Cine para pensar – Agenda oculta

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La mejor película de Ken Loach, así de simple.

¿Qué sucede cuando el Estado comete acciones ilegales que debe ocultar a la opinión pública y que significarían su disolución al perder la ciudadanía la confianza en las más altas instituciones? ¿Qué les sudece a aquéllos que, siguiendo a pies juntillas los mandatos de las leyes criminales, se esfuerzan por poner entre rejas a los culpables de los delitos que los propios Estados legislan pero que luego no aplican a quienes cometen las acciones delictivas en su nombre? Agenda oculta ofrece un retrato desnudo y sin maniqueísmos de la basura moral y política en la que cae un Estado que emplea la guerra sucia e incluso el asesinato para salvaguardar sus intereses, apisonando los derechos, valores y creencias que precisamente han de ser su único pilar sin excepción alguna.
Loach realiza aquí un magnífico thriller político que, al igual que películas como En el nombre del padre, bucea en las catacumbas de la actuación ilegal por parte de los gobiernos y el aparato del Estado. Esta gran película de 1990 narra la historia de Paul e Ingrid (quizá Paul Henreid e Ingrid Bergman, Victor e Ilsa en Casablanca, o quizá no), interpretados por Brad Dourif y Frances McDormand, abogados norteamericanos y activistas por los derechos civiles, que han viajado a Belfast para estudiar ciertas denuncias existentes acerca de casos de malos tratos y torturas a los presos irlandeses en las cárceles británicas, y para hacer de interlocutores con el gobierno de Londres a fin de que sean garantizados los derechos de los presos. Brad recibe una información clandestina de vital interés para su cometido, datos que pueden comprometer a la mismísima Margaret Thatcher (como decía el genial Miguel Gila, “¿La ‘dama de hierro’? ¡La ‘dama de laca’! Se hizo la permanente en la comunión y todavía le dura”), una individua que nos ha dado muchas muestras de su escasa o nula catadura moral, en la planificación de acciones de guerra sucia contra el IRA que han costado la vida a inocentes, así como en el diseño de actuaciones de maltrato y torturas organizadas y sistemáticas contra los presos irlandeses a fin de conseguir determinados resultados en las investigaciones.
Brad acudirá a recibir la información que le han prometido, pero será asesinado en extrañas circunstancias en el trayecto, al mismo tiempo que una cinta de audio con información decisiva se volatiliza.
Ingrid, mujer idealista donde las haya, trata de vencer su pena por la muerte de Paul y llegar hasta el fondo en la investigación que conduzca al esclarecimiento del crimen, tras el que ella sospecha que se encuentran, no los terroristas irlandeses como la policía pretende hacerla creer, sino el gobierno británico. En su ayuda, después de que las autoridades norteamericanas miren para otro lado a pesar del asesinato de uno de sus ciudadano, viene el inspector Kerrigan, interpretado por el sólido actor Brian Cox, designado para el caso para cubrir el expediente y los rumores que empiezan a rondar entre la opinión pública y que le saldrá respondón a la autoridad británica, y que simboliza aquí, además del profesional que sigue las pautas de su trabajo sin atender a presiones políticas ni mediáticas, a los demócratas auténticos, a quienes luchan por la limpieza en la actuación del Estado como única forma de legitimar una posición de legalidad y una sociedad democrática frente a las actitudes mafiosas y extorsionadoras de los grupos que practican el terrorismo como medio de delincuencia que les permita vivir sin trabajar y que se esconden tras un supuesto ideal político.
A pesar de tratarse de una película política desprende aromas de cine negro clásico desde el primer fotograma, y logra, a través de una extrema sobriedad, un grado de expresividad rotundo, al mismo tiempo que una dirección, un guión y unas interpretaciones de primer orden contribuyen a crear una obra que apunta directamente a la conciencia del ciudadano para obligarle a plantearse preguntas que siempre trata de rehuir dejándose los ojos en el fútbol o el cotilleo: ¿cuál ha de ser el compromiso del ciudadano con el sistema democrático en el que vive? ¿qué actos realizan los gobiernos a nuestras espaldas de manera ilegal, que en aras de preservar ciertos principios o ciertas ideas, cuando no directamente intereses políticos particulares, no vacilan en anular los derechos y las garantías constitucionales para determinados delincuentes, o incluso a veces, en el caso de inocentes? ¿qué responsabilidad hay que hacer pagar a quienes, utilizando las maquinarias del Estado a las cuales han accedido vía sistema democrático, convierten los resortes del poder político y la fuerza en instrumentos para su beneficio personal o político? Pero sobre todo, ¿podemos confiar en el sistema democrático en el que supuestamente vivimos? ¿Hasta qué punto sabemos qué está pasando? ¿Qué preguntas nos planteamos en nuestro mundo de felicidad y comodidades? ¿Mediante qué actos se garantizan esas comodidades? ¿Cuántas cosas nos ocultan, con la connivencia de otros gobiernos -hoy por ti, mañana por mí- y de los medios de comunicación que no son más que los mismos perros con distinto collar, dirigidos por los mismos grandes grupos económicos a quienes sirven las diferentes opciones políticas? ¿Sabemos realmente lo que pasa? ¿De veras?
Como se ha dicho otras veces de otras películas, ésta sería de obligatoria difusión en los centros de enseñanza media de toda Europa, además de resultar un manual bastante útil para comprender los mecanismos, los sistemas de defensa que la derecha política en el poder suele utilizar cuando determinadas palabras incómodas llegan a estar en boca de demasiadas personas. Imprescindible.

