Adiós a Deborah Kerr y Lois Maxwell

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El pasado 16 de octubre nos ha dejado la gran actriz escocesa Deborah Kerr, la pelirroja por excelencia de la Historia del cine (con permiso de Rita Hayworth). Retirada desde 1985, permanecía apartada de los medios de comunicación debido al avance rápido e imparable de la enfermedad de Parkinson que sufría.

Nacida en un hogar claustrofóbico por la permanente convalecencia de su padre, herido de gravedad en la Gran Guerra, la tímida Deborah, gracias a una tía suya profesora de interpretación, logró debutar en algunas obras de teatro de relativa importancia en 1940. Su llegada al teatro fue un rápido y vertiginoso puente para el cine, ya que al año siguiente ya le fue proporcionado un papel relevante junto a Rex Harrison en Mayor Barbara, la adaptación de la obra de G. B. Shaw. Contratada por la famosa productora Rank, sólo dos años más tarde tendrá un papel en la primera de las películas notables en las que aparecería a lo largo de dos décadas, El coronel Blimp, del tandem Powell-Pressburger, con el que colaboró en varias ocasiones.

En los años siguientes va a aparecer en la pantalla junto a actores como el malogrado Trevor Howard o Robert Donat en producciones de los hermanos Korda, pero en 1947 logra su primer gran reconocimiento internacional gracias a Narciso negro, de nuevo con Powell y Pressburger, y junto a Jean Simmons y Sabu. Esta película marca su salto a Hollywood, participando en películas de Victor Saville, Jack Conway o George Cukor y junto a actores como Janet Leigh, Angela Lansbury, Spencer Tracy, Clark Gable o Ava Gardner.

Pero su década es la de los cincuenta. En 1950 protagoniza junto a Stewart Granger Las minas del rey Salomón, el clásico sobre la novela de Haggard, y salta definitivamente a un estrellato en el que permanecerá una década. La siguen al año siguiente Quo Vadis?, con Robert Taylor, El prisionero de Zenda (1952), de Richard Thorpe, su gran papel en Julio César (de William Shakespeare) del gran Joseph L. Mankiewicz, y, sobre todo, De aquí a la eternidad, de Fred Zinnemann, el papel que la consagra como una de las grandes actrices del Hollywood clásico. Su interpretación como mujer casada e insatisfecha, de amante esposa de un militar más casado con el ejército que con ella, de mujer ardiente y adúltera que busca en Burt Lancaster (con el que se dice, para mí infundadamente, que mantuvo un romance durante el rodaje, lo cual elevó la famosa escena del beso en la arena de la playa hawaiana a la categoría de mito del séptimo arte) lo que su marido nunca le ha dado, ni le dará, es magistral, y afirma la fama que siempre se labró como una actriz sensual con estilo, carnal como otras grandes y voluptuosas divas (Carole Lombard, Ava Gardner, Hedy Lamarr, Rita Hayworth), pero con un estilo y una personalidad en la pantalla más sofisticada, más cercana a Grace Kelly o Ingrid Bergman. Su exitosa década se completa con, entre otras, El rey y yo, la que sigue siendo mejor versión de esta exótica historia, Té y simpatía, de Vincente Minelli, Tú y yo, de Leo McCarey, Buenos días, tristeza, de Otto Preminger, o la maravillosa Mesas separadas, de Delbert Mann, además de allgunos papeles en películas menores de John Huston, Stanley Donen o Leo McCarey.

En los años sesenta su estrella se irá apagando lentamente, marcando progresivamente su retirada. De esta época son dos sus trabajos más destacables: por supuesto, La noche de la iguana, de John Huston, y Casino Royale, la estrafalaria, película “no oficial” de la saga Bond. Otros trabajos menores con J. Lee Thompson, John Frankenheimer o Elia Kazan (El compromiso, de 1969), sellan su alejamiento definitivo del cine que sólo romperá con dos pequeños papeles en 1985, año en que se marcha a su exilio de Marbella, lugar donde vivió hasta que los tratamientos de su enfermedad la obligaron a mantenerse entre Suiza e Inglaterra.

