Alfred Hitchcock presenta – Sospecha

suspicion

Retomamos un imprescindible rincón de esta escalera con esta obra maestra integral dirigida por Alfred Hitchcock en 1941, segunda de sus producciones norteamericanas para la factoría Selznick (con el que no tardaría en partir peras por sus continuas y autoritarias injerencias en sus proyectos), si bien esta vez, como los futbolistas, cedido a la RKO, aunque Hitchcock siempre afirmaría el carácter británico de la cinta tanto por la forma de rodar, el equipo profesional y técnico utilizado y la nacionalidad de casi todos los intérpretes. Película que le valió el premio Oscar a la mejor actriz a Joan Fontaine por delante de la Ingrid Bergman de Casablanca, camuflada entre otras más reconocidas, y a menudo no mejores, del realizador británico, sin embargo ha propiciado un buen puñado de fotogramas memorables e imprescindibles para cualquier catálogo de la Historia del cine, como el que recoge la fotografía superior. En pocos casos resulta tan apropiada la atribución del adjetivo magistral como en esta magnífica joya que no destaca únicamente por poseer un guión milimétrico, una fotografía espléndida, una música sensacional o unas interpretaciones pluscuamperfectas por parte de todo el elenco, el principal y el de reparto, sino también por la manera de narrar visual y textualmente de un director que era un auténtico genio como pocos.

La historia es conocida: Johnnie (Cary Grant), un atractivo vividor, seductor nato, cuyo carisma y encanto es capaz de abrirle cualquier puerta, se encuentra por casualidad en un compartimento de un tren con Lina (Joan Fontaine), la hija treintañera de un matrimonio acomodado de la burguesía rural británica. El caradura de Johnnie se ha metido en un vagón de primera clase a pesar de que su billete es de tercera, y sólo el oportuno hallazgo de un sello de correos en el bolso de la joven con el que poder pagar la diferencia de importe le libra de cargar con la pertinente multa o su expulsión del tren. Lina se siente atraída por él de inmediato, a pesar de que enseguida lo toma por lo que es, un tramposo con estilo y atractivo que no deja por un minuto de comportarse como un niño grande. Por eso interpreta que las señales que la avisan de que Johnnie está interesado por ella no son más que otra de sus trampas o bien un mero divertimento para ridiculizarla. Nunca ha tenido suerte con los hombres y lo último que podría pensar es que un hombre a todas luces mujeriego se interesaría sinceramente por ella. Sin embargo, la insistencia de él y unas palabras del padre de la joven (Sir Cedric Hardwicke, que repetiría con Hitchcock en La soga, de 1948) hacia su mujer en las que se muestra escéptico ante las posibilidades de que Lina un día llegue a casarse y la califica de solterona sin remedio, la predisponen a seguirle la corriente a Johnnie y a vivir con él un corto romance que acaba en un matrimonio rápido. Tras la boda, Johnnie no da muestras de haber madurado y sigue viviendo su vida al día, sin un centavo en el bolsillo a pesar de que siempre habla de trabajar, ganarse la vida o montar negocios con su amigo Beaky (Nigel Bruce). Muy al contrario, parece dedicarse a dilapidar la fortuna familiar y la dote de la boda, incluso vendiendo parte del mobiliario de la casa para apostar a los caballos. Éstas y otras señales la hacen pensar que tanto su matrimonio como la amistad con Beaky son fruto de un calculado interés de Johnnie por hacerse con dinero rápido y mantener su tren de vida sin necesidad de trabajar. Tras esta idea no tarda en surgir otra: que Johnnie tiene intención de matarla para quedarse con toda su fortuna.