14 comentarios sobre “Cine para pensar – Agenda oculta

  1. El título es especialmente acertado para definir la actuación de prácticamente todos los gobiernos, en los que en determinados temas estratégicos hay una acción política subrepticia que se escapa de forma absoluta a la opinión pública.
    Por lo demás, desde luego Agenda oculta es de lo mejor de Loach, que ya es decir.

  2. Valentín, si supiéramos la cantidad de actuaciones que todos los Estados, sobre todo los ‘democráticos’, realizan al margen de la ley, nos llevaríamos las manos a la cabeza. Todos los días muchos derechos son conculcados y muchas legislaciones vulneradas con la excusa de la protección y la seguridad. Pero, ¿realmente es un excusa, o una necesidad? ¿No firmaríamos todos que mediante actos formalmente ilegales se pudieran impedir actos terroristas graves, ataques o crímenes? En este caso hay muchas ocasiones en que el fin justifica los medios, y hay gente que se juega la vida para nuestra seguridad.
    Por otro lado, lo preocupante es cuando estas acciones tienen detrás otras finalidades que no se acaban en la seguridad o la protección, abarcan cuestiones políticas o intereses particulares y ocultos, que de saberse por la opinión pública, serían inevitablemente condenados y conllevarían responsabilidades, como en el caso de la película, un asesinato de Estado cometido contra un activista de los derechos humanos, nada menos.

  3. A mí “Agenda oculta” me gustó. Pero me pareció que resolvía las cosas de forma muy facilona. Lo mismo con la “Canción de Carla”, espantosa en mi opinión hay un par más del Loach que no me agradan. Me pasa con este hombre lo siguiente: dos pelis seguidas buenas = a un bodrio siguiente.
    Mis preferidas puede que sean “Mi nombre es Joe”, Rif-Raf,La cuadrilla, Tierra y libertad y sin duda la última “El viento que agita la cebada”. Pero luego esta esa otra del joven palestino y la inglesa,ugggggg, no puedo con él.

    kisses criticones. Estoy hoy pesada, pesada. Dos días fuera del blog y me vuelvo criticona.

  4. La eterna discusión ética de que si el fin justifica los medios. Me ha recordado un episodio de “El ala oeste de la Casa Blanca” (que, por cierto, recomiendo efusivamente), en el que después de que los servicios usasecretos se cargasen a todo un ministro de un emirato árabe (Kumar,le llaman en la peli) porque tenían pruebas de que iba a atentar contra el Golden Gate, la secretaria de prensa preguna ¿nosotros hacemos esto?
    Por desgracia hoy 6 de junio, este tema vuelve a estar de actualidad. Los responsables de la seguridad de millones de personas, no tienen más remedio que, en ocasiones, mirar para otro lado. Son decisiones que no tienen nada que ver con la democracia. Seguramente sus sustitutos y los sustitutos de sus sustitutos, volverán a hacer lo mismo.
    Aunque nunca sobran ni sobrarán los Loach que osen denunciar y poner luz y taquígrafo en situaciones abusivas.
    La peli hace años que la vi y la recuerdo con esa sensación típica de amargor ante la impotencia que sientes como espectadora cuando asistes asombrada a una puesta en escena de una situación tan dramática, injusta e inevitable.

