Cine para pensar – Paradise now

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Esta es una de las más valientes películas rodadas en los últimos años. Y lo es por estar rodada en las circunstancias en que lo está: en Palestina, por palestinos, en 2005, un año no demasiado halagüeño en cuanto a las perspectivas de futuro en aquella tierra, y con coproducción israelí. Valiente, sobre todo, porque dice muchas cosas que difícilmente contentarán a quienes detentan el poder allí a uno y otro lado del muro.

La película, dirigida por Hany Abud-Assad, cuenta una historia sencilla en apariencia, pero que refleja un conflicto bíblico extendido hasta nuestros días por múltiples causas y culpables. Khaled y Said son amigos desde la infancia. Viven en un poblado de refugiados de Gaza, es decir, en un compendio de ladrillos, piedras, uralitas, muros semiderruidos, moscas, calor, tierra, aire, polvo, grava, algún que otro árbol delgado y seco, hambre y sufrimiento. Su vida es normal, todo lo que puede ser en aquel lugar: trabajan en un taller, salen por la tarde, acuden a los cafés, beben tranquilamente viendo ponerse el sol, se enamoran… Lo único que no es normal en sus vidas es que han prometido dar la vida por el pueblo palestino convirtiéndose en mártires que se inmolen en una acción terrorista contra Israel como única forma que encuentran de plantar cara a un invasor a cuyos medios no pueden hacer frente de otro modo. Cuando llega su turno, estando prohibido despedirse de sus familias, a las que abandonan sin decir nada, son acompañados (o más bien custodiados para que en última instancia no den marcha atrás) por compañeros que les cuidan, les agasajan, les preparan, les consuelan y les facilitan los explosivos que llevarán pegados al cuerpo, con los que acabar con un número indeterminado de vidas inocentes por la gracia de Alá (menuda gracia). Puestos en camino hacia su muerte y la de otros inocentes, los imprevistos hacen que tengan que separarse y la operación deba ser abortada, comenzando un hondo proceso de maduración en ambos que deparará fines distintos: mientras uno de ellos renuncia al absurdo que supone la extensión de la muerte y el sufrimiento, para el otro la reafirmación de sus convicciones le llevará a la magnífica escena final, la del propio atentado, que no es mostrado en ningún momento pero cuya tragedia intrínseca vemos en los ojos del muchacho, sentado en un autobús repleto de personas, mirando fijamente al frente, sacudiéndonos con el brillo de la muerte en sus ojos, una mirada que nos obliga a prever las consecuencias de un acto abominable que para él supone el logro de la máxima libertad y la entrada al paraíso.

La película, una crítica demoledora, no deja títere con cabeza. En la sencillez de la historia encierra toda la complejidad del problema. En primer lugar, la elección de muchachos incultos, desarraigados, casi analfabetos, como conejillos de indias (engañados con falsas promesas de ayudas económicas y asistenciales a sus familias cuando ellos no estén; cabe preguntarse, ¿dónde están esas ayudas para las familias en las que ninguno de sus miembros está dispuesto a morir inútilmente?), a los que pervertir con un mensaje religioso y político maximalista de folleto propagandístico que les lleve a buscar la muerte, a dar la vida no por Alá, sino por quienes, sedientos de poder, no se levantan de sus poltronas y no se arriesgan. Magistral, en ese aspecto, la escena en la cual los futuros mártires graban su mensaje, con el pañuelo palestino, el Corán y el Kalashnikov, mientras leen a la cámara las “profundas” convicciones que les llevan a inmolarse. Mientras ambos hablan de su próxima muerte, de sus familias, de la libertad de los palestinos, los terroristas que los han escogido se comen tranquilamente las tortas de trigo que la madre de uno de ellos les ha puesto como almuerzo, engañada pensando que se han marchado para buscar trabajo en Tel-Aviv.

Critica también el fundamentalismo religioso, el absurdo de un integrismo ridículo que sin embargo engaña fácilmente a quienes desde su nacimiento son programados para morir por la causa de otros, por la avaricia de otros. La escena que ilustra verdaderamente esta cuestión es el viaje en coche de los chicos a la frontera. Uno de ellos pregunta a su custodio, un profesor universitario, qué pasará tras accionar el mecanismo del explosivo: “dos ángeles bajarán del cielo y se os llevarán”. Eso responde un profesor universitario, sin convicción alguna, como una fórmula repetida que sabe que basta para lograr la máxima colaboración de los jóvenes incultos, manipulados y engañados, la carne de cañón que sirve a quienes mueven los hilos para sentarse en mesas a negociar, o para matarse entre ellos.

