Cine para pensar – ¡Bienvenido, Mr. Marshall!

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De su intervención en la Primera Guerra Mundial, la clase política norteamericana con el presidente Wilson a la cabeza (un ganador del Nobel de la Paz por su plan de pacificación basado en sus famosos 14 puntos, que fue el germen de la carnicería de veinte años más tarde, y que si atendemos a sus crímenes de guerra en Centroamérica debería haber sido encarcelado de por vida), extrajo varias claves esenciales. La primera, que cuando los norteamericanos combaten con ejércitos serios y en igualdad de condiciones, la calidad de sus tropas cae en picado (en apenas un año de intervención sumaron más bajas que muchos de los contendientes originarios), por muchos medios técnicos y dinero que tengan. La segunda, que de una paz revanchista, injusta y claudicante sólo se obtiene el enconamiento del conflicto original y la adición de nuevas variables que contribuyen a empeorar la situación. Y la tercera, y última, que muchos europeos, exhaustos y hambrientos tras el final de la guerra, culpaban de ésta a los intereses de las grandes fortunas capitalistas, y estaban dispuestos a caer en brazos de las ideas que venían de la Revolución Rusa, como sucedió en Alemania tras el armisticio y antes de la instauración de la República de Weimar, que necesitó de toda su capacidad y del apoyo logístico occidental para doblegar a los revolucionarios, entre los cuales se hallaba el menor de siete hermanos, un muchacho debilucho y enfermizo, que nadie se explicaba cómo había podido sobrevivir a una infancia llena de infecciones, enfermedades y constantes sobresaltos en su salud: el joven se llamaba Adolf. En Estados Unidos respirarán aliviados cuando se libren de tener países comunistas en pleno Atlántico, para lo cual no dudarán en apoyar dictaduras como la portuguesa.
Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, los norteamericanos creen haber aprendido la lección, y, disfrazado de Programa de Recuperación Económica para Europa, vendido como una especie de préstamo a fondo perdido cuya única finalidad era que los europeos viesen mitigada en algo su hambre, su escasez de medios técnicos y de infraestructuras, destruidas por las bombas y los incendios, implantan en Europa el famoso Plan Marshall, que toma el nombre del Secretario de Estado norteamericano.
La finalidad políticamente interesada del plan era clara, aunque lo vendieran como un deseo de ayudar a la población europea, velar por el bienestar de los ciudadanos y por el mantenimiento de los derechos humanos, como hacen siempre, por cierto. El plan respondía más bien a dos variables: en primer lugar, impedir la expansión de las ideas comunistas en Europa occidental, y en segundo lugar, extender los tentáculos del sistema capitalista a la mayor parte posible de Europa, desmantelando las estructuras económicas previas a la guerra, y sustituyéndolas por un sistema USAdependiente, valga la expresión. Las pruebas de esta finalidad son claras: cambio de los patrones económicos europeos y adopción de los norteamericanos, cierres de explotaciones económicas y abandono de cultivos que pudieran competir con los suyos en el mercado, cambios de apreciaciones monetarias en función de los intereses del dólar, el hecho de que participaran en el programa países que ni siquiera habían participado en la guerra (Suecia, Suiza, Turquía), y sobre todo, la invitación a participar a los países ‘liberados’ por la Unión Soviética, sobre los que se cernía el estalinismo, que por supuesto, no acudieron.
Como es sabido, de la primera fase del plan España quedó fuera porque Estados Unidos era abiertamente antifranquista, aunque no tardaron en cambiar de parecer cuando les convino e impulsar abiertamente el régimen dictatorial español, proceso que culminaría con la apertura de las bases militares y la entrada de España en la O.N.U. apenas tres años después del rodaje de esta película. Precisamente, es ese momento, la ausencia de España del Plan Marshall, el motivo de la obra maestra de Luis G. Berlanga, escrita junto a otra de nuestras iluestres Bes del cine, Juan Antonio Bardem, y que formaron tándem en esta ocasión con Miguel Mihura para crear esta gran película, muy polémica en su momento tanto en España como en el extranjero.
Porque, viendo la película, inmediatamente uno piensa: ¿cómo demonios pudo superar este guión la censura del régimen? ¿Estaban dormidos los censores? ¿Borrachos? En un régimen de ignorantes, botarates y meapilas semejante no era de extrañar que, como suele contar el propio Berlanga, los censores estuvieran más preocupados por medir los escotes y las faldas de Lolita Sevilla que por las andanadas que lanzaba el guión a diestro y siniestro. Igualmente, cuando la película se presentó en Cannes, el gran actor Edward G. Robinson, presidente del jurado internacional y además un tipo listo, percibió la mala uva con que la película estaba planificada, y exigió la eliminación del plano en que la bandera de las barras y estrellas es arrastrada por el agua de una acequia hasta caer a un abrevadero.
Por si alguien no ha visto la película todavía, recoge el argumento central de La kermesse heroica (1935) de Jacques Feyder y le añade un punto de mala leche hispánica. Un Director General acude junto a varios secretarios y subsecretarios a Villar del Campo, perdón, del Río, para advertir a sus fuerzas vivas de la llegada de “nuestros amigos los americanos”, “los representantes de un gran pueblo”, que llegan con el maná del European Recovery Program y cargados de regalos para los necesitados como si de Reyes Magos se tratara. A partir de ahí se abre una carrera entre los pueblos de la zona, comenzada con un histriónico debate entre los representantes del pueblo (alcalde, médico, maestro, boticario, y por supuesto, el párroco) a fin de establecer el modo y forma en que deben ser recibidos los americanos, y que por fuerza, ha de incluir festejos, derroche de medios y originalidad tales que superen al resto de pueblos del entorno, sobre todo a Villar del Campo. Por suerte, anda por allí la mejor intérprete de canción española, cuyo representante, más versado que nadie en el mundo de la farándula y los grandes fastos, no dudará en echar una mano al comité organizador para preparar una recepción al más puro estilo español: Andalucía, flamenco, y toros, con himno compuesto para la ocasión incluido.

