Cine para pensar – Una película hablada (Un filme falado)

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Manoel de Oliveira, el casi centenario director de cine portugués, es abiertamente denostado por un amplio espectro de los aficionados al cine. ¿Motivos? Para empezar, sus temáticas minimalistas, sus ritmos lánguidos, casi detenidos, sus recreaciones de planos interminables, sus escenas de conversación, largas, interminablemente largas, la práctica ausencia de acción, y la verborrea inacabable de sus personajes, que no hacen más que hablar y hablar… Un filme falado, rodada en 2003, corrobora punto por punto esta “mala fama” extendida por muchos aficionados al cine que no soportan el estilo reflexivo, lento, pausado, de un cineasta como Oliveira que, con casi cien años, hace tiempo que dejó de tener prisa.

No vamos a juzgar aquí ahora a quienes así opinan, pero quizá el lector pueda extraer su propia opinión si termina de leer este artículo y llegue a determinar qué base tienen esos argumentos. La película, de apenas hora y media de duración, cuenta la historia de un viaje, el que Rosa María, joven profesora de Historia de la Universidad de Lisboa, emprende junto a su hija María Joana, en un crucero que las llevará hasta Bombay, donde las esperará el padre de familia, piloto de líneas aéreas, desde donde emprenderán un viaje vacacional todos juntos. La ruta del crucero las lleva desde Lisboa a Ceuta, desde Marsella a Nápoles, desde Atenas y Estambul a Alejandría, antes de atravesar el Canal de Suez y penetrar en el Mar Rojo y el Índico. Rosa María, que nunca antes ha pisado todos esos lugares, cuna de la civilización mediterránea y por ende de la occidental, aprovecha las visitas para descubrirlos junto a su hija, y también para contarle viejas historias, relatos de personajes del pasado, de reyes como Ulises o Enrique el Navegante o de ciudadanos anónimos como los primeros griegos que llegaron a la costa francesa, los pobres pompeyanos devorados por el Vesubio o los esclavos que levantaron las Pirámides, cuentos sobre la azarosa vida religiosa de Estambul, las trirremes griegas y romanas pululando por el territorio de Poseidón y Neptuno, y el significado hereditario que todo ese enorme bagaje mitológico, histórico y cultural tiene en nosotros. Es obvio que para quienes las historias se reducen al final del viaje y no comprenden que el misterio, que la aventura, es el viaje en sí mismo, no toleran tramas tan simples y al mismo tiempo tan ricas en sus planteamientos profundos, salpicadas con largas tomas de las visitas a los lugares históricos (las ruinas de Pompeya, la Acrópolis de Atenas, Santa Sofía de Estambul, la bahía de Nápoles con el Castel dell’Ovo) y mucho discurso histórico, mitológico y cultural con el que Rosa María trata de resolver las dudas que María Joana le va planteando, planteamientos que no están a la vista ni se muestran con acrobacias de cámara, explosiones ni efectos especiales, sino de modo desnudo, reposado, reflexivo, como si no visitáramos esos lugares a través del celuloide, sino en persona, como si pudiésemos captar el rumor del viento, el olor de la sal del mar, el verde de los olivares y la vista lejana de las velas latinas en el horizonte soleado del Mediterráneo, pero sin prisas, sin agobios, disfrutando del viaje sin pensar en llegar a ningún sitio, sino por el placer del viaje mismo.

En los diferentes puertos donde el crucero va haciendo escala, se van incorporando nuevos pasajeros. En Marsella asciende al buque una conocida empresaria francesa (Catherine Deneuve), en Nápoles, una modelo italiana ya retirada (Stefania Sandrelli), y en Atenas, una profesora de canto antaño celebrada intérprete de ópera (Irene Papas). Realmente el punto culminante de la película, el clímax intelectual, valga la expresión, tiene lugar durante una cena en la mesa del capitán del crucero, un norteamericano de origen polaco (John Malkovich). En esa cena, a la que Rosa María y María Joana son invitadas a incorporarse, nos encontramos con una pequeña Torre de Babel (cada actor, que parece interpretarse a sí mismo, no quizá con su nombre y apellidos sino con su memoria personal a cuestas, habla en su propio idioma: inglés, italiano, francés, griego, portugués…) en la que salen a la luz reflexiones interesantes y muy oportunas acerca de los orígenes de la filosofía, la literatura, la música, de la cultura en general, de su papel en el devenir de la vida de la Humanidad, y también del importante, imprescindible papel de la mujer (durante la mayor parte del tiempo en la sombra) como correa de transmisión de toda aquella rica herencia durante milenios. Sin embargo, la plácida charla (cuya duración representa alrededor de un cuarto completo de la duración de la película) es interrumpida por un final abrupto, una desgracia que causa la pérdida de vidas humanas y que cierra el círculo en cuanto a la intención metafórica de Oliveira al concebir la película: el largo viaje a través del sustrato cultural de occidente y el final trágico, violento, como símil de la vida, pero no de la vida de un ser humano, sino de la vida de la Humanidad, nacida del mar, ambulante por él durante milenios, y que necesariamente ha de morir en sus riberas bajo el efecto de la tormenta de la incomprensión, el fanatismo y el odio.