La tercera crítica no es otra que la social, plasmada perfectamente en todos y cada uno de los planos rodados en los territorios palestinos (escombros, piedras, polvo, tierra, arena, desolación, hambre, miseria) en contraste con las imágenes de Tel-Aviv, sus calles asfaltadas, sus rascacielos, sus restaurantes, discotecas, palacios de congresos, avenidas, centros comerciales… Ésa y no otra es la naturaleza del conflicto: un hombre con la tripa llena y un futuro razonable por delante no se hace terrorista ni se inmola.

Muchos somos los que pensamos que la verdadera naturaleza del conflicto no es religiosa, ni siquiera étnica, sino económica: la falta de recursos en una población multiplicada exponencialmente desde la creación (absurda, a mi modo de ver, pero ya inevitable) del Estado de Israel en 1948, la escasez de agua, por ejemplo (principal factor que impide la devolución de los Altos del Golán, además de la cuestión geoestratégica). Pero el asunto es mucho más complejo, tanto como la única solución posible, el Estado único aconfesional e igualitario en el que la religión o etnia de los ciudadanos no cuente, un único Estado en el que sean los partidos políticos quienes representen al pueblo, no los imanes, los rabinos, los militares o los terroristas. En La Biblia, el libro mitológico de los hebreos asumido por los cristianos, se dan los primeros pasos del conflicto (los filisteos a los que combate Sansón, el Heracles hebreo, o a los que el mitológico rey David castró en número de doscientos para mayor gloria de Yahvé, son los actuales palestinos). Pero no es hasta 1917, con el surgimiento del sionismo (apoyado por ilustres próceres como Churchill muchos años antes del Holocausto), cuando la tradición religiosa, la creencia, la fe, logra hacerse un hueco en las agendas políticas, hecho verdaderamente insólito. Israel, pues, nace de la imposición de unas creencias religiosas de una tradición minoritaria al resto del mundo, sobre todo gracias al muy bien explotado victimismo judío tras la Segunda Guerra Mundial, al complejo de culpa de una Europa que siempre había maltratado al pueblo judío y a los lobbies hebreos en Norteamérica que habían de costear la expropiación forzosa de las tierras de sus legítimos dueños, los palestinos y árabes, que curiosamente, llevaban siglos sin molestar a los cien mil judíos que vivían en aquella tierra. De nada pues sirve como argumento que Israel sea hoy un Estado aconfesional, puesto que su propia existencia, su origen, que los israelíes sitúan en La Biblia (mero sentimentalismo) pero que no va más allá de 1948, son únicamente religiosos. Bueno, no únicamente, puesto que junto a la tradición religiosa y al victimismo del pueblo judío, la tercera pata que contribuye al levantamiento del Estado de Israel en 1948 es el terrorismo cruel, salvaje y despiadado que los grupos terroristas judíos, encabezados por terroristas como Ben Gurion, llevaron a cabo durante esos años contra los intereses británicos en el Protectorado de Palestina, con atentados tan criminales como el del Hotel Rey David. Resulta altamente chocante que un Estado que levanta muros contra el terrorismo palestino se forjara a golpe de actos terroristas, como paradójico es que un pueblo casi extinguido por la limpieza racial nazi se dedique a la eliminación sistemática de otro pueblo cuyas tierras fueron robadas con la aquiescencia de occidente. ¿Soluciones? El Estado único, un Estado que represente a todos, una entelequia que jamás puede existir porque el Israel, insistimos, oficialmente aconfesional, pone como condición indispensable su conservación, es decir, la permanencia de un Estado judío, gobernado por judíos, para judíos, sin que los árabes tengan una presencia más cuantiosa que algún partido político de escasa representación. Los dos Estados suponen la extensión del conflicto al infinito, la negación de la solución. La paz exige replantear el modelo de Estado de Israel, sus fines, propósitos y pilares, la inclusión de los palestinos en él, y sobre todo, el pago de compensaciones. No es tiempo ya de negar la legimitidad del Estado de Israel (y argumentos no faltan), pero sí es tiempo todavía de que los judíos “compren”, con las correspondientes indemnizaciones (que Estados Unidos debería ayudar a costear) por casi sesenta años de robo de una tierra, de una cultura, de una memoria, de un pueblo.

Volviendo a la película, un aspecto interesante de la misma son los simbolismos. En algunas escenas aparentemente intrascendentes existen claves acerca del contenido profundo del mensaje que pretende transmitir, como sucede, por ejemplo, en la escena en que los muchachos han de atravesar la frontera militarizada desde un huerto de olivos (como aquel en el que el Mesías de los cristianos fue capturado antes de su propia inmolación).

Como curiosidad, una pifia. Una joven toma un taxi al principio de la película, y se queja del fuerte viento que entra por la ventanilla, a lo que el conductor objeta que el elevalunas está estropeado. Sin embargo, cuando la chica baja del taxi, los cristales están… subidos. Cosas sin importancia que no deben menoscabar la importancia y el mensaje de grandes películas.

