Cine para soñar – La torre de los siete jorobados

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La primera película española recogida en este blog tenía que ser algo especial. Por ello comenzamos por La torre de los siete jorobados, de Edgar Neville.
En la dura España de los años 40 el cine es un instrumento propagandístico del régimen franquista en el que sólo caben sainetes o comedietas de corte folclórico (coplas de ambiente andaluz, zarzuelas), retratos historicistas que promuevan los valores triunfantes en la guerra, y cintas que adoctrinen sobre la base del nacionalcatolicismo cerril.
Por eso, entre otras cosas, resulta tan llamativa esta película de Edgar Neville, cuyas preferencias e inquietudes eran diametralmente opuestos al cine que se pretendía promover dsde el régimen. Basada en una novela de Emilio Carrere publicada en 1924, todo un hito de la novela por entregas y auténtica cumbre del género fantástico en España y cuya gestación daría para escribir a su vez otra novela e incluso para filmar otra película, la cinta se estrenó con más pena que gloria en 1944, y no ha sido hasta su recuperación por generaciones posteriores cuando ha alcanzado su merecido reconocimiento como film de culto.

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La película resulta una curiosa mezcla entre casticismo, expresionismo alemán y las películas de crímenes o de género negro que tanto éxito tenían en Estados Unidos y que Neville conocía tan bien por haber sido desempeñado labores diplomáticas en ese país, donde frecuentó los ambientes hollywoodenses.
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Basilio es un joven muy supersticioso, enamorado locamente de Inés, una joven que vive en una vieja casona del Madrid más castizo. Pero la vida de Basilio sufre un shock cuando se le aparece el espectro del profesor Robinsón de Mantua, momento a partir del cual se dispara una original trama de misterio, conspiraciones, sociedades secretas compuestas por individuos jorobados, extraños mensajes escritos en asirio en las paredes, venganzas del más allá, ciudades enteras ocultas en el subsuelo, todo ello revestido por un ambiente folclórico y castizo más propio de la época mezclado con unos efectos especiales muy precarios pero efectivos y una escenografía nunca vista entonces en España.
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La magnífica puesta en escena, las luces y sombras, el ambiente onírico, las formas oscuras y alargadas propias del expresionismo alemán, tienen su punto de ebullición en un final impensable en el cine español de aquella época, apoteósico, que es el mejor colofón para una película absolutamente original en nuestra cinematografía, considerado el pistoletazo de salida del género fantástico en nuestro país.
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Edgar Neville es todo un personaje en la cinematografía española. A pesar de su nombre extranjero, nació en Madrid en 1899 en el seno de una familia aristocrática. Director y escritor, siempre mantuvo paralelamente a sus estudios universitarios la costumbre de frecuentar y participar en el ambiente intelectual de la época, costumbre que continuó desde su ingreso en 1922 en el cuerpo diplomático español. También alternó su actividad en esta carrera con la literatura, a la que empezó a dedicarse escribiendo crónicas de la guerra de Marruecos. Tras colaborar en varias publicaciones, comenzó a escribir relatos (Eva y Adán – 1926) e incluso una novela, Clorato de Potasa (1929). En Los Ángeles, donde vivió en calidad de cónsul, es donde le pica el gusanillo del cine; eran los comienzos del sonoro y Hollywood solía hacer versiones en español de sus películas para el mercado hispanohablante; aprovechando su experiencia como escritor y habiendo además estrenado una pequeña obra de teatro, Neville trabajó hacia el año 1930 como dialoguista en varias de estas películas, como El presidio (cuya versión americana era The Big House) y La fruta amarga (versión de Maid and Bill).

fot02.gif Edgar Neville junto a Charles Chaplin

De vuelta en España, se encuentra con una cinematografía en situación muy precaria desde el punto de vista industrial; no conseguirá dirigir un largometraje hasta 1935. Se trata de El malvado Carabel, una adaptación de Wenceslao Fernández Flórez que fue un éxito comercial, a pesar de ciertas desavenencias entre él y los productores. Enseguida lleva a cabo su segunda película, La señorita de Trévelez, curiosamente basada en la misma obra en la que veinte años después se inspiró Calle Mayor de Juan Antonio Bardem, un título clave del cine español de los 50. La guerra civil da un giro a la carrera de Neville; alineado con el sector “nacional”, lleva a cabo documentales de propaganda durante la contienda. Sin embargo, en la postguerra no cede a las exigencias de la industria cinematográfica de la época y se mantiene apartado de las películas folclóricas y las revisiones históricas de orientación franquista, un tipo de cine muy opuesto a sus preferencias estéticas y narrativas. Es en este momento de absoluta oposición a las directrices estéticas y narrativas que pretende propagar el régimen cuando concibe y rueda La torre de los siete jorobados, película rarísima en nuestra cinematografía, entre el film de culto y la curiosidad, entre la película de intriga y el sainete costumbrista, pero desde luego, muy alejada de los parámetros propagandísticos y simplistas del cine español de la época.

