Una joya oculta: El destino también juega

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¿Dónde va por en medio del desierto del oeste americano un carro fúnebre a toda velocidad? ¿Llega tarde a un entierro? No. Llega tarde a una partida de póker. El hombre que conduce es el rico propietario de las pompas fúnebres más solicitadas de Texas, y está recogiendo a los jugadores que van a participar en la partida más dura del territorio. Saca casi a rastras de un juzgado a Havershaw, abogado que no vacila en dejar en el aire la sentencia de un juicio con tal de no llegar tarde a la partida, y de su casa al millonario Drummond, que se marcha de la boda de su propia hija para no llegar tarde.

A big hand for a little Lady, de 1966, western que no es un western dirigido por Fielder Cook, pertenece a ese grupo de películas, casi ya un género en sí mismo, que pueden catalogarse como películas con sorpresa, seis antes que La huella, siete años antes de que se rodara El golpe, y décadas antes que otras del mismo tipo como Sospechosos habituales o la argentina Nueve reinas.
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