17 comentarios sobre “Cine para pensar – Paradise now

  1. Viendo esta excelente película uno puede llegar a sentir la frustración de millones de personas, que viven encarcelados en su propia tierra, rodeados por otro país que basándose en su superioridad militar pretende, como hemos visto en estas semana, volver a recuperar la triste figura de los bantustanes. Es otra forma de racismo que sólo puede garantizar más décadas de tragedias a la zona.
    Película de visión imprescindible.
    Un abrazo

  2. 39, esta es una peli en la que sorprende la amplitud de los escenarios naturales en contraposición con lo agobiante de las escenas. Yo no entiendo nada de cine, pero es esa sensación la que me trasmite la peli, continuos momentos de oxigeno para la siguiente escena.

    Un abrazo

    P.D. Siento no decir más cosas de tus estupendos post, pero es que ya te digo arriba que no sé nada de cine, pero estoy aprendiendo mucho gracias a ti.

  3. Bien sintetizado, Valentín. Quizá “frustración” es una palabra clave para entender el conflicto, junto a la inevitable desesperación que conlleva. Abrazos.

    Sonia, aquí todos nos movemos por sensaciones y nos limitamos a ser meros aficionados de lo que vemos. De cine sabes más de lo que crees; desde luego tu comentario sobre la contraposición entre escenarios cerrados y tomas al aire libre es acertadísimo. Trataremos de seguir aprendiendo juntos. Lo cual me recuerda que tenemos una futura charla cinéfila pendiente.
    Abrazos.

  4. No he visto la película, pero me ha encantado leer tu entrada. Siempre que se habla del “conflicto” de Oriente Medio (para nosotros Oriente Próximo) surgen inevitablemente una amalgama de ideas, sentimientos, sensaciones que, aunque a veces sean contradictorios, nos dejan siempre un mal sabor de boca. La imbecilidad del ser humano que es incapaz de vivir y dejar vivir a sus semejantes; la falta de civismo y de educación fomentada como material para usar en atentados; el nacionalismo victimista llevado a extremos absurdos … Mientras tanto, unos pocos se llenan los bolsillos de dólares y de poder. Las generaciones fururas ¿serán capaces de poner fin a tanta crueldad?

  5. Entrenómadas, hay que verla. Es muy ilustrativa, pero el día tiene las horas que tiene.
    Besos.

    Magda, los problemas de la zona están claros, los errores también. ¿Por qué las soluciones son tan difíciles? ¿Por qué está tan comúnmente aceptada la tesis de la necesidad de dos Estados cuando la segregación étnica es precisamente el problema y la fusión la única solución? Porque, aunque muchos vayan de laicos, el integrismo religioso y el racismo apenas encubierto son las claves. Se pretende a toda costa, no la supervivencia de los individuos, sino la de los grupos claramente diferenciados. Israel=judíos; Palestina=árabes. Si esa dualidad absurda no se supera, no hay solución.

  6. Lucía, mis orígenes asturianos no los conocía ni yo hasta que una nómada que tú y yo sabemos los halló en su bola de cristal. Ése es mi único vínculo con Asturias, pero explica mi amor por el Sporting de Gijón y la simpatía que aquella tierra en general me ha inspirado desde pequeño, ese paisaje, ese mar, esa Vetusta de “Clarín”, esa Oviedo tan limpia y hermosa… (que conste que no he estado nunca). Puede decirse que soy aragonés militante y asturiano sentimental. No sé si será que el tiempo que mi padre, andaluz, por cierto, trabajó en Avilés absorbió algo que me transmitió genéticamente o bien el hecho de que Asturias y Aragón sean tierras viejas y sabias a las que los demás se empeñan en ignorar. En cualquier caso, ¡¡puxa Sporting!!
    Besos

    Malvisto, yo tampoco la vi en su momento, como cine minoritario que es en las carteleras de mi ciudad no pasó de una semana. Gran invento el DVD. Dale una oportunidad; pese a su crudeza, contiene imágenes muy bellas y conmovedoras, a la par que otras indignantes.
    Abrazos.

  7. Eryx, algún exaltado que no entendiera bien podría calificar tu comentario de antisemita (de hecho es la coartada que suele tener Israel para todas las críticas que recibe, y además lo opone de manera incorrecta, pues como es bien sabido, los palestinos también son semitas). Desde luego, hay muchos judíos en el mundo del cine americano, pero hay más cristianos, no se te olvide, y a éstos nadie les etiqueta.
    Supongo que entre los judíos que “merecen la pena”, según tú, estará la Pfeiffer, que es de origen judío, como seguro que bien sabes.

