La tienda de los horrores – Calles de fuego

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Calles de fuego, fábula del rock and roll (así se vendía) dirigida en 1984 por Walter Hill es una de mis petardadas favoritas. Porque la película es mala con ganas, y sin embargo, no sé si porque esta película remueve algo de nostalgia de infancia ochentera, siempre me agrada volver a visitarla, aunque no resista el mínimo análisis crítico y provoque sonrojos continuos con sus tópicos y sus personajes de cartón.

Walter Hill, guionista y director, realizó esta película para dar rienda suelta a sus mayores pasiones, realizando un cóctel de sus gustos personales, los mismos que le habían movido a dedicarse al cine mediante la escritura de guiones, en primer lugar, y luego con la dirección. Y el resultado fue esta cosa rara que es una mezcla de elementos puntuales de su cine: La huida, de Peckinpah, de la que fue guionista, de donde extrae la dupla violenta chico-chica, El hombre de Mackintosh, de John Huston, de la que también Hill se ocupó del guión, de donde toma al héroe que se enfrenta a todos en solitario, Forajidos de leyenda, dirigida por él, acercamiento sublime y magnífico a la figura del bandido Jesse James, de la que toma la atmósfera del western pese a que Calles de fuego se desarrolla en una gran urbe deprimida de mediados de los cincuenta, y también de la serie Alien, de la que fue guionista (partes 2 y 3) y director (parte 4), de la que utiliza los elementos futuristas. Todo ello aderezado con la violencia que utiliza en sus cintas de acción como Límite 48 horas, 48 horas más o Danko: calor rojo.

¿Y qué resulta de toda esa mezcla? Pues este extraño engendro que, a la manera de los cómics clásicos de superhéroes, que también sirven de inspiración aquí a Hill, mezcla la estética de los años cincuenta con el neón de los ochenta y una especie de futurismo apocalíptico de siglo XXI. La trama es profundamente clásica y arquetípica. En una oscura ciudad en plenos años cincuenta (no se ve la luz del día en ningún momento, al estilo Blade Runner), una joven es camarera en una típica cafetería de las que podemos ver en el cine negro de los 40 o en los cuadros de Hopper. Está sola, no tiene a nadie excepto a sus amigas, y su único consuelo son las canciones de su artista favorita, Ellen Aim (jovencísima Diane Lane), que lo que canta es pleno pop de los ochenta, con una estética y unos medios más cercanos a Madonna que a Elvis. El caso es que la banda de Moteros Terroristas, comandada por un espectral Willem Dafoe (en uno de sus primeros papeles vistosos), de tez muy pálida, cabellos con forma de demoníaca cornamenta y pantalones de pescador (¿?), secuestra a la chica y deja a sus fans sin su música. ¿Qué hacer? Pues la camarera llama a su hermanito, Tom Cody, interpretado por el monigote Michael Paré, conocido héroe de subproductos de acción de serie Z (y porque no hay más letras), pistolero, aventurero, luchador, maniquí, y muchas otras cosas más, y por si fuera poco, antiguo novio de la cantante, que viene raudo y veloz como el rayo al rescate, aunque el mozo es blandito por dentro y reviven en él los viejos rescoldos del pasado. A él se alía una joven inadaptada y violenta, McCoy (Amy Madigan), que gusta de soltar tiros a diestro y siniestro a todas horas y que es una especie de cowboy clásico en femenino. Acompañados por el manager de Ellen (el presunto cómico Rick Moranis), tipo despreciable, actual novio de Ellen que se preocupa más por las ventas de discos que por ella, se lanzan a la búsqueda de la chica por una ciudad a oscuras, de ambiente ochentero pero de estética cincuentera: coches, motos, mobiliario urbano, todo es de tres décadas atrás. Como no podía ser de otra manera, el grupo triunfará tras la pelea de machotes entre el bueno y el malo, pero Cody y Ellen se tendrán que separar, porque él la convence de que su vida es la música… Vamos, para echar la pota.

