Liliana Cavani, ‘rara avis’ del cine italiano

Recogemos el guante lanzado en el blog Pandeoro hace unos días y dedicamos un post a la directora italiana Liliana Cavani.

La cineasta italiana Liliana Cavani es en la actualidad otra integrante del enorme grupo de ‘olvidados’ o ‘marginados’ de la cinematografía mundial, no ya sólo por el público, que también, sino por la crítica y los estudiosos. Las últimas crónicas o informaciones, la última atención prestada a las obras de esta personalísima directora se remontan al estreno de la sugerente pero irregular El juego de Ripley, de 2002, en la que da continuidad al intento de saga cinematográfica acerca del célebre personaje creado por la pluma de Patricia Highsmith y que se recuperó a finales de los noventa con El talento de Mr. Ripley, dirigida por Anthony Minghella. Desde entonces, el silencio y el olvido. Resulta relativamente difícil encontrar reseñas de sus películas o estudios sobre su carrera, y desde luego, es un alarde de ciencia ficción esperar que algún canal de televisión programe alguna de sus películas, más allá de la periódica reposición de su gran obra maestra, El portero de noche.

La carrera de Liliana Cavani se ha visto influida tanto por el carácter obrero y humilde de su familia de procedencia como por su formación literaria. Nacida en Módena en 1933, se licencia en Literatura Clásica en la Universidad de Bolonia. Sin embargo, desde muy pronto se ve atraída por el cine, y en 1960 comienza sus estudios obteniendo en 1962 el diploma del Centro Experimental de Cinematografía gracias a los cortometrajes Encuentro nocturno y El evento. Los premios obtenidos por sus trabajos le abren las puertas de la división de documentales de la RAI, la televisión pública italiana, colaborando en la filmación de documentales acerca del surgimiento de los totalitarismos en Europa, la Segunda Guerra Mundial y el papel de la Resistencia italiana contra el fascismo de Mussolini. La RAI produce también su primer largometraje de ficción, Francisco de Asís, donde ya deja clara su postura por el cine comprometido. En una época espiritualmente revuelta para los católicos (hablamos de 1966) y políticamente convulsa para Italia, tónica habitual desde el fin de la guerra, Cavani utiliza la figura del santo para realizar su propuesta política y personal frente a la religión, apostando por la disidencia del catolicismo oficial, un trabajo que podría subtitularse como un estudio de las relaciones entre el poder político y el religioso. Su siguiente trabajo, una biografía de Galileo rodada en 1968 también habla del poder, esta vez frente a los intelectuales y al pensamiento como arma para socavar instituciones implantadas gracias a la manipulación de quienes son mantenidos en la ignorancia. Su trilogía sobre el poder se completa con Los caníbales, donde esta vez la visión que se da del poder se realiza a través del prisma de sus crímenes, de sus actos más viles e ilegales, con un hilo argumental cercano al personaje de Antígona ideado por Sófocles.

El mayúsculo fracaso de crítica y público obtenido con sus primeros trabajos en el largometraje de ficción la hacen volver al rodaje de documentales para la televisión. Sin abandonar los temas punzantes y comprometidos, realiza la película documental Los niños y nosotros (1970), y da una visión cruda y deshumanizada de las bolsas de pobreza subsistentes en la Italia de los setenta con el sobrecogedor trabajo L’ospite. En 1974, antes de rodar la película que le proporciona un lugar en la Historia del Cine, da un giro hacia las experiencias místicas orientales con Milarepa.

