Cine para soñar – La torre de los siete jorobados

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La primera película española recogida en este blog tenía que ser algo especial. Por ello comenzamos por La torre de los siete jorobados, de Edgar Neville.
En la dura España de los años 40 el cine es un instrumento propagandístico del régimen franquista en el que sólo caben sainetes o comedietas de corte folclórico (coplas de ambiente andaluz, zarzuelas), retratos historicistas que promuevan los valores triunfantes en la guerra, y cintas que adoctrinen sobre la base del nacionalcatolicismo cerril.
Por eso, entre otras cosas, resulta tan llamativa esta película de Edgar Neville, cuyas preferencias e inquietudes eran diametralmente opuestos al cine que se pretendía promover dsde el régimen. Basada en una novela de Emilio Carrere publicada en 1924, todo un hito de la novela por entregas y auténtica cumbre del género fantástico en España y cuya gestación daría para escribir a su vez otra novela e incluso para filmar otra película, la cinta se estrenó con más pena que gloria en 1944, y no ha sido hasta su recuperación por generaciones posteriores cuando ha alcanzado su merecido reconocimiento como film de culto.
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Día de Aragón y Día del Libro – Manuscrito encontrado en Zaragoza

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El noble polaco Jan Potocki, viajero incansable dedicado a sus funciones diplomáticas y que recorrió el mundo de parte a parte, incluidas China, India, Turquía o España, escribió este exponente de la literatura fantástica, mezcla inusual de romanticismo, pensamiento ilustrado, y atracción por lo esotérico: un oficial del ejército de Napoleón descubre en las ruinas de Zaragoza tras el famoso Sitio un manuscrito que contiene cuentos y narraciones de oscuro origen.
En realidad, es un conjunto de historias que suelen tener como denominador común lo sobrenatural, lo mágico, incluso lo macabro, el ocultismo, la tradición cabalística y las leyendas de brujas y hechiceros, siendo un precursor directo de la novela gótica y las historias de terror del siglo XIX.
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Música para una banda sonora vital – The Committments

Según una de esas múltiples e inútiles listas de las mejores canciones jamás compuestas, ésta es una de ellas: A whiter shade of pale (Con su blanca palidez), del grupo Procol Harum, tan célebre por esta canción, que sus componentes (que aparecen en el vídeo ya algo talluditos) acaban de zurrarse la badana en los tribunales a fin de ver quién tenía más derecho a cobrar más royalties. Eso no le quita ni una pizca de valor a esta maravillosa composición, cuya melodía tan tarareable es parte de una suite de Johann Sebastian Bach, y eso se nota. Precisamente, alguien dijo una vez que era la melodía de órgano más impresionante desde Bach. Se puede discutir, pero en todo caso sería no desde, sino de Bach.
Aparece en multitud de películas, mencionar cuántas y cuáles sería ocioso. Por citar dos, El cielo y la tierra, de Oliver Stone, y la escena con la que vamos a quedarnos, de The Committments, dirigida por Alan Parker en 1981.
Jimmy decide crear el grupo de soul que lleve este tipo de música a Irlanda. Con ese fin, y con la ayuda de dos compañeros músicos, buscan componentes para la banda: “¿Tienes soul? Si es así, la Banda más trabajadora del mundo te está buscando”. El grupo morirá de éxito nada más nacer, pero en la vida real, estos chicos grabaron varios discos, y el solista del grupo inició una carrera en solitario.
En la escena que ilustra esta canción, uno de los chicos del grupo, el que toca los teclados, ensaya en la iglesia donde asiste en los oficios. ¿Y qué usa para ensayar? El enorme órgano de tubos de plomo, por el que suena envolvente, A whiter shade of pale
En esta ocasión, por primera y única vez, la música va con dedicatoria incorporada. Es para una persona muy especial que tras mucho esfuerzo y duro trabajo está cerca de alcanzar el objetivo que sin duda merece. Con todo el cariño y nuestros mejores deseos, esta melodía inmortal es para ti.

La tienda de los horrores – Matrix

En este nuevo apartado vamos a señalar con el dedo lo más patético, las películas que jamás debieron rodarse, los proyectos que debieron ser arrojados a la papelera más próxima, a las actrices y actores que mejor hubieran hecho si se hubieran dedicado a cualquier otra cosa. Pero no hablamos de freaks, sino de cosas consideradas cine, incluso reconocidas por el público y/o la crítica, y que sin embargo, debieron ser quemadas en su momento. Todo ello, desde el más escrupuloso respeto a los gustos de cada uno, intentando alentar el intercambio de comentarios y opiniones, y siempre desde la perspectiva del humor y la ironía. Avisamos para que nadie, cuando encuentre su película favorita, su actor o actriz adorados, incluidos en este catálogo de la infamia, se rasgue las vestiduras. Sólo son propuestas, no dogmas de fe. Pero empezamos fuerte.
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Diálogos de celuloide – Agárralo como puedas

– ¿Qué le parece si salimos a cenar? Sé de un buen restaurante donde sirven una estupenda comida vikinga.

– ¡Oh, no! Es mejor que me vaya pronto a casa y descansar, siendo mañana el día del árbol…

– Ahora estaba pensando en béisbol (¿…?)

– ¿Qué tal un aplazamiento?

– No, mejor que sea una cena.