La película, con un derroche técnico mínimo, de sencillez abrumadora, busca la complejidad en la profundidad de los temas que apuntan sus personajes, y no en el lenguaje visual utilizado, rico, eso sí, en simbologías y metáforas visuales en cuanto a los planos exteriores que elige mostrar, los lugares que decide visitar y los personajes con los que la profesora y su hija se encuentran (el pescador marsellés, el pope griego, los grupos de turistas con pantalones cortos y sandalias en Pompeya o Estambul), y que andan encadenados con la más íntima memoria sentimental del Mediterráneo. En especial la escena de la conversación en el barco (con Malkovich haciendo sus pinitos hablando en francés o en portugués) supone una eclosión del cine como instrumento de pedagogía, de formación, de fomento de valores y conocimiento, a la vez que una oportunidad única de comprobar la calidad artística de los grandes intérpretes que la desarrollan, en especial Deneuve y una grandísima Irene Papas, una escena que derrocha encanto, profundidad, sabiduría y fuerte carga reivindicativa, en un conjunto que resulta engañosamente simple.

Es evidente que para quienes el cine supone la suma de cosas que van pasando continuamente, esta película es lo que se conoce por tostón, porque pasar, lo que se dice pasar, pasa poco. Pero no es esa la intención de la película, ni mucho menos, porque lo que le importa es lo que ya ha pasado, y cómo ese pasado influye y tiene consecuencias en las vidas anónimas de quienes deambulamos por el mundo en la actualidad, generalmente desmemoriados e ignorantes de la memoria de la que somos depositarios. Quien sea aficionado a las persecuciones, los disparos, las escenas vertiginosas, los momentos de cama, la estética del video-clip y los bombardeos visuales de imágenes manipuladas digitalmente, que se olviden de esta película. Por el contrario, quien sienta afición a los libros, a lo clásico, a todo lo que supone la herencia cultural de la Humanidad, a las buenas conversaciones en torno a una mesa con buena compañía, sin música atronadora, sin estridencias, sin sobresaltos, la disfrutarán sin duda y sabrán valorar lo que cineastas como Oliveira representan en el actual cine decadente.

Esta película puede considerarse además un homenaje, un monumento que Manoel de Oliveira levanta a la cultura occidental, elevando al Mediterráneo a la categoría de templo de una religión cuyos mandamientos han sido escritos por el ser humano desde su origen. Viéndola, incluso puede llegarse a la conclusión de que la verdadera nación que muchos buscan no es otra que el Mare Nostrum, con sus lenguas, culturas, tradiciones, formas de vida, religiones, y sobre todo, por una memoria común que nos encadena y cuyos eslabones somos todos nosotros. La película recuerda la letra de una canción de El último de la fila, Mar Antiguo, favorita de este blog:

Dejé la estepa
cansado y aturdido;
pasto de la ansiedad.
No hay otros mundos
pero sí hay otros ojos,
aguas tranquilas
en las que fondear.

Mar antiguo, madre salvaje,
de abrigo incierto
que acuna el olivar.
Muge mi alma confusa y triste:
ojos azules en los que naufragar.

Te he echado tanto de menos
patria pequeña y fugaz;
que al llegar cruel del norte el huracán
no se apague en tu puerto el hogar.

Mar antiguo, madre salvaje,
en tus orillas de rodillas rezaré.
Tierra absurda, que me hizo absurdo,
nostalgia de un futuro azul en el que anclar.

Triste y cansado,
con los viejos amigos,
el vino y el cantar:
mientras quede un olivo en el olivar
y una vela latina en el mar.

Viejos dioses
olvidados
mentenednos
libres de todo mal.

Mar antiguo,
dios salvaje
de la encina
y del gris olivar.

Mar Antiguo. Astronomía razonable (1992).

Una vez finalizado el post, ¿quién puede decir que en el cine de Manoel de Oliveira no suceden cosas?

