Alfred Hitchcock presenta – La trama (Family plot)

En 1976 Alfred Hitchcock celebraba sus bodas de oro como cineasta. Sin embargo, tenía bien poco que celebrar. Además de los problemas de salud debidos a su obesidad crónica y al alcoholismo, desde el éxito de Los pájaros trece años antes sus películas habían ido perdiendo poco a poco el favor de la crítica, y también del público (lo cual le dolia más que sus propios achaques), que prefería sus viejas películas de los cincuenta y, antes que visionar sus nuevos trabajos, se inclinaba más por la nueva ola del cine de los setenta, con nuevos temas y estéticas más cercanos a los valores que empezaban a despertar en la juventud. Únicamente Frenesí (Frenzy, 1972), recibida con un entusiasmo que le hizo a Hitch sentirse varios años más joven (y muchos kilos más delgado), hacía augurar que la nueva película del mago del suspense podía ser de nuevo un repunte en su caída libre hacia la retirada definitiva.

Personalmente siempre me he sentido atraído por las películas, digamos crepusculares, es decir, las cintas que suponen la despedida de la pantalla de grandes actores o importantes creadores del mundo del cine: El último pistolero (última película de John Wayne, dirigida por Don Siegel, en la que no sólo muere el personaje que interpreta en esa película, sino todos lo que interpretó con antelación en el western), Aquí un amigo (donde Billy Wilder da rienda suelta a su mala leche por última vez), La condesa de Hong Kong (injustamente criticada última película de Chaplin, con Marlon Brando y Sophia Loren interpretando a Chaplin, y un anciano Chaplin con cinco minutos soberbios como camarero de barco) etc., etc. Son como una despedida; da la impresión de que son los propios actores o directores, según el caso, los que han medido hasta tal punto sus acciones en la película, que parecen estar diciendo un enorme adiós. Lo mismo sucede con Family plot (titulada en España La trama), tradicionalmente considerada un Hitchcock ‘menor’ (si es que los hay menores) y menospreciada por ser la última cinta del genio.

Sin embargo, como el dicho, “el que tuvo, retuvo”, y Alfred Hitchcock da un nuevo recital de suspense y humor negro en esta su última película, en la que vuelve a sus lugares comunes e intereses habituales para, esta vez en forma de comedia negra, ofrecernos una película absorbente y deliciosa. En esta ocasión, el azar, la casualidad, vuelven a caer sobre inocentes con todo su peso, aunque en diferente sentido al habitual en el cine de Hitch. Tras unos títulos de crédito iniciales que recuerdan a los de Vertigo (1958), conocemos a Blanche (Barbara Harris), una joven que se gana la vida haciéndose pasar por vidente ante las ancianas adineradas de los barrios residenciales de Los Ángeles, con lo que consigue cuantiosos honorarios con los que espera formalizar su relación con su novio, un desgarbado taxista que de vez en cuando le echa una mano con sus investigaciones (el gran Bruce Dern). En una de sus nocturnas sesiones de espiritismo, Blanche recibe de una acaudalada anciana el encargo de encontrar a su único heredero, un niño que la familia abandonó años atrás a causa de su nacimiento ilegítimo, a cambio de diez mil dólares. La gran suma prometida despierta la avaricia de Blanche, y se lanza junto a su chico en busca del niño desaparecido (curioso el instinto detectivesco de un simple taxista). La casualidad hitchcockiana quiere que aquel niño (William Devane) se haya convertido en un próspero joyero y además en un presunto estafador que, con la ayuda de su amante (Karen Black), comete grandes robos y secuestros descabellados con los que chantajea a las autoridades. La convergencia de ambos hilos argumentales, la búsqueda por un lado de los jóvenes para ganar diez mil dólares, y el empeño del ladrón por ocultarse, no sólo de la policía, sino también de su pasado, con la consecuente pérdida de una fabulosa herencia que él desconoce, pone en bandeja el suspense al espectador.