Para profundizar en la historia de cómo se creó la novela firmada por Emilio Carrere y la adaptación de Edgar Neville a la pantalla, nada mejor que visitar este enlace, donde puede leerse el estudio elaborado por Lenina M. Méndez, de lectura muy recomendable.
http://www.ucm.es/info/especulo/numero21/jorobado.html

15 comentarios sobre “Cine para soñar – La torre de los siete jorobados

  1. A mí me pareció una película genial. Con una imaginación impensable para la época. Mi madre, que adora el cine, dice que el Neville en otro lugar y otros años hubiera triunfado muchooo.
    Hace varios años coincidimos con Bardem en la Plaza Salamero. Nos tomamos un vino con él y yo le dije lo mucho que me entristecía “Calle Mayor”. Me miró, me sonrió y me dijo. Si supieras lo mucho que a mí y a mis amigos nos entristecía vivir en España. No lo olvidaré. Era un hombre tierno y simpático, muy simpático
    ay,ay,ay, qué cosas me vienen a la cabeza.

    PD: ¿Cuándo vas hablar de los 39 escalones?

  2. ¡Qué anécdota más buena!¡Qué envidia me das! Yo de los Bardem, sólo he visto a Pilar y a Javier una vez, y no les dije nada ¡Qué gran película “Calle Mayor”!¡Qué gran tipo don J. A. Bardem! Hasta le perdono que hiciera una peli con Mar Flores.
    Debes de leerme el pensamiento. Lo de los “39 escalones” se está cociendo y saldrá cualquier día de éstos, probablemente la semana que viene. Volví a verla el viernes para puntualizar alguna cosilla que tenía por ahí suelta.
    Besos.

  3. Peliculón, con todas las letras. Un gozo absoluto y un film extraño, atípico y cuya mezcla de casticismo, intriga criminal y expresionismo alemán dan como resultado algo único y digno de verse. Y es que en España, que yo sepa, nadie se ha atrevido a seguir la senda de lo sobrenatural y/o fantástico. Y si es así y, por tanto, me equivoco, házmelo saber.
    Los pasadizos, ¿sabes a qué me recuerdan?: a ésos otros que aparecen en el díptico de Fritz Lang, de vuelta a su país (El tigre de Esnapur y La tumba india). Qué manera la mía de enlazar unas películas con otras, jejeje.
    En cualquier caso, un film que debería tener mayor repercusión (como tantos otros de nuestra filmografía), que demuestra que su nula fama es inversamente proporcional a este cainismo nuestro.

    Un abrazo.

    1. He preparado un artículo sobre la película, más extenso, para una publicación (si sale), en el que entro en más detalles que conectan la película con el expresionismo alemán de los años treinta. En particular, el director que Neville emplea es un alemán cuya carrera se desarrolló inicialmente en la UFA, en los tiempos de Lang y sus Mabuses y vampiros. También existen notables diferencias entre la película y la novela de Carrere en que se basa, que a su vez es un raro producto editorial del tipo pastiche, elaborado a seis manos… En fin.

      Pues cine fantástico y sobrenatural… Sus cositas sí que hay, empezando por la célebre “Madrid en el año 2000”, de 1925. Normalmente mezclado/confundido con el terror, aunque no siempre, y por lo común en los márgenes de la serie B. Claro que su eclosión viene a partir de Jesús Franco y los años sesenta, gente como Javier Setó o Armando de Ossorio…

      La película es irregular pero deliciosa, y aunque ni siquiera el propio Neville la valoraba en exceso, el tiempo ha ido en su favor.

      Besos

  4. Qué interesante. ¿Cómo se llama ese director? Esto parece como el ovillo de Ariadna, pero en sentido inverso, jeje.
    “Madrid en el año 2001″… te juro que no me suena de nada, pero apuntada queda. He de reconocer que desconozco completamente la etapa muda del cine español. Para mí es un expediente X y he de ponerle remedio.
    Pues será irregular y Neville no la tendría en gran estima, pero yo la he disfrutado muchísimo. Si algo realmente negativo tiene, para mí, es la sosísima interpretación de su protagonista.

