchos a pensar que jamás se planteó en el guión, pero que la ambigüedad en el resultado final contribuye al debate, a la leyenda, al visionado continuo de la película, y por tanto, a hacer caja: no conviene desvelar misterios cuando de ellos se extrae provecho (como la Iglesia). Últimamente además ha surgido la teoría del “sexto replicante”. Al principio de la película, cuando Deckard es llevado a comisaría por Edward James Olmos (el teniente Castillo de Miami Vice), el jefe de policía le habla de seis replicantes, tres hombres y tres mujeres, evadidos de las colonias exteriores. Menciona que uno de ellos ha muerto electrocutado en una valla de seguridad al intentar penetrar en la empresa Tyrrell. Por tanto, quedan cinco. A otro de ellos le vemos acabar con el interrogador que intenta averiguar si es humano o máquina, y es eliminado más tarde por Deckard, al igual que Zora, la replicante interpretada por Joanna Cassidy, o los interpretados por Daryl Hannah o Rutger Hauer. Por tanto, mueren cinco de ellos: ¿y el sexto? ¿No entró en la Tierra con ellos? ¿Iba por libre? ¿O quizá es un personaje encubierto, un replicante que no se dice que lo es? Además, como no se especifica el sexo del replicante electrocudado al referirse a ellos como cosas, no puede deducirse si el androide que falta es masculino o femenino.

A partir de ahí, múltiples y a veces delirantes teorías enriquecen el debate. Varias explicaciones parecen descartables a primera vista, todas las que apuntan a que el sexto replicante es Deckard, o su compañero policía. Éstos han sido policías y han eliminado antes a replicantes, por tanto no pueden ser recién llegados al planeta. Tampoco parece factible que ese sexto replicante sea Tyrrell, el dueño de la empresa, o Sebastian, el diseñador de los androides. Cerrando opciones, la más factible es que la sexta replicante sea la interpretada por Sean Young, de la que Deckard se enamora y que esconde una trampa final: no tiene límite de edad, por lo que puede decirse que es una versión electrónica del elixir de la eterna juventud (y un apoyo para quienes afirman la religiosidad de la cinta, pues lo interpretan como un anuncio de la vida eterna).

Este final rodado a toda prisa para, según los estudios, contribuir a superar un acabado lúgubre y pesimista, abre nuevos interrogantes. Si este androide no tiene límite de vida y en efecto es el sexto evadido de las colonias exteriores, ¿los demás tampoco tenían límite vital? Si la respuesta es sí, han muerto para nada, han dado la vida porque pensaban que iban a perderla. Por otro lado, Tyrrell la presenta como una última versión perfeccionada, luego podría no ser una androide de los evadidos. Finalmente, si tenemos en cuenta que todos los androides cuentan con unidades insertadas de memoria, documentadas además con mazos de fotografías (de las que no se separan, a las que abrazan como tesoros porque suponen su autoafirmación, su creencia en su profunda y propia naturaleza humana) para alimentar los recuerdos insertados electrónicamente, abre totalmente el campo de la especulación, porque todas las experiencias de cada personaje pueden considerarse inducidas y programadas, y por tanto dar pie a volver a empezar desde el principio. Este punto de vista, apoya la tesis de que Deckard es en realidad un replicante (en una escena se dedica minuciosamente a observar sus propias fotos), aunque, a diferencia de los evadidos, un último modelo más perfecto, no sabe que lo es.

Todas estas consideraciones, que parecen cabos sueltos del guión, en realidad contribuyen a acrecentar el auténtico tema de la película, las preguntas enunciadas más arriba, el verdadero sentido de la vida, el por qué: ¿cuál es nuestra naturaleza? ¿por qué y para qué estamos aquí? ¿por qué tenemos que morir? ¿por qué hemos nacido? ¿cuál es nuestra función en el paso por la vida? La película utiliza la ciencia ficción y a unas máquinas para plantear cuestiones existenciales que son profundamente humanas, a las que ha intentado dar respuesta con la ciencia, la filosofía y sobre todo a través de la invención de la religión, y que a día de hoy, muchos miles de años después de que el ser humano desarrollara los mecanismos de la inteligencia, mientras el hombre persigue explicarlas con su insuficiente raciocinio (otros pretenden anular a su vez el raciocinio con la ignorancia, la superstición o la fe a fin de controlar y gobernar a sus semejantes desde una posición de privilegio, estableciendo verdades dogmáticas o “reveladas” por no se sabe quién o qué, dado que nadie ha asistido a tal acontecimiento, que sirven únicamente a sus intereses y que no buscan respuestas, sino más bien intentan que nadie las busque), siguen suponiendo una frustración imposible de solventar, un lado oscuro que complementa al ser humano, que alimenta el ansia de esclarecimiento de los inquietantes enigmas que plantea la existencia humana, y cuyo empeño por desvelar, y sobre todo, cuya asunción por cada uno de nosotros, probablemente contribuyera a relativizar nuestro paso por la vida y desde luego a superar conflictos atávicos por los bienes materiales, el control político o económico.

