La tienda de los horrores – El puente de San Luis Rey

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Sólo hay una cosa peor que acudir al cine a ver una estúpida película de ínfima calidad que nos hayan vendido como buena en los telediarios: asistir al cine convencido de ver una película de empaque artístico y cultural y descubrir que es un larguísimo tratado sobre el aburrimiento de las ovejas. Este es el caso de esta pretenciosísima película, superproducción internacional de 2004 (británica, francesa, española…), puesta en manos de la directora debutante Mary McGuckian, quien, con su impericia y el pésimo guión adaptado de la célebre novela de Thornton Wilder consiguió que el resultado final no fuera más que un homenaje al tema central de la historia: el hundimiento de un puente cuando lo atravesaban cinco personas. Que ni pintado tema para una película que supone el naufragio más colosal de los últimos tiempos.

Tras el esforzado visionado de la cinta (124 minutos que dan la sensación de ser 421), realmente dan ganas de comenzar una colecta para construir un monumento de oro y piedras preciosas al encargado del casting, porque se lo merece. Desde luego, debió ser el único que se tomó su trabajo en serio, y con un proyecto a priori tan magnífico en la mano logró enrolar como tripulación de la película nada menos que a Robert De Niro, Kathy Bates, Harvey Keitel, Gabriel Byrne, Pilar López de Ayala, Geraldine Chaplin, F. Murray Abraham o Émilie Dequenne, entre otros muchos actores y actrices de reparto conocidos de diversas procedencias y cinematografías, por no mencionar la contratación del gran músico argentino Lalo Schifrin para la creación de la partitura de la película o de Javier Aguirresarobe para la, esta vez sí, estupenda fotografía. Con una novela de éxito, un reparto colosal y una historia enmarcada en la majestuosa corte del virreinato del Perú, los burdeles y los teatros de Lima del siglo XVIII, los Palacios de los Arzobispos Peruanos, las Misiones Inquisidoras de Madrid, el Santuario del Inca, situado entre las aldeas indias de la cima de las montañas, los estrechos de las costas americanas, los conventos y muelles de Lima o las travesías en alta mar, las instituciones científicas y las cortes de Madrid, el fenómeno verdaderamente de estudio lo constituye la pregunta siguiente: ¿cómo se puede crear semejante bodrio? La película, que parte de un comienzo interesante, el derrumbamiento de un puente (no deja de resultar curioso que en una importante vía de comunicación el puente que atraviesa uno de los más enormes accidentes geográficos, un gigantesco cañón sobre un río, parezca construido por un chino con mondadientes) que ocasiona la muerte de cinco viajeros y la consiguiente investigación para determinar (dentro del mundo de absurdos religiosos de aquellos tiempos) la naturaleza maléfica o providencial de tal suceso, el carácter azaroso o la responsabilidad pecadora de los fallecidos, y que está planteada como una historia coral de cruce de vidas y casualidades, se hunde en el sopor, la pereza, la languidez y el hartazgo más demoledores.

Con una notable recreación histórica (quizá excesivamente preciosista, como de postal, demasiado de cartón piedra), el auténtico problema de la cinta lo constituyen dos aspectos: el primero, la absoluta ridiculez de la trama, que no llega a interesar al espectador en ningún momento (y nos atrevemos a añadir que ni siquiera interesó a los actores), tan cogida con alfileres que resulta increíble, con azares, encuentros y casualidades no ya imposibles, sino milagrosas, retorcidas, forzadas, y en segundo lugar, el nulo compromiso de los actores con sus papeles, sin duda producto de la inexistente dirección de actores puesta en marcha por la encargada de la película. Ninguno (excepto quizá las actrices españolas, sin duda motivadas por compartir planos con grandes nombres del cine de Hollywood), da la talla, parecen deambular perdidos por la pantalla, se limitan a pronunciar sus frases con una letanía más propia de los niños que cantan (o cantaban) la tabla de multiplicar, todo ello completado por una pésima dirección que desaprovecha constantemente las posibilidades narrativas de la película tomando siempre la opción equivocada, que mantiene un ritmo incierto, cansino, forzado, improvisado, agotador en su continuo sopor, sin duda propiciado por el convencimiento interno (cien por cien equivocado) de que el mero desfile de grandes estrellas por la pantalla serviría para despertar un interés y un acercamiento por parte del espectador a una historia pésimamente perfilada.

