Kirk Douglas: leyenda de la interpretación

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Su verdadero nombre es Issur Danielovich Demsky, y nació el 9 de diciembre de 1916 en Amsterdam, Nueva York, hijo de judíos bielorrusos de ascendencia aristocrática (uno de sus abuelos fue oficial naval durante la guerra ruso-japonesa de 1904-1905). Desde pequeño se destacó en los deportes y en los grupos de teatro donde gustaba de dirigir y actuar. Se graduó en Letras en la Universidad de St. Lawrence, tras desempeñar multitud de oficios para poder pagarse los estudios (llegó a ser luchador o botones de hotel).

Tras finalizar sus estudios se marchó a Nueva York, donde consiguió una beca en la Academia Americana de Arte Dramático, donde permaneció hasta 1939. En 1941 ingresa, gracias a la consagrada actriz Lauren Bacall, en Broadway, pero luego es llamado al servicio militar en la Armada de los Estados Unidos, que cumple en 1942-1943, durante la Segunda Guerra Mundial, para después regresar a Broadway. Al ser licenciado con honores, vuelve a New York y en casa de una amiga hojea una revista de modelos, donde aparece una hermosa modelo y actriz llamada Diana Dill, la cual acabará por ser su esposa en 1943, y con la que tendrá dos hijos: Michael y Joel.

En 1946, a los 30 años de edad, ya con una cierta fama cosechada en Broadway, Lewis Milestone le propone como primer actor en el film El extraño amor de Martha Ivers, junto a Barbara Stanwyck y Van Heflin, donde se revela como un actor de carácter, y al año siguiente ya está coprotagonizando una cinta con Burt Lancaster, Al volver a la vida. Tras su magnífico papel en Carta a tres esposas, de Joseph L. Mankiewicz, en 1949, interpreta un boxeador en la estupenda película Ídolo de barro de Mark Robson, donde por su realista interpretación es nominado al Oscar al mejor actor. Kirk se hace conocido por su temperamental caracter y sus ideas de tendencia izquierdista, que le granjean enemistades. En 1951, Diana Douglas solicitó el divorcio a Kirk debido a las incontables infidelidades del actor, públicas y notorias. No obstante, siempre mantuvieron excelentes relaciones amistosas y le concedió una pensión acomodada. En 1954. se casa por segunda vez con Anne Buydens, quien le da dos hijos. Profesionalmente, los años 50 son los de su consagración, con títulos como El trompetista, las obras maestras El gran carnaval y Cautivos del mal, Brigada 21, Río de sangre, Veinte mil leguas de viaje submarino, Pacto de honor, La pradera sin ley, El loco del pelo rojo, el magnífico western Duelo de titanes (de nuevo con Burt Lancaster, con el que protagonizó un buen puñado de películas, como El discípulo del diablo, El último de la lista, Siete días de mayo, u Otra ciudad, otra ley), la estupenda Senderos de gloria, o Los vikingos.

Kirk Douglas fundó también su propia productora, Bryna, que produjo la citada Senderos de gloria, y colaboró en Espartaco, ambas de Stanley Kubrick, rehabilitando Douglas al guionista Dalton Trumbo, perseguido durante el mccarthysmo. A partir del inicio de los sesenta, siguió disfrutando de gran popularidad y profusión en el cine, aunque sus papeles y las películas donde aparecía empezaban a señalar cierta decadencia. Se trata de películas como Dos semanas en otra ciudad, de nuevo a las órdenes de Minelli, Asalto al carro blindado (famosa por las acrobacias de Douglas al montar a caballo) o Mafia, caída que se extiende a los años setenta, donde abunda en apariciones en películas mediocres, con las únicas excepciones de la magistral El día de los tramposos, de nuevo con Joseph L. Mankiewicz o La furia, a las órdenes de Brian de Palma.

Ha sido nominado en cinco ocasiones para un Oscar de la Academia aunque, increíblemente, nunca lo obtuvo. En 1996 fue galardonado con uno honorífico por su dilatada carrera de 76 películas, premio que quizá podría haber ganado con sus papeles en Cautivos del mal, de Vincente Minelli, en Espartaco, de Stanley Kubrick, o en El Loco del pelo rojo, de nuevo con Vincente Minelli, donde carateriza al pintor Vincent Van Gogh.