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24 comentarios sobre “Cine para pensar – Una película hablada (Un filme falado)

  1. Para mí Manoel de Oliveira es un genio, un hombre que forma parte de la buena historia del cine. Injustamente ninguneado en España, país vecino, nunca he entendido esta reacción. No he visto esa película y me apetece mucho verla, la anoto para ver si la consigo en algún buen vídeo-club. ¿La estrenaron aquí en Zaragoza?
    Mi respeto por este gran director de cine, una maravilla.
    VIVA MANOEL DE OLIVEIRA!!!

  2. Entrenómadas, se estrenó, y duró una semana. No más. Yo la vi hace poco en una madrugada dominguera en La2, como siempre. Hay dos fenómenos diferentes en la apreciación de Oliveira y por qué España pasa de él; primero, por su tipo de cine, completamente alejado del que “gusta” aquí, y segundo, porque es portugués y nuestra estúpida soberbia hacia el país vecino es ridícula pero existe.
    Que viva, pero a su edad, no sé si será mucho…

    Besos

  3. La peli es fiel al estilo “raro” de Oliveira, un diector que sabe muy bien el lugar que ocupa el lenguaje y sobre todo el que ocupa el lenguaje que nunca se pronuncia. Estoy de acuerdo en que la cena es la escena por excelencia de la peli, en que Catherine está grandiosa y en que los ojos de Irene Papas son el vehículo a través del que Manoel, imprime profundidad a esa secuencia. A Sandrelli se la comen con patatas, pero que podía hacer ella ante ese triángulo equilátero formado por Deneuve, Papas y Malkovich… No perderse “El convento” es una cita ineludible para aquellos a quienes les guste sentir que los paisajes son y saben ser protagonistas de las películas.

    Sigo aprendiendo con tu manera de ver el cine.

    Un abrazo.

  4. A mi siempre me ha parecido un cineasta absolutamente eficaz. A un maestro sólo le hace falta emplear bien unos cuantos recursos para llegar hasta el fondo. El minimalismo de Oliveira consigue diseccionar los argumentos cien mil veces mejor que la acumulación efectista, que sólo quiere distraer de lo esencial. Por eso, además de por todo lo que habéis apuntado, creo yo que se ningunea el cine del portugués: poca gente hoy en día no teme quedarse un rato mirando al fondo.
    Estoy de acuerdo con Sonia respecto a “El convento”. Y ésta, Escalones, no la he visto, pardiez, pero intentaré remediarlo. Tendré que hacerme un croquis con la programación de cine en tv y ver hasta dónde llego (lo haré en vacaciones de Navidad; hay que organizarse).
    Besos con una pizca de niebla.

  5. Esta película me llegó al corazón, Alfredo. Habla, como bien dices, de todo lo que me gusta, los libros, la Historia, las conversaciones alrededor de una mesa, la buena compañía. Y el viaje de una madre y una hija, las cosas que comparten…
    Yo la vi el año pasado en clase de portugués y la vi en versión original sin subtítulos, así que de la escena de la cena me perdí todo lo que decía Irene Papas, con los demás idiomas me defiendo pero del griego no sé nada; aún así no se lleva mal.
    Y como la película me gustó tanto la profesora me la regaló al acabar el curso.
    Es una pequeña joya que te hace pensar: esto es CINE.
    Ha sido una sorpresa que hablases de ella, no tenía ni idea de que la habían emitido en televisión. ¡Menos mal que nos queda la 2!
    Besos.

  6. Hoy te has superado.Esto no es un post,es un poema lanzado al viento,a través de los olivos que van a parar al mar,y de cuyas orillas besan los pies de Oliveira y continúa, errante sobre el canto de Manolo García.
    Hoy es lunes Alfredo,y no se puede naufragar del todo con Oliveira ni con ésta canción que a mí tanto me gusta.
    Gracias y un fuerte abrazo.

  7. Sonia, ya sabía yo que iba a gustarte. Buena sugerencia. Besos.

    Luisa, el mejor cine en la tele lo pone La2 en la madrugada de los viernes y los lunes. A veces juegan al despiste y ponen algo interesante también la madrugada de los domingos. Tú teclea en el Teletexto la 420 el jueves y el sábado, y échale un ojo. El cine portugués es ninguneado en general, pero en España más. De todos modos, Oliveira se toma una pequeña (y justa) venganza: el crucero de la peli omite España. Besos.

    Lucía, me alegra haberte sorprendido yo por una vez, muchas gracias. Tienes razón, esto es, en cierto modo, uno de los “deber ser” del cine, si no el principal. ¿De modo que sabes portugués? Preciosa lengua. Besos (¿cómo se dice besos en portugués?).

    Muchísimas gracias, Francisco, hacemos lo que podemos, y a veces hasta queda bien. El lunes es como soltar amarras y zarpar en el mar de una semana (y por lo general, un inicio de semana tormentoso, con fuerte marejada).
    Gracias. Abrazos.

