Revolución en Portugal – Capitanes de Abril

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Dicen que la que acabó con la dictadura más antigua de Europa fue la última revolución romántica. Yo no vivía por aquel entonces, sólo soy un jovenzano nacido en la era de la democracia (llamémosla así), pero he visto fotografías e imágenes de noticiero: 25 de abril, la gente abarrotando las calles, los soldados a horcajadas en los cañones de los blindados, besos y abrazos con los ciudadanos, aplausos ante la llegada de vehículos militares, y el rojo, un rojo intenso, un rojo de libertad, salpicando de claveles el triste caqui marcial.
Cuando vi Capitanes de abril, coproducción hispano-luso-franco-italiana dirigida por Maria de Medeiros, sin ser una gran película, ni siquiera una buena película por falta de actuaciones convincentes, de ritmo, y con diálogos artificiosos, sí me trasladó a aquellos días, al nerviosismo por la incertidumbre, a la emoción por la victoria, a la inquietud por los soldados que luchaban y morían en Angola o Mozambique para preservar un régimen colonial caduco. Pero sobre todo, la película es un ejercicio honesto, de esperanza, de optimismo, y con una recreación temporal magnífica.

En España es habitual cierta actitud soberbia para con nuestros vecinos del oeste, de manera harto incomprensible, dada la facilidad que podríamos tener en identificarnos con ese país y con ciertas notas predominantes en el carácter de ambos pueblos: tendencia a la chapuza, improvisación por encima de planificación, la alegría espontánea, el desarrollado sentido de la tragedia y de la comedia, etc.
La película alterna la historia colectiva, el movimiento revolucionario general de militares y ciudadanos en pro del derrocamiento de la dictadura dentro del más claro estilo de cine político, con pequeñas historietas particulares de personajes reales e inventados como elementos dramáticos, y en las que tienen cabida momentos emotivos, trágicos e incluso cómicos, que la acercan más a la farsa. Sin embargo, es una cinta manifiestamente ecuánime: ni los revolucionarios son presentados como ángeles salvadores ni los defensores y partidarios de la dictadura son ridiculizados o tildados de criminales ni son recreados de forma especialmente negativa. Contribuyen a ello unas interpretaciones deficientes, empezando por la de la propia Maria de Medeiros (espantoso el doblaje de la película al castellano, la doblan con acento portugués, o sea, portuguesa, en Portugal, y que habla como una extranjera, fatal), y continuando por Frederic Pierrot, Manuel Manquiña, Stefano Accorsi, Fele Martínez o Joaquim de Almeida. En ningún momento convencen sus personajes, sus diálogos son excesivamente forzados, demasiado literarios, y los momentos de comicidad no están muy logrados ni muy bien colocados.
Entre lo positivo de la película, la magnífica recreación histórica, algunas imágenes de una plástica bellísima, y algunos ecos de épica en el retrato de los militares sublevados y sus peripecias en la búsqueda del triunfo —los oficiales revolucionarios cantando Grândola vila morena en la sala de banderas, la liberación de los presos políticos, las escenas en que el pueblo de Lisboa aplaude y vitorea a los soldados, el cañón de un tanque irrumpiendo en las estrechas calles lisboetas…—, que además elevan la temperatura emotiva y llegan a conmover, porque con la cerrada voluntad de los revolucionarios de buscar el triunfo se mezclan las dudas, las incertidumbres, el temor al fracaso, y la explosión victoriosa final, toda una eclosión de color y emociones sin llegar al patrioterismo barato ni a la demagogia nacionalista.
La película es, en resumen, el retrato de unos héroes humanos, muy alejados de los estereotipos de guaperas musculosos y llenos de recursos asesinos que suele plantear el cine americano, y la narración de unos hechos que, una vez más para tragarnos el orgullo hispánico, nuestros vecinos fueron capaces de protagonizar, mientras en España dejamos morir a los dictadores en la cama.
Nosotros no tenemos un 25 de abril del que orgullecernos. Más bien casi tenemos lo contrario: se dice que el Departamento de Estado norteamericano tenía ya comprada la voluntad del búnker franquista para la invasión de Portugal si el nuevo gobierno que surgía de la Revolución se declaraba marxista, con los debidos apoyos tecnológicos, armamentísticos y económicos, y con Europa mirando hacia otro lado como suele hacer cuando en Iberia salen los palos a relucir. Estados Unidos no podía permitir tener submarinos nucleares soviéticos en las Azores. Afortunadamente, eso nunca ocurrió.
Una película como esta sería un inmejorable acercamiento a nuestros queridos vecinos, una forma de ver que nos parecemos tanto, tanto, que si les rechazamos o los definimos con tontos prejuicios, además de demostrar nuestra absoluta ignorancia y estupidez, estaremos insultándonos a nosotros mismos.

