Cine en serie – Intolerancia

MALDITO CINE (II)

Como sucedería décadas más tarde en el caso de Elia Kazan y su actitud ante la Caza de brujas, David Wark Griffith también respondió a las críticas recibidas por El nacimiento de una nación, filmando otra película de tesis que disculpara su actitud abierta y vergonzosamente racista. Griffith, en lugar de asimilar las críticas por la postura expresada en su película (un abierto racismo, reivindicado, defendido, tomado como ejemplo de futuro sin crítica, pedagogía ni desmentido alguno), elaboró otra monumental cinta cuyo objeto fuera la crítica de la censura. Es decir, que Griffith no reconocía sus errores o lo maximalista, injusto e irracional de su posición, sino que pugnaba por hacer ver a quienes le criticaron, que en la libertad de expresión entran incluso las ideas que a la mayoría de la población le provocan arcadas, abriendo así un debate que en el seno de las democracias se recupera periódicamente, la lucha entre libertad de expresión y la defensa de posturas antidemocráticas contrarias a los más elementales derechos humanos, y el grado de permisividad que semejante ideario (si se le puede llamar así) debe tener en la cabida de la vida democrática.

En cualquier caso, su nuevo exceso cinematográfico aún logró mayores cotas de perfección que el anterior. De manera menos explícita (su ideario sobre la censura y la opinión pública lo expresó -y bien a gusto que se quedó- en el folleto propagandístico The rise and fall of free speech in America, burda construcción autocomplaciente de lo sucedido con su anterior film), profundiza en los conceptos ya expuestos en la película precedente, utilizando para ello una cuádruple narración, la yuxtaposición de cuatro historias situadas en momentos históricos diferentes (la vida de Jesús de Nazaret, la caída de Babilonia, la matanza de hugonotes la noche de San Bartolomé y una historia actual en la que una joven salva de morir ahorcado, por un asesinato del que ha sido acusado injustamente, en el último suspiro gracias a un indulto obtenido a su prometido). Lo verdaderamente revolucionario es que esas cuatro historias no se presentan en capítulos separados, o con divisiones claras, sino que se van entrecruzando como hilos argumentales paralelos y temáticamente relacionados entre sí, aportando los sucesos acontecidos en un capítulo claves para predecir lo que va a ocurrir en los otros, o mostrando que en diferentes contextos históricos y culturales muchas veces las reacciones humanas son puramente instintivas, independientemente del grado cultural o económico alcanzado por cada sociedad.

Lo complejo de la estructura y del mensaje dificultó la aceptación de la película por el público, que de nuevo situado ante una película muda de tres horas pero mucho más confusa se veía incapacitado para aguantarla, con lo que, ni siquiera el nuevo montaje de cada parte del argumento y sus sucesivos estrenos por separado sirvió a Griffith para recuperar los casi dos millones de dólares que (¡¡¡en 1916!!!) se había gastado en levantar el proyecto.

Entre lo que resulta verdaderamente sobrecogedor de la película, además de adelantarse decenios a estructuras narrativas más propias de la cinematografía de los noventa, destacan las magníficas reconstrucciones históricas, las impresionantes murallas, palacios, estatuas y calles de Babilonia, por ejemplo, entre los que se alojaban a casi tres mil extras en las escenas del asedio y los combates, seña de distinción en la que se inspiraron todas y cada una de las cintas que, ambientadas en la época antigua, procuraban dotarse de recreaciones escenográficas majestuosas e impactantes, desde clásicos del cine religioso como Quo Vadis? hasta cine historicista como Cleopatra, de Joseph L. Mankiewicz. Pero no sólo la historia que transcurre en Babilonia resulta espectacular; no le va a la zaga la historia de la Francia de Catalina de Médicis, inspiradora de la matanza de hugonotes, cuya riqueza de decorados, y sobre todo, de vestuarios, a su vez sentó las bases de lo que constituye el cine de época.

También resulta revolucionario el guión, escrito casi en exclusiva por Griffith, quien realizaba constantes cambios a medida que avanzaba la producción, siendo de todo punto sorprendente que el resultado final no acusara esa continua improvisación. En cuanto a la cuestión de fondo, la censura, la intolerancia, se examina a través del prisma del amor, bien a través de la pareja de Babilonia que se suicida para no caer en manos del enemigo, bien con la pareja francesa, uno católico y otra protestante, que sucumben a la matanza sin piedad.