Portero de noche es su obra cumbre, sorprendente a un tiempo por su gran calidad, la profundidad de sus planteamientos y por su inesperada procedencia de una autora gris y generalmente obviada hasta aquel momento. Esta película, continuadamente reducida de manera simplista a mera incursión en el trauma humano del nazismo, es, sin embargo, mucho más. La película realiza un profundo estudio psicológico acerca del ser humano, de la fragilidad de su racionalidad y sus emociones, y también de su carácter dependiente. Y lo hace en general, tomando al nazismo no como fenómeno histórico a retratar, sino como ejemplo de la perfección de un sistema conducente a la anulación de la personalidad, de la capacidad de los torturadores para eliminar la propia conciencia del individuo, hasta el punto de que los seres humanos quedan reducidos a un cuerpo que no tiene una idea propia de sí mismo, y que por tanto llega a sentir su muerte como indiferente: doce años después de la guerra, una joven judía llamada Lucía (Charlotte Rampling), actual esposa de un célebre director de orquesta, llega a un hotel de Viena donde Max (Dirk Bogarde), antiguo oficial de las S.S., ejerce su empleo de recepcionista, pacíficamente, olvidado por la justicia, como tantos y tantos criminales que se salieron con la suya, en Europa, o trabajando para el gobierno norteamericano elaborando proyectos de bombas nucleares (el blog Apostillas literarias realizó un estupendo post sobre la película). Como resumen, digamos que los personajes recuperan su antigua relación de dependencia mutua como reminiscencia de la única forma de dar sentido a una existencia vacía desde el final de la guerra y la liberación (física, que no emocional, con una mente anclada en la barbarie, con un lavado de cerebro absoluto), iniciando una particular relación sadomasoquista salpicada con flashbacks que ilustran los antiguos abusos sufridos por ella a manos de él, y que a su vez revela la desaparición de sus personalidades presentes en favor de su carácter pasado: el tiempo se detuvo en los campos, ambos dejaron de ser personas para convertirse en víctima y verdugo, la relación más íntima posible entre dos personas, más incluso que el sexo o el compromiso. Ambos renuncian a su conciencia, a su personalidad, él convertido en criminal y ella en víctima, ambos sin identidad, sin conciencia de sí mismos, abocados a un final que ya no puedan sentir. Su supervivencia es una anomalía y a su vez una traición a quienes no sobreviven, en el caso de él por tratarse de un criminal, cuyo papel se reduce a provocar el mal físico, y que escapa libre; en el de ella por haber visto morir a sus semejantes y haber eludido su suerte. Lo más dramático de ambos personajes es que sus casos son auténticos: realmente hubo relaciones físicas entre oficiales nazis y presos judíos, a veces forzadas y otras veces consentidas, relaciones que a veces generaban pequeños privilegios e incluso milagros de supervivencia en favor de éstos en los propios campos, pero también había amantes judíos que intentaban la exculpación de los oficiales nazis detenidos; antiguos presos que no podían marcharse del territorio del campo una vez liberados, anhelantes de la única identidad que quedaba en ellos, la de víctimas; en general, una eliminación de la conciencia y de la memoria de la persona, unida a un profundo sentimiento de culpa por constituirse en excepciones de supervivencia en una tendencia al exterminio, que anulaba por completo el carácter humano de unas personas convertidas para siempre en fantasmas, entre los que la tasa de suicidios, tras haber sobrevivido a un régimen criminal, se disparó exponencialmente (al hilo de esta cuestión, recomendamos la lectura de Liquidación, de Imre Kertesz, o el visionado, paciente, eso sí, de Shoah, el monumental documento cinematográfico de Claude Lanzmann sobre la tragedia de la solución final).

Volviendo a la Cavani, tres años más tarde, tropieza de nuevo con su película sobre Nietzsche Más allá del bien y del mal, paso en falso que no le impide triunfar de nuevo a principios de los ochenta con La piel, adaptación de la obra de Curzio Malaparte. Su carrera irá alternando los fracasos estrepitosos (Detrás de la puerta, obra de incestuosa trama con exótico marco norteafricano) con notables éxitos (Berlín interior, historia de amor entre mujeres en plena ascensión, de nuevo, del nazismo).

Retomando la figura de Francisco de Asís, rueda Francesco (1989), sin duda el papel más extraño de Mickey Rourke (y de papeles extraños está bien servido) y que sin embargo cumple con una solvencia inesperada, aunque tampoco esta película logrará demasiada repercusión. Se dedica a partir de entonces a realizar retransmisiones televisivas de óperas (La Traviata, Manon Lescaut, Cavalleria rusticana), y la caída definitiva en el cine se produce con la intrascendente Dove siete? Io sono qui (1993). El intento de recuperación con la película sobre el personaje highsmithiano de Ripley, con un John Malkovich correctísimo y una atmósfera opresiva e inquietante, no termina de funcionar, y es acogida fríamente, quizá de manera un tanto injusta. Después de eso sólo ha dirigido un telefilm para la RAI sobre De Gasperi, importante político italiano de la época de la preguerra mundial.

