Cine para sentir – Hierro 3

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Tae-suk vive en su propio modelo de indigencia, aunque en realidad es como un fantasma. Subsiste ocupando viviendas vacías, hogares de personas que sabe que han salido de viaje, que van a tardar largas horas o incluso días en volver. Nunca roba ni ocasiona daños en los hogares de sus involuntarios anfitriones aunque duerme en camas ajenas, come algo de las neveras de esos extraños y retribuye su forzada hospitalidad haciendo la colada o arreglando alguna que otra avería doméstica. Por otro lado, Sun-hwa, bella mujer que en tiempos fue una famosa modelo, se ha visto convertida en una sombra viviente por un marido que la ha borrado de la vida, que la ningunea, que la maltrata, encerrándola como un preciado tesoro al estilo Barbazul en una casa ostentosa. Cuando él penetra en la casa, el destino cruza los caminos de Tae-suk y Sun-hwa, aunque sus existencias están abocadas a no dejar huella en el mundo. Saben que son almas gemelas, como si estuvieran unidos por vínculos invisibles, descubren que no pueden separarse y aceptan en silencio su nuevo y extraño destino. Cuando en una de sus “invasiones” hallan un cadáver, serán perseguidos como culpables de la muerte, pero el recién nacido amor perdurará por encima de toda contingencia desfavorable.

Según palabras del director de la película, el coreano Kim Ki-duk, «La idea se me ocurrió en octubre del año pasado. Estaba quitando un folleto que estaba pegado en la cerradura de la puerta de mi casa cuando de pronto se me ocurrió que todas las casas que tenían esa publicidad intacta durante varios días debían de estar vacías. La imagen de una casa vacía en la que no entra nadie me llevó a la historia de una persona muy solitaria, aislada de los demás, y decidí hacer una película acerca de un hombre que entra en ella y colma ese vacío con calidez. El título internacional de esta película es HIERRO 3. La gente que juega al golf sabe que hierro 3 es el palo menos usado. Imaginémonos un hierro 3 en una cara bolsa de golf de piel, pero que se usa muy pocas veces, con otra imagen en paralelo, la de una persona abandonada o la de una casa vacía. Al mismo tiempo, Tae-suk utiliza un hierro 3 como herramienta para rescatar a Sun-hwa, y eso también significa un cambio lleno de esperanza.»

En ocasiones resulta difícil hablar de determinadas películas, contar algo de su trama, de su historia, porque o bien ésta se reduce a la mínima expresión, o son preponderantes los planos, las secuencias, las simbologías, por encima de una acción, o una historia. Este es el caso de esta película, de un gran contenido metafórico y susceptible de múltiples interpretaciones, construida sobre bellísimos planos y con una ausencia notable de diálogos.

La virtud más encomiable de la película es que consigue plasmar visualmente algo tan íntimo como las emociones de los personajes, que se turban al intuir presencias en las estancias cerradas. Por otro lado, la historia versa sobre unos fantamas no reales, sino virtuales, deambulando por un mundo en el que realmente no habitan, porque han perdido su sitio y ya no son capaces de encontrarlo. De ahí el afán de Tae-suk por retratarse junto a personas que aparecen en las fotografías que decoran las casas visitadas: es una manera de apropiarse de unas vidas desconocidas, de llenar su vacío existencial; no busca riquezas ni bienes materiales, pues nunca se apropia de nada y su moto deja ver su posición acomodada; sólo necesita compañía y afecto, tener la sensación de que su vida importa a alguien. Esa vaciedad y soledad, esa búsqueda de algo que no se ve, y esa intuición de que no estamos solos son sensaciones que los actores logran transmitir al espectador con sus miradas frías y vacías, sin necesidad de mediar palabra, de ahí que apenas existan diálogos (memorable la escena en la que ella se marcha con él la primera vez), sus interpretaciones son sobrias pero expresivas, y trasmiten todo el escepticismo y pesimismo que el mismo Kim Ki-duk refleja en el resto de su obra; el director se defiende argumentando que pretende mostrar lo que ocurre en las relaciones humanas, y que sólo recoge la crueldad que la vida encierra, aunque al final se intuya una vaga esperanza con un desenlace que sabe más a sucedáneo que a otra cosa, y donde los rótulos vienen a decirnos que muchas veces los sueños son más felices que la realidad, y que es preferible evadirse de ésta viviendo como espectros.