Una vez más Alfred Hitchcock demuestra por qué es un genio y cómo puede hacerse cine pensando en el público, contando activamente con sus apreciaciones y mecanismos de raciocinio pero sin faltarle el respeto. Porque, a diferencia de otros cineastas que, o bien omiten información esencial al público o bien la manipulan o retratan de manera parcial y selectiva con el único fin de despistarlo y sorprenderle con un desenlace inesperado, el espectador de Sospecha asiste y comparte las reacciones de Joan Fontaine al mismo tiempo que ella empieza a sentir que Johnnie no es trigo limpio: mira junto a ella, se sorprende con ella y deduce en un mismo sentido a la vez que ella. En ningún momento el personaje de Lina dispone de información ajena al público, éste mira por los ojos de ella, de ahí que comparta sus evoluciones psicológicas y pueda sentir la angustia del suspense que se avecina. Ello radica no en una elección selectiva de los hechos que se muestran u ocultan, sino, muy al contrario, en la interpretación de los hechos a través del prisma de la sugestión: dado que, gracias a la pericia visual y narrativa de Hitchcock, compartimos la sospecha de Lina de que Johnnie pretende asesinarla, interpretamos los hechos cotidianos y objetivos que presenciamos como oscuras maniobras criminales con el único fin de llevar adelante el plan. De este modo el espectador no asiste a la exposición objetiva de unos hechos, sino que se introduce en ellos desde el punto de vista de uno de sus personajes.

La perspectiva de esta mirada aumenta exponencialmente la sensación de empatía con el personaje de Lina (o de Beaky, en un momento dado) y nos hace dudar exactamente igual que ella de la catadura moral de Johnnie, que en todo momento es presentado como portador de un encanto avasallador pero también con cierta distancia y prevención cautelosa, una vez más, con la magistral forma de narrar del maestro británico. La consciencia de que el público puede interpretar de manera divergente acciones, rostros y comportamientos a priori neutros, que pueden sugerir una interpretación y la contraria, sirve a Hitchcock para, sin mentir ni tergiversar información en ningún momento, sino a través de un magnífico aprovechamiento de los recursos narrativos y visuales que maneja a la perfección, sembrar una duda en el espectador que es la misma que surge en la protagonista, y que casi podamos olisquear el veneno que sin duda creemos que está mezclado con la leche (fenomenal efecto de una escena ya clásica consistente en la introducción de una bombilla dentro del vaso mientras que la escena se filmaba en una penumbra casi de expresionismo alemán aprendido por Hitch durante su estancia en la UFA en sus primeros años como cineasta).

Pero como siempre ocurre en Hitchcock, la película muestra mucho más de lo aparente; Sospecha no carece de lecturas más íntimas y personales estrechamente ligadas a la propia psicología, a menudo patológica, del director. El desenlace alternativo al finalmente rodado que Hitchcock había dispuesto y al que tuvo que renunciar por imposición de los estudios (éstos no aceptaban que una estrella, un galán reconocido siempre en personajes positivos, fuera retratado abiertamente como un criminal) recogía el cierto envenenamiento de Lina y la culpabilidad manifiesta de Johnnie, quien, como último favor hacia su mujer antes de su muerte echaría al correo su última carta, una misiva en la que revelaría su conocimiento de las intenciones de su esposo de envenenarla y revelaría los pasos metódicos que éste había seguido para lograr su propósito. Así, Johnnie, feliz y satisfecho por la consecución de su plan, mientras echaría al buzón con un alegre silbido la carta de su esposa, estaría haciendo llegar a la policía las pruebas de su culpabilidad. Esto, unido al siempre interesante para Hitchcock tema de la doble personalidad, del mundo de las apariencias, de la reputación pública y la verdad privada, la hipocresía de la vida en sociedad y las mentiras que esconde de puertas adentro, tema tan explotado por él en todos sus personajes, y más si pensamos en su propia biografía y en su continuo juego de perversiones morales, irónicos engaños, mentiras piadosas y tergiversaciones publicitarias, nos da un nueva perspectiva acerca de cómo debemos acercarnos al personaje de Johnnie. Si además tenemos en cuenta que Alma Reville, la esposa de Hitchcock que tanto tuvo que sufrir sus represiones morales y sus frustrados y delirantes proyectos para vencerlas, aparte de todo el resto del catálogo de manías del genio londinense, es una de los tres guionistas de la película, y que, Joan Harrison, veterana colaboradora del director, secretaria, guionista, persona de confianza, asistente y fuente de inspiración intelectual y de deseos sexuales difícilmente soportados por Hitch (y no se sabe hasta qué punto consentidos o alimentados por Harrison, que provocó una honda depresión en el director cuando le comunicó su próximo matrimonio y su deseo de arrancar una carrera propia como directora), es otra, el personaje de Johnnie, su duplicidad, el final que en principio debía ser rodado y también el de Lina, sus miedos, impresiones, temores, dudas y complejos, cobran un sentido mucho más amplio y escalofriante que acrecienta el ya de por sí riquísimo, inquietante, espeluznante e intrigante desarrollo de esta joya magistral, una delicia de principio a fin con la que a punto estamos de vernos en caída libre por un acantilado por cuyo borde siempre nos movemos.