Extraemos un listado de su filmografía de la Wikipedia:

Emma Harte (1984) (miniserie de TV) de Don Sharp
The Assam Garden (1985)
Reunion at Fairborough (1985)
The Arrangement (1969) (“El compromiso”) de Elia Kazan
The Gypsy Moths (1969) (“Los temerarios del aire”) de John Frankenheimer
Prudence and the Pill (1968)
Eye of the Devil (1967) (“El ojo del diablo”) de J. Lee Thompson
Casino Royale (1967) de John Huston, Val Guest, Robert Parrish,…
Marriage on the Rocks, “Divorcio a la americana” (1965) de Jack Donohue
La noche de la iguana (1964) (“The night of iguana”) de John Huston
The Chalk Garden (1964) (“Mujer sin pasado”) de Ronald Neame
The Innocents (1961) (“Otra vuelta de tuerca”) de Jack Clayton
The Naked Edge (1961) (“Sombras de sospecha”) de Michael Anderson
The Grass Is Greener (1960) (“Página en blanco”) de Stanley Donen
The Sundowners (1960) (“Tres vidas errantes”) de Fred Zinnemann
Beloved Infidel (1959) (“Días sin vida”) de Henry King
Count Your Blessings (1959)
The Journey (1959) (“Rojo atardecer”) de Anatole Litvak
Separate Tables (1958) (“Mesas separadas”) de Delbert Mann
Bonjour tristesse (1958) (“Buenos días, tristeza”) de Otto Preminger
An Affair to Remember, “Tú y yo” (1957) de Leo McCarey
Heaven Knows, Mr. Allison (1957) (“Sólo Dios lo sabe”) de John Huston
Tea and Sympathy (1956) (“Té y simpatía”) de Vincente Minnelli
El rey y yo (1956) de Walter Lang
The Proud and Profane (1956) (“Los héroes tambien lloran”) de George Seaton
The End of the Affair (1955) (“Vivir un gran amor”) de Edward Dmytryk
De aquí a la eternidad (1953) (“From here to eternity”) de Fred Zinneman
Dream Wife (1953)(“La mujer soñada”) de Sidney Sheldon
Julius Caesar (1953)de Joseph L. Mankiewicz
Young Bess (1953) (“La reina virgen”) de George Sidney
Thunder in the East (1952) (“Tempestad en Oriente”) de Charles Vidor
El prisionero de Zenda (1952)de Richard Thorpe
Quo Vadis? (1951) de Mervyn LeRoy
Las minas del rey Salomón (1950) de Andrew Marton y Compton Bennett
Please Believe Me (1950)
Edward, My Son (1949) (“Edward, mi hijo”) de George Cukor
If Winter Comes (1947) de Victor Saville
The Hucksters (1947) de Jack Conway
Black Narcissus (1947) (“Narciso negro”) de Michael Powell
I See a Dark Stranger (1946) de Frank Launder
Perfect Strangers (1945) (“Separación peligrosa”) de Alexander Korda
The Life and Death of Colonel Blimp (1943) (“El coronel Blimp”) de Michael Powell y Emeric Pressburger
The Day Will Dawn (1942)
Hatter’s Castle (1942)
Penn of Pennsylvania (1942)
Love on the Dole (1941)
Major Barbara (1941) (“Mayor Bárbara”) de Gabriel Pascal

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Muy diferente es la historia de Lois Maxwell, otra actriz que nos dejó hace unas semanas, y quien podría ser puesta como ejemplo perfecto de lo que supone el encasillamiento como fenómeno de doble efecto, por un lado, el pleno reconocimiento, la conversión en actriz reconocible en todas partes, y por otro, la minimización o desaparición definitiva de la memoria colectiva de cualquiera otra de las interpretaciones de su larga carrera.

Porque antes de convertirse en Mony Penny, la secretaria de “M”, el eterno jefe del agente con licencia para matar pero con nombre de ornitólogo, James Bond, Lois Maxwell tenía una larga carrera a sus espaldas.

Hija de un profesor y una enfermera, a los quince años se alistó en una brigada del ejército canadiense creada para proporcionar distracciones, teatro, musicales, números de magia, etc., a los soldados del frente de la Segunda Guerra Mundial. En Londres fue descubierta su minoría de edad, pero logró matricularse en la Academia de Arte Dramático y evitó su deportación.