Su fama proviene de su carácter en la interpretación, dando a cada uno de sus films una marca distintiva propiamente suya: la fuerza de sus actuaciones. Como muchos actores, intentó dar el salto a la dirección, aunque fallido (Pata de palo, Los justicieros del oeste, ambas de mediados de los setenta) y sostuvo un curioso pleito con Stanley Kubrick por la producción de algunas de sus películas lo que le restó fuerza en Hollywood y de hecho le sesgó en todas las nominaciones a premios. En 1991 sobrevivió a un accidente en helicóptero donde dos personas resultaron fallecidas y en 1994 le sobrevino una trómbosis leve que le provocó serios problemas psicomotrices, lo que ha reducido al mínimo las apariciones públicas del actor o los papeles esporádicos que ha ido realizando en cine y televisión desde principios de los ochenta.

Sin duda, uno de los grandes de verdad, uno de esos rostros que para el aficionado dan significado a la palabra “cine”.

~ por 39escalones en Julio 16, 2007.

10 comentarios to “Kirk Douglas: leyenda de la interpretación”

  1. Es uno de mis actores clásicos preferidos, y como vemos gracias a tu post con una vida y trayectoria muy interesante. Si lo comparamos con alguno de los figurines que la industria trata de vendernos, los figurines quedan en un completo ridiculo.
    Un abrazo

  2. Uno de los grandes, si señor. Un clasicazo, aunque no sea de mis favoritos (por cuestiones meramente subjetivas supongo).
    Me ha gustado mucho saber algo más de él.
    Personalmente me quedo sobre todo con “El loco del pelo rojo”; creo que además de su logradísima actuación, su elección como Van Gogh era perfecta.
    Besos de lunes agobiadico.

  3. Valentín, la diferencia entre las estrellas de antes y las de ahora, es que las de antes lo eran, y algunos de ellos eran además verdaderos atletas, como Burt Lancaster o Kirk Douglas (memorable su forma de subir al caballo en “Asalto al carro blindado”.
    Un abrazo.

    Inma, tampoco es quizá el que a mí más me gusta, pero su papel en “Cautivos del mal” es soberbio.
    No agobiarse, que todo pasa, hasta los lunes.
    Abrazos.

  4. Interesante, no tenía ni idea de que había tenido un pleito con Kubrick.
    Un abrazo.

  5. A mi sí me gusta, aunque creo que es de esos actores que hacen casi siempre “su papel”, con excepciones, claro. Lo que ocurre es que terminas asociando un determinado recorrido interpretativo con el rostro del actor y si lo hace bien, pues no importa demasiado.
    Sabía que era izquierdosillo. Pero yo tampoco conocía el enfrentamient con Kubrick.

    Besos

  6. Lucía, yo lo descubrí al preparar el post, pero pensándolo bien, era bastante normal tener pleitos de cualquier tipo con Kubrick, menudo tipo más difícil… Algún día hablaremos de él, aunque omitiremos lo de los pleitos porque no acabaríamos nunca.
    Un abrazo.

    Luisa, creo que tienes bastante razón, aunque su “encasillamiento” va por épocas, en cada una de sus tres épocas como actor se especializó o lo especializaron, mejor dicho, en un tipo de papel diferente. Era muy izquierdoso, y escapó al McCarthysmo de pura chiripa.
    Abrazos

  7. No es uno de mis actores. A veces me parece que actúa demasiado. En Espartaco está impecable, pero a mi me gusta cuando interpreta papeles más sobrios donde le exigen austeridad gestual.
    Recuerdo “Senderos de gloria” no me imagino a otro actor en ese papel.
    Y oye que suerte tener un pleito con Kubrick. Ya me gustaría a mí. He leído cosas sobre Douglas muy interesante. Mi madre lo adora. Hoy se pasará para ver el post. Seguro.

    Besos de martes

  8. Hacedme caso, “Cautivos del mal”, ahí está genial.
    Si hubieses tenido la oportunidad de conocer a Kubrick, qué digo, si te lo hubieras cruzado por la calle, hubieras tenido un pleito con él sin dificultad.

    Besos

  9. Lo de los antepasados aristocráticos no me encaja. ¿No se titula su autobiografía “El hijo del trapero”? Señor Escalones, necesito de su erudición.

  10. En efecto. Cuando él nace la familia hace días que ha venido a menos, de ahí la emigración a América por parte de sus padres. El título más bien se refiere a los muchos y variopintos oficios que tanto él como su padre tuvieron que desempeñar para salir adelante en Estados Unidos.
    Pero sí es cierto que la emigración a América por parte de sus ancestros se debió a la extrema pobreza y las hambrunas que acuciaron a los campesinos y a la pequeña nobleza rural rusas hasta 1905.

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