Underground, de Emir Kusturica

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“Una guerra no es una guerra hasta que el hermano mata al hermano”.

Tras la Primera Guerra Mundial, Francia e Italia estaban interesadísimas en que no se reconstruyera el Imperio Austro-Húngaro (tan grato para Luis G. Berlanga), y al mismo tiempo toda Europa sentía miedo de que, de pervivir el mapa político de los Balcanes que, en buena medida, había sido el causante de la conflagración mundial, la historia no tardara mucho tiempo en repetirse (como así fue de todos modos, y agravada, aunque por otras causas). Georges Clemenceau, el ‘Tigre’, Presidente de la República Francesa, apoyado por Orlando, el Presidente italiano, tuvo la ‘genial’ idea de crear un nuevo Estado donde tuvieran cabida todas esas naciones liberadas del hundimiento del Imperio Otomano que conservaban a duras penas su independencia ante la avaricia de Austria o Rusia, pensando en que un Estado fuerte y unido podría hacer frente mejor a esas amenazas, e incluso servir como un potente aliado a occidente en la zona. Así nació Yugoslavia en 1918, como la casa de todos los eslavos (a los cientos de miles que no lo eran, nadie les preguntó), y se puso la semilla de uno de los conflictos más enquistados y crueles de los últimos años.
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Alfred Hitchcock presenta – Sus mujeres favoritas…

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Me gusta pensar que, al contrario de lo que opina la mayoría de la gente, el cine de Hitchcock no trata del suspense, ni de asesinatos, ni de terror, ni de emociones relacionadas con la intriga y el peligro, sino que su naturaleza es mucho más profunda, y que las emociones de las que trata tienen sobre todo que ver con el ‘bello sexo’, no sólo porque las mujeres son piezas fundamentales de todas sus obras, sino también porque las mujeres que retrata en sus películas dicen mucho, muchísimo, de él, hasta el punto de que a lo largo de su dilatada carrera encontramos nexos comunes entre los diferentes pesonajes femeninos que van apareciendo en cada película y mujeres reales que transitaron a lo largo de la vida de este genio. Incluso podemos asegurar que en determinados momentos personales y profesionales intentó mezclar ambos aspectos de esas mujeres, luchando por convertir sus ideales de la pantalla en auténticas realidades tangibles.
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El centenario de Laurence Olivier

La excelente web de El cine de Lo que yo te diga nos ofrece esta semana información detallada sobre la figura del gran genio de la escena británica (aunque en el cine algo menor, principalmente por su amaneramiento gestual y cierta grandilocuencia, cuando no soberbia) Laurence Olivier, cuyo centenario se cumple estos días.

Dentro de los apartados que recoge la web, podemos encontrar información relativa a temas interesantes como sus primeros años de vida, su vida privada (fue pareja de Vivien Leigh, entre otras), su amor por Shakespeare (legendarias sus versiones de Hamlet o Enrique V), su salto al cine (Cumbres borrascosas, Rebecca, Espartaco o La huella, sólo por mencionar algunos de sus títulos más emblemáticos), o sus últimos años .
En resumen, un completo repaso por la vida y obra de este gran talento de la interpretación.

Cine para pensar – Shoah

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Shoah, rodada en 1985 por el francés Claude Lanzmann es la obra maestra por excelencia del cine documental.
El director francés gestó la realización de esta monumental película de nueve horas y media durante diez largos años en los que recorrió el mundo de punta a punta recabando testimonios, entrevistas y datos de los supervivientes del Holocausto judío en la Segunda Guerra Mundial, e imágenes de los lugares donde se asentaron los campos de exterminio de Auschwitz-Birkenau, Sobibor, Treblinka y Chelmno, retratándolos tal y como se encontraban, en estado de abandono, cuando no comidos por la indomable naturaleza centroeuropea, durante los años que le costó rodar todo el material, y el resultado de tan colosal trabajo es una obra magistral.
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Música para una banda sonora vital – Local Hero

Un tipo genial, más allá de la idiota traducción del título original, Local Hero, esconde dos pequeñas maravillas. En primer lugar, la película en sí, una comedia británica a la antigua rodada en 1983 con el espíritu de los viejos estudios Ealing (Whisky a gogó, Pasaporte a Pimplico, Oro en barras), y que en tono ecologista narra las peripecias de un directivo americano de viaje en Escocia para adquirir unas tierras con vistas a la instalación de una refinería. Especialmente reseñable la actuación de Burt Lancaster.
La otra maravilla es la banda sonora compuesta por Mark Knopfler, el ex-líder de Dire Straits, grupo imprescindible en la música popular occidental de las últimas tres décadas, y frecuente compositor de bandas sonoras, como La Princesa prometida, Cortina de Humo o la propia Local Hero, de la que el tema más famoso es Going Home.

La tienda de los horrores – Braveheart

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Menudo careto tiene aquí el amigo Mel Gibson, probablemente uno de los bichos más raros del Hollywood actual, conocido por su carácter fuerte, a veces violento, difícilmente compatible con su sentimiento profundamente religioso (de hecho, uno de los días más felices de su vida, según él mismo ha dicho, fue el que una hija suya le confesó que deseaba hacerse monja). Norteamericano de Nueva York, mucha gente cree que es australiano porque fue en ese país, donde su familia había emigrado intentando que los hijos mayores del matrimonio no fueran movilizados para la guerra de Vietnam, donde inició su carrera en el cine, protagonizando la gran Mad Max con tan sólo 23 añitos, a la que siguieron Gallipoli, una versión moderna de Rebelión a bordo, acompañado por grandes actores británicos como Anthony Hopkins, Liam Neeson, Daniel Day-Lewis, Laurence Olivier o Edward Fox, o la magnífica El año que vivimos peligrosamente, junto a Sigourney Weaver.
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