El cuadro que describe la película es absorbente: la escuela con el viejo mapa de Europa donde sigue apareciendo el Imperio Austro-Húngaro (el gag de Berlanga por excelencia) y donde se estudia la lista de los reyes godos, el párroco que manda mensajes apocalípticos sobre la llegada de los americanos al tiempo que ofrece oscuros datos sobre sus índices de criminalidad, el alcalde sordo (¿cómo pudo pasar por alto la censura la imagen de un alcalde bajito, calvo, sordo, dando discursos ininteligibles desde el balcón, vestido de andaluz? Está claro que el censor era gilipollas…), el viejo hidalgo que sigue identificando a los americanos con los indios y se niega a participar en el recibimiento, la parodia de película del oeste en la que participan todos los vecinos, el ensayo de la llegada, recibiendo a los americanos con alegría, el pueblo andaluz de cartón piedra, el plano de los sombreros cordobeses orientados hacia el balcón, los vehículos largos y negros pasando de largo, la decepción y las aportaciones de los vecinos para contribuir a los gastos…

La película contiene diversos mensajes demoledores. En primer lugar, es una exaltación, no exenta de crítica, del pueblo llano, de sus virtudes y de su cierta ingenuidad para con la situación del país, de su incapacidad para poder cambiar de rumbo, de su indiferencia hacia la situación política de aquel entonces, pero también es una crítica devastadora del régimen: los burócratas incultos y fanfarrones, el deseo de aceptación internacional a costa de lo que fuera, la ingenuidad absoluta por parte del régimen en cuanto a los grandes ríos de progreso y comodidad que íbamos a recibir a cambio de nuestro apoyo al Imperio (¿a alguien le suena algo parecido, pero relacionado con Irak y los grandes beneficios que nuestro concurso en la ocupación iba a depararnos?), la participación de la Iglesia en esa estructura de poder caduca y atrasada ya en 1952… Además, realiza una crítica feroz de la pobreza y la precariedad tanto económicas, como sociales y culturales en las que vivía la España del franquismo. Pero también les da un merecido palo a los norteamericanos, portadores de una ayuda en la que prima únicamente su propio interés y de los que se espera todo, que pasan de largo sin dejar nada, salvo gastos, problemas y facturas pendientes.
Mención especial para el gran Pepe Isbert y para Manolo Morán, pero también para los otros grandes actores secundarios que intervienen en la película y que bordan sus papeles, y a la voz en off que hace de narrador, el excelente actor Fernando Rey, nuestro actor más internacional hasta la fecha por mucho que algunos indocumentados ensalcen en este sentido a otros más recientes y de calidad notablemente inferior.
En suma, una sátira del aislacionismo español disfrazada de comedia pero con un contenido lleno de amargura, que sigue siendo una de las mejores películas de la cinematografía española, y sólo la punta de lanza de las obras geniales que tanto Berlanga como Bardem iban a ofrecernos en esa misma y posteriores décadas.

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22 comentarios sobre “Cine para pensar – ¡Bienvenido, Mr. Marshall!

  1. Has clavado la contextualización de esta maravillosa película…el Plan Marshall fue la forma ideal de preparar el terreno para la expansión económica y en cierto sentido política de los USA, (sí de “agarradicos” del cuello nos tienen)
    Poco se puede añadir a lo que has contado de la película. Solo decir que, para mí, tiene otro valor añadido: es igualmente magnífica vista sin mas interés que el del puro entretenimiento aunque así pierda parte de su valor.
    En cuanto a lo de los censores…”pa mi” que Berlanga los hipnotizaba. ¡je!, y lo sigue haciendo. Es un monstruo.

