La tienda de los horrores – Master and Commander
A quienes nos entretenía en la adolescencia el cine de serie B de galeones abordados, piratas malísimos, aventuras en islas repletas de tesoros escondidos, abordajes y andanadas de cañones a barlovento, esperábamos ansiosos el estreno de esta película que prometía significar el resurgir de un subgénero casi por completo destinado al programa doble, pero que contenía grandes películas como El capitán Blood, La isla del tesoro o El hidalgo de los mares.
Y la cosa se quedó en una gran decepción, porque esta película del australiano Peter Weir (Gallípoli, El año que vivimos peligrosamente, Único testigo, El club de los poetas muertos, La costa de los mosquitos, Matrimonio de conveniencia, El show de Truman) se quedó en un mero escaparate más bien vacío. Basado en esas novelas de Patrick O’Brien repletas de términos de navegación (para los que somos de secano y nos interesa bastante poco la Copa América de vela y marcianadas por el estilo, en cuanto leemos dos párrafos de garfias, mesanas, trinquetes, arboladuras, y demás terminología, nos dan ganas de utilizar el libro para envolver bocatas), cuenta la historia del Surprise, barco inglés capitaneado por Jack Aubrey (el inexpresivo Russell Crowe, en uno de sus tantos peores papeles) que surca los mares de 1805 previos a Trafalgar, y que, para mayor gloria anglosajona, elegía pro-Nelson incluida, tras ser atacado (a traición, por supuesto) por un barco francés muchísimo mejor, más potente, con más cañones, más resistente, y tripulado por unos gabachos, malos, muy malos, pese a los daños, se recorre dos mares -incluida expedición naturalista que no se sabe qué pinta ahí y que genera una de las conversaciones polémicas entre dos personajes (el capitán y su amiguito el médico, Paul Bettany) más absurdas del cine de todos los tiempos- con la intención de hundirlo.
Este planteamiento que roza la gilipollez es aderezado con grandes dosis de aburrimiento, lentitud exasperante y con una película ausente de otra trama en la cual se retrata de manera muy complaciente y nada, nada realista, lo que debía ser la vida en un barco que surcaba los mares durante más de un año sin arribar a casa a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Como ocurre con otras películas recientes que terminaron naufragando (pido perdón por el chiste fácil), estilo Titanic, nos cuelan dos horas de rollo patatero con la excusa de la llegada de un final apoteósico y espectacular, pero en este caso, ni eso, porque el final se queda en nada. La película busca como eje, junto a la interminable persecución del barco francés, la amistad, casi de homosexualidad latente, entre el capitán y el médico, casi rota cuando éste se empeña en prolongar una expedición científica en las Galápagos que el capitán quiere acortar (pedazo de suspense y de tensión dramática, guau), todo ello mezclado con conversaciones en las cuales se ensalzan las virtudes de la raza e inteligencia anglosajonas por encima de las razas inferiores latinas (en eso se ve que el concepto de Hollywood no ha avanzado mucho desde los cuarente, y sigue tratando los fenómenos históricos con demagogia publicitaria de tres al cuarto, como si los franceses ahora o los españoles de entonces siguieran siendo los enemigos), magnificando la figura de Nelson por encima de la de sus inferiores contrincantes, los cuales, recordemos, le dejaron tuerto y manco en Tenerife en 1797 y lo mandaron al otro barrio en 1805, por cierto.
Esta idiotez sobre el agua tiene, eso sí una bellísima fotografía, un sonido excepcional y algunas escenas de acción muy logradas y que recuerdan los años dorados del género, aunque, eso sí, los efectos especiales vuelven aquí a actuar contra el conjunto, mostrándonos algunos avatares de los combates con la repugnante estética de los videojuegos. Capítulo aparte merece la música, no tanto por la partitura compuesta para la película, que no es nada del otro jueves y que los canales de televisión aprovechan hasta la saciedad para endilgarnos cualquier promoción, sino por las obras de Luigi Boccherini que suenan en algún momento, como “La música nocturna de Madrid”, pedazo de minueto que ya sirvió de banda sonora a la serie Goya, de Televisión Española y de sintonía en una campaña publicitaria de una empresa de fondos de inversión para capitalistas furibundos (en este sentido, desde aquí apoyamos, tardíamente, una proposición no de ley que el grupo parlamentario de Izquierda Unida presentó en el Congreso de los Diputados español para impedir que determinadas obras de arte, y sobre todo, piezas musicales consideradas patrimonio cultural, fueran utilizadas banalmente en publicidad televisiva; como puede pensarse, tal propuesta no salió adelante; sería la primera vez que en España se intentara proteger el arte de la constante ‘chabacanización’).
La actuación de Russell Crowe merece crítica personalizada: nefasto. Su caracterización como oficial de la armada británica está totalmente en las antípodas del encanto y el realismo con que Marlon Brando hizo su papel de marino aristocrático en Rebelión a bordo, una actuación plana, sin expresividad, con unas frases de guión pésimas, sin nada característico que aportar, absolutamente postizo, de manera que jamás llega uno a creer que semejante tipo en el siglo XVIII hubiera podido llegar a ser oficial de nada, incluso en la armada británica, cuna de gente de todo pelaje. Especialmente dantescos son los fragmentos, como el del vídeo, en que el capitán Aubrey y su amigo el médico interpretan música clásica cual Sherlock Holmes en el 221B de Baker Street y con morfina hasta las cejas. ¿Habrán visto a alguien alguna vez interpretar esta obra de Boccherini? Lo dudo, si así fuera no les hubiera entrado esa venada a lo heavy, pues parecen estar interpretando más bien una versión clásica de Highway to hell de AC/DC. Por otro lado, Russell Crowe en esta tesitura resulta ridículo, nada creíble, y desde luego, en ningún momento su personaje demuestra contener la sensibilidad musical que debe poseerse para interpretar deliciosamente música tan sublime.
