La tienda de los horrores - El patriota
Recuperamos para esta sección al ínclito Mel Gibson, si bien ahora como actor de este soporífero e intrascendente producto rodado por Roland Emmerich en 2000 que tiene como marco la guerra de independencia usamericana. El amigo Mel interpreta a un afamado militar que, retirado de su carrera para cultivar cebollinos y vivir plácidamente fumando tabaco mientras ve el ocaso del sol cada día desde la mecedora del porche de su casita paradisíaca, trata de quitarle a su hijo, (Heath Ledger, afamado vaquero gay y Casanova de tres al cuarto) de la cabeza la idea de alistarse en las milicias que combaten contra las tropas del rey Jorge, al estilo del clásico protagonizado por James Stewart, El valle de la violencia, si bien en esa cinta el marco es la guerra de secesión, del mismo modo que la relación padre-hijo en medio de la guerra de independencia estadounidense es una completa fusilada del clásico de Hugh Hudson, Revolución, con Al Pacino, Donald Sutherland y Nastassja Kinski.
El planteamiento corre desde aquí directo a convertirse en un escaparate para lucimiento exclusivo de Mel Gibson, que, cuando su querido niño las pasa putas, corre raudo y veloz a ganar él solito la guerra a los ingleses, vamos, que no llega a Londres porque le viene mal, porque si se pone… , proponiendo la tan manida lucha ideal de un grupo insignificante contra el enemigo numeroso y poderosísimo, pero pérfido y traidor, por lo cual la victoria final, además de tener más mérito, no puede debérsele a nadie más que a la intervención divina. Lo peor es el pestazo nacionalista de baratillo que desprende la película, llena de los tópicos y prejuicios de odio, venganza, de elementos diferenciales entre los hombres, propios del nacionalismo excluyente y que no suponen más que excusas para afirmar la superioridad de unos seres humanos sobre otros. Tan repulsivo planteamiento ideológico está aderezado con continuas secuencias de acción en las que una vez más hay que señalar los pésimos efectos de videojuego con esas balas de cañón que disparan contra el espectador, directamente a la pantalla (eso se hizo con disparos de revólver en Asalto y robo de un banco, de ¡¡¡ 1902 !!! y quedaba bien, sin ordenadores y sin carísimos retoques digitales). Además de ello, el tópico elemento central de la cinta, la redención de Gibson en el presente de sus pecados del pasado es ya repulsiva, y decae en el maniqueísmo más burdo, hilo argumental que encanta a muchos espectadores por aquellas tierras, y cada vez más en estas.
Pero además la vaguedad narrativa, la hastiante redundancia y el nulo rigor histórico (estamos acostumbrados a que lo hagan con los demás, pero esta vez no son fieles ni a su propia historia) hacen que la cinta sea de lo peor rodado en los últimos tiempos por Hollywood, una castaña de primera categoría, sólo apta para quienes degluten cualquier cosa con tal de disfrutar del aire acondicionado o de la calefacción de una sala de cine, o de quien fue al videoclub y se habían llevado todas las películas menos esta. En cuanto al rigor histórico, hay que recordar que más que el presunto genio militar de George Washington, usuario de dentadura postiza de madera, por cierto, fue la intervención francesa con Lafayette a la cabeza la que provocó la derrota británica, además de ser vehículo para que a la vuelta a Francia se montara la que se montó en 1789. Pero además, la intervención española en el sur de las colonias fue fundamental para entretener tropas británicas del sur y del Caribe que bien podían haber impedido las victorias francesas. Basta recordar la figura de Bernardo de Gálvez, el general español, que recorrió Luisiana, Georgia, Alabama y Florida poniendo en fuga a todo inglés que se le ponía por delante, y del que la ciudad de Galveston toma su nombre (Gálvez desfiló junto a Washington en la parada militar que conmemoró la rendición inglesa). Nada de eso se menciona, ni siquiera se atisba, en la película, concebida para mayor gloria de la raza elegida.
Por último, el pretendido y pretencioso mensaje antibelicista queda diluido, puesto que al ser al mismo tiempo una defensa del nacionalismo americano imperialista de pueblo elegido por Dios, parece justificar la supremacía sin paliativos de este pueblo sobre cualquier otro, planteamiento que conduce inevitablemente a la guerra y al sufrimiento de los más débiles, como la propia historia del siglo XX nos demuestra.
En resumidas cuentas, producto idóneo para echar la pota.
Acusados: Roland Emmerich y Mel Gibson
Atenuantes: no hay
Agravantes: premeditación, alevosía, y seguramente, nocturnidad
Sentencia: más culpables imposible
Condena: una temporadita de aprendizaje de los verdaderos valores del gobierno usamericano a la sombra de Guantánamo no les vendría mal.



Por mí puedes poner en el escaparate de los horrores al señor Gibson entero. Sólo perdono a su hermoso culito. Un beso.
Es un patriota y un idiota, tontarrás, pato mareado en los escenarios, publicista de rimmel, cara de pitimini y así hasta no acabar.
bodrio total, y luego dicen que hay mala produccion de cine español, jo, algo hay, pero después de estas gilipolleces todo me parece estupendo.
Me gusta el Post, Sr. Escalones.
Tengo dudas de si queda claro que no me gusta el señor Gibson ni la peli.
Besos poco patriotas
Vaya, vaya, Noemí, o sea que lo condenamos, pero no de espaldas…
Entrenómadas, me parece captar algunos ligeros matices de cuál es tu opinión de fondo sobre el asunto. Ahora bien, avanzo: cuando hable de las películas australianas que hizo antes del regreso a USA, advierto de que no podré hablar tan mal de él.
