Cine para pensar – La cabina

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Cuando el cine logra traspasar la pantalla e influir en el comportamiento de la gente, es cuando más evidente resulta que se trata de una manifestación artística, aunque últimamente quede diluida en una prolongación del video-clip. Y aquel año de 1970, mucha gente, al entrar en una cabina de teléfonos, impedía con el pie que la puerta se cerrase, por el miedo inconsciente que le habían producido unas imágenes de televisión.

Este magnífico cortometraje de apenas 40 minutos rodado para televisión fue justamente celebrado dentro y fuera de España, ganando gran cantidad de premios en todo el mundo. Bajo la capa de una historia de terror surrealista, Antonio Mercero y José Luis Garci evidenciaron la opresión de una sociedad que había evolucionado hacia la modernidad a mayor velocidad que la dictadura anquilosada que seguía implantada como un fósil desde los años cuarenta. La historia de la película es bien simple: un hombre (José Luis López Vázquez) del que no se sabe nada, un tipo normal y corriente de los que se ven a patadas en la calle, y que acompaña a su hijo al autobús escolar, entra en una cabina telefónica para hacer una llamada. La puerta se cierra, y al parecer queda bloqueada, sin que él desde dentro, ni los pocos transeúntes que se detienen a ayudarle, desde fuera, puedan abrirla. A partir de entonces, en la propia plaza y a lo largo del trayecto que la cabina hace con el inquilino dentro, una vez que los operarios de la empresa que acuden la cargan en el camión en lugar de abrirla, el hombre encerrado en la cabina comienza a ser un objeto de diversión para todos los que pasan por la calle, provocando risas y burlas. Curiosamente, sólo hay dos personajes que miran con angustia la situación de nuestro hombre encerrado, un payaso y un bufón de circo, quienes, a pesar de que profesionalmente son quienes más deberían buscar la hilaridad de la situación, permanecen serios y con un velo de tristeza e inquietud en la mirada.

Sólo se produce un momento de consuelo para nuestro sufriente individuo: parados en un semáforo, se detiene junto al camión otro con igual cargamento, una cabina con un tipo dentro (Agustín González), que pasa por el mismo desconcierto, el mismo temor, y que también comienza a ser una piltrafa física tras tanto rato encerrado y con el aire empezando a escasear. El viaje de la cabina continua fuera de la ciudad a través de desiertas carreteras, hasta el depósito donde tiene lugar el inquietante final de la historia de nuestro hombre, perfectamente retratado con una terrorífica música y unos primeros planos tremendos de López Vázquez comprendiendo el espantoso fin que le espera. Pero su final no es el final de la historia, porque los mismos operarios trasladan al mismo lugar donde estaba la cabina otra exactamente igual, que dejan con la puerta abierta, invitando a cualquier incauto a penetrar en ella… para no salir más.

La película maneja fantásticamente el suspense, creando situaciones surrealistas y explotando la inquietud que por el futuro cercano de este hombre sufre el espectador. No hay apenas diálogos, sólo frases sueltas que pronuncian los transeúntes que se mofan del pobre hombre o que circulan cerca de él con indiferencia.

El retrato social de un país aprisionado, necesitado de aires de libertad está aquí magistralmente conseguido, tanto, que una vez más una idea claramente telegrafiada pasó inadvertida a los estúpidos equipos de la censura, que todavía continuaba a pleno rendimiento antes de la ligera ‘suavización’ introducida en los setenta. El inquietante final conseguía ese efecto de extensión de una situación particular a una metáfora en el plano colectivo de lo que sucedía entonces en España. Además, está visto desde la perspectiva de los nacidos después de la guerra: al igual que nos asusta profundamente, no el hecho del encierro en sí del pobre hombre en la cabina, sino la ausencia de explicaciones, de por qué sucede, quién lo ha ordenado, dónde le llevan, etc., indignaba a muchos jóvenes nacidos tras la guerra el hecho de encontrarse en una situación heredada e injustificable, ante la que además no tenían voz para hacer preguntas ni formular quejas, y cuya única respuesta era un porrazo de los grises o una noche en el calabozo de la Dirección General de Seguridad. No había salvación, ni explicación.

Por otro lado, supuso un nuevo paso más en la conversión de José Luis López Vázquez hacia un cine más serio, alejado de la comedia (tras aparecer durante las décadas anteriores sobre todo en comedias costumbristas y de entretenimiento que incluso le valieron una cuantiosa oferta de Hollywood, proveniente de George Cukor, que buscaba convertirlo en el nuevo “Cantinflas”), que luego alcanzaría cotas altísimas en trabajos para Carlos Saura, Jaime de Armiñán y muchos otros, aunque mantendría sus apariciones en comedias con papeles que recordaban a los de antaño, como por ejemplo, sus trabajos con Berlanga.