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34 comentarios en “Alfred Hitchcock presenta – Sospecha

  1. Cierto, Doctor, no es de las más proyectadas ni de las más recordadas, vaso de leche aparte. Desde que la vi exijo que abran las botellas o los bricks de leche delante de mí…
    Saludos.

  2. Una de sus, muchas, grandiosas películas…A mí me gusta el ambiguo final, que nos hace a todos un poco asesinos…Si la “chica” hubiera sido otra, menos enternecedora, hubiera estado abiertamente del lado de Cary Grant, siempre tan encantador y elegante…

  3. Desde luego es difícil hacer una mala crítica de cualquier película de Hitch,mi querido Alfredo.Te puede gustar una más que otra,pero en su conjunto,no hay que decir nada malo al respecto.Por ejemplo,a mí una de mis películas es La sombra de una duda,creo que para él también lo era.Los pájaros,según palabras de Federico Fellini,era en sí todo un poema.Yo también estoy de acuerdo.Sospecha es una película de cuya historia se sostiene gracias a la habilidad del maestro y la presencia de Cary Grant.Sus historias son cerradas,como Crimen perfecto o La soga,pero el genio nos sitúa,como bien dices,al borde de un precipicio en sus espacios cerrados,pero nada claustrofóbicos.
    Has escrito un texto excepcional,Alfredo.Me has hecho pensar que en Mi tiempo ganado,todavía no he dicho nada de Hithcock y ya me he puesto a escribir algo.
    Gracias maestro.
    Un fuerte abrazo.

  4. Cierto, amigo Cacho de Pan. Hitchcock insistió para que no fuera tan ambiguo, los estudios presionaron para que la inocencia de Grant fuera indudable, y al final el maestro tiró sutilmente por el camino de enmedio. Porque… ¿quién no ha pensado que la solución real de la película no quede realmente en suspenso?
    Grant debía ser elegante hasta en el baño…
    Saludos.

    Gracias a ti, Francisco (maestro es una palabra muy fuerte). “La sombra de una duda”, aunque con las típicas reservas cuando de palabras de Hitchcock se trata, era, según él mismo, su película favorita de entre las suyas. Sabio Fellini al ver en “Los pájaros” todo aquello que le falta a las películas que han pretendido explotar su fórmula por la vía del terror y se han olvidado de la carga de profundidad que posee (por cierto, se anuncia remake, aparte de la infame “Los Pájaros 2″ que se hizo para T.V.). Y, efectivamente, Hitchcock nos coloca en el filo en el que a él mismo le hubiera gustado estar y que, por miedo, siempre rehuyó.
    Espero ese texto hitchcockiano; estoy seguro de que será magnífico.
    Un gran abrazo.

  5. Muy buena, como siempre, reseña de una de esas películas del maestro que uno no se cansa de ver.

    Para mí el final siempre es una duda, lo que ahora se llama final abierto, porque Hitchcock consigue imprimir en nuestro ánimo la sospecha de tal modo que, tras el fin, uno se queda todavía dubitativo de lo que pasará tras la cortinilla de cierre.

    Apenas has mencionado el superlativo trabajo de Cary Grant y me parece injusto, porque sin él la sospecha no tendría motivo: esa ambigüedad permanente, ese letal atractivo del vividor poco escrupuloso, individuo solitario y enigmático, tienen un magnífico exponente en una verdadera exposición magistral de uno de los mejores actores de cine de todos los tiempos: una muestra palpable de la ceguera perenne de los académicos de Hollywood.