Este clásico de la ciencia ficción cumple ahora 25 años, por lo que abundan las noticias sobre reestrenos, se recuperan imágenes, entrevistas, etc. Nosotros ponemos aquí la noticia que ha difundido estos días la Agencia española EFE (25 de junio de 2007):

Su producción fue tal infierno que su muy perfeccionista director aún sigue afinando una versión definitiva, pero lo cierto es que “Blade Runner” cumple este lunes 25 años convertida en un clásico cuya sombría visión del futuro volverá a generar chorros de oro con su reedición conmemorativa en DVD. Y es que, en lo que es otro dato curioso en una película repleta de ellos, “Blade Runner” fue tras su estreno el 25 de junio de 1982 un fracaso en EEUU, pues sólo recaudó en las salas catorce millones de dólares -la mitad de su presupuesto-, pero su apabullante éxito en el recién nacido mercado del vídeo doméstico la erigió en uno de los productos más lucrativos de la Warner.

“Warner Brothers me dijo que es su película más solicitada, después de ´Casablanca´”, declaraba en octubre al diario británico “The Times” su director, Ridley Scott, quien anunció también un reestreno a lo grande este año en Los Ángeles.

Una explicación al éxito en vídeo y DVD es que la cantidad y calidad de las imágenes que ofrece la película es tanta que muy pocos suelen conformarse con ver sólo una vez esta mezcla de cine negro y ciencia ficción protagonizada por Harrison Ford en uno de sus mejores papeles.

Rodada en decorados humedecidos por la lluvia y la neblina que caracterizan esta película en la que apenas se ve el sol, “Blade Runner” unió bajo una hipnótica banda sonora de Vangelis el alma caótica de Nueva York, Londres, Bangkok y Hong Kong en un diseño visual mil y una veces imitado desde entonces y bautizado como ciberpunk, mezcla de tecnología y marginalidad existencialista.

Tan deudora de la imaginación del dibujante Moebius como del film “Metrópolis” (1927), de Fritz Lang, la película se sitúa en 2019, mucho después del 1992 propuesto por el visionario escritor Philip K. Dick en su novela “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” (1968), en la que se basa muy libremente el guión.

Acumulación de detalles

“Blade Runner” nos ofrece “uno de los entornos ficticios visualmente más elaborados que se han creado nunca para una película; cada plano está lleno a rebosar con una obsesiva acumulación de detalles”, recalca una de las mayores autoridades en materia de este film, Paul M. Sammon. Este periodista experto en cine recibió en 1981 el encargo de una revista de seguir el primer rodaje en EEUU del británico Scott, que venía de marcar época en la ciencia ficción con “Alien” en 1979.

Sammon fue así testigo privilegiado del fascinante proceso de creación de lo que acabó siendo una obra maestra, que le obsesionó hasta el punto de dedicar quince años a elaborar uno de los mejores libros existentes en torno al cine, “Futuro en negro” (1996).

Apodado “la Biblia de Blade Runner”, el libro se hace eco de la muy tensa relación que tuvieron durante el rodaje Scott y Harrison Ford, quien se sintió abandonado por el director a la hora de modelar su papel de policía encargado de exterminar a un grupo de androides.

La actriz Sean Young tampoco tuvo buenas vibraciones con Ford, hasta el punto de que una escena en principio amorosa acabó generando tal violencia física y psíquica que el productor Michael Deeley la definió como “la violación del pasillo”.

El perfeccionismo de Scott, que muy a menudo le llevaba a rodar decenas de tomas de un mismo plano, también soliviantó al equipo técnico, que adoptó la costumbre de vestir camisetas con lemas despectivos hacia el cineasta.

Sin embargo, los más turbulentos para Scott fueron los financieros, que no sólo le despidieron una vez acabado el rodaje por sobrepasar el presupuesto -poco después se vieron obligados a readmitirle-, sino que en ningún momento se mostraron convencidos de que la película resultara comprensible.

