Música para una banda sonora vital – The blues brothers

He de reconocer que tengo prejuicios contra los musicales. Los que no me parecen bobos, me resultan cargantes. Claro que hay excepciones: como por ejemplo la maravillosa Cantando bajo la lluvia, West side story, Cabaret, y alguno más… Y The Blues Brothers, titulada en España absurdamente como Granujas a todo ritmo.
En esta comedia musical de John Landis de 1980, Dan Ackroyd, rostro conocidísimo de la comedia americana de los ochenta y noventa empezó aquí, delgadísimo para como se puso después, dando vida a Elwood Blues, que acude a la prisión del Estado a recoger al malogrado John Belushi, Jake Blues, su hermano, y alma máter de los Blues Brothers. Una ‘misión de Dios’ les lleva a visitar el antiguo orfanato en el que se criaron, que necesita 5.000 dólares para no ser cerrado por impago de impuestos municipales.
Tras hablar con la madre superiora y contemplar la luz divina de su misión en un oratorio gospel dirigido por James Brown, deciden que la manera de recaudar el dinero que las monjas necesitan es recuperar su antigua banda de blues y dar un concierto que recaude 5.000 dólares. Pero los antiguos miembros de la banda tienen otras ocupaciones: Murph, el pianista, ha formado Murph and the MagicTones, un grupo de bar de hotel (que por cierto, ha actuado en Zaragoza algunas veces en las Fiestas del Pilar, en el escenario de las Muralllas). El trompeta del grupo es el maître de un restaurante carísimo cuyo despido tienen que forzar, volviendo locos a los camareros y a los clientes, para que regrese a la banda. El guitarrista y el saxo trabajan en un bar de comidas cuya dueña es nada menos que Aretha Franklin, que antes de que ambos se marchen y la dejen sola, les dice: pensadlo, Think.



Finalmente, el grupo se reúne nuevamente, y deben adquirir nuevos instrumentos. Para ello acuden a la tienda que regenta, ¡Ray Charles!, y claro, para escoger hace falta ver cuáles suenan mejor, y para ello, qué mejor que arrancarse con Shake a tail feather (por cierto, Murph es el tipo de los pantalones rojos).

Por fin encontrarán donde tocar y recaudar el dinero, pero, perseguidos por la policía y por un estrafalario partido nazi, Los nazis de Illinois (creación basada en un auténtico partido nazi con cierta implantación en la zona) con el que han tenido algunos encontronazos durante la película, llegan tarde a su propio concierto, y Cab Calloway debe entretener al público con el clasicazo Minnie the moocher.

Los 5.000 dólares que recaudan han de ser entregados en un tiempo límite. Toda la policía del Estado, la policía de Chicago, la Guardia Nacional, los Marines, los SWAT y el Ejército les persiguen, pero consiguen llegar a tiempo antes de ser detenidos (en un final memorable y en el que aparecen más policías por metro cuadrado que en ninguna otra película de todos los tiempos) y pagar el dinero en mano al funcionario municipal justo antes de irse a almorzar. El funcionario es nada menos que, Steven Spielberg, irreconocible, jovencísimo, sin barba y con cara de pardillo.
Un musical fantástico y vibrante, repleto de ritmo, con canciones, aparte de las mencionadas, como Rawhide o Sweet home Chicago, persecuciones y humor, con intervenciones del bluesman John Lee Hooker, John Candy o Carrie Fisher, con canciones absolutamente clásicas, que deja muy buen rollo en el cuerpo y que dio lugar hace pocos años a una segunda parte lamentable, de nuevo con Ackroyd y con John Goodman y con músicos como Eric Clapton. John Belushi murió poco después de rodar The Blues Brothers.
Con todo, el mejor homenaje a este desaparecido actor y al mismo tiempo el momento más recordado de la película, es este, como ellos mismos dicen, dedicada a Wilson Pickett.

9 comentarios sobre “Música para una banda sonora vital – The blues brothers

  1. Gracias por tu comentario, Luisa. Este musical te pone las pilas y te deja con un ánimo estupendo. Además, pese a no tener la reputación de los clásicos, porque no tiene grandes coreografías, ni números espectaculares. Es más bien cutre. Pero lo que es grande de verdad, lo es cuando crea escuela, y en este caso, lo que ha quedado es la estética: traje negro, corbata negra, gafas negras, camisa y calcetines blancos: Reservoir Dogs.

  2. Querido 39 escalones:
    Sabes que yo viví dos años en el estado de Illinois. Exactamente en Champaign-Urbana. Solía ir de vez en cuando a Chicago, una ciudad realmente preciosa. Vaya,vaya,vaya, yo este dato que aportas no lo conocía. Haz favor de cambiar turno y aparecer el día del bloggellon y me amplias la información.
    Besos,

    Marta

  3. Vaya, Chicago. No tenía idea de que fuera una ciudad preciosa, sobre todo porque, cinematográficamente hablando, suele mostrarse su lado menos amable. En esta película, al menos, vemos algo de la ‘zona noble’ de la ciudad.
    En cuanto al blogellon, estamos en ello. Intentaremos arreglarlo. Besos.

  4. Pues aunque te parezca extraño, Chicago es una ciudad de las más seguras de los EEUU. Es cierto que durante unos años fue muy peligrosa y el cine ha dado buena cuenta de ello. Pero te contaré una cosa. Cuando yo viví en Illinoi, el alcalde de Chicago era Mayor Washington. Este hombre formó parte de las Brigadas Internacionales en España. Era un hombre negro, grande y con mucha personalidad. A mí me caía bien, bastante.
    Vale, lo dejó ya que me enrollo mucho. Ya te lo contaré.
    Kisses

  5. No me refería tanto a la mala imagen de Chicago, el crimen organizado, los dorados años 20, etc. Más bien por el aspecto de fealdad de lo que se ve en determinadas películas o series de televisión, como “Canción triste de Hill Street”, por ejemplo.
    Creo haber visto a M. Washington por ahí en alguna ocasión; creo que he leído algo sobre él a raíz de ex-brigadistas condenados por el maccarthysmo en los cincuenta.
    Ya me contarás cosas de Chicago. ¿No habras estado por casualidad en Jolliet, Illinois? Besos.

  6. esta película es una gozada, cualquier género hecho con habilidad resulta bueno o incluso genial, aunque no sé si es siempre cierto que lo grande crea escuela, dado que muchas veces los “alumnos” en vez de ser aventajados lo que hacen es devaluar el camino creado por el maestro, y pienso a grandes rasgos en Sergio Leone y la legión de spaghetti westerns que derivaron en casi no tiene nombre, hasta extinguir la fórmula… A mí me parece que por ejemplo gente de la talla de Bresson, Ozu o Dreyer parece que no tienen sucesores de su altura, o yo no los conozco. Creo que lo que se imita, copia, en realidad es lo que se ve que tiene éxito, tenga más mérito o no lo tenga, pero que bastantes cosas que son de gran mérito pero no tienen éxito en sociedad. Creo, Alfredo, que además si algo es grande de verdad, auténtico, esa grandeza y autenticidad no puede ser imitada sin que se revele el fraude, que lo grande de verdad fluye radicalmente, originalmente, desde el interior del creador. Un saludo.

    1. Efectivamente lo que se copia es lo que vende, independientemente de su calidad. Fíjate por ejemplo en cualquier manta en la que se vendan discos: no creo que encuentres en él nada que no se escuche en los 40 criminales…
      Más saludos.

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