Cine en serie – Rebelión en las aulas

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LA ENSEÑANZA EN EL CINE (I)

Retomamos la sección “Cine en serie”, en la que ya dedicamos en ‘Maldito Cine’ nueve entradas a analizar la proliferación de grandes obras maestras o de películas con aceptación por parte del público pero de mensaje o tesis repugnantes, señalando en una serie de próximos posts cómo ha retratado el mundo del cine el fenómeno de la enseñanza, de la educación, de la transmisión de la cultura, sin duda uno de los pilares más importantes de la sociedad (o debería serlo), pero susceptible como ninguna otra de ser utilizada de manera tendenciosa políticamente. Porque, quien más quien menos, desde el poder intenta utilizar la educación, la formación de los nuevos ciudadanos, para crear futuros bancos de votos para sus ideologías y planteamientos políticos, si no ciudadanos complacientes y receptivos a determinados discursos, como sucedió por ejemplo en España y el uso de la educación como vehículo de implantación de un nacionalcatolicismo que dilapidara los logros educativos, científicos y culturales del breve periodo de la Segunda República, en detrimento de lo que los alumnos debían o no saber para formarse como ciudadanos autónomos, independientes y con criterio propio. Pero el planteamiento empobrecedor, intelectual y formativamente hablando, de ideologías como el nacionalismo o de vacíos ideológicos como el capitalismo salvaje, no es el único obstáculo para la educación y la formación, ya que puntos de vista todavía más reduccionistas y cortos de miras como la enseñanza de corte religioso, en su versión más excluyente, ortodoxa e irreflexiva, en particular en lo que a las tesis creacionistas se refiere, suponen aún una amenaza mayor para la formación de ciudadanos mentalmente maduros y con espíritu crítico. Precisamente ese aspecto, el espíritu crítico, es la base educativa que desde los elementos políticos, religiosos y económicos más estorba para la obtención de un grupo de ciudadanos seguidistas y complacientes con cualquier planteamiento que excluya la posibilidad de hacerse preguntas, de dudar, de establecer puntos de vista relativos que busquen en el análisis crítico y en la obtención de conclusiones propias el criterio propio como ciudadanos, escéptico, analítico y relativista con respecto al bombardeo ideológico recibido desde la sociedad, de tal manera que la vida social, política, religiosa y cultural se reduzca al lanzamiento permanente de mensajes parciales y tendenciosos, todos ellos incompletos y falsos, que gracias a un marketing educativo hayan logrado un público más o menos extenso que sea receptivo y complaciente, más allá de la veracidad y la exactitud del mensaje, en la línea de los borregos dirigiéndose al matadero que Chaplin retrató en Tiempos modernos. En los próximos posts dentro de esta sección vamos a dedicar unas líneas a ver cómo el cine habla a menudo de esos grandes valores que generalmente la política, la economía y la religión, dejan de lado al tener muy presente que una sociedad de ciudadanos conscientes, librepensantes y con espíritu crítico suponen un problema para el éxito de sus mensajes parciales, tendenciosos y falsarios.

Empezamos con To Sir, with love (James Clavell, 1967), titulada en España Rebelión en las aulas, el gran primer papel de Sidney Poitier como instructor de un grupo de jóvenes descarriados en el Londres que ya empieza a ser el de los Beatles, los hippies, la generación ye-yé. Un profesor negro, oriundo de la ex-colonia británica de Belize (otro de esos países americanos, como Guayana o Surinam, o las pequeñas Antillas, por el que la educación suele pasar de largo), llega al colegio de un deprimido barrio industrial londinense para hacerse cargo de un grupo de alumnos descarriados que sólo piensan en disfrutar de sus hormonas, de la música y de su juventud irresponsable e irrespetuosa, en la línea de resultados que más o menos la política educativa que el neoliberalismo intenta implantar, con la decadencia intencionada de la enseñanza pública y la conversión de la educación, un elemento social de primera necesidad, en un bien de lujo para el mejor postor del que los colegios privados ideológicamente militantes sean el único exponente, en la tradición conservadora de que si bien las privatizaciones de servicios públicos están mal vistas por la sociedad, ésta las recibe bien tras unos cuantos años dejándolos derrumbarse mediante el recorte presupuestario permanente y extendido en el tiempo, logrando así, tras arduo trabajo y algo de paciencia, uno de sus fines principales, el monopolio de la educación en los valores que le son propios y que incesantemente busca imponer al resto de la sociedad.

