¡Toquen ustedes La Marsellesa!

Rick’s Café Américain. Los oficiales alemanes sacan pecho cantando una de esas canciones guerreras, amedrentando a los pobres franceses del Café, avergonzados por el colaboracionismo del gobierno de Vichy. Por allí anda Victor Laszlo, que pide a la orquesta que toque el himno nacional de Francia, La Marsellesa, el himno más bonito del mundo (junto a, me atrevo a decir, A las barricadas), el de mayor contenido y mayor calado, tanto que es casi el himno de la libertad de todos, más allá de que circunstancialmente fuera compuesto en y para Francia.
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