The naked gun (Agárralo como puedas). David Zucker – 1988

Cine para pensar – En el nombre del padre

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En las décadas de los sesenta y setenta proliferaron en Europa una serie de grupos terroristas de diversa índole cuyos planteamientos ideológicos iban desde el nacionalismo localista hasta las más diversas corrientes de la extrema izquierda, cuando no mezclaban ambos tipos de argumentos en las causas que pretendían reivindicar mediante sus actos criminales. Muchos de estos grupos desaparecieron por su propia debilidad interna, por la insuficiencia del número de sus militantes o por las formas ilegales que, desde el Estado, se utilizaban para combatirlos. Otros, subsisten hasta hoy convertidos en un grupo mafioso que extorsiona, chantajea y comercia con armas, droga o cualquier cosa que permita vivir holgadamente a quienes los dirigen. Hay otros grupos, en concreto el IRA, que si bien consolidaron mucho antes su actividad también incrementaron notablemente su escalada de atentados durante esta época. En este caso no era sino una nueva forma de enfrentarse al secular conflicto, tan antiguo como la propia monarquía inglesa, que suponía la ocupación británica de la isla de Irlanda. Hoy, todos en Irlanda (esperemos, definitivamente) han comprendido que el camino está cerrado por el lado de la violencia y se esfuerzan por abrirse paso dentro de la legalidad y el cumplimiento de la ley. Pero no hace mucho, nada de eso era así.
En aquellas décadas, como respuesta a este fenómeno creciente, surgido, como una corriente atrofiada, de las crisis económicas de aquellos años y de las protestas sociales del 68, muchos Estados europeos idearon auténticas aberraciones jurídicas llamadas en general con el apelativo de leyes especiales contra el terrorismo. Reino Unido, Francia, Italia o Alemania aprobaron leyes, del tipo que pretenden aprobar o han aprobado recientemente incluso Reino Unido y Estados Unidos, en las cuales, en aras de la protección contra el terrorismo, se permitían actos de dudosa legalidad en una democracia, tales como la anulación absoluta de cualquier mínimo de derechos básicos para quienes eran investigados y arrestados en acogimiento a las mencionadas leyes. Entre los actos que sin ningún tipo de control judicial permitían aquellas leyes hablamos de registros, de escuchas telefónicas, de grabación de conversaciones, de seguimientos, de toma de fotografías, de investigaciones en los lugares de trabajo, la apertura de correo privado, las detenciones preventivas y los interrogatorios sin presencia de abogados. Es decir, el mismo grado de paranoia y de histeria que posibilita actualmente a individuos como Bush utilizar la excusa del terrorismo para acrecentar el control absoluto sobre los gustos, costumbres, opiniones, manifestaciones, prácticas y deseos de sus ciudadanos, mientras él carece del más mínimo control y escapa a cualquier límite de legalidad y decencia. Es decir, en aquel entonces, una Europa repleta de pequeños Guantánamos.
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Música para una banda sonora vital – The blues brothers

He de reconocer que tengo prejuicios contra los musicales. Los que no me parecen bobos, me resultan cargantes. Claro que hay excepciones: como por ejemplo la maravillosa Cantando bajo la lluvia, West side story, Cabaret, y alguno más… Y The Blues Brothers, titulada en España absurdamente como Granujas a todo ritmo.
En esta comedia musical de John Landis de 1980, Dan Ackroyd, rostro conocidísimo de la comedia americana de los ochenta y noventa empezó aquí, delgadísimo para como se puso después, dando vida a Elwood Blues, que acude a la prisión del Estado a recoger al malogrado John Belushi, Jake Blues, su hermano, y alma máter de los Blues Brothers. Una ‘misión de Dios’ les lleva a visitar el antiguo orfanato en el que se criaron, que necesita 5.000 dólares para no ser cerrado por impago de impuestos municipales.
Tras hablar con la madre superiora y contemplar la luz divina de su misión en un oratorio gospel dirigido por James Brown, deciden que la manera de recaudar el dinero que las monjas necesitan es recuperar su antigua banda de blues y dar un concierto que recaude 5.000 dólares. Pero los antiguos miembros de la banda tienen otras ocupaciones: Murph, el pianista, ha formado Murph and the MagicTones, un grupo de bar de hotel (que por cierto, ha actuado en Zaragoza algunas veces en las Fiestas del Pilar, en el escenario de las Muralllas). El trompeta del grupo es el maître de un restaurante carísimo cuyo despido tienen que forzar, volviendo locos a los camareros y a los clientes, para que regrese a la banda. El guitarrista y el saxo trabajan en un bar de comidas cuya dueña es nada menos que Aretha Franklin, que antes de que ambos se marchen y la dejen sola, les dice: pensadlo, Think.


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Edward Hopper: el pintor del cine

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Sin duda es Edward Hopper uno de los pintores que más han influido en el cine moderno, hasta el punto de que muchos de los encuadres, planos y secuencias de un sinnúmero de directores, desde los más consagrados a los principiantes o a los más inexpertos, han bebido de sus fantásticas imágenes de lugares despoblados, mujeres solitarias, luminosos faros en la costa, surtidores de gasolineras en carreteras no frecuentadas o puentes brumosos. Muchos de sus cuadros son casi encuadres perfectos o una plena composición de plano cinematográfico. ¿A alguien le suena esta casa?
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