Este profesor, de familia pudiente pero que sin embargo siente una gran vocación por la enseñanza que le hace apartar un futuro próspero y fácil por la lucha por la educación de las generaciones futuras, acude con talante abierto, bienintencionado, abandonando los viejos planteamientos de “la letra con sangre entra” o el pasotismo de algunos de sus camaradas del colegio, y, tras sus primeros fracasos en el uso de un método ortodoxo y tradicional, triunfa gracias a la búsqueda de elementos de interés para los jóvenes en relación con el entorno en el que viven y se mueven, como forma de introducir finalmente enseñanzas y cuestiones de su interés (sobre todo, las relaciones entre chicos y chicas en este caso) que contribuyan a su formación como personas y además a la adquisición de conocimientos (siempre me ha parecido criminal “obligar” a un estudiante de 16 años a leerse “El Quijote”, y siempre me ha resultado más apropiado, si de lograr que los jóvenes amen la literatura se trata, por citar una disciplina, ayudarles a leer obras más cercanas a ellos, que hablen de sus problemas, de cosas que tengan algo en común con su situación, de forma que los jóvenes no se espanten ante una magnífica obra que ellos aún no pueden comprender), de tal manera, que los jóvenes pasotas, rebeldes, maleducados, inconscientes, poco a poco se transforman en adorables criaturas sensibles a la música, el arte, las flores, o incluso al amor, en una metamorfosis un tanto forzada y repleta de lugares comunes y tópicos de juventud.

La película, de gran éxito en su momento (de hecho, dio pie a una todavía más infumable segunda parte muchos años después protagonizada de nuevo por Poitier, pero en una línea más salvaje y violenta, más bien como El rector, El sustituto o Mentes peligrosas) ha envejecido mal. Hoy en día resulta difícil imaginar una juventud tan almibarada, cursi, que resulta tan pasada de moda como la historia del enamoramiento de la joven por el profesor y los James Dean de pacotilla que encarnan los muchachos más rebeldes de la clase, una visión desencantada y más risible que otra cosa, a lo que contribuyen decisivamente los peinados y vestuarios de la época, y un doblaje al castellano, si se ve la versión doblada, que incrementa notablemente el grado de azucaramiento y caramelización que la película puede alcanzar. De hecho, una imagen muy alejada de la enseñanza de trincheras a la que, por culpa de las sucesivas reformas de nulo éxito y el empobrecimiento del fomento de la educación en sociedad fuera de la administración de enseñanza (imposible no señalar el papel nefasto de muchos medios de comunicación y de la responsabilidad adquirida por ellos en la pérdida de valores y de referentes culturales y educativos) que hoy vivimos, los docentes deben enfrentarse, con interminables e insalvables dificultades para cumplir con su trabajo, lo cual va en detrimento del conjunto de la sociedad, cada día más permeable a la asunción de cualquier mensaje, por peregrino que sea, con menor capacidad para detectar a los “falsos profetas de la verdad”, que buscan coartadas infinitas para sus ideologías.

Como puntos interesantes de la película, sin duda el papel de Poitier, gran descubrimiento que lograría su consagración apenas dos años después con En el calor de la noche, la contemplación en bruto del Londres de los sesenta, y sobre todo, y como mayor valor, las diferentes actitudes que los distintos miembros de la plantilla del colegio tienen hacia la profesión docente: el pasotismo, la buena voluntad, la superación por las circunstancias, el interés desmesurado que ocasiona frustración ante los resultados, la necesidad de la disciplina, incluso la visión violenta de la profesión desde el otro lado de la tarima. Sin duda una película interesante en su momento, con algunos vestigios de ese interés que aún pueden contemplarse de manera residual, pero anticuada, coincidente en algún aspecto con los problemas que la educación tiene hoy en día pero completamente carente de una respuesta adecuada a lo que esa problemática representa en la actualidad al perderse en emotividades vacías, sentimentalismos baratos y al perder la perspectiva básica del problema: la educación que se transmite como grado de madurez de la sociedad, algo de lo que en España nos estamos resintiendo desde que la política es el primer criterio, si no el único, para legislar sobre la enseñanza.

19 comentarios sobre “Cine en serie – Rebelión en las aulas

  1. Estoy muy de acuerdo, la película no ha envejecido bien, y ciertas actitudes son muy forzadas, aunque en este caso, yo creo que casi todos los films de esta temática sufren de ese mal, debido a que cualquier transformación en la conducta no trascurre de forma tan rápida, es literalmente imposible. Aún así la verdad que no me disgusta, pero claro, no me acaba de entusiasmar esa visión tan poco realista, porque además le falta fuerza en el mensaje como para poder dejar pasar esa rápida transformación. Pero bueno, Poitier despegó para poder hacer En el calor de la noche me llegó bastante más que esta película.
    Estupendo reseña, como siempre
    un abrazo

  2. Iván, veo que eres demasiado generoso. Puedo aceptar la idea de un cambio rápido, es difícil, pero puede colar. Pero la música, la estética, la tipología de algunos personajes, sobre todo alumnos, es tremenda…
    Un abrazo

    Fernando, yo acabo de verla hace un mes, y es para miccionar y no echar gota.
    Abrazos

    Noe, pues supongo que es porque no reflejan sus problemas de verdad, y siempre derivan hacia el profesor salvador de los alumnos o hacia el sentimentalismo más cursi. Iremos viendo cada semana ejemplos de ello.

  3. Mmm, esta no me la he visto: lo que sé es que hay una de terror coreana que se llama como esta, en la que los alumnos después de unos años procesan y juzgan a su profesora hallándole culpable. Y sabiendo como son estos para el terror te podrás maginar el resultado.