Verdadero ejercicio de lo que es complejidad narrativa, guión elaborado, montaje soberbio y minucioso y cuidado diseño de planos, secuencias y tomas, la película es un paréntesis en la cinematografía: nunca antes se filmó algo así, ni nunca después se volvió a hacer. Marcando ya el declive de Griffith como autor, la película fue pronto olvidada en los Estados Unidos, y no fue sino el cine soviético el que adaptó de Griffith todas esas grandes virtudes suyas para dar vida a una incipiente cinematografía que iba a dar en los años siguientes la verdadera medida de la genialidad de su potencial, produciendo tres o cuatro clásicos imperecederos, y todo ello gracias a un enfermo de cine, un apasionado de la filmación, de la exploración de vías para la narración de historias que contribuyeran a expandir el nuevo ideario ruso surgido de la revolución de 1917: Sergei Eisenstein.

11 comentarios sobre “Cine en serie – Intolerancia

  1. Encomiable iniciativa el hablar de quienes sentaron las bases del lenguaje cinematógrafico, ahora que está de moda entre ciertos círculos tratar al cine como si se hubiera creado en los años 70. Grande Griffith (pesea a lo que ya comentabamos) y más grande aún Eisenstein (esto ya es una valoración personal jeje)
    saludos cinéfilos

  2. Me sigue pareciendo terrible que la base del buen cine se cimentara con el interés por mantener una postura ideológica así.
    De cualquier manera es bueno reconocer el valor de ese trabajo en sus justos términos como haces en este post y en el anterior sobre Griffith: seguramente él nunca lo hubiera hecho.
    Buen lunes majo.

  3. El gran Sergei nos hará una visita muy probablemente la semana que viene Iván, por el carácter ideológico de sus películas más que por su calidad incontestable, ya que ése es el objeto de la sección.
    Lo que quizá es un fenómeno a estudiar es el por qué de la fuerte carga ideológico-política de todos estos pioneros (exceptuando, quizá al gran Murnau).
    Saludos

    En realidad, Inma, puede afirmarse también lo contrario, es decir, que lo que les importaba era más bien el desarrollo del nuevo invento en todas sus posibilidades que el carácter ideológico de sus cintas. En Griffith hay suficientes indicios para afirmar una cosa y la contraria. En Eisenstein, por ejemplo, no hay duda: su cine es abiertamente revolucionario y pro-soviético, como veremos.
    Besos (y buen lunes, si eso es posible)

  4. El Griffith era todo un personaje pero no se puede negar que tuvo su punto de genialidad. Gracias por la clase magistral.
    Voy a daros un poco de envidia (en el fondo soy un bicho) hoy y mañana descanso y creo que esta tarde me voy al cine a ver “Mataharis”.
    Ya os contaré.
    Besos.

  5. Yo también tenía pensado ir a ver “Mataharis”. El miércoles quizás.
    Iba a contaros que en Los Ángeles hay un centro comercial donde reproducen los escenarios de “Intolerancia”, los elefantes y tal. A pesar de la megahorterada, me impresionó. Una es así de tonta.

  6. No me extraña nada de lo que me cuentas, Noemí, y desde luego no eres nada tonta. Fíjate, hay una señora en Valencia (creo que es en Valencia) que siempre acude a subastas de objetos cinematográficos (vestidos, armas, complementos, mobiliario) y tiene una colección bien chula. No sabes el escalofrío que sentí ante el sable de John Wayne en “Centauros del desierto”. Así que no me extraña que te impresionara, aunque fuera hortera. Pero, ¿qué sería de nuestros amigos de Norteamérica sin sus horteradas?

  7. Hola, que hermoso post que nos entregas en esta ocasión donde uno puede leer sobre aquellos grandes directores que forjaron el cine y que aún hasta el día de hoy siguen siendo modelos de referencia. Griffith era un adelantado a su tiempo y posiblemente haya sido uno de los mejores directores de la historia. Saludos!

  8. Pues sí, modelos de referencia técnica y narrativamente hablando, pero sus contenidos dejan bastante que desear en cuanto a la ideología subyacente. Y eso a pesar de ser grandes maestros y de que su cine sea imprescindible.
    Saludos

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