Walter Hill, apasionado de la música rock (del blando), la ciencia ficción, el cine del oeste y la violencia, realiza este western urbano de buenos y malos repleto de anacronismos (los medios técnicos que aparecen en los interminables números musicales de Ellen, los monitores, cámaras, montajes televisivos etc., por ejemplo), donde se mezcla todo, uniformes de policía de los cincuenta con armas de los ochenta, vestimentas a lo Alien Resurrección con música tipo Cyndi Lauper, con un pobre guión lleno de lugares comunes y slóganes de heroicidad barata, de romanticismo postizo y de escaparate, y de la que ni siquiera se salvan las canciones (otra cosa es la partitura de la película, aceptable pieza compuesta por Ry Cooder), supuestamente el punto más importante de la película. En fin, demencial. Como muestra, un botón: I can dream about you, de Dan Hartman (el grupo interpreta a unos músicos que ayudan a Cody y a McCoy y que como premio reciben el honor de ser los teloneros de Ellen), que, pese a todo, es la mejor canción de las que aparecen (eso da idea de las demás).

Acusado: Walter Hill
Atenuantes: haber dirigido Forajidos de leyenda
Agravantes: Alien 4
Sentencia: culpable
Condena: rodar una versión castiza, Coplas de fuego, en la que un manolón con navaja estilo Curro Jiménez tiene que rescatar a la folclórica de turno de los brazos de una banda de arrieros y muleros de Mijas, con música racial total, en el marco de la Estación Espacial Internacional.

17 comentarios sobre “La tienda de los horrores – Calles de fuego

  1. ¿Sólo el último párrafo…? ¡Cachis!

    A ver, a ver, mmmmmmmmmm… Los McCann… ¿Son dos hermanos que juegan en el Manchester United? ¿Una cadena de comida rápida? No sé. A lo mejor son unos asesinos. O unos chivos expiatorios. Quizá tenga razón Boris y terminemos convirtiéndolos en los “Beckham del crimen”.
    Pero, en serio, me da la impresión de que nadie sabe quiénes son, y que no lo sabremos nunca… hasta que hagan la peli sobre ellos para despistarnos del todo.

    Besos

  2. Anda, que jovencita esta Diana Lane, me gusta esta actriz.
    Bueno, tienes razón es un petardo de peli, aburrida y sosa.
    Uffff, yo como castigo los envío a vender hielo a la Antártida o algo así.
    Bien, Sr. Escalones, estoy de acuerdo con Eryx, pero lo que le sugiero es que ESCRIBA USTED GUIONES, UN BUEN GUION DE CINE, YA!!!

    kisses

  3. la verdad es que la película es mala de solemnidad, pero bueno, te entiendo, yo tengo muchas pelis ochenteras que bombean de nuevo la vena nostálgica a la cual todos recurrimos en un momento u otro de nuestra vida
    un saludo, muy interesantes tus artículos

  4. Estoy esperando con impaciencia que dediques un sábado a Máximo Riesgo, o a Límite vertical, cualquiera de las dos es una excepcional candidata a un cine de sábado.

  5. Calles de fuego es una de mis peliculas favoritas de la adolescencia y me sigue pareciendo briosa y entretenida como todas de Walter Hill, quién entra dentro de mis gustos de siempre. Bien es verdad que en esta cinta se mostraba encorsetado y domesticado pero el hombre, creo, siempre ha cumplido con unos mínimos más que aceptables.

  6. Yo creo que es más bien al contrario, Marcelo, aquí Hill hace lo que quiere, se libra de corsés y apreturas, y por eso le sale lo que le sale (para mi gusto se le va la mano por mucho). Estoy de acuerdo en que es un tipo cumplidor, no da nunca más de lo que se espera de él, pero normalmente, tampoco menos.

  7. ¿Película de culto? La verdad es que desde pequeño es una de mis películas preferidas ¿Por qué? Quién sabe. Hay algo en ella que atrae y mucho. Me encanta. Hoy he vuelto a escuchar la banda sonora -en vinilo, por supuesto- y se me han puesto los pelos de punto.

  8. Una muestra de lo que siempre decimos aquí: que el gusto personal no siempre va directamente ligado a la calidad de una película, sino que otras connotaciones vienen a suplir carencias técnicas, interpretativas y narrativas sin que por ello resulte criticable. Esa atracción inexplicable por determinados productos que, con la vara de medir en la mano, son de calidad media-baja hacen del cine algo todavía más grande.

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