Diálogos de celuloide – Una historia de Brooklyn
- Iván está bien, pero no es un tipo serio. Es un filisteo.
- ¿Qué es un filisteo?
- Es un tipo que no se preocupa por libros… o películas o cosas interesantes. El hermano de tu madre, Ned, también es un filisteo.
- Entonces yo soy un filisteo.
- No. A ti te interesan los libros y cosas. Como cuando vimos The Wild Child.
- Esa película le gustó a mucha gente. No, yo soy un filisteo.
The squid and the whale. Noah Baumbach (2005).



Alfredo, amigo, Sir Alfred. Esta película me encantó y me identifiqué – en algo, no recuerdo – con la historia.
Tengo claro que no soy un filisteo. Me gusta esta palabra. Sir Alfred, ¿Por qué no adjuntes un trailer de esta peli, en este post? Me encantaría.
Un abrazo,
Diego, pincha en el título en inglés de la película que aparece al final del diálogo e irás al post que le dediqué en su momento. Contiene vídeo.
Un abrazo
Alfredo, amigo, Sir Alfred. Mil gracias.
Un abrazo,
Gracias a ti. Por cierto, sabrás que los antiguos filisteos eran los actuales palestinos…
Esta pareja es la que más me gusta: el papel metiédnole cizaña, y el niño jodiéndole también. Eso es llevar las cosas hasta el extremo: tomarselas al pie de la letra, y este díálogo que dejas lo demuestra: la partecita en la que están los padres habando con el director de la escuela sobre este que deja semen en la bibliteca: jeje….. el guión, muy bueno: lo que me pasó es que no sé, globalmente el resultado uno lo anticipa. Y a mi me gusta que me sorprendan.
abrazos!!
Bueno, Malvisto, tomo nota. Luego no te quejes si la sorpresa es muy, muy gorda…
La mayor virtud de la película creo que es que, en una cinematografía tan aficionada a la moralina, el sentimentalismo, los lloriqueos, esta película consigue retratar el drama personal de una ruptura de manera bastante acertada y aséptica, sin juicios, culpables ni tragedias griegas.
Abrazos
Pues yo no recuerdo haberla visto. El actor me gusta, es lánguido y elegante. Me has dejado en ascuas. ¿La habré visto y no lo recuerdo ahora? porque el caso es que me suena mucho, muchísimo.
El guión que has subido es buenísimo.
Kisses
Pues al menos el día 7 de noviembre, que es cuando hablé de esta peli, no la habías visto. Por lo menos eso es lo que se deduce de mi respuesta a tu comentario, el cual me ordenaste sumariamente que fuera borrado por un problema de faltas de ortografía o de coherencia, no recuerdo, bajo amenaza de exiliarte del país (puedes buscarlo, que ahí lo pone todo…).
Besos
Es decir que estoy como una cabra, necesito algo para la memoria.
Me lo dices sin decir pero ya te entiendo. Vera, a veces puedo recordar una peli por el título, la música, el guión o los actores o todo junto. Menos mal que te he dicho que no la había visto. Luego miro el post. Toy colorada.
Besos guapo,
Oye, no sé que me asusta más las faltas de ortografía o mis faltas de coherencia. jajajajajaja
Don’t worry, Entrenómadas, por el título puedes confundirte con “Una historia del Bronx”, total, sólo es un cambio de barrio…, aunque por lo demás no tiene mucho que ver.
¿Sabes lo más gracioso? Que en el comentario que me pediste que quitara por las faltas de ortografía yo no vi ninguna, pero como amenazaste tan categóricamente con el exilio, lo suprimí igualmente.
No te preocupes, esos pequeños desajustes de percepción se eliminan con un tratamiento consistente en vacaciones y/o en la conclusión de libros de poesía pendientes…
Besos brooklynianos
pues que bien…yo prefiero ser eso a un fariseo..no?..abrazos Alfred.
Pues sí, Fernando. Cualquier cosa antes que un macabeo… He oído decir que son un rollazo…
Abrazos
Y la de historias que se podrían sacar de Brooklyn… me iría a vivir allí un añito… o dos.
Qué risa lo del filisteo
La tengo que volver a ver, que casi ni me acuerdo de ella.
Un abrazo
Un brillante comentarista habitual de este blog dice que Brooklyn lo ha inventado Paul Auster, que es su ciudad, como Dublín es la de Joyce.
Un abrazo
¿Qué es un filisteo? Que se lo pregunten a Nabokov,él que no se quitaba nunca esta palabra de la boca.
Muy oportuno tus diálogos de celuloide, Alfredo.
Un abrazo.
Creo que si Nabokov viviera ahora, amigo Francisco, el tipo terminaría aborreciendo la palabra, porque allí donde mirara no vería prácticamente otra cosa.
Un abrazo