Actualmente prepara un proyecto sobre Albert Einstein que se encuentra en fase de pre-producción y cuyo estreno se prevé, en principio, para 2009.

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25 comentarios sobre “Liliana Cavani, ‘rara avis’ del cine italiano

  1. Todo lo que escapa de la norma, no conviene.Todo lo que escapa al comercio es inútil. Por eso yo ecapo de todp lo que los tipos duros de todas las industrias le hace sonreír. Estoy de acuerdo contigo, una peli excepcional puede arruinar la excepcional carrera de cualquier director de cine. Eso le ha pasado a Lilliana y tantos otros.

    Un abrazo

  2. Así es, Sonia, aunque en este caso la culpa es compartida, porque muchas veces los trabajos de Liliana Cavani no han estado a la altura. En particular, su “Ripley”, del que tanto esperaba ante lo frío que me dejó Matt Damon en la película anterior, me dejó igualmente indiferente, aunque la directora no es inútil total y siempre hace alguna aportación interesante.
    Abrazos

  3. Es que después de hacer Portero de Noche es difícil hacer otra peli. Eso creo yo.
    De todas formas, yo al acabar de ver esta peli me tuve que poner una cinta de Disney para poder quitarme de la cabeza al Portero.
    Uffff, me duró mucho la impresión. Sólo hay una que aún me dejo peor.
    Y es de J. Losey, creo.

    Besos,

  4. Mira que Magda vio Portero de noche después de que un entrada tremenda del libro El Lector, se le sugiriera ver esta película….
    qué se puede decir, el librito lo tengo mañana en mis manos: el portero, pues queda. Es increible las maromas del deseo.
    Abrazos

  5. Coincido en tu análisis respecto a que Portero de noche es sin duda ninguna la mejor película de la Cavani. También en que su carrera es asaz irregular. Y creo que también en el punto de intensidad que pone siempre en sus trabajos, aunque resulten fallidos. A veces creo que su tendencia a buscar complejidad resta eficacia a sus planteamientos.
    De todas formas, a mi Ripley no me pareció tan mala (pero tú eres el especialista).
    Besotes flotantes todavía.

  6. Luisa, bienvenida, que ya echábamos de menos tus comentarios por aquí. ‘Ripley’ no es que sea tan mala, a mí me parece mejor que otras versiones del mismo personaje; de hecho digo que quizá su fría recepción fuera un tanto injusta. Creo que tienes razón, busca como objeto la complejidad, y quizá a veces la sencillez es la mejor forma de contar determinadas historias.
    Besos

  7. Hace mas de veinte años vi en Paris “Mas alla del bien y del mal” pelicula que me impreciono muchisimo,la he buscado mucho para volver a verla.He leido mas arriba un comentario que dice que es un paso en falso en su carrera ,yo no tengo la capacidad para saber si una pelicula es buena o mala ,solo se cuando algo me toca profundamente y tanto es asi que veintitantos años despues qusiera verla nuevamente .Me gustaria saber por que esta considerada como un paso en falso.
    Gracias.

  8. Cecilia, lo decíamos, no tanto por la calidad de la película como por el fracaso de público que condenó a Cavani a espaciar su cine y concentrarse en la televisión y otras cosas menos artísticas. La película es estupenda, a mi juicio.

  9. Me temo que la única solución es la adquisición ilegal de la misma. Imagino que estará editada en alguna colección, y probablemente en Italia esté disponible. Sin embargo, yo nunca la he visto editada en formato comercial. Lo siento.

  10. Yo también quiero ver “Más allá del bien y del mal”. No la encuentro por ningún lado. En internet hay algún sitio donde se la pueda ver?

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