Cruce de destinos: ‘No matarás’, de Krzysztof Kieslowski

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Varsovia, segunda mitad de los ochenta. La ciudad, como toda Polonia y el resto de los países que malviven tras el telón de acero, se deja llevar lánguidamente hacia la caída del muro de Berlín y el final de la era comunista. La precariedad de la vida en la capital polaca, los barrios de cemento, los bloques graníticos de apartamentos minúsculos calcados unos a otros, los descampados donde perros abandonados se arriesgan a ser envenenados por vecinos sin escrúpulos, las tiendas mal surtidas y un cierto cansancio que se palpa en el ambiente, conviven con majestuosos palacios, monumentales plazas, empedradas avenidas conservadas en la grandiosa antigüedad de un pasado esplendor, mientras tres personajes deambulan por la ciudad siguiendo un hilo invisible que les lleva a entretejer sus destinos.

A primera hora de la mañana un taxista bastante antipático, rudo y de malos modales se prepara para iniciar la jornada laboral a los mandos de su taxi (un horrible vehículo denominado Polonez, de los cuales llegó a verse un número no insignificante de modelos en España), lavándolo escrupulosamente en el descampado que hay junto a su casa, lanzando miradas furtivas a las piernas de una joven dependienta de una verdulería próxima, discutiendo de mala manera con quienes pasan o pensando en sus cosas con gesto iracundo y amargado. Continuar leyendo

Cine para pensar – ‘El odio’, de Mathieu Kassovitz

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“Un tipo se tira por la ventana desde un piso cincuenta. Mientra va cayendo piensa: de momento, todo va bien, de momento, todo va bien… Lo importante no es cuánto tiempo estás cayendo, sino cómo aterrizas.”

(…)

- En la escuela me enseñaron que el odio engendra odio.
- Yo no fui a la escuela. Soy de la calle, y en la calle te enseñan que si pones la otra mejilla te dan por el culo.

Son fragmentos del guión de La haine, dirigida en 1994 por el actor y director francés Mathieu Kassovitz (recordado joven romántico en Amelie o sacerdote contestatario ante la tibieza vaticana frente al nazismo en Amén, de Costa Gavras, o director de Los ríos de color púrpura, exitoso thriller francés). Esta película rodada en un espléndido blanco y negro, de ritmo trepidante y de un guión que roza la perfección fue su sorprendente debut (premio a la mejor dirección en Cannes), y a diferencia de lo que podía esperarse vista su carrera como actor deslumbró con esta demoledora crítica de la sociedad francesa de finales de siglo XX.

La película cuenta 24 horas de la vida de tres jóvenes, Vinz (fenomenal, impresionante Vincent Cassel), Saïd (Saïd Taghmaoui) y Hubert (Hubert Kounde; nótese la conservación de sus nombres auténticos para la caracterización de los personajes), que malviven en el parisino suburbio de Les Muguets trapicheando, deambulando por ahí, sin trabajo, sin estudios y sin futuro más allá del día a día. Pero hoy es distinto, porque los suburbios marginales de la Ciudad de la Luz, que aparece hermosa y refulgente en las postales para turistas y reparte imágenes de glamour (sea lo que sea que quiera decir eso) y placeres sibaritas por todo el mundo, amanecen tomados al asalto por la policía, prácticamente en estado de sitio. Continuar leyendo

Presentación de ‘Cinissimo’, nuevo blog de cine

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Hoy nace Cinissimo, nuevo blog de cine en el que, desde una perspectiva actual y moderna, con especial atención a las novedades y a los futuros proyectos y eventos pero sin descuidar el cine clásico y las grandes películas y creadores, va a tratarse el mundo del séptimo arte y todo lo que lo rodea.

Personalmente considero un privilegio poder participar en este proyecto desde el principio, y contribuir desde esta escalera a compartir visiones del cine más populares y actuales con el mismo rigor e idéntica libertad crítica que mantenemos a lo largo y ancho de los 39escalones.

Invito a todos a darse una vuelta por Cinissimo. Aunque quizá esté mal que un editor lo diga, no se trata de un simple blog de cine más.

Mis escenas favoritas – La bella y la bestia, de Jean Cocteau

Extraordinaria y sugerente escena del clásico de Jean Cocteau, la llegada al castillo, rodada con los efectos especiales y la imaginación de 1946 y con una atmósfera onírica y de cuento infantil muy conseguida, algo difícilmente igualable con los medios técnicos que la electrónica y la informática ponen al alcance de la industria actual, que facilita muchísimas cosas pero que carece de magia. Soberbia.

Cine en serie – La lengua de las mariposas

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LA ENSEÑANZA EN EL CINE (VIII)

Esta conmovedora, bellísima, y al mismo tiempo dura y triste película basada en una obra del escritor gallego Manuel Rivas (es una de las partes de su libro ¿Qué me quieres, amor?), logró en 1999 el premio Goya al mejor guión adaptado. José Luis Cuerda, director que se ganó una legión de fieles con el humor absurdo, surrealista y demencial de películas como Así en el cielo como en la tierra (en la que Francisco Rabal interpreta a un San Pedro con uniforme de la Benemérita, tricornio incluido, que da la bienvenida a los fallecidos que tienen la suerte de ir al Cielo), y sobre todo, con la fenomenal cinta ya casi de culto Amanece, que no es poco, sorprendió con esta historia amarga pero llena de optimismo, de mensajes de un futuro mejor.

En una aldea gallega, durante los fríos de los primeros meses de 1936, Moncho, un niño de ocho años, vuelve a las clases tras una enfermedad que lo ha tenido postrado en casa. Continuar leyendo

Llegó el escalón 32: cumpleaños feliz

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Efectivamente, según su autobiografía no autorizada y titulada como la célebre película de Nicolas Roeg protagonizada por David Bowie, El hombre que cayó a La Tierra, de 1976, el mantenedor de este blog cumple hoy 32 escalones, gozando de excelente salud física e incluso mental, gracias a ese gran invento llamado electroshock.

Entresacamos algunos fragmentos de estas polémicas memorias no autorizadas escritas por él mismo en las que aclara algunos puntos oscuros de su pasado:

…precisamente escogí el título porque mi llegada a este planeta el 24 de febrero, precisamente de 1976, no puede considerarse en ningún caso un nacimiento, sino más bien una irrupción, una caída a La Tierra en sentido literal, en concreto sobre una baldosa blanquinegra en una clínica zaragozana que ocasionó que lo primero que hice en la vida fuera romperme la clavícula. En conmemoración de aquel suceso, en ese mismo lugar, una gruesa placa de hierro con la leyenda “uso exclusivo Bomberos” recuerda el evento.
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