Cine para pensar – Cesare Zavattini

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Probablemente sea Cesare Zavattini una de las mayores figuras de la cultura italiana del siglo XX. Escritor, periodista, pintor, se empezó a dar a conocer en Milán, cuando se inició en el periodismo, y enseguida publica en 1931 un libro, Parliamo tanto di me, con el que ya destaca por su utilización del absurdo y la fantasía como vehículo de un afilado y punzante sentido del humor. A este seguirán varios libros en la misma línea, hasta que entra en el mundo del cine a mediados de los años 30, con directores como Camerini o Blasetti.

Pero realmente se labra una auténtica carrera en el cine a partir de su colaboración con Vittorio De Sica en Los niños nos miran (I bambini ci guardano), de 1943, dando inicio a una relación prolífica y perfectamente simbiótica que continuaría en películas como El limpiabotas (Sciuscià), de 1946, El ladrón de bicicletas (Ladri di biciclette) de 1948 (por cierto, ¡menudo año para el cine mundial, vaya cosecha!), Milagro en Milán (Miracolo a Milano), de 1951, o Umberto D, de 1952, precisamente la época dorada de De Sica como director, aunque participará en muchos más guiones en años posteriores, como el de Dos mujeres (La ciociara), de 1960 o El jardín de los Finzi Contini (Il giardino dei Finzi Contini), de 1970.

Después participa en muchos otros guiones de películas menores, largometrajes en capítulos, e incluso cine para televisión, hasta sumar casi ochenta participaciones en cine, en los que sigue luchando por plasmar, a través de su agudo sentido del humor, y de los mismos principios ideológicos y estéticos que propiciaron el neorrealismo, un cine que refleje la realidad en todos sus términos: el patetismo, la monotonía, la tristeza, el humor, el mundo laboral… Quizá, a finales de los 70 y durante los 80, sea el último creador que siga manteniendo los postulados del movimiento que hizo al cine italiano punto de referencia en todo el mundo, y cuyo abandono por los autores ha supuesto el semi-ostracismo en el que se encuentra el cine italiano actual fuera de Italia.

Esas ganas de defender sus planteamientos, unidas a su deseo de afrontar nuevos retos, le llevan a ponerse, por vez primera, detrás de la cámara a los ochenta años, dirigiendo La veritáa, en 1982, donde además se reserva un papel. Esta película, rodada a principios de la década de los ochenta, deja una inevitable sensación de que el reloj ha dado marcha atrás y que nos encontramos con una forma de hacer cine en Italia que hacía décadas que no se veía. Siempre resultará una incógnita saber qué hubiera podido hacer Zavattini de haber dado antes el salto a la dirección.

Vaca sagrada del neorrealismo, lanzó un discurso que para los seguidores de esta tendencia fue algo así como lo fue el “I Have a Dream” de Martín Luther King para los impulsores de los derechos civiles. En este pregón, Zavattini exhortaba a los neorrealistas a llevar el cine a un compromiso tal con la verdad (o lo que se entendía por ella), que las películas ya no se ceñirían a un argumento, a una progresión dramática o a una serie de giros que hiciesen avanzar al “héroe” a través de las situaciones plasmadas en la pantalla. Soñaba, Don Cesare, con una película en donde simplemente aconteciera un día en la vida de cualquier trabajador común y corriente. Con todo lo tedio, el esfuerzo, el caos, y el sinsentido de una jornada cualquiera. La emoción, el interés y la magia debía nacer, simplemente de la realidad y la humanidad que saliera de los personajes involucrados.

Su testamento ideológico quedó recogido en el libro Diario de cine y vida, en el cual expone los criterios cinematográficos que componían su concepción del cine, al mismo tiempo que formulaba una serie de postulados éticos que el cine habría de seguir para constituir un instrumento cultural completo para la información, la formación y la reflexión, más allá del mero entretenimiento.

Cesare Zavattini falleció en Roma en 1989.

5 comentarios sobre “Cine para pensar – Cesare Zavattini

  1. BUENO, BUENO, BUENO!!!
    No mucha gente sabe la admiración que tengo por Cesare Zavattini. Mis colegas, la familia y poco más. Creo que los guiones de Zavattini son una joya, como su mente como él mismo. Hoy me voy a poner “Milagro en Milán” como recompensa a una peli mala que vi hace unos días, y porque el post me anima a hacerlo. La pasión por Zavattini la he heredado de mi padre, que amaba el cine, en especial el cine italiano.
    Gracias, 39 escalones por tan bello y merecido post.
    Marta

  2. Qué entusiasmo!!! Pues sí, Zavattini se merece eso y mucho más. Y ha pasado casi inadvertido. La gente entiende que el cine no sería el mismo sin los maestros alemanes o sin Orson Welles. Pero olvida a gente como Rossellini o Zavattini.
    (Si te soy sincero, Julia me chivó que te encantaba Zavattini, así que el post de hoy iba casi en exclusiva para ti). Besos.

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