La nostalgia irlandesa de John Ford: El hombre tranquilo

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“Me llamo John Ford, hago westerns”.
Eso es lo que dijo el gran maestro una vez para presentarse a sí mismo. Nada más lejos de la realidad, porque Ford, además de realizador de cuatro o cinco de los westerns más importantes de la historia del cine, y de una decena de otras obras notables del género, también fue el creador de otras cintas de similar calidad y basadas en otras preocupaciones y apetencias que la exaltación de la historia, la cultura y la tradición americanas.
Ese es, precisamente, el caso de El hombre tranquilo (The quiet man, 1952), donde Ford da rienda suelta a su nostalgia por sus raíces celtas y a su añoranza de la Irlanda de la que era oriunda su familia, y que es la mejor y más célebre de la serie de largometrajes que realizó para manifestar el amor que sentía por su lugar de origen.

La película es una soberbia mezcla de drama y comedia, en la cual se narra el regreso a casa, la pintoresca localidad de Innisfree (tierra de grandes jarras de cerveza y mejores blogs, como el que mantiene Chesús Yuste) tras una larga temporada en América, de Sean Thornton (curiosamente, apellido compartido en otras películas por el mismo John Wayne, como en la gloriosa El Dorado, rodada por Howard Hawks en 1966), que busca establecerse en las tierras de su familia, ya casi abandonadas y derruidas. Pero su regreso conlleva también el comienzo de una tormentosa, apasionada y cómica relación amorosa con la indomable Mary Kate Danaher (espléndida y pelirrojísima Maureen O’Hara, cuyo apellido viene al caso que ni pintado), que borda el papel de solterona incipiente, independiente, de carácter y orgullo imbatibles.

Pero el obstáculo mayor para que triunfe esta particular historia de amor no es otro que el hermano de Mary Kate, el grandullón Will Danaher (interpretado por otro fijo de la cuadrilla de bebedores y juerguistas impenitentes que siempre acompañaba a Ford, y a otros fijos como el propio Wayne o Ward Bond, que hace aquí de sacerdote, en sus viajes a México o a sus cruceros en yate por el Caribe, Victor McLaglen), que se niega a darle la mano de su hermana al hombre que le ha robado las tierras que lleva años intentando comprar y al que cree rival en su labor de acoso y derribo amoroso por la vieja dama solterona dueña de casi todo el pueblo.

El maravilloso condado de Galway, lugar donde se rodó la película y de donde era originaria la familia de Ford, con un verde infinito retratado en un hermosísimo tecnicolor, es el escenario perfecto para que tenga lugar una historia de amor atípica salpicada de escenas de acción al estilo Ford, como la larga pelea en la que Sean y Will dirimen sus diferencias y redimen sus antipatías con algún que otro puñetazo y unas cuantas jarras de cerveza. La amistad nacida entre ambos conllevará el permiso para el matrimonio, con todo el ceremonial que el protocolo marca para el noviazgo, los paseos, las citas, los bailes y los encuentros entre la pareja, y que luego tendrá que sufrir Will cuando por fin conquiste a su rica dama.
Pero, al contrario de lo que suele suceder con las películas de John Ford, aun manteniendo su típica visión machista, la protagonista de la película no se limita esta vez a ser un personaje pasivo concebido para el mayor lucimiento del hombre. Mary Kate es orgullosa, pero tiene carácter (a pesar de que ella quiere a Sean se niega a sus requerimientos porque va contra la voluntad de su hermano, y casarse en esas circunstancias sería para ella una deshonra, al igual que hacerlo sin recibir su dote, hecho éste que será la fuente de una crisis amorosa casi definitiva pero resuelta, como todo en este idílico marco, a lo bestia). De igual manera, considera insultantes los remilgos de Sean para pelear por ella, ya que no sabe que la vuelta de Sean a Irlanda está relacionada con que en su profesión de boxeador matara a un hombre, y Mary Kate llega a pensar que eso es muestra de que en el fondo Sean tiene desinterés por ella.

Pero Innisfree en pleno, testigo de las intrigas y de los pequeños rincones de la vida de todos, decide hacer algo para que triunfe el amor, y urde una trama que, posiblemente por única vez, pone de acuerdo al sacerdote católico y al párroco protestante, a los simpatizantes del IRA con los militares ingleses ocupantes, para asegurarse de que Sean y Mary Kate terminen juntos y con la aprobación de Will, tras la pelea final en la que todos terminan participando y en la que todo queda felizmente resuelto.