    Ya me están entrando ganas de repasarla de nuevo, mira… :-)

    Saludos.

  6. Mis aplausos. Entre la excelente reseña y que Hitchcock es uno de mis directores favoritos, hoy me has alegrado el día. Este hombre no tenía desperdicio. Hasta sus películas “menores” eran buenas.
    Por cierto, a mi me gusta muchísimo Vértigo (además de otras muchas de sus obras maestras, claro).
    Un abrazo

  7. magistral comentario, Alfredo, ya se hacía notar la ausencia de Hitch en esta escalera… qué película, y qué final tan soberbio había planeado el maestro… y esa imagen que has escogido, la imagen… esto es un regalo, y además hoy subo mi peldaño 35, qué suerte, un abrazo

  8. Pues tienes razón, Josep, el trabajo de Cary Grant hay que reivindicarlo como merece, porque sin él la película difícilmente se sostendría o al menos resultaría creíble (cuántas películas se estropean por la insuficiencia de galán o de villano…). Por más que lo digamos, no haremos justicia a su calidad como intérprete.
    Y muy cierto lo del final, como si Hitchcock se hubiera negado a seguir al cien por cien las directrices de los estudios y se saliera un poco con la suya.
    Saludos.

    Carmen, no me extraña que te guste “Vertigo”, es un peliculón, y también contiene buenas dosis de fantasmas hitchcockianos. Algún día aparecerá por aquí, como es lógico.
    Un abrazo.

    Gracias, Sam, hacía mucho tiempo que no poníamos algo de Hitch, y eso que tiene sección propia.
    Por cierto, feliz trigesimo quinto peldaño: que sea para seguir subiendo.
    Un abrazo y buen día.

  9. La tengo y disfruto a veces con ella. Gran película SUSPICION sí señor, como el 95% de lo que hizo “Hitch”.
    La escena de las escaleras que pones con el vaso iluminado (por una bombilla) es de lo mejorcito del filme pero hay otras escenas como la de la carretera con él al volante que también son grandiosas.

    Saludos de otro fan de sir Alfred.

  10. Querido,has puesto por escrito algo que creo fundamental y en lo que no había reparado de forma consciente: la habilidad que tenía para crear y mantener un suspense sin engaños. Claro, ese es seguramente uno de sus méritos: Hitchcock era capaz de presentar la realidad y a través de ella dirigir nuestro pensamiento por los caminos que necesitaba para sugestionarnos, asustarnos, sospechar, sufrir….. Genial.
    Recuerdo esta peli: la ví un montón de veces, seguro, pero hace demasiado tiempo. Ahora toca revisarla desde tus palabras, que siempre merece la pena.
    Besos.
    PD Ah, y totalmente de acuerdo con Cary Grant. Creo que se ha simplificado demasiado el origen de su éxito.

  11. Me gustó Gary Grant si, pero tambien esa Joan Fontaine que nos va presentando Alfred desde el momento del tren con sus gafas y su libro hasta esa otra que al decidir casarse se presenta mas tranquila que Johnny y afirma: “A mi tambien me sorprende, pero debe ser porque, por primera vez en mi vida, se lo que quiero”. En unas pocas escenas nos presenta la realidad de un personaje que aún así nos deparará sorpresas.
    Lo que viene despues es otra historia.

