La tienda de los horrores – Pret à porter

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Aborrezco la moda y toda la cantidad de bobadas que se mueve alrededor de ella. Lo siento, pero no puedo soportarlo. Me parece bochornoso que en todos los noticieros hablen de pasarelas, que en tantos y tantos programas se muestren imágenes de percheros de carne y hueso que visten harapos que no se pondría ni un antinudista desesperado. Me parece un mundo absolutamente sobredimensionado, al que los vampiros que controlan el negocio llevan décadas intentando convertir por la fuerza en una de las manifestaciones de arte reconocidas, a la misma altura que la pintura o la escultura. De ahí que intenten aplicarle el concepto más soberbio que existe, que es ponerle a una ropa el nombre del diseñador como si fuera un artista. No, no como una simple marca comercial, sino un nombre, a veces con nombre y apellidos, como si de pinturas móviles se tratara y merecieran reconocimiento. Me da náuseas, especialmente esa tontería de las “colecciones” y todavía más la serie de negocios y negocietes que arrastra con él: la pamemada de los y las top-models, los catálogos, los cuerpos esqueléticos, el proselitismo económico y la difusión de falsos estereotipos del éxito y de la belleza. Vamos, un asco.

Con estos antecedentes, mostrados sin duda con menos saña con la que me hubiera gustado por no ofender a quienes puedan gustar del mundo de los espantapájaros, no es de extrañar que la película de Robert Altman, Pret à porter (1994), me resulte un despropósito total. No sólo porque escogiera como marco un tema y un ambiente que, particularmente, me genera tanto interés como una intervención quirúrgica hemorroidal a un búfalo de Botswana, sino porque la película en sí es lo peor que el recientemente fallecido Altman tuvo la ocurrencia de filmar.

Este interminable bodrio coral, el estilo favorito de Altman, se sitúa en París, en cuyas pasarelas se presentan las colecciones de ropa pret à porter de los diseñadores más celebrados del momento (celebrados por quien seguramente no tenga otra cosa que celebrar ni cabeza para discurrirla). Con infinitas tomas aburridísimas de presuntas modelos sometiéndose a los flashes de los fotógrafos y desfiles de pasarela asaltándonos constantemente, se presenta una historia de intriga que no le importa a nadie. Es decir, entre tanto famoso, tanto diseñador, tanta modelo, tanto fotógrafo y tanto reporterillo de moda acontece un asesinato, que ni le importa a la policía, ni a los que allí se hallan, ni siquiera le interesa al director. ¿Para qué, entonces, liquidar a nadie en una película? La verdadera trama de la misma la constituyen las envidias, recelos y rivalidades entre todos los asistentes al circo (y nunca mejor dicho, lleno de payasos), vomitivos hasta decir basta, con unos personajes lamentablemente perfilados, limitados a ser burdos tópicos y que, en muchos casos (como el papel de Julia Roberts o el de Tim Robbins) están de adorno.

En resumidas cuentas, una película demasiado larga, con una trama demasiado boba, con un reparto aceptable absolutamente desaprovechado (además de la Roberts y de Robbins, Marcelo Mastroiani, Sophia Loren, Kim Basinger, Stephen Rea, Lauren Bacall, Lily Taylor, Forest Whitaker, Danny Aiello o Teri Garr, entre otros, a los que habría que pedir cuentas por haber aceptado participar en esto) y, en conjunto, Robert Altman en sus horas más bajas (y eso que el pobre, horas bajas tuvo muchas y variadas).

Capítulo destacado la música. Recorrió el mundo de punta a punta una canción de un fulano que se hacía llamar Ini Kamoze, un ‘matao’ de categoría, que se dedicó a destrozar La tierra de las mil danzas de Wilson Pickett y reducir su conocido soniquete a una burda caricatura. Así que como el pobre Altman, genio cuando lo hacía bien (Gosford Park, Vidas cruzadas, Nashville, MASH), y basurero cuando lo hacía mal, como en este caso, no puede ser condenado porque ya ha fallecido, desgraciadamente, vamos a ensañarnos con el raperillo ese de tres al cuarto.

Acusado: Ini Kamoze
Atenuantes: ni uno ni medio
Agravantes: haber destrozado un clásico
Sentencia: culpable
Condena: versionar en rap toda la discografía de José Luis Perales

8 comentarios sobre “La tienda de los horrores – Pret à porter

  1. No aborrezco la moda. No la practico, es cierto.
    Pero soy hija de sastre y me queda siempre un deseo de ver telas, colores, texturas, movimiento, y cuando todo coincide me parece de una gran belleza.
    Otra cosa es el mercado y sus compinches, el dinero y los gilipollas de alrededor que lo enturbian todo.
    Bueno, la peli para olvidar.
    Estoy de acuerdo contigo. Pero siempre recordaré a Robert Altman por la pulcritud de “Golsfor Park”. Muy útil para entender un poco la alta sociedad británica.
    Besitos de sabado

  2. A mí me gusta bastante Altman, pero ésta (¡qué casualidad¡) no la he visto.
    No aborrezcas la moda. No tiene la culpa de que nos muestren sólo su lado más petardo. Es como reducir el cine a Hollywood, por ejemplo.
    Yo también soy hija de modistilla y aprendí a ver lo que tiene de creativo y hermoso.
    Un beso.

  3. Inma, ni se te “escurra” ver semejante cosa, ni en deuvedé.

    Entrenómadas, yo no soy hijo de sastre, pero soy sobrino, y muy diferente es tener un negocio respetable e imprescindible al tema del mercadeo que comentas. El día que se ponga de moda ponerse una bolsa de supermercado en la cabeza para ir a las bodas, algún idiota querrá convencernos de que eso es lo más “chic” (a lo mejor lo es).

    Noemí, con la moda me pasa como con el fútbol; no tengo nada en contra, pero es un aglutinante de gilipuertez tan grande, que es que no puedo… Buen símil, por cierto. Lo de Hollywood también es la moda.

    Besos por triplicado y sin que tire la sisa

  4. Vaya, al final estamos todos emparentados, mi madre también fue modista. No os cuento los vestidos que nos hacía a mi hermana y a mí, estaban siempre a la última, y claro, de eso me quedó el gusto por los trapos. Por Lagerfeld siento debilidad. (otro día os cuento los vestidos que le hacía a la Nancy con los retales que le sobraban a mi madre).
    Pero de ahí a encumbrar la moda al nivel de arte ya me parece excesivo. La película no la vi pero lo que dices parece bastante pesada así que no me la apunto.
    ¡Con la condena hilaste fino!
    Un beso.

  5. !VIVAN LOS SASTRES Y LAS MODISTAS!!!
    A ver ahora quien se cree que esto va hoy de cine.
    Besos chicas,
    Besos Escalones

    PD: Un día quedamos todos y nos hacemos unos dobladillos o unos ojales.

  6. Lucía, no te la apuntes no, que hasta a Lagerfeld le cogerás manía.

    Entrenómadas, ¡QUE VIVAN! Además, qué hubiera sido de la novela romántica sin las modistillas… Tienes razón, no ha quedado muy de cine.
    En fin, acabo de levantarme. Voy a quitarme el pijama fucsia con cuadros morados y fluorescentes que compré a Ágata R. de la Prada.

    Besos “a la mode”

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