Eliminaciones

Un miedo que afectó al propio Scott también cuando, tras los pases previos, el público -que posiblemente, por la presencia de Harrison Ford, esperaba nuevas aventuras tipo “Star Wars”- se quejó por considerar la película enrevesada y pesimista, al igual que no pocos críticos. Todo ello llevó a productores y director a tomar una polémica decisión: eliminar un plano onírico que Scott creía fundamental, incluir una locución explicativa a cargo de Ford durante toda la película y alterar radicalmente el final para hacer un “happy ending”, incluyendo idílicos planos de montañas tomados de descartes de la película “The Shining” (“El resplandor”), de Stanley Kubrick.

Y así habría quedado “Blade Runner” de no ser porque a comienzos de los 90 el hallazgo de una copia de trabajo con el montaje original y su casual proyección en un pase público generó una oleada de entusiasmo popular. Entusiasmo que hizo que Warner olfateara un nuevo negocio: el reestreno de esta versión con el montaje del director y su lanzamiento en vídeo en 1992, en coincidencia con el décimo aniversario del estreno.

Una fórmula que generó pingües beneficios y que ahora intenta repetirse con motivo de este aniversario, ante el cual Warner Home Video anunció que se editará una caja con al menos tres de las al menos cinco versiones de la película, incluidas las internacionales.

Y por si fueran pocas, Scott ha vuelto ha rodar planos para afinar de nuevo el montaje, como revela en su sitio web la actriz Joanna Cassidy, que con veinticinco años menos encarnó a una sensual androide. Pero es que, como confesó a Sammon, “Blade Runner” es para Scott algo muy especial: “Es una buena lección para todo cineasta serio. No hagas caso de aplausos o críticas. Limítate a seguir adelante. Si tienes suerte, podrás hacer alguna obra importante que aguante el paso del tiempo”.

La película es una experiencia visual sensacional, pero también musical. A destacar la hermosa música del compositor griego Vangelis. Al final de la película se solapan el tema de amor que sirve de motivo a lo largo de toda la cinta y la famosa sintonía de un programa de documentales de La2, que marca los títulos finales para los que Scott rescató tomas descartadas de “El resplandor” de Stanley Kubrick una vez que, testada la película con público antes de su estreno en 1982, los estudios decidieran rodar de nuevo el final y darle un giro más feliz y optimista, quedando el final ideado por Scott en el olvido hasta que en 1992 presentó su ‘Director’s cut”.

About these ads

24 comentarios en “Cine para pensar – Blade Runner

  1. La diferencia que yo veo entre Blade Runner y otras películas de ciencia ficción(aunque es mucho más que una Sci-Fi) es que el espectador se introduce hasta tal punto en el universo de la película, que te parece estar caminando por esas calles iluminadas por las luces de neón.
    Otra cosa fascinante de la película es que cada vez que la vuelves a ver descubres algún matiz nuevo que te lleva a preguntarte por algún aspecto de la historia. Sin duda, una de las mejores películas de los últimos 30 años.

  2. Ufff, menuda peli, en realidad más que una peli es un nudo de sensaciones. La foto, la música, la historia, el guión, la estética tan especial, la humedad, la soledad, la acción.
    Es muy especial esta peli, y además como tiene recuerdos para mí. Pues más aún.
    Besos galácticos

  3. No me da tiempo ahora de terminarme el post, fantástico. La película me parece fascinante y me plantea, como bien expones, dudas e interrogantes. Pero simplemente ya por la ambientación tendría su justificación verla varias veces. La historia es de esas que se van construyendo a si mismas.
    De todas formas acabo el post más tarde.
    Besos

  4. Gracias por los vídeos. Los he disfrutado mucho.
    Confírmame, por fa, este dato confuso: yo creía que la ciudad en la ficción era San Francisco, aunque en realidad se rodó en Los Ángeles.

  5. Valentín, en mucho cine de ciencia ficción, léase James Cameron, la historia es un pretexto para enseñar efectos especiales y trucos. En cambio, en ésta, están perfectamente integrados en la historia, no son postizos ni superfluos, aunque, como siempre, algo alucinados.

    Entrenómadas, ante un buen recuerdo que se quite tó. Besos replicados.

    Luisa, de pocas películas se ha escrito tanto o más como de ésta, incluso hay tesis doctorales sobre ella.

    Noemí, lo cierto es que la historia transcurre en Los Ángeles y el 99% parte está rodada en interiores de los estudios.

  6. Estoy en un telecentro y no tengo mucho rato pero, demonios, ME ENCANTA BLADE RUNNER. No sé las veces que la he visto pero su estética, su narración y su fondo me parecen fantásticos.
    Creo que es una de las grandes, de veras.
    Ah, el domingo te leo a fondo.
    Besos

  7. Inma, tienes razón, es una de las grandes, grandes, de verdad. Y conforme pasen los años, más grande se va a hacer, tal como ha ocurrido hasta ahora.
    Besos

    Budokan, muchas gracias a ti por visitarnos. Es cierto que esta película tiene mucho fondo al que sacar partido: y más aún, tiene la suficiente ambigüedad como para que nunca se llegue a una conclusión cierta, por lo que el debate siempre se retroalimenta.
    Un abrazo.