    Te he leido con gusto, estupenda disección de un mejor que clásico

  12. El maestro del suspense fue capaz de varias cosas a la vez: contar buenas historias, ser un realizador muy bueno y eficaz abierto a todo tipo de fórmulas técnicas y experimentos que le sirvieran para contar una historia, tener visión acertada a la hora de seleccionar a sus actores y actrices… entretener, emocionar, hacer al público siempre partícipe de lo que está narrando cinematográficamente, hacernos pasar miedo, suspense, hablarnos de amor y de sexo, envolvernos con sus ambientes e historias… El maestro del suspense es grande. No sabría con cual quedarme de sus historias o con qué escenas (buenísima la de la escalera… sospecha total). Siento cierta predilección por tres en concreto -cariño, recuerdos, sentimientos-: ENCADENADOS (qué gran joya), CON LA MUERTE EN LOS TALONES (jamás me aburre) y LA VENTANA INDISCRETA (esa comunidad de vecinos que me fascina).
    Un beso
    Hildy

  13. Ahí están los genios, Alberto, uno puede ver sus películas cientos de veces sabiendo qué va a pasar, y sin embargo uno se emociona y duda incierto como si fuera la primera vez. Qué grande, literalmente, era Hitch.
    Saludos.

    Mima, a él lo que más le inspiraba respeto era el público. Una película que él considerara buena le parecería una birria por muy bien hecha que estuviera si nadie hubiera ido a verla. Ahora ocurre justamente al revés: mucho cretino cree que hace buen cine porque un público en buena parte “asilvestrado” acude a ver sus bodrios. Y así nacen ídolos de pacotilla.
    Besos.
    PD: aún tienes que contarme sobre Gran Torino…

    Eso es Alma, Joan Fontaine siempre parecía que no estaba, que era irrelevante o que cualquier otra actriz podía hacer sus papeles: totalmente incierto, desde luego.
    Un abrazo.

    Tampoco sé con cuál quedarme, todas me gustan, cada una por un motivo diferente. Yo me quedaría con un inmenso collage con trocitos de aquí y de allí. Creo que, por muy diferentes que sean sus películas de tiempo y lugar, un refrito con recortes de aquí y allá tendría más sentido y sería mucho más apreciable que mucho del cine actual. Cualquiera de las tres que comentas vale muchísimo la pena y por supuesto irán saliendo aquí, claro.
    Tus comentarios siempre resultan certeros y sensacionales.
    Un beso.

  14. No se puede decir más,está todo dicho, genial ,magnífico, único, y añado ,irrepetible este hombre gordito con cara de no haber roto un plato en su vida..La foto,preciosa.y tú ,como siempre,inmenso Saludicos. P.D.felicidades Sam

  15. Gracias, Carmen. La verdad es que cualquier película de Hitchcock daría para mucho más, para hablar interminablemente, para analizar cada escena, casi cada plano y buscar todo aquello que el maestro quería expresar (u ocultar). Pero ya lo decía Voltaire: el secreto de aburrir consiste en decirlo todo, y siempre es mucho mejor ver la película que leer de ella.
    Saludos.

    Pues, Noe, te recomiendo el Cola-Cao. Yo la probé con estricnina durante un tiempo y me daba acidez…

  16. Ay, ese vaso de leche es memorable, inmejorable, inimitable.
    Ahora me voy a por un vaso de leche, en mi caso de avena, of course.
    Una de mis pelis favoritas de Alfred. La veo callada, no se me ocurre ni hablar. Impecable.

    Besos,

    M

  17. Yo creía que sería de soja, fíjate tú.
    Me gusta eso de que la ves callada; últimamente, no sé por qué, me parece que cada vez la gente habla más cuando ve cine, y no sólo por el móvil. Y no me gusta nada, nada.
    Besos

  18. Por fin me has desvelado lo del vaso de leche. Siempre había creído que llevaba luz dentro, pero se me hacía extraño que Cary Grant transportara un vaso de leche con luz dentro. Lo del final alternativo es, realmente, un final que te planteas inevitablemente durante toda la película porque creo que es una de las cintas en las que más juega Hitchcock con la mente del espectador. Nos engaña constantemente ayudado, eso sí, por la ambigüedad y gran interpretación de Grant y las “caritas” de “carita de mono” Fontaine. Me encanta esta película, y me encanta la coletilla en el pelo que le hace Cary Grant a Joan Fontaine al principio de la película…inolvidable. Por cierto, los que se alejan en el coche en el final de la película ¿son ellos?…yo llegué a pensar que son otros actores porque se les ve de espaldas y, la verdad, no parece Grant. Quizá por el “final alternativo”.

