Cine para sentir – Pauline en la playa

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Esta comedia sentimental del cineasta francés Eric Rohmer, antiguo crítico de Cahiers du cinéma, cuenta la historia de Pauline, una joven de quince años, que pasa sus vacaciones en Normandía junto a su prima Marion, con la que compartirá días de playa y experiencias sentimentales.

Las vacaciones, con la luminosa escena de la llegada en coche a la casa de la playa, abren el paso a esa aventura imprevisible que es para todos a los quince años el viaje lejos de casa que se hace sin los padres, en este caso bajo la supervisión de una prima con la que acostumbra a compartir las confidencias y secretos propios de la edad. La vida de Marion y Pauline en Normandía girará en torno al amor, la romántica historia que Pauline vive con un jovenzano de su edad, el cara dura de Sylvain, la atracción de Marion por el aventurero Henri (el actor Feodore Atkine, muy presente en el cine español) en detrimento del pánfilo de Pierre, decantándose en la elección entre un tórrido y breve romance lleno de sexo y humores imprevisibles, y el chico enamorado de toda la vida junto al que compartir un futuro, por aquel principio de Baltasar Gracián, lo bueno, si breve…

Rohmer, cinesta de importancia decisiva en el desarrollo del cine francés desde la nouvelle vague y de los pocos que han seguido manteniendo una prolífica producción tras superar sus años dorados, realiza en esta película una exploración del poder que tienen la sencillez y la emoción para traspasar la pantalla y llegar a tocar la fibra sensible del espectador. Precisamente la sencillez es el instrumento que Rohmer utiliza para presentar una historia en la cual nos sumergimos desde el principio y sin pretenderlo, no ya como meros testigos, sino como cómplices participantes de las agitadas, profundas y emocionales conversaciones que intercambian unos personajes varados en casa en las tardes de tormenta, o en cenas tardías tras el paseo por la playa al caer el sol. El arte de hacer cine de ficción con lo cotidiano que Rohmer explota hasta el límite nos hace sentir que no estamos presenciando una película, sino un fragmento de vida real de unos personajes de carne y hueso cuyas ropas, casas, coches, libros, gestos y muecas son absolutamente naturales, sin artificios, como pueden resultar los de cada uno de nosotros. La película carece de simbologías, de dobles sentidos, de mensajes profundos a descifrar, se limita a enseñarnos un breve espacio de vida de unos personajes que se cruzan en la historia que empieza y termina cada verano, y que se mantiene al margen de lo que es la trama principal del resto del año.

Pauline es un personaje soberbio. La adolescente que habla y se comporta como una mujer madura (la cautivadora Natalie Portman de la célebre Beautiful Girls) tiene aquí un claro ejemplo, nada que ver con sensuales y provocativas Lolitas, sino con la conversión de la inocencia en agudo sentido de captar la realidad circundante, un modelo de adolescencia quizá imaginado o deseado por el director, pero que, al ser el vehículo de la película, no nos retrata la historia, ni siquiera su breve amorío con Sylvain, desde la óptica de una adolescente, sino desde la responsabilidad de una persona mayor, como fruto de años de lágrimas y sábanas por medio. Como contrapunto, los supuestos adultos son los que se comportan como adolescentes, sobre todo el pavisoso de Pierre y la dubitativa Marion, tanto en su relación como en el triángulo que forman con Henri, inestables emocionalmente, débiles sentimentalmente hablando, que, a diferencia de Pauline y su empeño en vivir con Sylvain un amor adulto, viven sus relaciones como adolescentes, queriendo eludir las responsabilidades y siendo, sin embargo, azotados por los celos, la envidia, el dolor y el engaño. Al mismo tiempo, Rohmer critica la idea del amor, pues resulta indisoluble de todos y cada uno de estos caracteres negativos, y llama la atención sobre la necesidad que tenemos de él aun con esos contrapesos a cuestas, que siempre terminan haciéndose presentes por muy dormidos que parezcan.

La película se sostiene en el diálogo, en lo que los personajes se dicen y cómo se lo dicen (plano general estático cuando varios coinciden en un espacio y charlan de cosas sin importancia, plano medio o primer plano cuando hablan de sus emociones), de forma que todo se explica por la dualidad de opiniones o comentarios. Son los encuentros continuos de parejas de personajes los que van desentrañando la trama principal, que no es otra que el complicado puzzle emocional de todos ellos.

Pauline en la playa es una película sobre la lucidez, sobre una sensibilidad limpia y abierta para sentir, para recibir estímulos y disfrutar de la generación en nosotros de las emociones, sean positivas o no, y de búsqueda de un estado de ingenuidad permanente para conseguir seguir mirando la vida, pese al paso de los años, con la mirada pura y el corazón limpio que todos poseíamos antes de que las amarguras de la vida, las obligaciones y las responsabilidades hicieran pasar a la historia a aquel ser humano que fuimos.

13 comentarios sobre “Cine para sentir – Pauline en la playa

  1. Escalones, se me ha borrado un comentario largo.
    Y luego otro corto. En fin, se ve que las vacaciones las llevo en la cabeza.
    Ufff, creo que está peli la vi hace tiempo. Casi estoy segura de ello.
    Cómo se nota que viene el verano. Hasta en los post, y hasta en el cine de Escalones.

    Besos urbanos

  2. ¡Qué rabia da cuando pasa eso! Y encima nos quedamos sin tu comentario largo. Lo de las vacaciones se huele en el ambiente, aunque yo soy poco playero. Además, este año me toca “baño de asfalto”, pero… sarna con gusto no pica.
    Besos de agua dulce

  3. Me encanta del cine francés los momentos de silencio y la naturalidad de las palabras y las situaciones…quizás eso lo identifique y lo haga único…abrazos Alfredo.

  4. Me gusta mucho el cine de Rohmer. Aunque su prolífica producción me hace confundir a mi también un poco las pelis. Creo que ésta la he visto en la tele hace tiempo. Y en general estoy totalmente de acuerdo contigo en el análisis del cine de Rohmer. Aunque en esa aparente sencillez y cotidianeidad siempre hay algo que trastoca un poco la lógica. En este caso ese intercambio de madurez e inmadurez entre los personajes. Rohmer parece saber que no hace falta nada más. Debe tener razón.

  5. Fernando, qué importantes son los silencios, y también en el cine, y no tanta explosión y tanto grito. Un abrazo

    Luisa, a mí me pasa también, sobre todo con los cuentos de las cuatro estaciones, que ya no sé cuál es cual. La sencillez a veces es lo más complicado. Abrazos

  6. No conozco la peli (jo) pero no me cabe duda de que estará bien por lo que leo.
    No hay nada mas hermoso que una historia (aparentemente sencilla) bien contada, sí, de esas que te levantan de la butaca con una sonrisa en los labios.
    Es de calidad saber entretener sin estridencias y sin caer en topicazos.

  7. Te la recomiendo, así como el resto de filmografía de Rohmer. Su cine es así, sin artificios de ninguna clase, trocitos de realidad en estado puro. A la gente le aburre a veces ver en la pantalla existencias “tan insignificantes” como la suya y por eso el gusto de la mayoría va para otro lado, para lo raro, lo exótico, lo que no les recuerde a ellos mismos… Lo que se pierden.
    Un abrazo.

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