    Una curiosidad: ¿qué te ha parecido la película Los flamencos? Porque seguro que la has visto. A mí me encanta y el actor, prácticamente desconocido para esta servidora, lo borda.

    Un beso.

  5. Es que Kubrick es como Dios, y está en todas partes…

    Creo que su director era Manuel Noriega, pero te hablo de memoria, y no siempre es buena. Teniendo en cuenta, de todas formas, que se ha perdido el noventa por ciento del cine mudo español, ponerse al día tampoco lleva mucho.

    El protagonista, soso de por sí, debía ser todavía más soso. Esa es una de las diferencias con la novela, cuyo protagonista no solo es un seductor nato, una especie de playboy, sino que además mantiene una relación más o menos estable con una prostituta.

    Los flamencos… Uf, la vi hace muuuuucho. No guardo ningún recuerdo especial de ella, algo que me llamara mucho la atención. A Julián Mateos sí lo recuerdo, era una presencia habitual tanto en coproducciones de género, con Italia o con EE.UU., sobre todo westerns y bélicos, pero también en películas embrionarias del llamado Nuevo Cine español, tipo Young Sánchez, la primera o unas de las primeras películas de Mario Camus.

    Besos

  6. Jajaja, y tanto…

    La película que has citado, “Madrid en el año 2000”, acabo de leer que Carlos Aguilar, en su guía, apunta que se adelanta, ¡nada menos!, que al Metrópolis de Lang. He de verla cuanto antes. ¿Habrá algún otro libro, o artículo, que comente esto? Tengo mis dudas.

    Del cine mudo español sólo me suena un título, de un tal Florián Rey, “La aldea maldita”, del que haría un remake dos décadas más tarde y que todavía no he conseguido ver ninguna de las dos. La tarea se ne acumula…

    ¡Besos!

    1. Yo creo que la película está perdida, pero hay unos cuantos artículos y textos sobre lo que debió ser (no le haría yo mucho caso a Carlos Aguilar, de todas formas).

      ¿Cómo que “un tal Florián Rey”? Florián Rey (nombre “artístico” de Antonio Martínez del Castillo, aragonés de La Almunia de Doña Godina) es uno de los cineastas españoles más importantes de la primera mitad del siglo XX, si no el que más, y, aunque está encasillado en esa corriente de cine popular folclorista y, poco después, de ensalzamiento del régimen, estéticamente es permeable a las más importantes influencias estéticas presentes en el cine de su época, nacional e internacional. La temática de su cine y su coincidencia en el tiempo con la “españolada” y el cine franquista le dejan a veces al margen de las reseñas y semblanzas actuales de lo que ha sido el cine español, es más, se lo suele considerar de manera despectiva o desdeñosa, pero es uno de los cineastas más grandes de la filmografía española. Hasta tal punto, que La niña de tus ojos, de Trueba, se basa en la experiencia de rodajes suyos en Alemania con Imperio Argentina tanto como en experiencias de otro olvidado director, Benito Perojo.

      Besos

  7. Pérdoname, Alfredo. Es lo que tiene el desconocimiento, por mi parte, que me hace decir, precisamente, cosas como las que he dicho. No era mi intención rebajar a ese cineasta (me siento desolada). Nuevamente he de agradecerte a tí por arrojarme luz sobre figuras del cine español más desconocido para mí.
    Y millones de gracias por ilustrarme. Si todo el mundo fuese como tú el panorama cultural sería muy distinto.

    Un abrazo enorme.

    1. Jejeje, que no, que no es una bronca, ¿eh? Yo creía que era más conocido, en particular entre la gente que sabe, como tú. Tal vez por ser aragonés, yo lo he escuchado toda la vida. Pero además, en escritos, programas, ciclos, etc., de cine español, es tan ineludible que yo creía que era más del dominio común.

      Un beso

  8. Vas a decir que soy una tonta pero me he emocionado por ser tan ignorante en esa época concreta de nuestro cine. Creéme, no sé tanto. Eres tú el que me estimula a buscar e indagar más (aunque una ya, de por sí, sea una apasionada cinéfila).

    Miles de besos.

  9. Un momento tonto el mío. Al menos todo esto ha servido para aprender cosas nuevas, y mucho mejor si las aprendo de ti.

    Besos y gracias, de nuevo, por todo.

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