  2. Pues tienes razón, como comedia costumbrista es buenísima y a ratos desternillante.
    Y los censores, yo creo que eran unos paranoicos y unos enfermizos. Es muy conocido el tema de ‘Mogambo’, de John Ford, cuando los censores, para evitar una historia de adulterio entre Grace Kelly y Clark Gable, convirtieron a Grace y su acompañante reverendo, no en esposos, sino en hermanos, con lo que terminó siendo la historia de un incesto. Muy listos esos tipos.
    Sobre Berlanga, pues sí, un monstruo total, ¡y lo que le han copiado fuera de España!
    Un abrazo

  3. Un post que estaría muy bien, sería uno que analizara todos estos cambios de relaciones familiares entre los personajes provocados por la censura franquista.
    Por supuesto, Bienvenido Mr. Marshall es una de mis diez películas favoritas del cine español.
    Saludos

    1. Cuales son las otras 9 peliculas? No he tenido mucha suerte escogiendo peliculas espanolas. Me gustaria ver otras tan buenas como Bienvenido, Mister Marshall!

      Gracias

      1. Pues, Nancy, el cine español es una de las cuatro o cinco cinematografías más importantes del mundo y contiene títulos verdaderamente imprescindibles. En este mismo blog tienes un post titulado “Las mejores películas del cine español” con unas cuantas sugerencias.
        Gracias a ti.

  4. Tu post es magnífico, sin más. Estupenda contextualización y excelente análisis de los temas de la película y del asunto de la censura. El funcionamiento de la censura en la España franquista es “francamente” curioso y generalmente muy revelador de cutre espíritu de aquellos años. Tan represor como triste e ignorante.
    Esta película debería ser de visión obligatoria en los institutos de este país.
    Abrazos.

  5. Valentín, interesante el tema que planteas, y todo un mundo, por ejemplo, a la hora de profundizar en veladas relaciones homosexuales de muchas películas del Hollywood clásico.
    ¿Cuáles son las otras nueve películas favoritas del cine español para ti?

  6. Muchas gracias, Luisa, se hace lo que se puede. Lo de las censuras en general es la paranoia, y en España era cutre, pero al menos hablamos en pasado. En Estados Unidos, sigue siendo muy, muy cutre.
    Un abrazo

  7. Qué bueno!!!! Estoy de acuerdo con tod@s, y eso de que la peli debería ser vista en los institutos es una estupenda idea.
    Te lo has currao hoy también.
    kisses desde marte y de martes

  8. Gracias, nómadas. Lo cierto es que tengo una lista, larga, larguísima, de películas de visionado como complemento a la enseñanza media de los jóvenes. Creo que sería muy importante, dada la expansión del lenguaje audiovisual (que parece ser el único apto para los jóvenes de hoy, o mejor dicho, el único lenguaje para el que parecen ser aptos los jóvenes de hoy).
    Besos, con alegría, olé mi madre y olé mi tía

  9. Fue una suerte que los censores estuviesen dormidos así nos ha llegado esta maravillosa película.
    Berlanga es uno de nuestros geniales directores, El Verdugo todavía me gusta más.
    Un abrazo.

  10. ‘El verdugo’ es increíble. Y además todo un escándalo cuando se presentó en el Festival de Venecia, al equipo de la película casi le agreden, y les insultaban por la alfombra roja…
    Berlanga es un genio. ¿Qué te parece ‘Plácido’?

  11. ¿Qué puedo aportar? Creo que lo habeis dicho todo ya. Únicamente hacer mención a la ternura con que trata Berlanga una situación tan dificil y tan incómoda como la que desarrolla el guión.
    Es el padre de los gags. Al menos en mi casa lo de “la explicación que os debo, os la voy a dar” se ha convertido en una frase hecha.
    Enhorabuena por el post.

  12. Tienes razón, el acercamiento de Berlanga a los personajes es muy tierno, respetando mucho su inocencia, su ingenuidad, su bondad. Tanto es así que está narrado como un cuento con final de triste consuelo.
    Gracias por tu comentario.

  13. Pingback: Cine Español
  14. Y en lo social, es una lástima que todavía se viva esa realidad. No sé en España, pero en mi país todavía tenemos que cargar con ese lastre de políticos de feria que como meta tienen pisar Miami. Qué valentía del director para montar algo así en su tiempo.

  15. Claro que en la película se lo aborda desde el lado que de inocente tiene esa gente, que ha sido más que nada una víctima de las políticas impuestas desde las capitales del poder. Por esto el alcalde, con su sordera y su limonada, resulta tan adorable.

    Disculpa la tripartición de los mensajes, es el estado actual de mi mente.

    Saludos.

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