Ford combina magistralmente momentos de comedia hilarantes (como la escena en la que Wayne pregunta en la estación por la dirección de Innisfree y cada una de las cinco personas que allí hay le señala una dirección diferente, por lo que terminan discutiendo airadamente entre ellos y sin contestarle), escenas emocionantes (los vecinos católicos que se unen temporalmente a los protestantes con el sacerdote a la cabeza para que el obispo no claususe la iglesia de la localidad por falta de feligreses y así el párroco no tenga que marcharse), y tópicos irlandeses extendidos por todo el mundo (la cultura de la cerveza, el marco pintoresco, los caracteres típicos y la religiosidad profunda y los valores tradicionales de las zonas rurales) con la inmensa belleza natural de un paisaje fantástico, como inmejorable marco para una película conmovedora y que hace reír a mandíbula batiente.
Esta película es un soplo de optimismo, un mágico elixir que sube la moral y cura las penas del alma, y una fábula maravillosa que a todos nos hace envidiar, por qué no, el discurrir de una vida plácida y placentera rodeada de las hermosuras de Innisfree.

12 comentarios sobre “La nostalgia irlandesa de John Ford: El hombre tranquilo

  1. Aquí estoy sin saber qué escribir. Me gusta mucho esta peli, tiene un aroma y un recuerdo muy especial. Sé que hay partes de la peli que ahora son “impensables” y que se suprimirían naturalmente.
    Pero hay una energía, una calma y una narrativa tan excepcional que siempre me entran ganas de verla de nuevo.
    Y ahora un secreto. Visité con unos amigos la famosa casa “Blanca Mañana”. Incluso hice fotos dentro de ella. Ya sé que es una horterada, pero me sentí bien allí. Otra anécdota, a mi abuelo le llamaban “el irlandés”, otra razón para amar Irlanda. Y cuando lleve a mi madre al año pasado al Bloomsday en Dublín, fue genial. Me dijo “pero si yo soy de aquí”, a mí no me lleves a Zaragoza ni en broma.
    Creo que esta película es algo más que una peli, es un estado de animo. Y desde luego muy positivo.
    Uff, vaya lío que me he hecho. Pido disculpas por lo disperso del comentario.
    Por cierto, Innisfree es precioso. Lo recomiendo.
    Kisses irlandeses

  2. Precioso comentario. Efectivamente, esta película es, como bien dices, un sentimiento, un estado de ánimo. Pocas cosas hay mejores en el cine para levantar el ánimo y poner una sonrisa en los labios que ver “El hombre tranquilo”.
    Por supuesto, hay fragmentos que ahora jamás se hubieran rodado, pero la antropología social también es un valor a considerar cuando vemos cine clásico.
    ¡Y haber estado allí, qué envidia!
    Besos de Guinness

  3. John Ford es como un puchero, lo mismo te encuentras un chusco de carne que un apogeo de judías. Es un genio audaz, dirigió 150 películas y consiguió hacer compatible el éxito de público con el éxito artístico. Es narrador puro, un cineasta elegante

  4. Uf,la ví hace tropocientos años…¡casi ni me acordaba!. Si que tengo la sensación de que me gustó, que me resultó entrañable, una de esas películas de sofá y pipas un domingo por la tarde. Un clasicazo.
    Que bueno recordarla.

  5. Lucía, más que madrugar, a lo mejor hay que trasnochar mucho. Es una película con un buen rollo impresionante, y sin nada de almíbar.

    Tenéis razón, es una peli de las que hay que dejarse una tarde para disfrutarla como es debido, con palomitas, sofá, mal tiempo fuera y gente alrededor para hacer comentarios. Un pequeño placer de esta vida.

    Abrazos sendos

  6. Si me preguntaran por las 10 mejores peliculas del mundo,siempre empezaria a numerar esta peli, la primera de las diez, y entre esas diez incluiria algunas mas del Maestro Ford.
    Su gran exito, radica en la sencillez. Y esa sencillez contada por Ford…un canto onirico de gran belleza natural. Un canto a la tradicion y a las raices. Donde las elementos de la Naturaleza: fuego, aire, agua, tierra estan omnipresentes. Y donde los actores, hasta el mas pequen~o papel tiene mucha importancia…
    Podria escribir tantas cosas de esta peli, bueno, al genial Orson Welles le preguntaron por los 3 mejores directores del mundo, dijo: Ford,Ford y Ford. Por ultimo no se trata de una peli machista, sino de una historia, donde el”machismo” es parte de la historia en si, como lo fue en otras epocas y en todo el mundo.

  7. Gracias, Jesús, por tu comentario y tu visita. En efecto, Ford también es para quien escribe uno de los cinco o seis mejores cineastas de todos los tiempos, y esta película especialmente es deliciosa, un proyecto muy personal de Ford, donde dio rienda suelta a toda su nostalgia y que financió gracias al éxito de “Río Grande”.
    Saludos

  8. Maravillosa. Mi preferida mil veces. A quien ame la obra de John Ford le aconsejo que vea sus películas en orden cronológico de rodaje. Conoceréis los personajes arquetipos que siempre repite en sus obras, como el típico borrachín; las tonadas tradicionales y tantos y tantos detalles que sólo al ver sus películas una detrás de otra se aprecian bien.

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