  8. Alfredo, amigo, ya de lunes. Leo esta recomendación tuya y mientras escucho ‘Mar antiguo’, me identifico con su letra. El Mediterráneo es parte, sino origen, de nuestra cultura actual. la pena es que a este mar le seguimos dando la espalda cuando, al contrario, nuestro deber es mirarnos en él. Allí, en sus aguas, en sus olas calmas surca nuetra historia.

    Oliveira. Me encanta. En especial cuando dices que su cine es para los que aman los libros, la herencia cultural de la Humanidad y las buenas conversaciones en torno a una mesa con buena compañía. Así me veo hoy, lunes. Gracias a tí, Alfredo.

    Un abrazo,

  9. Me gusta lo sencillo, tu entrada me sabe a Kiarostami; en cuanto a que no pase nada, esa es una de mis creencias, que es mejor que pase poco, el resto lo pone uno.
    Me ha sucedido con My sassy Girl, me ha terminado aburriendo de todo lo que pasa, desarrollan todas las ideas, no dejan nada a la imaginación.
    En fin, no nos podemos enamorar de todo y de todos.

    un abrazo,

  10. Gracias por la información, me la anoto y además pìdo a los reyes (magos) un grabador dvd en disco duro, que no tengo. Es que soy trasnochadora, pero igual no alcanzo a tanto.

  11. Gracias, Diego, a veces me imagino a Zeus por ahí bajo el agua, un poco cabreado de que los hombres ya no le hagan caso, soltando rayos y truenos… Como en aquellas películas en las que los dioses manejaban los destinos de los hombres en torno a un mundo en miniatura sobre el que movían las piezas…
    Un abrazo.

    Malvisto, por suerte, añadiría yo. Estoy de acuerdo en que muchas veces el cine está para que el espectador lo complete, sin duda.
    Abrazos.

    Clara, muchísimas gracias (y bienvenida). No te creas, lo de hoy estaba especialmente inspirado. No siempre es así, pero al menos lo intentamos. Espero seguir viéndote por aquí.
    Un saludo.

    Luisa, sí, mejor a los magos. Puesto a confiar en unos o en otros me temo que los magos te lo traerán antes… Los otros lo mismo te ponen un Marichalar, que parece que les sobra. Lo podrías amaestrar y llevarlo a las fiestas… De verdad, La2 lleva un mes sembradísima con el cine nocturno: “Infiel”, de Liv Ullman, “Donnie Darko”, “Fucking Amal”, “La ciénaga”, de Lucrecia Martel, etc.
    Besos televisivos

  12. es algo lenta la pelicula pero lo mas destacable y que a mi por lo menos, me duele muchisimo son los saltos de eje que tiene este film. dios mio cmo se puede saltar de eje de tal manera, ya no es una o dos veces esque lo hace en casi toda la pelicula.

  13. Pues se ha convertido en una de mis películas favoritas,
    es una delicia, original el que cada personaje hable en
    su idioma, las actrices maravillosas y Malcovich
    ¡me encantó su personaje! tan galante, tan exquisito.
    ¡Yo quiero un viaje en ese barco y ser invitada en esa mesa!

  14. AYER VI “UN FILME FALADO”, SOY ARGENTINA Y LA BAJE DE LA RED. ME GUSTO MUCHISIMO ,PERO YO AGREGARIA QUE OLIVEIRA EXPRESA MUY CLARAMENTE EL TERROR QUE SIENTE EUROPA ANTE LA INVASION MUSULMANA . ES MUY INTERESANTE COMO LOS IDIOMAS QUE EL EXPRESA EN SU TORRE DE BABEL SON SOLO EUROPEOS . CREO QUE EUROPA TIENE CLARO QUE ES PARA LOS EUROPEOS Y PUNTO. AUN MAS EN ESTA CRISIS.

    1. Bueno, Marta, creo que apuntas un par de cosas inexactas. Das por supuesto, primero, que la explosión en el crucero es provocada por alguien de origen musulmán. Yo creo que no hay razón para llegar a esa conclusión. Segundo, esos idiomas no son “sólo” europeos: ¿acaso el portugués, el francés o el inglés son “sólo” idiomas europeos? ¿Acaso lo es el español? Un idioma no es más que una herramienta de comunicación, un ser vivo que nace, crece, se transforma y, de vez en cuando, también muere. Son quienes lo hablan los que lo hacen suyo, independientemente de donde estén o de lo que sean. El español no es de España; es de todos los lugares donde se habla. Lo mismo con las demás lenguas.

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