La tienda de los horrores: Las minas del rey Salomón

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Pues no, no nos referimos a la versión clásica de 1950 protagonizada por Stewart Granger y Deborah Kerr, sino al engendro en el que Richard Chamberlain interpreta al aventurero Allan Quatermain, y una joven Sharon Stone (individua de altísimo coeficiente intelectual, lo cual, tal como le ha sucedido a Geena Davis, otra superdotada intelectualmente, no le ha servido para elaborarse una carrera cinematográfica digna) hace de florero euro-africano.

Tras ver esto, el primer pensamiento que viene a la cabeza es: ¿POR QUÉ? El segundo es: ¿CÓMO DEMONIOS PUDO RODARSE UNA SECUELA DE ESTO? J. Lee Thompson, director menor con algunos éxitos como Los cañones de Navarone o El cabo del terror, se descolgó en 1985, siguiendo la multimillonaria moda de Indiana Jones, con esta cosa que es un cúmulo de despropósitos uno detrás de otro, que pretende mezclar el exotismo de una aventura africana con la acción y un sentido del humor patético (años más tarde repetiría la misma receta con la infumable producción El templo del oro, que también tendrá cabida en esta sección, protagonizada por Chuck Norris y Louis Gosset Jr., todavía peor que ésta de hoy).

Siguiendo la mítica historia escrita en 1895 por H. Rider Haggard, famoso aventurero (participante en las labores de exterminio que los británicos llevaron a cabo en el continente africano en la época de su imperio criminal,) cazador, escritor, periodista, vividor, y muchas otras cosas, narra la historia de Elizabeth Curtis, quien, acompañada de su hermano, y guiada por Quatermain, va tras los pasos de su marido, intrépido arqueólogo que ha desaparecido en busca de las legendarias minas del rey Salomón, antigua leyenda inspirada en la auténtica, rica y perdida civilización roswi de Zimbabwe que Haggard edulcoró para crear una novela al gusto europeo: blancos metidos en un lugar exótico y amenazados por negros. Zimbabwe pudo ser el Reino de Ofir, o el Reino de Punt, el remoto país del oro, donde se suponía que el faraón Hatseput para los egipcios, y el mitológico rey Salomón para los hebreos, abrieron esas minas que han pasado al imaginario popular en las novelas y películas de aventuras. También se ubica allí la legendaria tierra de Meluhha de los sumerios, una especie de Atlántida. Zimbabwe es el término con que los roswi, la tribu local, designa unas casas de piedra, una ciudad en realidad, que tiene de unos 1100 años a.C., aunque los roswi dicen que las levantó el diablo, ya que no tienen la noción de Historia. Los musulmanes, que llegaron allí mucho antes que los británicos, decían que eran fortalezas levantadas para la custodia de las minas. Pero es mucho más: templos, acrópolis, altares de sacrificios, murallas. En total, unas 15000 toneladas de piedra. como cuenta Joao de Barros, historiador y viajero portugués del siglo XVI. Lo más llamativo es el pesado cilindro de piedra, la torre cónica, hueca por dentro, posiblemente símbolo de fertilidad aunque su uso sigue siendo un misterio.

Volviendo a la película, la mediocre y penosa acción, llena de chistes lamentables y situaciones patéticas, pretendidamente de acción, y que son más bien gags de un cómico decadente, está aderezada con el marco histórico de la Primera Guerra Mundial en África; o sea, que además de arriesgarse con las violentas tribus locales, Quatermain y su oxigenada acompañante tienen que vérselas con los malvados soldados alemanes (comandados por un Herbert Lom en horas, no ya bajas, sino subterráneas, configurando un oficial prusiano caricaturesco y ridículo).

Chamberlain, conocido por el gran público en Europa por aparecer en una serie australiana interpretando a un cura clásico (o sea, uno de esos que no pueden mantener la anatomía bajo los hábitos), sin embargo, se había labrado ya una gran fama de actor gracias a películas australianas muy apreciadas en los festivales internacionales (algunas de ellas reeditadas recientemente en DVD; hablaremos aquí de alguna de sus primeras cintas), destrozada después por culpa de su aparición en mediocres cintas de acción como la que hoy recogemos, tras haber interpretado con mucha solvencia el papel de Aramis en la saga mosqueteril de Richard Lester. En cuanto a Sharon Stone, todos sabemos a qué cruce de piernas se debe su reconocimiento por el gran público, no habiendo dado después la talla en cuanto a lo que buenas interpretaciones se refiere, quizá, también por culpa de errores en la elección de personajes, y en la ausencia de guiones apropiados para sus cualidades interpretativas, si es que las tiene.