El director coreano utiliza una minimalista puesta en escena: casas vacías, personas solitarias, un palo de golf apenas usado –el hierro 3, de ahí el título– son símiles utilizados para hablar de la soledad; y precisamente, será el joven Tae-suk (en el fondo, un hierro 3) quien aporte la calidez necesaria a esas casas deshabitadas, quien rescate de la soledad a una mujer abandonada y sin afectos. Apenas hay diálogos, e incluso podrían suprimirse por completo, ya que Ki-duk habla con la cámara, a la que dota de lirismo para captar sensaciones y fuerza con el fin de recoger los dramas interiores de unos personajes desarraigados de la sociedad, aislados de un mundo que les ignora, inmersos en un vacío existencial. Precisamente el silencio se convierte en el mejor aliado para que se entiendan y amen dos almas que sufren, mientras que los diálogos de quienes no quieren escuchar no conducen más que a la confusión y a la deshumanización; esto es lo que sucede en la escena de la comisaría, ante la acusación injusta que no merece ni una sola palabra de autodefensa de los acusados, conscientes de su inutilidad y de que el único apoyo que tienen es el otro.

Se trata de una película muy rica en interpretaciones, que hurga en las profundas grietas de una sociedad deshumanizada, donde se ha olvidado que el pilar básico de la vida ha de ser la relación entre las personas como seres humanos, y no como meros complementos a la tecnología y progreso que los circunda, donde los sentimientos y las sensaciones sean elementos que fundamenten la toma de decisiones por encima de los argumentos económicos, prácticos, acomodaticios o de aceptación social. Una gran película de la que quizá deban abstenerse quienes no quieran acudir al cine para que les haga meditar.

La casa vacía

«Salgo de mi casa.
Mientras estoy fuera, alguien entra en mi casa vacía
y se instala en ella.
Come la comida de mi frigorífico, duerme en mi cama,
mira mi televisor.
Quizá porque se siente culpable, arregla mi despertador roto,
ava la ropa, lo ordena todo y luego desaparece.
Como si nadie hubiera estado allí…

Un día entro en una casa vacía.
Parece que nunca haya estado nadie, así que me desnudo, me baño,
preparo la comida, lavo la ropa, arreglo una báscula de baño y juego
al golf en el jardín de la casa.
En la casa hay una mujer desanimada, asustada y herida, que no sale
nunca y que llora.
Le muestro mi soledad. Nos entendemos sin decir ni una palabra, nos
vamos sin decir ni una palabra.

Mientras elegimos una casa en que vivir,
nos sentimos cada vez más libres.
En el momento en que parece que nuestra sed de libertad se ha
aplacado, nos quedamos atrapados en una casa oscura.
Uno de los dos se queda en una casa hecha de nostalgia.
El otro aprende a convertirse en un fantasma para esconderse en el
mundo de la nostalgia.

Ahora que soy un fantasma, ya no siento
deseos de buscar una casa vacía.
Ahora me siento libre de ir a la casa
en la que vive mi amada y besarla.
Nadie sabe que estoy allí.
Excepto la persona que me espera…
Siempre llega alguien para la persona que espera… Llega, seguro…
hasta para la persona que espera…

Este día del año 2004, alguien abrirá el candado que bloquea mi puerta
y me liberará.
Confiaré ciegamente en esa persona y la seguiré a donde sea sin que
me importe lo que pueda suceder…
Hacia un nuevo destino…

Es difícil saber si el mundo en que vivimos es sueño o realidad.»

Kim Ki-duk en una casa vacía

18 comentarios sobre “Cine para sentir – Hierro 3

  1. Impresionante metáfora.
    Creo que las películas de “silencios elocuentes” que mas me han gustado han venido siempre de esos lares, ¿que tienen las culturas de oriente que nos muestran tanto con tan poco?, supongo que una cierta espiritualidad que nosotros no dejamos desarrollar, no sé.
    Preciosa historia, preciosas las palabras que transcribes.
    Un abrazo.