  19. Lo de la luz, Frank, lo revela Hitch en su famosa entrevista con Truffaut (libro imprescindible, por cierto).
    Buen apunte el que haces acerca del final; efectivamente, se trata de un plano añadido al final por las razones que comentábamos más arriba, para que quedara claro que Grant no la mataba. Y efectivamente, no parece Grant.

  20. Gracias por el refresco, la tengo que revisitar desde hace mucho. Me gusta la pareja Grant-Fontaine. Y que hayas enlazado a La Soga, curiosamente hace un par de días hablaba de ella con unos amigos, no en vano es de mis favoritas de El Maestro.

    Abrazos

  21. La Soga, según el propio Hitchcock, no era más que un divertimento a través del cual explorar nuevas técnicas cinematográficas. Narrativamente, él la valoraba muy poco. A mí, sin embargo, me encanta.
    Un abrazo.

  22. Un día, hablando de cine con un buen amigo, me dijo al respecto, “de Hitchcok, me gusta hasta Marnie”. Yo sonreí, y asentí, dándole un buen trago a la copa que tenía entre manos.
    Con respecto a Sospecha, y al hilo de lo que contáis tú y Francisco en los comentarios, coincido en que es mayor la virtud del director, que la historia que nos cuenta, y que la presencia del mejor actor que ha dado el cine, hace el resto.
    Escribe usted muy bien, querido amigo.

  23. Gracias, Raúl, mira quién va a hablar…
    Un comentario muy típico el de tu amigo en relación a Marnie. No sé si Grant es el mejor actor que ha dado el cine (quizá falta mayor diversidad en sus personajes y en sus proyectos para juzgar verdaderamente esta cuestión), pero sí que es inolvidable.

  24. JE,JE,JE,ya la tengo metida dentro del vídeo. Me he ido a buscarla a casa de mis padres donde tengo en V.H.S. muchas pelis, pelis. Hacía algunos años que no la veía y el otro día se me pusieron los dientes largos leyendo tu entrada de “SOSPECHA”. Bueno, ciaoooooo me voy a darle al ¡play!. Saludicos

  25. Vaya artículo Alfredo, impresionante, en serio. Y además me viene que ni pintado, porque mañana me dan una demostración práctica de como se realiza ese efecto del vaso iluminado con la bombilla, justo mañana a primera hora, junto con otros no menos míticos de la historia del cine. Me quedo con toda la película, pero ya que viene al caso por el tema luz y similares, decir que ese excepcional plano que has puesto es la demostración más palpable de lo que es el cine en si mismo. En los tiempos que corren los cineastas se encargan de describir con los diálogos, tan reiterativos que cansan, cuando el cine es un arte visual, y los grandes como Hitchcock supieron dignificar esa tendencia.
    Es el mandamiento numero 1 de un buen cineasta, describe en imágenes lo que puedas ahorrar en palabras.
    Y sobre Hitchcock, lo dicho…jaja.
    Saludos Alfredo

  26. Bueno, ya me he puesto al día. Fin de semana Hitchcock. Sospecha, Recuerda, La ventana indiscreta y Vértigo. Todas las había visto ,pero he vuelto a disfrutar. Alfredo, gracias por hacernos “recordar “. Saludicos

  27. Gracias Iván; sobre todo no te bebas la leche…
    Una regla tan sencilla y primordial como la que comentas resulta extrañamente (o no tanto) obviada en la mayor parte del cine actual. La pregunta es por qué: ¿falta de talento, de creatividad? ¿Falta de interés por quienes ponen el dinero por algo distinto y sin embargo esencialmente cinematográfico? ¿Influencia de la televisión? En cualquier caso, otra de las señales de la decadencia del cine.
    Abrazos.

    Vaya empacho te has dado, Carmen, una cosa es recordar, y otra metérselo en vena… Aunque puestos a pasar un fin de semana de cine, Hitchcock es una excelente elección.
    Saludos.

  28. Pingback: Alfred Hitchcock presenta – Del asesinato como una de las ¿bellas? artes: Cortina rasgada « 39escalones

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