En resumen, una película perfecta para explorar las técnicas básicas del suspense y su influencia en las emociones del espectador, pero también de gran valor sociológico ahora que conmemoramos el treinta aniversario de las primeras elecciones democráticas en España tras la dictadura franquista, para hacernos una idea del incipiente estado de protesta que latía en el país y que provocaría un cambio imposible de detener.

21 comentarios sobre “Cine para pensar – La cabina

  1. Cielos, tienes toda la razón del mundo: mira que era yo bien pequeña cuando la ví y todavía la recuerdo como una pesadilla. Te llega al tuétano.
    Sobrecoge ciertamente lo absurdo de la situación, la ausencia aparente de motivos para tal crueldad, la impunidad con que se está llevando a cabo…es tremenda.
    Uf, reconozco que me ha dado un escalofrío entrar aquí y ver la imagen de Lopez Vázquez desesperado. Desde luego soy una “damnificada” de las que hablas al principio.
    Abrazos mil.
    PD Mira, no me acordaba del gran Agustín González en esta peli pero sí de que el payaso no se reía.

  2. Es muy impactante, de hecho posiblemente sea una de las mejores muestras de suspense que se han rodado jamás en España (junto a algunos capítulos de “Historias para no dormir”, probablemente).
    También da que pensar en el sentido de qué cosas se producían antes en televisión y en qué horario se emitían. Hoy, de haberse producido, la pondrían un domingo a las tres de la mañana, seguro.
    Un abrazo

  3. Desde luego que lo de influir en las emociones del espectador lo consiguieron sin problema. Yo también era jovencita entonces y me produjo tal angustia que me negaba a entrar en las cabinas. Lo que yo no había captado por aquel entonces fue esa metáfora tan espléndidamente bien hecha sobre la sociedad de aquel momento.
    Un abrazo.

  4. Pues sí. Ahora no podría hacerse, con casi todo el mundo colgado del móvil, aunque hay una nefasta película americana de un tipo al que otro retiene en una cabina y al que amenaza con matar si se mueve. Creo que sale Colin Farrell, posiblemente el peor actor de los últimos tiempos (que acaba de rodar con Woody Allen, por cierto).
    La metáfora de la peli es estupenda, el tío todo sofocado abriéndose la corbata y la camisa, como falto de aire que respirar.
    Un abrazo

  5. Yo la vi cuando era pequeña, luego de mayor y de verdad que me da un agobio, un escalofrío. Realmente logra el efecto que pretendía el director. Y coincido contigo la metáfora es estupenda.
    Besos en cabina

    Oye, después del reniego de ayer estoy escribiendo en mi casa. Si hay faltas es cosa mía no del ordenador. Pero ayer era verdad,verdad de la buena.

  6. Pues sí, es agobiante, y además es muy difícil de conseguir. Ahora además ha adquirido un valor sociológico tremendo: qué ropas, qué coches, qué calles, en resumidas cuentas, qué país.
    Vaaaale, lo de las faltas era culpa del ordenador (pero era jueves).
    Por cierto, se me acaba de ocurrir que otra tortura típica de las cabinas era que no devolvieran el cambio… Eso también puede ser de terror total.
    Besos móviles

  7. Jolín, todavía no se me ha pasado el susto y el mal rollo que me dio de niña, pero veo que no soy la única. Fíjate que quizás ahora no me atrevería a verla de nuevo, porque igual el desasosiego iba a ser total. No es fácil producir ese efecto en casi toda una generación.

  8. Noemí, yo he vuelto a verla hace poco y la verdad, por un lado sigue siendo muy desasosegante, pero por otro, se han visto tantas cosas, buenas y malas, que ahora parece un poco ‘light’, aunque sigue siendo muy efectiva.

  9. ¿No dije yo nada en su día aquí? Estaría dormida, o con la ciclotimía en fase deflaccionaria… Con el entusiasmo que despierta en mis conexiones neuronales este corto… CAsi toda la vida lo he tenido presente, fijarse.
    Ciao.

  10. Acabo de verlo con Luisa, capté el mensaje desolador y leyendo tu reseña lo confirmé. Este entrar inocemente y quedarte ahí. Gracias, se hace lo que se puede y a veces cuenta uno con lo necesario para compartir.

    besos

  11. Este mediometraje es realmente inquietante y definía meridianamente cómo se respiraba en la asfixiante España de los setenta.
    Compartir cine es una estupenda forma de conectar con gente.
    Abrazos

  12. Cuánta inteligencia junta en esta peli… terror, crítica social, economía de medios, un gran actor…
    Menos mal que lópez Vácquez no se largó a Holliwood, supongo que se habría destrozado allí.

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