  2. Creo que la diferencia en ese cine, además de que su tronco espiritual es distinto al nuestro (nosotros estamos condicionados por la forma semita de vivir la espiritualidad, agressiva, intolerante y excluyente), es la velocidad, la pausa. No necesitan una sucesión de hechos frenéticos para mantener al espectador pegado a la pantalla, lo que buscan y lo que tratan tiene un poso diferente. Nosotros, la cinematografía “modelo USA”, tenemos prisa; ellos no, pueden pasarse minutos sacando el meollo a una misma toma, diciendo montones de cosas, deteníendose a observar, a meditar, mientras que nosotros, en general, buscamos video-clips de dos horas, con una sucesión de fotogramas. En fin, todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes. A veces de Asia también nos cuelan algún truño con la excusa de la originalidad del cine asiático, pero desde luego, “Hierro 3” no es ese caso.
    Abrazos

  3. A mí ESTA película me impacto. Hay escenas que me dejaron turulata. Tengo amigos que no la terminaron de ver y a me fastidio un poco embobarme en solitario.
    Bueno, has hecho una critica completísima del film.
    Salvo que agradezco este cine y tu post de hoy no sé me ocurre nada. Salso ese de ¡VIVA EL CINE!

    kisses, miercolianos

  4. Bueno, bueno, Entrenómadas, el viejo truco de echarle la culpa a los ordenadores nuevos, los acentos y demás… Si es que no se puede salir de copas entre semana, que es lo que tiene…
    La película es estupenda: esa escena en que la chica, mientras abraza al matón de su marido, besa al chico, es soberbia, me pone mis pocos pelos de picos pardos.
    Besos de JUEVES (no nos quites un día, que eso no es culpa del ordenador, je, je).

  5. No sé por donde empezar. Siempre haces unas críticas excelentes en todos los sentidos pero hoy me he sentido emocionada. Has conseguido explicar tan bien la esencia de esta “rara avis”. No puedo añadir nada, sería superfluo, sólo decir que es una película muy hermosa, de una sensibilidad abrumadora y que me ha robado el corazón. No me canso de verla.
    Un abrazo silencioso.

  6. Bueno, Lucía, qué bien, muchas gracias. Es sin duda una película especial, para degustar y paladear despacio, para recrear la mirada y el espíritu, para reconciliarse con el ser humano.
    Y sobre la carátula, tienes razón. A mí esta me encanta.
    Un fuerte abrazo

  7. No he visto la peli, así que me la apunto. Lo cierto es que, después de leer tu entrada, es imposible no desearla verla de inmediato.
    El mundo de las casas vacías es digno de las mejores fantasías. Durante muchos años mi profesión era vender inmuebles de segunda mano. Cuando éstos estaban vacíos y recién deshabitados (el caso típico de las casas de los abuelos muertos, todavía con los tapetes y las flores del plástico en la mesa del comedor), me ponía los pelos de punta visitarlos y daba pie a imaginar cómo debió de transcurrir ese último día. Siempre había fotos antiguas, algunas de ellas colgadas en las paredes; cartas sin abrir, colocadas cuidadosamente en la mesita de la entrada, normalmente facturas de la luz o del teléfono; algún vaso de duralex en la pila de la cocina; el olor, … Y lo dejo aquí. No quiero ponerme melancólica, pero sí transmitiros la emoción que se siente cuando entramos con respeto y cariño en el pequeño mundo de los demás.

  8. Estupendo comentario, casi llega uno a ser un fantasma que invade otro mundo. Sé muy bien lo que es eso, porque durante un breve tiempo en mi caso, a lo que parece, hemos sido compañeros de profesión. En efecto es una sensación extraña e inexplicable, pero tú la has retratado muy bien.
    Un abrazo.

  9. La idea es buenísima, alguien que habita nuestra casa cuando no estamos y como los duendes del cuento nos hace las faenas. Sólo le falta paggarnos una parte del alquiler ó hipoteca.
    En serio, seguro que el comienzo me entusiasmaria, luego me temo que me aburriría.
    Por cierto el tema de este texto me obliga a recordar el relato de Algernon Blackwood “La casa vacía” que si no lo has hecho ( que lo dudo) te recomiendo que leas en silencio por la noche porque todavía me sigue pareciendo el relato más terrorífico que he leído.

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