6 comentarios sobre “Revolución en Portugal – Capitanes de Abril

  1. Sabes, la primera vez que vi esta película me sonrojé y todo de lo mala que me pareció. Fue en el cine. Me pareció que había perdido la tarde. Después, al cabo de unos años la volví a ver en la televisión y aunque seguí viendo muchos fallos me lo pase en grande. Me encanto. Me pareció tan tierna y con algunas escenas tan bellas que sentí no haberla grabado.
    Portugal debe ser un país bellísimo que, por cierto, no conozco y nosotros unos tontarras con ellos. Somos unos impresentables con nuestros vecinos.
    No voy hablar de la canción de José Afonso. No voy a hablar porque me la voy a poner ahora mismito.
    Kisses,

  2. En Portugal como es lógico fue una película que creó una tremenda expectación, y que por lo que yo sé defraudó enormemente. Yo también esperaba bastante de ella, y efectivamente, en parte por aspectos que ya has comentado no cumplió las expectativas que tenía en ella.
    Claro está, cuando en la película suena el Grandola vila morena se me pusieron los pelos del cuerpo de picos pardos, que dicen los Gomaespuma.
    Portugal hizo una transición a la democracia mucho más honorable que la española, porque la revolución de los claveles fue un capítulo que suponía la condena de la dictadura y la ruptura total con ella, mientras que en España como sabemos se llegó a la legitimidad democrática partiendo de instituciones franquistas ilegítimas.
    saludos

  3. Efectivamente Nómadas, una cosa mala mala, pero si te sientas delante sin esperar nada en concreto, puedes encontrar cosillas interesantes, e incluso puedes reírte (el gag de los homosexuales en el coche, por ejemplo).
    Con Portugal nos hemos portado fatal, cuando nos hemos vuelto hacia ellos ha sido para quitarles algo o para que nos voten en ese invento infame que es Eurovisión. Estamos muy en deuda con ellos.
    Besos

  4. Estoy de acuerdo, Valentín, en que nuestra democracia llegó de manera menos honorable y popular que la portuguesa. Si en Francia hubiera ocurrido lo mismo lo hubiéramos tomado como modelo sin dudarlo, pero al ser Portugal… no podíamos tomar como ejemplo un país en vías de desarrollo. Los que pensamos que la Transición fue modélica en algún aspecto y un camelo en muchos otros, sentimos por defecto una gran envidia por lo que allí pasó.
    Un abrazo

  5. Sin lugar a duda,fue la mejor forma de pasar de una dictadura a una democracia y es envidiable para todo español;yo nací en Portugal y con días de vida me trajeron a España me siento mas española que portuguesa pero estoy muy orgullosa de como mi país natal llevo esa situación,deberíamos tener una relación mas llevadera con nuestro país hermano y lo digo por que esta situación me afecta en primera persona.Es una película muy significativa y lo mas bonito de ella es que fue rodada por actores españoles que hablan de una historia portuguesa,hagamos todos por llevar una relación bonita con nuestro país vecino.Un abrazo

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