Acusado: Peter Weir.
Atenuantes: música y fotografía.
Agravantes: Russell Crowe.
Sentencia: ambos culpables.
Condena: el paso de Russell Crowe por la quilla de la Surprise (era el castigo más espantoso, que consiste en hacer pasar al condenado de un lado al otro del barco, bajo el agua). En este caso, el barco estaría en tierra firme y en vez de agua habría fiemo.



No he visto la peli, adoro la copa América de Vela, es una gran posibilidad de lucir todos los barcos que tengo, algunos se los presto a la realeza europea. Soy tan modesta.
Bueno, bueno, no la he visto pero la verdad es que el actor me carga un poco y mira que creo que es bue actor, pero hay algo en el que me irrita o aburre, según el caso.
Creo que coincido contigo en sentencia, acusación y todo.
Escalones, no dudes en llamarme cuando quieras navegar por el Ebro en un barco de lujo. Los piratas ya los tenemos, Belloch y Biel al frente del timón.
Besos navegantes.
En verdad, si es necesaria esta sección de la tienda de los horrores es para con películas como ésta, para desenmascarar rollos patateros como Master and commander a los que cierta crítica trata de travestir de cine trascendente.
Entrenómadas, seguro que no te gusta la Copa América tanto como a mí. Después de la baja maternal de Letizia es mi principal tema de conversación de los últimos veinte años.
De la peli no te pierdes nada, pero nada. Coincido contigo en lo de Crowe. Hay una serie de actores que en otro cine, en otro tiempo, podrían dar mucho de sí: Crowe, Clooney, Dillon, Clive Owen… Pero en el cine actual parece preferirse maniquíes inexpresivos de careto uniforme: Pitt, DiCaprio, Walberg, Matt Damon, y el que quiere trabajar, ya sabe, así que los que podrían ser muy buenos, se quedan en mediocridades. Crowe estuvo muy bien en “L.A. Confidential” (de premio) y en “El dilema”, con Al Pacino. Luego, bluff total. Creo que no sabe elegir proyectos.
Tomo nota sobre lo del Ebro. ¿Por qué no aparcas los barcos en batería al lado del azud, magna obra para la posteridad? Yo a cambio te invitaré a Madrid, a una regata con las barcas del Retiro, adrenalina total…
Besos desde el castillo de popa.
Valentín, hace cada vez más falta una “crítica de la crítica”, porque nos cuelan cada “bacalá” intragable…
Un abrazo
No quisiera ser tu enemigo. Vaya castigos que impones.
Un abrazo muy fuerte.
Nada, nada Lucía, no estás en zona de riesgo. A estos tíos mientras no aprendan hay que aplicarles la máxima de Esquilo: “por el dolor a la sabiduría”.
Un abrazo del Oso.
Me agarré el cabreo de mi vida cuando a Crowe le dieron el Óscar por “Gladiator”, en vez de a Javier Bardem. No sé si Crowe es buen actor porque no le he visto nunca en versión original y tampoco le he seguido tanto, pero en “Gladiator” era un cacho de carne con ojos.
Pues sí, sobre todo andando Ed Harris entre los candidatos. A mí Crowe me parece un tipo desaprovechado, porque en sus primeros papeles no lo hacía tan mal, pero luego… tu definición es acertadísima, que ni pintada.
Un abrazo
Te quejas de un tostón de pelicula soltando otro toston?? Quizas no es la mejor pelicula de su genero, ademas de ser una amalgama de muchos de los 20 libros qu forman la serie de O´Brian. Quizas debas leerlos y entonces veras la pelicula de otra forma.
Y una buena critica tampoco necesita tanta extensión.
Un saludo
Goliardo, mi tostón no es comparable con el tostón de las novelas de O’Brien; la verdad es que aguanté una y media. En cuanto a la extensión, no eres el primero que lo dice. Pero es mi seña de identidad, cada película necesita su espacio, y los aspectos negativos de ésta lo requieren.
Saludos.
Tenía que encontrar un punto de desconexión manifiesto con este estupendo blog, querido Alfredo (sonrío). Salvo en la decepcionante actuación del Sr. Crowe, la pel´´icula me merece un aprobado más que alto.
Pd.- Este es mi hobbie… leer cine, así que me encontré con esta entrada, cuando iba buscando alguna referente a Minghella.
Raúl, ¿hablamos de factura técnica, de la trama o de la construcción de los personajes? Estoy dispuesto a conceder un aprobado alto al primer factor, un aprobado raspado (raspadísimo) al segundo, y un suspenso muy deficiente al tercero.
Sinceramente aceptaria una critica mala de la pelicula, pero al leer un parrafo ye e podido ver que esto no es una critica, asi que no la acepto. Esta pelicula ha sido considerada por muchos como una obra maestra en el genero, y esos “muchos” son criticos de verdad, no como estos criticos de poca-monda
Gemin, me trae sin cuidado que la aceptes o no, ábrete un blog y haz la crítica que te dé la gana. La mía es ésta.
Por otro lado, quien considere que esto es una obra maestra tiene un problema: su listón está muy bajo. Muchos de esos críticos que tú llamas “de verdad” demuestran que no lo son. En cuanto a críticos de poca monta, supongo que te refieres a mí, aunque no me conozcas ni te hayas molestado en leer nada mío exceptuando esta crítica. Comentaristas de poca monta, llamo yo a eso, más cuando no se es capaz de decir nada bueno de una película, sólo recurrir a lo que otros “de verdad” han dicho de ella.