Cine para pensar – La batalla de Argel

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Anda revuelto el Magreb estos días, con atentados aquí y allá. Por desgracia este levantisco ambiente es allí de lo más corriente a lo largo de su historia, desde que era base de los piratas de Berbería en el siglo XVI hasta el integrismo del FIS en Argelia o los actuales gérmenes radicales de Casablanca en Marruecos.
Como inmejorable testimonio de la truculenta historia reciente tenemos La batalla de Argel, de Gillo Pontecorvo, que plasma la lucha argelina por su independencia en los años sesenta. Una de las ventajas de la película es precisamente esta: cuenta sucesos vivos, apenas tres años después de ocurridos, 1965, con sus protagonistas contándolos en primera persona y sin que la memoria haya tenido aún sus efectos selectivos devastadores.

La película es una coproducción italo-argelina, subvencionada en parte por el gobierno argelino, y por lo tanto, el mensaje es anticolonialista. Pero Pontecorvo mantiene la objetividad en el exacto retrato de las atrocidades y venganzas, el horror y el estremecimiento ante los continuos atentados, los ataques indiscriminados, las torturas y los asesinatos perpetrados por ambos bandos.
Los hechos que narra la película transcurren entre mediados de la década de los cincuenta y la independencia argelina de 1962, y está narrada como si se tratara de un noticiario de cine, mezclando ficción y documental, a la manera de un reportaje dramático, y con actores que no eran profesionales en su mayor parte, aunque no se nota para nada.
Pontecorvo, líder de la resistencia juvenil antifascista en Italia durante la Segunda Guerra Mundial, volcó todo su ideario político y su experiencia como realizador de documentales en esta magnífica película, lo que ahora llamaríamos thriller político.
El protagonista es Ali La Pointe, uno de los hombres más buscados de Argelia y líder de la lucha armada contra la ocupación francesa, que se encuentra cercado junto a algunos de sus partidarios, su mujer y su hijo por los soldados franceses, al que han localizado gracias a testimonios conseguidos mediante tortura. Durante el tiempo que le conceden para su rendición a las autoridades francesas, un flashback se remonta a los orígenes delictivos de Ali como ratero y atracador, hasta el momento en que se convierte en líder del movimiento antifrancés, leyenda y mártir. El movimiento, originado por los campesinos, y plasmado en la ‘limpieza’ de la Casbah de Argel por el Frente de Liberación Nacional, será contestado por la metrópoli con el envío de la fuerza de choque paracaidista al mando de un comandante implacable y de conducta criminal, el coronel Mathieu. Lo importante de la película es el equidistante reflejo de la conducta violenta de unos y otros, sin omitir nada, sin condenar explícitamente el uso de métodos criminales pero mostrándolos en toda su crudeza, si bien presentando de manera clara los argumentos y las razones de unos y otros para acudir a ellos, incluso presentando estos motivos como comprensibles en un clima de guerra.
Pero la película también sirvió de predicción. En el momento de su estreno, Argelia había caído ya por medio de un Golpe de Estado en el régimen autoritario de Boumedian, del ala dura e islámica de la resistencia antifrancesa, en detrimento de Bella, el carismático líder de la independencia, de talante democrático, culto, refinado, y bien visto por occidente. Por otro lado, Aldo Moro en Italia presidía uno de esos típicos gobiernos italianos que duran menos que un flan a la puerta de un colegio.
La película tuvo graves problemas para su estreno en Francia, donde la cuestión argelina marcaba las tendencias ideológicas claramente: el colonialismo, la Francia grande, imperial, de las esencias patrias y orgullosa de su pasado colonial, frente a las nuevas corrientes de izquierda que estaban a punto de explosionar en mayo del 68. Cuestionar la actuación del gobierno, que finalmente no sólo caería, sino que provocaría el cambio de la IV a la V República Francesa actual, suponía ser un traidor, un antipatriota, un antifrancés, amigo de quienes ponían bombas en Argelia y mataban a pacíficos soldados y políticos franceses. Al fin y al cabo, Francia no ocupaba Argelia por gusto, sino para poder llevar la democracia y la civilización a un país magrebí. ¿Nos suenan de algo estos argumentos aplicados a la actualidad? ¿A España? ¿A la guerra de Irak?
De ahí surge la idea de que quien era tibio con los argelinos o incluso reconocía su derecho a la independencia debía ser apartado de enmedio con el fin de que un gobierno fuerte, francés, actuara con todos los medios necesarios para imponer la ‘legalidad’ en la colonia. Por ello surgen continuas conspiraciones políticas en la metrópoli, incluso contra De Gaulle, que inspirarán la famosa novela Chacal, de Frederick Forsyth y ésta, a su vez, la película de Fred Zinnemann protagonizada por Edward Fox (por favor, que nadie vea la reciente versión con Bruce Willis y Richard Gere; espantosa y estúpida). Los cabecillas de estas conspiraciones eran militares o políticos profundamente conservadores y de ideología católica, e incluso el emblema de la OAS, la organización que les daba cobertura, era una Cruz de Lorena.
El ritmo de la película es fantástico. Se trata de un documental que nos explica la historia reciente, pero además contiene el dramatismo de unos personajes que interesan y que nos mantienen pegados a la pantalla esperando sus tribulaciones al mismo tiempo que nos imparten una lección pedagógica de lo sucedido, en especial, la dureza de las imágenes de los atentados.
La conclusión de Pontecorvo, y a la vista de la historia, tiene razón, es que la resistencia argelina logrará su independencia, pero no su libertad. De hecho, se mantendrá económicamente dependiente de Francia (o de España) hasta el día de hoy, y tampoco se verá libre de la violencia que pretende desprenderse de esta otra forma de colonización, la económica, para lo cual echa mano hoy, como entonces, de los más desfavorecidos en la Casbah, en los suburbios o en las montañas, para incrementar las filas de los descontentos, encontrar soldados que mueran por la libertad que no tienen, aunque sea a costa de asesinar a quienes representan a sus nuevos colonizadores, o a golpear a los ciudadanos de los paises que mantienen el statu quo.
Una imagen de la película es terrible en ese sentido, y fatalmente precursora de lo que vivimos hoy: la secuencia que sigue a mujeres de Argel atravesando inadvertidamente controles militares y policiales y dejando bombas de fabricación casera en un aeropuerto, en una cafetería, en una sala de baile, repletos de gente, esperando su muerte o su mutilación, ajenos al drama.
Gillo Pontecorvo seguiría retratando la desigualdad en su cine político. Afamado autor de Operación Ogro, donde se retrata el ‘vuelo sin motor’ de Carrero Blanco, también filmará Queimada en 1969, con Marlon Brando como protagonista, donde refleja la problemática esclavista en las Antillas del siglo XIX y cómo estos intereses forzaban independencias y colonizaciones a la carta de occidente.
Como nota a añadir para disfrutar de la película, la maravillosa música, compuesta a medias por Pontecorvo y Ennio Morricone.
La película ganó el León de Oro en Venecia, cuando los festivales significaban algo, lo cual tiene su mérito. Absolutamente recomendable para entender el pasado reciente, los dramas que genera la colonización en los países que la sufren, para comprender por qué surge el terrorismo en los países árabes y para saber que no se le puede combatir sólo con armas cuando responde no a ideologías intolerantes, sino a dramas sociales que nacen de la falta de recursos económicos y de medios para vivir con dignidad.