Besos
También creo que El Patriota es una mala película aunque cuando la vi en el cine creo recordar unas buenas y violentas batallas y un villano caricaturesco pero excepcional que no duda en quemar a decenas de personas dentro de una iglesia. Por otro lado, creo que Mel Gibson, ya sólo como actor, no se puede negar que ha hecho bastantes buenas películas. Su imagen pública de los últimos años ha emborronado toda su carrera pero hay quedan muchos títulos importantes.
Marcelo, bienvenido. Es cierto que hay escenas de combates muy bien hechas, pero la principal finalidad, la recreación para fundamentar un mensaje antimilitarista, falla, porque termina siendo una apología de la violencia como medio para lograr los fines. El malo, aun siendo carismático, es un arquetipo bastante mal perfilado.
De acuerdo con lo de Gibson en parte: me gustan varios de sus papeles australianos. En Hollywood, no hay mucho que rascar.
Saludos
Mil respectos para tod@s tus lectores a los que les gustan Gibson. Es que a mí este hombre me disgusta y por eso me desato un poco. Pero la verdad es que para gustos están los colores y eso incluye a mi pitimini de hoy.
Mis respetos, señor@s,
Beso
Hola 39! pomme-de-terre no es patata??
a mí me gusta pomme-d’amour, manzana de caramelo.
es una pena que no vinieras, pero seguro que pronto los nocturnos organizan otro recital. por cierto… vas a participar en unas jornadas de bloggers que organiza havier mendivil?
ah, adivina cómo me llamaban a mí en terelu.
muak.
Qué miedo!
Como ya me olía el pestazo nacionalista y si añadimos que Gibson no es santo de mi devoción decidí no ver la película, veo que no me perdí nada interesante.
¡Hoy no has tenido piedad! ¡Qué le corten la cabeza!
Besos.
¡Agg!…
Me parece que con el Gibson vas a inaugurar el Centro Comercial de los horrores..jejeje
Ni se me pasó por la cabeza ver semejante engendro. Para empezar por el título..que no hombre, que no
Entrenómadas, nada, nada, expláyate a gusto. No estaría mal que un fan de Gibson nos dijera por qué lo es (culo aparte, claro).
Ana M., es cierto, “patata” no quedaría igual de bien (mi francés es de octavo de E.G.B.). Intentaremos no perdernos el próximo recital. Algo oí hace algunas semanas de lo de las jornadas; a ver si la agenda me deja…
Soy muy malo con las adivinanzas… Déjame pensar.
Señorita Rouge: no lo sabe usted bien…
Lucía, yo aún no entiendo por qué vi esto. Un mal día lo tiene cualquiera, pero, como habrás podido ver, siete años después aún me dura el cabreo. Eso casi es un récord.
Eryx Bronte, ¡Ugggg!
Mima, Gibson da para mucho, pero insisto: tiene papeles más que decentes en alguna película australiana. Y un día veréis como hablo bien de él. Tranquila, si te apetece verla algún día seguro que Antena3, en su empeño por ofrecernos cine de calidad, seguramente no tardará en ponerla.
Besos nada patrioteros
Tengo que ver este film para poder hablar porque a pesar que lo pasan seguido en la tv nunca consigo verlo desde el comienzo. Saludos!
[...] Muchas son las películas norteamericanas que, como no podría ser de otra manera tratándose del segundo productor mundial de cine (tras India), han reflejado aquel episodio histórico de un modo u otro, pero generalmente de la forma patriotera, propagandística, demagógica y psicológicamente ramplona con la que suelen tratar su propia Historia, y lo que es peor, la de los demás. Revolución, dirigida en 1985 por Hugh Hudson, coproducción con Reino Unido, es una irregular cinta en la que se conjugan los hechos militares y políticos con la historia personal de un hombre que se ve inmerso en un conflicto que a priori no supone nada para él. Tom Dobb (Al Pacino) es un trampero pobre y sin educación que malvive de su oficio entre el mundo comercial de las ricas colonias británicas y las tierras vírgenes de los indios. Cuando estalla en Nueva York el levantamiento contra las fuerzas del rey, se halla allí casualmente con su hijo, y, tras la confiscación de la barca con la que trabajan y por la que les expiden un bono de guerra en un mugriento pagaré, ambos son reclutados a la fuerza para la lucha. La guerra no va con ellos, ya que en ningún caso su modo de vida tiene que ver con lejanas cortes europeas o ricos despachos de Boston o Nueva York, pero tras unos meses de penurias y la constatación del grado de maldad y perversión al que pueden llegar los británicos para con los “inocentes” ciudadanos de Norteamérica, fenomenalmente retratada en el personaje interpretado por Donald Sutherland, sin duda lo mejor de la película (junto a la aparición de la hermosa Nastassja Kinski como niña bien consumida de ardor revolucionario), un ambiguo, cruel y siniestro militar británico que “adopta” al hijo de Tom, éste asume la causa estadounidense como propia y se pone a la cabeza de la lucha contra los británicos. Es decir, algo parecido a lo que años después y en plan tontarras intentaría hacer Roland Emmerich junto a Mel Gibson con la infumable aunque entretenida El Patriota. [...]
Revolución, de Hugh Hudson y Al Pacino « 39escalones dijo esto en Julio 4, 2008 a 12:01 am