En resumen, un horrible producto, el desastre cinematográfico más contundente de los últimos tiempos, la perfecta definición de la palabra fiasco, un compendio de lo que no debe ser el cine de calidad y la prueba de que, contra lo que dicen (o decimos) muchos, no basta una buena historia, un notable reparto y un excelente marco para que una historia funcione, y que la dosis de entretenimiento en el cine es imprescindible, aunque sin pasarse. El puente de San Luis Rey es un monumento a la densidad narrativa, ideal para noches de insomnio. Garantizamos el sueño de los justos antes de la primera media hora.

Acusada: Mary McGuckian
Atenuantes: miaja
Agravantes: ¿pero cómo se pueden hacer mal tantas cosas al mismo tiempo?
Condena: culpable
Sentencia: puenting desde el puente de San Francisco sustituyendo la cuerda elástica por hilo dental.

12 comentarios sobre “La tienda de los horrores – El puente de San Luis Rey

  1. Alfredo no sabes lo que me gusta ver en esta sección una película que no he llegado a ver. Estoy pensando en hacerme con ella, como tú bien recomiendas, para esas noches que te dan las 4 de la mañana dando vueltas en la cama.
    Besos.

  2. No lo sabes tú bien, amigo Chorche, te has librado de una buena. Quizá te hubiera venido bien para esos insomnios de las 4:20…
    Un abrazo.

    Lucía, mano de santo, de verdad. Es difícil igualar un truño semejante, de veras.
    Besos.

  3. Pues yo debo tener un sexto sentido, porque no quise verla y eso que me ausenté de esa visita al cine con una excusa, pero veo que hice bien, aunque la verdad, las personas que fueron no me la recomendaron tampoco, no se, algo me olia mal desde el principio, no me despertaba el más mínimo interés, gracias a Dios.
    Saludos!

  4. Iván, hiciste muy bien haciéndole caso a ese sentido extra tuyo. Si hubiese habido un médico en la sala hubiese tenido que atender a todo el personal por colapso de aburrimiento. Sigue haciéndole caso, que parece que funciona.
    Un abrazo.

  5. Yo tampoco la conocía (para bien de mi cerebro segun veo) pero después de lo que cuentas se me ocurre una penitencia peor: ver la “película” que acaba de estrenar la tal Maria Isabel (antes muerta que sin silla). Tiene que ser impresionante.
    Abrazos mil.

  6. Cacho de Pan, sigue ese instinto, sin duda te librará de infamias como ésta. Felices días.
    Un abrazo.

    LaMima, ésa que apuntas debe ser una canallada integral. Generalmente no trago muy bien las pelis con niño, pero ésta especialmente me resulta odiosa. En cuanto a esta peli, lo dicho, para el insomnio galopante es un remedio seguro.
    Besos.

  7. Hoy la he visto y casi muero en el intento si no es porque estaba acompañado y comenzamos a reirnos de ver tanto disparate e incongruencia narrativa… Qué hacían? Para qué? Y qué contaban en aquel puzle imposible y sin sentido? El movimiento y encuadre de cámara reiterativo, tópico y ñoño… los actores estaban allí igual que en un mal ensayo y la directora debe ser prima de alguien y nosotros sus primos por aguantarla… Por favor, si alguien la ve cerca de una cámara o leyendo un pulizer que la echen!

  8. Luisturner, veo que has estado a punto de sucumbir. Me alegro de que hayas sobrevivido. La directora amenaza con volver a adaptar nuevos libros de éxito. Yo ya tengo las maletas listas para salir hacia Bután…

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