  5. Amiga nómada, comparto parte de lo que dices, Loach tiene de todo, y lo bueno no es necesariamente lo más abundante. Para mí, es más un cineasta de momentos que de películas completas. Y sobre esta película quizá tienes razón en la facilidad, yo diría casi más, excesiva rapidez, con la que se resuelve la peli.
    Besos
    (mejor vuélvete criticona, que así uno está despierto y atento a todo)

  6. Magda, tienes razón. Quizá esas actuaciones, por encima de las ideas y los principios, sean necesarias para proteger el bien común, una especie de mal necesario (como Jessica Rabbitt: “no soy mala, es que me dibujaron así”).
    Son situaciones y casos a los que nos obliga la forma en la que está hecho el mundo, porque es así, aunque debería haber límites y garantías que excluyeran los “Guantánamos”.
    Pero luego viene el caso en que esas oscuras y ‘alegales’ fuerzas se vuelven, no contra quienes amenazan o atacan directamente nuestra libertad y nuestra integridad física, sino contra amenazas internas a los intereses partidistas o personales, y ese aparato oculto se vuelve contra periodistas, políticos y otras personas que denuncian los excesos. Lo triste es que eso se denuncia sin tapujos cuando hablamos de Stalin, Hitler, Franco y otros dictadores, pero nunca se advierte de que ese tipo de comportamientos se mantienen en nuestras democracias autosatisfechas, en mayor o menor medida (si hablamos de Estados Unidos, por ejemplo, no habría escala para poder medir el grado de alegalidad de sus actuaciones dentro y fuera de su país).
    Un abrazo.

  7. Desgraciadamente lo que dices está al orden del día, no sólo aquí, sino en el resto del mundo.
    Nos engañan y manipulan, distorsionan la realidad para cubrir sus errores; y lo que es peor, pretenden que vivamos aterrorizados bajo falsas amenazas para así poder restringir muchos de nuestros derechos.
    Besos.

  8. Lucía, lo verdaderamente escalofriante es pensar en lo que no sabemos, en lo que se nos oculta en los expedientes secretos, en despachos de los sótanos o en archivos restringidos. Por ejemplo, pensar en qué sabe y qué puede decir Posada Carriles para que los norteamericanos le absuelvan aunque saben, y hay pruebas fehacientes de ello, que es un terrorista. Otro ejemplo, la rapidez por ejecutar a Sadam Hussein, ¿cuántas cosas podría decir ese hombre en la cárcel hasta que falleciera cumpliendo su cadena perpetua que involucraran a muchos personajes que van de demócratas de toda la vida? Lo más hipócrita es dar cobertura de legalidad y justicia a actos que lo único que buscan es mantenernos en la ignorancia.
    Y tienes mucha razón, así matan dos pájaros de un tiro: las amenazas a nuestra seguridad son la excusa bajo la que muchos ciudadanos aceptan recortes de derechos de buena gana.
    Besos.

  9. Cada vez me gusta más tu blog. Ciertamente en esta peli Ken Loach resuelve el misterio con excesiva facilidad, pero la trama que narra está más que inspirada en hechos reales. A la luz del proceso de paz en el Norte de Irlanda, se han ido conociendo bastantes casos de guerra sucia, de confabulación entre paramilitares lealistas y la policía norirlandesa o las fuerzas armadas británicas. El último informe de la Ombudsman de la Policía el pasado mes de enero ha sido demoledor (lo traté en mi blog: http://innisfree1916.wordpress.com/2007/01/23/desvelada-la-colaboracion-entre-paramilitares-lealistas-y-la-policia-de-irlanda-del-norte/). Y también ha habido casos de gente del Sinn Féin acusada de espiar para el IRA y que luego se supo que en realidad eran espías al servicio de la inteligencia británica y fueron la excusa para torpedear el proceso de paz. En fin… Agendas ocultas… Aún falta por saberse quién atentó contra Gerry Adams en 1984 (casi le matan), o quién mató en 1989 al abogado de derechos humanos Pat Finucane (en quien se inspiró esta película, según he leído por ahí)… Hace falta una Comisión de la Verdad para ayudar a cerrar heridas.
    Slán go fóill!

  10. Gracias, Chesús, viniendo de quien viene se siente uno muy honrado.
    Tienes razón, ni en este caso ni en muchos otros terminaremos sabiendo la verdad de lo que ha ocurrido, quiénes tienen responsabilidades, quiénes apuntaron con el dedo y quiénes tienen las manos manchadas de sangre sin que nadie, o muy pocos, lo sepan.
    Quizá sea mejor no saber, quizá saber demasiado implica multiplicar los odios y alimentar los rencores. Un abrazo

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