En el caso de Lois Maxwell, Hollywood fue antes que Europa, y a los veinte años obtuvo un Globo de Oro por su interpretación en un musical de Shirley Temple (1948). La revista Life en una edición de ese mismo año la situó entre las actrices más prometedoras, compartiendo página con otra joven que empezaba a despuntar, una tal Marilyn Monroe. Sin embargo, su carrera no terminó de despegar, y tras una serie de papeles menores se trasladó a Roma, primero, y en 1957 a Londres, donde vivía Peter, su futuro marido.

Durante la década de 1960, apareció en muchas series de televisión y películas tanto en el Reino Unido y Canadá. En los años sesenta comparte por vez primera escenas con un viejo amigo suyo de la academia, un joven prometedor llamado Roger Moore en una serie que le deportará notable fama, El santo, forjando una amistad que se consolidará con los años.

En 1962 aparece en dos películas que han pasado a la Historia del cine (aunque por razones, y calidades, distintas): Lolita, de Stanley Kubrick, y en James Bond contra el Dr. No, continuando sus apariciones en la serie hasta 1985 en Panorama para matar (curiosamente el papel fue representado por una joven llamada Samantha Bond, precisamente). Entre 1973 y 1994 vivió a caballo entre Canadá y Reino Unido. Aunque apartada del cine desde 1988, había aparecido en algunas series de televisión, si bien en los últimos años se ocupaba de regentar un negocio textil.

Para consultar su amplia y diversa filmografía, James Bond aparte, puedes verla aquí.

12 comentarios sobre “Adiós a Deborah Kerr y Lois Maxwell

  1. Dos actrices emblemáticas, cuando menos, seguro. Tengo más recuerdos de Deborah Kerr que de Lois Maxwell. El rostro de la Kerr es una de las imágenes que a algunso nos han acompañado prácticamente toda nuestra vida, así que se queda asociada a muchas de las películas con las que he pasado buenos ratos. Cuando desaparece alguno de los personajes que reùnen estas circunstancias, es como si me amputaran un trocito de algo propio, claro.
    me ha parecido muy certera tu apreciación de actriz sensual, pero con un toque de distinción muy próximo a Grace Kelly o Ingrid Bergman. Esa mezcla es sin duda la base fundamental de su atractivo en la pantalla.

    Besos findesemaneros

  2. A mí me pasa lo mismo, Luisa, tengo mucho más presente a Kerr que a Maxwell, entre otras cosas porque James Bond me resulta tolerable sólo hasta cierto punto. Pero la Kerr era de mis favoritas.

    Besos

  3. Para mí Deborah Kerr es QUO VADIS (quizá por las incontables veces que la ponían en la tele) a pesar de que considero como tú que donde está que se sale es en “De aquí a la eternidad”, si señor.
    A Lois Maxwell no la tengo tan vista, lo reconozco.

  4. Coincido contigo en lo de “Quo Vadis?”, me sale por las orejas. Pero tiene algunos momentos extraordinarios, y Peter Ustinov está genial. Ahora, como esposa insatisfecha y salida perdida, está fantástica (en el buen sentido, claro).
    A Lois la verdad es que hay poca ocasión de verla, porque sus escenas suelen durar dos o tres minutos: lo que le cuesta a Bond decir un par de comentarios machistas y mirarle el culo, así que es normal.

    Besos

  5. ¡Ah! ¡Me encanta Deborah Kerr. Está magnífica en todas sus películas,pero mi favorita es Tú y yo,del gran Leo McCarey (segunda versión).J.L.Garci tiene un artículo extraordinario sobre ella en su libro Morir de cine.
    Saludos.

  6. Lo leí, en efecto, es magnífico. Ella era excepcional. Quizá le faltó un paso para entrar en el grupo de las divas eternas, ¿no crees?, quizá que, como otras, convirtiera su vida privada en otra película, cosa que no hizo, cosa que la honrará siempre.
    Un abrazo.

  7. la recuerdo sobre todo en la noche de la iguana, en mesas separadas y otra vuelta de tuerca, aunque siempre fue una de mis preferidas…elegante y cuidadosa, gentil y profesional. adorable deborah. e increíble como monja en la extrañísima narciso negro!

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