Música para una banda sonora vital – Scoop

El compositor noruego Edvard Grieg  quiso poner música a la célebre obra de Ibsen Peer Gynt y creó una partitura bellísima, repleta de fragmentos fantásticos y muy populares, de esos que cualquier oído reconoce aunque no sepa su procedencia. Muchos de esos fragmentos son utilizados a menudo en campañas publicitarias (como La mañana, en unos anuncios de productos lácteos) o en el cine, acompañando todo tipo de escenas, funerarias (donde suele utilizarse La muerte de Ase) o cómicas, como sucede en Scoop, la última película estrenada de Woody Allen, en la que aparece este En la cueva del rey de la montaña.

Cine para pensar – Último tren a Katanga

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Tal día como hoy hace 130 años un criminal llegaba a Boma, en la desembocadura del río Congo, después de completar la primera exploración transversal del continente africano en un intento fallido por hallar las fuentes del Nilo. Henry Morton Stanley logró así el reconocimiento, la gloria y la fama que siempre persiguió. Eso le permitió pasar a la historia como un legendario explorador, toda vez que había protagonizado junto a Livingstone uno de los más célebres episodios de la exploración del siglo XIX. Quienes lo elevaron a los altares de las Sociedades Geográficas no se detuvieron en comprobar el número de porteadores que Stanley había sacrificado por el camino, ni el trato inhumano que les proporcionaba, ni las muertes que él mismo causó directamente. Por desgracia, aquello no iba a ser más que un ensayo de lo que se avecinaba.

El cine siempre ha dado una visión complaciente (complaciente con  los blancos, se entiende), de África: rutas turísticas en avioneta, plantaciones de café, rutas en busca de minas legendarias, idilios (o incestos, como el que provocó la censura española de la película “Mogambo”, que al intentar tapar un adulterio, lo hicieron con una relación entre hermanos) junto a ríos repletos de cocodrilos, expediciones de caza mayor, la explotación de los safaris, entrenadores que buscan figuras del baloncesto, el reflejo del mito del buen salvaje en las películas de Tarzán (un buen salvaje blanco, que siempre ha habido clases)… En los últimos tiempos esta visión complaciente continúa, con alguna excepción referida a los sucesos de Rwanda, Uganda o al tráfico de diamantes. Pero en general, siempre se tratan desde la perspectiva occidental del personaje blanco y civilizado que descubre los misterios de la África salvaje. Jamás se nos explican las cosas desde un punto de vista autóctono: qué supuso para las tribus la colonización, qué dramas subsiguieron, cómo desarrollaron los musulmanes primero, y los europeos después, el tráfico de esclavos, cómo se construyeron las fortalezas que servían para encarcelarlos antes de enviarlos a América en las colonias portuguesas, cómo vivían las tribus, cuáles eran sus dioses, sus mitos… Se argumentan razones de dificultad: a principios de siglo XX se estima que eran unas 10.000 las tribus del África negra, con grupos humanos que raramente superaban los cien miembros. Pero la verdadera razón es que no nos importa en absoluto. Con todo, resulta que entre las pocas películas que han tratado de ver la vida desde la perspectiva autóctona tenemos la comedia Los dioses deben de estar locos, donde refleja algunos aspectos de los mitos bosquimanos, a pesar de estar rodada en tono de chufla.
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