Resumiendo, un bodrio del que incluso se hizo una segunda parte, Quatermain en la ciudad perdida del oro, repitiendo pareja protagonista, y que alcanzó con demasiada facilidad las mismas cotas de vulgaridad, zafiedad, ridiculez y patetismo. Por rescatar algo, quizá la ambientación, que, aunque deficiente (se ve el cartón piedra de las edificaciones de los poblados a diez kilómetros), contiene algunos espacios recreados de forma interesante. Pero por salvar algo.

Acusado: J. Lee Thompson
Atenuantes: Los cañones de Navarone y El cabo del terror
Agravantes: la segunda parte
Condena: culpable
Sentencia: en la película aparecen caníbales. No digo más.

16 comentarios sobre “La tienda de los horrores: Las minas del rey Salomón

  1. Buenooooo, esta plantilla sí que me gusta. Es limpia, apetecible y con letra agradable.
    La pelí es un espanto. Como comerse 20 ensaimadas con batido de plátano. Te hartas enseguida.
    POBRES CANIBALES, después del castigo debieron hacerse vegetarianos.
    y pacifistas. Miraré en la agenda a ver si tengo el teléfono de alguno.
    Besitos,

  2. Gracias, gracias, Entrenómadas, pero me harás el favor de consultar por mí a tus amigas, a ver qué dicen…
    Pues sí, creo que los pobres caníbales no se merecerían un banquete tan poco suculento. Quizá les gustaría más hincarle el diente a la Sharon Stone… y luego, a lo mejor también comérsela.
    Besos

  3. La peli es muy mala , pero es que yo creo que no se apreció en su momento que involuntariamente se ha convertido en una parodia de la saga Indiana Jones, jaja, a mi personalmente me divierten mucho las dos partes, aunque claro, desde ese punto de vista de ridiculez naif que posee. Por cierto, si estas os parecen malas, un dia habría que hacer un análisis de las decenas de subproductos aun peores que este de esa época (y si, lo reconozco, me las tragaba todas, jaja)
    un saludo

  4. El problema es que, si la intención hubiera sido rodar una parodia, pues, aun siendo mala, vale. La parodia es un género muy difícil que siempre está al borde del abismo, así que si sale mal, se disculpa la intención, y vale. Pero J. Lee Thompson no era un tipo que rodara parodias (al menos, en un principio, aunque luego se especializó).
    Estoy de acuerdo contigo, hay que verla sin prejuicios, sin esperar nada, y sólo por el puro fin de descojonarse.
    Un abrazo

  5. Realmente es un bodrio. La pusieron en el bus de algún viaje y gracias a dios no había sonido ambiente, pero la visión de unas cuantas escenas sin sonido resultaba si cabe más patética.
    Buena elección para esta sección.

  6. ¡Quéchulaaaaa! Coincido con la nómada, la plantilla genial… Hasta me tienta (je,je)
    De la peli puedo poco decir, porque no la he visto, ni pienso
    De todas formas, 39, esto de la tienda de los horrorres es una terapia genial: venga a despotricar y a despotricar; también me tienta, je,je
    Besotes findesemaneros.

  7. Minerva, vaya viajecito en bus… Sería una sección interesante: películas de viaje (tren o autocar). El año pasado en un viaje a Andalucía me pusieron la peli de Gilliam sobre los Hermanos Grimm, y a la vuelta… ¡la misma!
    Un abrazo

    Luisa, me alegro de que te guste la plantilla. Como en nuestra querida Roma, guárdate de los Idus de marzo, y de “Las minas del rey Salomón”, aunque si algún día necesitas reír, viene de perlas. No veas lo bien que sienta hacer esto una vez por semana…
    Besotes

  8. Me alegro, Mónica, de que te guste el nuevo look, felicitaré al cirujano plástico de tu parte. La peli hay que verla en clave de descojone total, y si puede ser con un par de copas dentro. Si no, es un suplicio.

    Inma, en efecto, en el caso de que hubieran querido hacer una parodia, aún así sería mala. ¿En qué estarían pensando?

    Besos respectivos

  9. ¿Parodia de Indiana Jones? Vamos a tratar con dignidad a las parodias jajaja. Una parodia es por ejemplo La loca historia de las galaxias (Spaceballs), que es bastante digna. Yo me compré Las minas del rey Salmón el otro día porque estaba a 5 euros en unos grandes alamacenesm que sí no…y lo más soprendente es que la segunda parte estaba también en dvd.
    Aun así tiene escenas salvables, como la del cuenco gigante donde los dos protagonistas son introducidos para el banquete. Y además es original, porque otras escenas son un calco (además de inverosímiles!!!) de Indiana Jones.

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