Cine en fotos – Wong Kar-Wai
Los personajes en los filmes de Wong Kar-Wai son dolientes: viven en la frustración, están necesitados de afecto y, al mismo tiempo, son incapaces de suturar la herida que les aqueja porque ellos mismos se autoinmolan al no situarse en el instante adecuado ni en la actitud adecuada. El azar es consecuencia de sus actos, de su incapacidad para decidir avanzar hacia el encuentro de la felicidad; de ahí la nostalgia por algo que no se ha perdido porque jamás se ha tenido ni podrá tenerse; de ahí, también, la magnificación del pasado como el lugar de la “posibilidad”, del recuerdo enfermizo que no es sino la herida abierta.
Francisco Javier Gómez Tarín. Wong Kar-Wai. Grietas en el espacio-tiempo. Ed. Akal. Madrid, 2008.
Música: Wang Ji Ta, de Shirley Kwan.





Habrá a quien le parezca excesivamente esteticista, compa Alfredo, pero a mí (como me da la impresión que a tí…) me parece un auténtico maestro trabajando con el celuloide. Ni más ni menos…
Un fuerte abrazo y buena semana.
Pues sí, Manuel, es un maestro cuyo esteticismo sirve a una finalidad narrativa, tanto en el tono como en su forma de narrar, fuera de lo convencional y en la que es más importante la sensación que el orden lógico o incluso el cierre del argumento.
Abrazos.
In the mood for… leerte, siempre. Estos regalitos que nos haces de vez en cuando me encantan. Ya sabes lo que es este director para mí. No te negaré que me encantaría no identificarme con sus personajes, pero creo que hoy en día ninguno nos libramos de saber, exactamente lo que sienten muchos de ellos… Una u otra vez nos ha tocado… Para mí es un fiera… Gracias por hacérmelo llegar Alfredo. Ahora me vuelve esa escena en la que en “Chungking express” el prota se da cuenta de que la pastilla de jabón ha engordado… Bueno que me lío y te lío…
Besos
Me encanta el cine de este tipo. Romántico que es uno…
Esa es su principal baza, Ana, que nosotros, con nuestras experiencias y sentimientos, completemos una lógica argumental basada en la sugerencia a través de la belleza visual. Tremendo.
Besos.
Si ya se te ve, Roberto, que eres un sentimental…
Querido Alfredo: tengo a medio hacer un post sobre él y su magnífica My Blueberry Nigths, película que vi, gracias a los regalos de Público o La VAnguardia, hace unos escasos días.
Cómo gozo con sus imágenes, con su manera de ver la vida a través de reflejos, de transparencias, de sus ángulos menos habituales!
Una película estupenda, Dante, sin duda. Su siempre mira la vida a través de algo (un cristal, una ventana, un espejo…). Pero no por ello es menos real.
Abrazos.
Yo sólo diré que le quiero. Entero y sin condiciones. Por favor, que me lo envíen a casa. Pueden incluir las pelis, también.
Ahora en serio, es un maestro, una maravilla, fantástico, soberbio, sublime.
kISSES,
Marta
Ya sé yo que te gusta mucho, Marta, pero tanto como para tenerlo en casa… Ya sabes lo que se dice, que las visitas son como el pescado: a los tres días huelen…
Besos.
Aquí la cobarde de turno.Tiene un magnífico aspecto,me ha encantado la música.
Se qué no la veré.
Saludicos.
¡Vaya! ¿Y eso? Pero si las películas de este hombre son de una sensibilidad y una belleza absolutas… Yo te lo recomiendo vivamente, quizá no todos sus títulos pero sí los cuatro o cinco últimos. Imprescindible de verdad.
Saludos.
Si me aseguras qué no voy a llorar…….Es qué una está de una sensibilidad elevada a la enésima.
Saludicos.
Vale, no te lo aseguro. En ese caso, no hay objeción…
Saludos.
Las que he visto de él me han gustado mucho. Lo que supe hace relativamente poco era la importancia que tenía el fotógrafo Christopher Doyle en su cine.
Un saludo.
Suscribo cada una de las palabras del tal Gómez Tarín.
Efectivamente, David, Doyle participa en la gran mayoría de las películas de Wong, en algunas en solitario y en otras con compañeros en la dirección de fotografía. Doyle también es responsable de la estética de “Hero”, de Zhang Yimou, o de la reciente “Ondine”, con Colin Farrell.
Saludos.
Ya sé yo que te gusta, Raúl.
Yo he visto el modernismo en Historias de Tokio del gran Ozu. Esos ancianos que se dirigen a la gran ciudad para visitar a sus hijos no son otra cosa que los padres de los hijos de Wong Kar-Wai.
Un fuerte abrazo.
Aunque Doyle sea el responsable acreditado, para mí está claro que Kar Wai es el que tiene las cosas muy claritas y sabe perfectamente que es lo que quiere: cuadro, enfoque y luz y el puñetero los usa endemoniadamente bien: no fue sino hasta la segunda revisión, calmada, que empecé a darme cuenta de la extraordinaria fotografía de In the Mood for Love y de 2046, a cual mejor, porque en la primera revisión apenas pude darme cuenta de nada al quedar mi corazón preso de la historia lo cual, en mi opinión, dice aun más acerca de la calidad de la fotografía, que debe estar siempre al sevicio de la historia y nunca buscando protagonismo.
Por lo que hace al párrafo de Gómez Tarín, me parece erróneo de base con una interpretación que no comparto: el azar nunca podrá ser efecto de acto alguno: dejaría de ser azar al contravenir su propia definición. Y tampoco veo mucho azar en las películas de Kar Wai citadas…
Saludos.
Pues sí, Francisco, es que Wong se inspira en gente muy buena, les lava la cara, lo lleva a su terreno, y nos conmueve profundamente.
Abrazos
Seguramente es cosa de Wong, sí, aunque algo hará Doyle, ya que si no está él algo de cambio se nota. Y a la inversa, en otros trabajos de Doyle sin Wong se nota bastante más la falta de algo.
Yo tampoco entiendo muy bien eso de que el azar venga provocado; digamos que los actos de los personajes los exponen a unos azares y no a otros. Por otro lado, yo sí veo azar en el cine de Wong, aunque no en todo. Por ejemplo, es el azar el que lleva a la pareja protagonista a alquilar habitaciones contiguas en “In the mood for love”, por ejemplo. O en “2046″ el que hace encontrarse a la gente en el mismo hotel. O en “Chungking Express” el que une al policía y a la joven… Siempre es un punto de partida, eso sí, nunca un recurso narrativo. Creo.
Saludos.
Tanto el video como las palabras de Gómez Tarín invitan a descubrir el cine de Wong Kar-Wai.
Más que descubrirlo hay que rebozarse en él…