La película, aun sin llegar a las altas cotas de perfección del cine de Hitchcock mejor valorado, contiene imágenes fascinantes y divertidas (por cierto, atención al cameo de Bob Hoskins como sacerdote): la sensacional secuencia de la investigación de Dern en el cementerio, con el plano picado de la cámara desde lo alto siguiéndole por entre las lápidas, el coche sin frenos por las cuestas de los cerros cercanos a Los Ángeles (en una escena similar a la de Suspicion, Sospecha, de 1941, o de North by northwest, Con la muerte en los talones, de 1959, cuando Cary Grant conduce borracho), el secuestro del cardenal en plena misa en la catedral, los oníricos “trances” de Blanche para engañar a las ancianas, la taza de wáter móvil (realmente curiosa la obsesión de Hitchcock con las tazas de wáter, en todo su cine y durante décadas; son muchas las películas en las que el baño desempeña un importante papel, y uno de sus grandes deseos hechos realidad fue poder enfocar en primer plano el agua del wáter en Psycho, Psicosis, de 1960), y sobre todo, el plano final de la película, en el que Blanche, sentada en una escalera tras hacer saber al público que sus dotes sobrenaturales no eran tan ficticias, guiña el ojo al espectador, a modo de despedida. Despedida, no de ella, sino de Hitchcock. Sir Alfred se despedía de sus admiradores, de quienes temblaron, se asustaron, se divirtieron o estremecieron con su cine, guiñando el ojo, un guiño y una sonrisa que no se limitan a ser un mero adiós. Realmente estremece pensar que en aquel sencillo plano se estaba concentrando toda una memoria cinematográfica que se estaba despidiendo en aquel momento, una memoria repleta de sustos, emoción, y también humor, simpatía, cinismo, sarcasmo. No podía haber filmado Hitch una escena más propia de él para decir adiós. Parece estar diciendo: “amigos, me marcho, todo fue una broma, pero qué bien lo hemos pasado, ¿no?”. El propio Hitch, con su relativización constante de la muerte, se tomaba a chacota su propia cercanía a la misma, y no contento con esta despedida personalizada, decidió retratarse en su última aparición en la pantalla tras una puerta de un juzgado, cuando Dern va a investigar la partida de nacimiento y defunción del hombre que buscan. La puerta tiene un rótulo que dice: “Registro de nacimientos y DEFUNCIONES”. Sólo un tipo socarrón como Hitchcock podría retratar su famosa silueta tras la palabra DEATHS cuatro años antes de morir.

Una vez más Hitchcock tomaba una novela vulgar, en este caso The rainbird pattern, de un tal Victor Canning, y la convertía en una gran película gracias de nuevo a uno de sus guionistas fetiches, el gran Ernest Lehman. Una joya no demasiado reconocida como tal, repleta del humor, los enredos y las tensiones propias de un mago del entretenimiento, del arte del cine, al mismo tiempo que, con continuas referencias a algunas de sus escenas más memorables, constituía un testamento cinematográfico de primer orden, y el adiós de un camarada cercano con el que hemos pasado “agradables” momentos, entre risas y sustos.

26 comentarios sobre “Alfred Hitchcock presenta – La trama (Family plot)

  1. Alfredo ¿qué voy a hacer ahora?: recién servido el condumio, y ahora me da hambre esta entrada tuya….. Me vas a poner a lo Hitchcock, hombre, y con lo vanidoso que soy: todos los días hago mis flexiones.
    Gracias, por la entrada, ehhe 😉 abrazos

  2. Qué hermoso post has escrito revalorizando este clásico de Alfred que mucho consideran menor pero que en realidad es una despedida digna. Coincido con lo que mencionas sobre la gran actuación de Bruce Dern y la trama que mezla con equilibrio suspense y humor negro. Saludos!

  3. A mí que me da que te gusta mucho el Alfred Hitchcock. Y yo me aprovecho un poco ya que siempre lo he valorado lo justo. Es decir que algunas películas me parecen soberbias y otras regular y otras nada. Leyendo tus posts voy entendiendo un poco más a este gran director. Voy ensanchando el camino hacia Hitchcock, a pesar de algún rescoldo.
    Soy más dura con los que me gustan que con los que me dan igual. Ya se me pasará.