  8. Ya he visto la película. Hay escenas muy hermosas a pesar de la desolación y pobreza reinantes. Al principio cuando el profesor va a buscar a Said y pasean entre los callejones, o cuando Said sale por la noche corriendo en dirección de la casa de la chica. La fotografía me pareció muy buena.
    Supongo que la historia es el pan nuestro de cada día de todos los palestinos, pero como bien decía la chica tiene que haber otro camino y otra forma de resistencia.
    Como dices el problema es político-económico: además de lo que tu enumeras los del gremio del ladrillo deben de estar encantados levantando casas para los colonos por doquier. Cada día se apropian de más terreno y el sector va en alza.
    Me alegro de que hayas recomendado la película porque la tenía en casa y no me decidía a verla. Merece la pena sin ninguna duda.

    Besos.

    Y ¡puxa Sporting!

  9. Una idea que me ronda la cabeza: ¿por qué no propones una película para ver y nos citas un día determinado para hacer una mesa redonda en los comentarios del post que hagas?
    Podría ser divertido. ¿qué te parece?

  10. Tienes razón, Lucía, las imágenes son muy bellas, incluso las de desolación. Ese otro camino que menciona el personaje se ha demostrado en la independencia india más eficiente y menos gravoso, pero no se nos olvide que los enfrentamientos, en especial éste, son rentables para muchos, como por ejemplo para los del ladrillo, que allí como aquí, hacen el caldo gordo en cualquier situación. El problema es que la diplomacia internacional y quien maneja el asunto (Estados Unidos) van justo en la dirección (los dos Estados) que va a prolongar el conflicto hasta la eternidad, y no hay voces discrepantes. Triste, más si pensamos que todos los intentos del difunto Arafat en la ONU por reconocer a Israel y las fronteras de 1967, apoyados por la Asamblea General, fueron vetadas. ¿Por quién? Por Estados Unidos, claro, que quiere la paz con la boca pequeña y desea la guerra ilimitada en los despachos privados.

    En cuanto a tu propuesta, a veces he pensado varias maneras de colaborar de forma interactiva entre todos: por ejemplo, aportar ideas conjuntamente para una historia o un guión, pero tu idea es mejor, una especie de tertulia de Garci virtual. El problema es que no podrían ser películas antiguas porque no todo el mundo tiene la posibilidad de verlas, salvo pases televisivos en canales en abierto, claro; si no, tendrían que ser estrenos, y entre éstos no abundan las películas que merezcan la pena. Pero me lo voy a pensar porque me parece muy interesante. Por otro lado, me inquieta el hecho de que el “placer” de leer en un blog contenidos más o menos interesantes se convierta en una obligación de colaborar activamente, es forzar un poco las cosas, aunque sea ocasionalmente. No sé, quizá tú lo tengas más claro y me puedas orientar.
    Muchas gracias por tus comentarios y tu sugerencia. Besos.

  11. Red Ciudadana

    Lo que comenzó como un impulso individual, se está convirtiendo en una plaza de encuentro para la discusión y el debate. Generación Y ha logrado involucrar a un montón de personas en todas partes del mundo que me ayudan con la actualización, las traducciones y la difusión de los textos. La colaboración principal ha sido para colgar los posts, pues desde la última semana de marzo no he podido acceder al sitio en los cibercafé públicos ni en los hoteles. De manera que envío mis textos por email, algunos amigos los publican y me mandan -también por correo electrónico- los comentarios que dejan los lectores. Soy una blogger a ciegas, una cibernauta con una balsa que hace aguas y que logra flotar gracias al apoyo de una espontánea red ciudadana.

    Todo el portal http://www.desdecuba.com sigue bloqueado en los servidores de locales públicos. He ido haciendo una copia de los mensajes de error que muestran los navegadores cuando intento acceder y aquí les dejo una muestra. También sé que el apagón no es total. Amigos que tienen internet en sus centros de trabajo pueden visitar el sitio, pero eso me sirve de poco, pues a esos lugares soy yo la que no puedo entrar.

    No obstante, tengo los mismos deseos de escribir en esta bitácora que cuando empecé. Ahora con más testarudez, pues no hay nada que me resulte más atractivo que aquello que se me impide hacer. Para saltar las dificultades de la conectividad y llegar a los lectores dentro de la Isla, otros amigos han creado un minidisk con el contenido del Blog, que distribuyen gratuitamente. A todos quiero agradecerles el apoyo, los remos y el viento que me permite mantener el rumbo.

    Escrito por:
    Yoani Sanchez, Blogg Generacion Y, 1 Julio 2008
    Blogera cubana perseguida por la dictadura cubana

    Exigimos
    Libertad de expresiòn en Cuba
    Libre y total acceso a Internet para el pueblo cubano
    Cese a la represiòn y persecuciòn polìtica
    Libertad a los presos politicos, a los periodistas encarcelados

    ¡Viva Cuba Libre!

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