  8. Magnífico post, era de esperar. Tengo poco que añadir salvo que, como me suele ocurrir cuando te leo, tengo ya unas ganas enormes de verla de nuevo con toda tu información.
    Siempre pensé que el sexto replicante era la Young pero ahora me haces dudar.
    De la película a mí me queda sobre todo esa sensación de oscuridad húmeda y desagradable, la imagen de Ford viendo esas fotos suyas desesperado por eliminar la posibilidad de ser uno de ellos, la música, los grandes carteles publicitarios…la sensación de estar viendo una especie de genocidio injusto a pequeña escala…
    Es magnífica, insisto.
    Por cierto: muerta matada me has dejado con eso de que el guionista fuese “bailaor” ¡Mario Montejo!…curioso, si.
    Saludos, buena semana

  9. Eso del genocidio lo he pensado yo también. Por eso la película es tan rica en lecturas; parece hablar de la vida de todos, en general, de por qué nuestro tiempo es limitado, pero también puede leerse como la aniquilación del diferente.
    Esta película es toda una experiencia, y aún así, hay gente que dice que es aburrida, la misma gente que va al cine a ver Harry Potter o Piratas del Caribe. Gusto atrofiado.
    Un abrazo.

  10. Nada que añadir. Una entrada magnífica (a las que nos tienes acostumbrados) y unos comentarios que también comparto. Sólo una cosilla.
    En los reportajes de la catástrofe de Nueva Orleans, muchos de las víctimas se quejaban de haber pertido todo: la ropa, los libros, los muebles … pero muchos lloraban cuando mencionaban las fotografías. Y es cierto. Scott supo como nadie encontrar esta rendija en el sentimiento humano. El descubir que nuestra niñez no existiría sin las fotos comentadas por nuestros mayores, que la memoria es efímera y que muchas veces sólo nos quedan esos testimonios gráficos de nuestro pasado. Y que precisamente eso, es lo que hay que proporcionar a un robot. Genial.

  11. Gran aportación, Magda, excelente comentario. En efecto, el tema de las fotografías es el rasgo más humano de los androides, lo que les convierte en nuestros semejantes (emocionalmente hablando). El hecho de que su memoria de vida anterior les sea inoculada pero que la sientan como propia, y las fotografías como clavo ardiendo donde sustentar su personalidad es profundamente real y aplicable a nosotros. Y no sólo las fotos: la memoria es un ente muy fuerte cuando se cultiva, pero cuyos resortes siempre son delicados. Los expertos dicen que el sentido que más excita la memoria es el del olfato… No lo sé. Yo, siempre que veo fotos de mis ancestros ya desaparecidos, siempre las contemplo con una aurelola casi mítica, nombres con un rostro sepia o blanco y negro que vivieron antes que yo, con miles de sucedidos y de historias, habiendo visto millones de cosas, y sin los que yo no estaría aquí. Curioso mecanismo el de la sucesión de la vida.
    Magnífico comentario, Magda (al que nos tienes acostumbrados).
    Un abrazo

  12. Pingback: La tienda de los horrores: Calles de fuego « 39escalones

  13. Pingback: Mis escenas favoritas - El séptimo sello « 39escalones

  14. ¿El montaje del director no entra la escena final del viaje entre las montañas pero si la voz en off? Es que me he liado un poco. Besos

  15. Uf, mucho se ha dicho sobre si Ford era un replicante, sobre el quinto replicante que nadie encuentra por ningún sitio… si es Sean Young, si es el propio Ford… Creo que, por simplificar, no. Eso abriría un montón de cuestiones que en el guión están cerradas.
    En cuanto al montaje del director, la voz en off es eliminada de todo el metraje y, como bien dices, las escenas del coche por las montañas también (en realidad, eran descartes del principio de “El resplandor”, de Stanley Kubrick, con el Volkswagen circulando entre lagos y montañas hacia el hotel). Se añadió por una cuestión puramente comercial y porque querían dotar a la película de un final más esperanzador, sin tanta incertidumbre. Eso obligó, a su vez, a aumentar el protagonismo de la voz en off.
    Besos

  16. Pingback: Cine en serie – Legend « 39escalones

  17. Blade Runner….que más se puede decir, que más se puede pensar, con que comparar la epifania que se siente al escuchar el monólogo final de Roy Batty.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s