    Besos

  4. Malvisto, mejor las flexiones que salir a correr (correr es de cobardes, siempre lo ha sido…). Entonces te recomiendo ausentarte de la filmografía de Hitchcock casi al completo: en todas sus películas la comida es muy importante (y también la bebida), tanto como lo era para él mismo. Ahora que lo pienso, a mí su cine suele darme también mucha hambre. Pues nada, régimen de Hitchcock por unos días…
    Abrazos

  5. Gracias, Budokán, veo que solemos coincidir en gustos (incluido lo de Walter Hill). Además era un coqueto; se retrató tras la puerta para que nadie captara su deterioro físico irreversible… Es una de mis películas crepusculares favoritas.
    Saludos

  6. Entrenómadas, coincido contigo, yo también soy más duro con lo que me gusta; lo que no, como no espero nada, me resulta indiferente. Mi fascinación por Hitchcock viene por tres vías: la riqueza visual y artística de su cine, el hecho de que, como en pocos directores, sus películas suponen la plasmación de un rico, complejo y contradictorio universo personal, fruto de traumas del pasado y anhelos de futuro, y por último (y no te asustes), de las coincidencias personales entre él y yo. En efecto, guardo muchas cosas en común con él, aunque me perdonarás si no las expongo en público…
    En cuanto a su filmografía, es bien cierto que tiene de todo, bueno, regular, flojo, pero siempre le sirve como vehículo para hablar de sí mismo.

    Besos

  7. Me quito el sombrero. Has hecho un gran homenaje a Hitchcock. Mira que he visto veces esta peli en la tele, me ha entretenido, pero creo no recordaba que fuera del gran Alfred. Me parecía demasiado moderna. Muchas gracias por tu blog.
    Realmente genial.
    Salud.

  8. Celebro que te guste (el blog y la peli). La película es una pequeña joya, pero sobre todo, vista en clave hitchcockiana, de homenaje a sí mismo y de despedida final, convierte un delicioso entretenimiento en objeto de reflexión y reconocimiento.
    Abrazos

  9. Gracias, Lucía, por tus palabras; vales un valer.
    De dejar al amigo Alfred, nada de nada, al menos, de momento. Es uno de mis favoritos y eso implica que siempre va a estar presente, de una manera u otra. Tengo otro par de cosillas preparadas sobre él que creo que serán interesantes.
    Besos

  10. Pues que quereis que os diga, a mi personalmente Hitchcock me parece sencillamente el mejor director de la historia del cine, el paradigma absoluto de mezcla entre arte y entretenimiento, creo que sencillamente es un genio incomparable y sobre sus películas yo considero que tiene tantas y tantas obras maestras que es digno de cualquier reconocimiento, elogio u homenaje. En mi opinión no hizo ni una solo película mala, ni una, aunque es verdad que las últimas eran menos buenas, cosa normal y habitual en cualquier cineasta, es verdad que Topaz, La Trama o Frenesí no están entre mis favoritas, pero en ningún caso las consideraría malas. Lo siento por el tocho de mensaje pero es que Hitchcock es como de la familia para un servidor, jeje.

  11. Cuánto me alegro de que digas eso, Iván, porque lo comparto absolutamente. Échale un vistazo a la categoría “Alfred Hitchcock presenta” de este mismo blog si no lo has hecho ya y verás hasta qué punto comparto lo que dices.
    También estoy de acuerdo con tu análisis (aunque te podría señalar alguna de sus “malas” películas, para mí más bien flojas que malas, aunque, como se dice de Woody Allen, por ejemplo, ya quisiéramos que las buenas películas de muchos fueran como las malas de Hitchcock). Ahora, no incluyo a “Frenesí” entre sus películas flojas. A mí me parece soberbia. Pero fíjate, incluso pelis más flojas como “Topaz” tienen momentos visuales absolutamente mágicos (la muerte de ella, por ejemplo, su caída vista en un plano cenital, desparramándose su vestido sobre el enlosado blanquinegro del suelo… genial).
    Un abrazo

  12. Si si, a mi me gustan todas, las veo una y otra vez, y para mi no tiene películas malas, sino, como se suele decir, “menos buenas” jaja. Me revisaré a fondo el “Alfred Hitchcock presenta”.
    saludos

  13. amante apasionado del cine de hitch, nunca presté demasiada atención a las dos escenas memorables que interpretas, muy bien, como dos adioses, en guiño y en sombra.
    volveré a verla, por supuesto.
    te linkeo para no perderte.
    pelis flojas de alfred? siempre tienen algún interés y frenesí es tan rompedora como psicosis.

  14. Como siempre he de decir que después de este post resulta obligado revisar esa peli con toda tu información.
    ..¿dejar a H.?…tú a éste le sacas el jugo que haga falta, ya veo yo.
    Besos.

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