7 comentarios sobre “Cine para pensar – La batalla de Argel

  1. Uff, que mal lo paso al ver esta película. Me parece muy seria. Mucho. Un ejemplo de las bondades del colonialismo o mejor dicho. Qué asquito que da la palabra.
    No aprendemos nada, pero nada.
    Besos

  2. Yo tengo pendiente el verla. Prometo hacerlo lo antes posible. Es tremendo que en plenos años 50 o 60, un país que salía de la guerra mundial y de la invasión nazi, ejerciera también la represión y la guerra contra Indochina, Tunez o Argelia.
    abrazos

  3. Pues sí. Sabemos mucho, hasta hartarnos, de las crueldades de los norteamericanos en Vietnam, por ejemplo. Pero apenas diez o quince años de llegar allí los Estados Unidos, los franceses habían cometido innumerables crímenes y atrocidades. Y nunca sabremos qué hicieron en el África Occidental Francesa durante sus casi cien años de colonización. Ni sabremos nunca qué hicimos nosotros.

  4. No me gustó nada esta película. Por motivos académicos vi en una misma tarde ésta, Senderos de gloria y Teléfono Rojo, volamos hacia Moscú. La batalla de Argel fue la única que tuve que parar varias veces porque no la aguantaba (ya, ya sé que es más larga, pero aun así).

  5. Digamos, Vero, que es la más difícil de ver por su estilo, porque parece más un documental que una película de ficción, porque deliberadamente se elige una manera incómoda de rodarla. Quizá el problema sean demasiadas películas buenas en una tarde. Dosifícate. Dale una oportunidad en solitario. Gana mucho.

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