    (Y bueno, ya he matizado aún más mi posición: es que quiero radicalizar lo que pasaria si nos metiéramos del todo en el bando del que ve, y no del que lo produce…. gracias por los comentarios)

    abrazos, hermano

  4. Malvisto, imagino que la versión coreana precisa de varias transfusiones sanguíneas… No te mates para buscarla. No merece tanto la pena.
    En cuanto al debate, también es preciso ver ese punto de vista, es como el Abogado del Diablo de la Inquisición. El problema es que en la dualidad autor-público, se cuelan elementos indeseables, y ésos son los que aumentan el precio.
    Abrazos

  5. Hacía tiempo que no leía un texto de esta magnitud.Hay,como bien sabes,muchas películas estupéndas.A bote pronto:Cero en conducta del malogrado Jean Vigo.Los 4oo golpes de Trufautt.Todos los que amamos el cine desde una temprana edad sabemos lo que significa su enseñanza.Y fue importante,porque nadie te obligaba a ir al cine.El resto es historia.
    Un fuerte abrazo,amigo.

  6. Tienes toda la razón: sangre y sangre, el poster de la pelícua es bastante explicito: una señora desangrada en una silla de ruedas… Para maestros no me gusta este de Los Poetas muertos; es que ya eso toca el cielo, por allá en la nube metafísica, y no se acerca al aneseñanza: bueno este no sé por qué se me coló. Lo que recuerdo, a ver la memoria, es Los dioses deben esar locos, en el que le maestro es un fisaco total: pero hacer reír. Si eso pasa, si tengo un maestro que me hace reir hasta tal grado, fijisimo estudiaria con mñas ganas.

    Y lo otro: también está la otra parte arte-objeto. El arte es algo más que un objeto. Está de muchos otros modos: y esa es mi pelea. No hay solo música-objeto, cine-objeto, siempre existe el beneficio de la ambigüedad. Y eso parece olvidarse…

    abazos,

  7. Bravo, Alfredo, así se habla, el problema y cuestión de la educación está interesadamente calculado para que vaya decayendo el nivel crítico de la mayoría hasta que se tolere cada vez más lo intolerable. Es un asunto importantísimo, el más importante, y se trata de la peor manera posible. Sobre la película no puedo opinar, que no la he visto. A raíz de tu comentario volví a disfrutar “El rey pasmado”. Saludos.

  8. Esta y otras películas similares simplifican bastante no tanto los problemas como las soluciones a ellos. Actualmente se cree que para enseñar hay que conseguir que los alumnos se interesen, yo creo que lo necesario es que tengan ganas de aprender esto es, de ser enseñados.
    Por cierto, interesante serie de entradas.

  9. Ah, pues a mi esa película coreana que nombran, de nombre exacto a este film, no me pareció del todo mala, aunque bueno, comparándola con el conjunto de films de terror actuales del cine asiático, el género que , a dia de hoy, en peor forma se encuentra por aquellos lares, y es que hablamos siempre de los americanos, pero a los asiáticos cuando les da por explotar algo no es que lo agoten, es que lo dejan seco.
    Saludos!

  10. Por cierto, una cosa que se me ha pasado por alto, en lo que si coincido a modo personal, y por lo tanto no coincido con la opinión de usted Minerva, es que debe ser el profesorado quien inculque el interés en los alumnos, más que nada porque son los, en teoria, cualificados para formar a las juventudes, y en mi caso particular, recuerdo algunos que por suerte, supieron inculcármelo bien.

  11. Francisco, “Cero en conducta” toca la próxima semana. Seguro que nos dejaremos varias en el tintero, pero intentaremos hacer un repaso decente.
    Un abrazo

    Malvisto, es más que un objeto, pero sigue siendo objeto. ¿Ves? Es el tipo de debate que con la educación actual llegará un momento en que ni se planteará; nadie sabrá qué decir…
    También veremos por aquí a Keating, el profesor de los poetas muertos; a mí tampoco me entusiasma.
    Abrazos

    Samuel, me alegro que echaras un ojo al fenomenal papel, sobre todo, de Juan Diego. En cuanto al tema de hoy, no hace falta que busques la película. No merece mucho la pena.
    Un abrazo

    Minerva, un poquito de todo. Es un círculo vicioso: no me enseñan porque no me intereso y no me intereso porque no me enseñan. Lo cierto es que algo falla. Espero que con algunos apuntes en próximas películas, sin llegar a dar una solución, sí identifiquemos el problema.

    Iván, sobre todo se queda seco de sangre, mucha sangre… En cuanto a la polémica, no hay una única respuesta. Si la hubiera, creo que se hubiera solucionado: la familia, las reformas educativas, los programas de estudios, los medios de comunicación, la carencia de valores sociales… Lo que está claro es que no hay recetas, pese a que nunca ha habido una generación de ciudadanos tan formada y preparada como la de los actuales profesionales.
    Saludos

  12. LLEGO TARDE, PERO LLEGO A TIEMPO.
    PLAS,PLAS,PLAS,PLAS,PLAS,PLAS, siguen los aplausos.
    Me lo imprimo y se lo paso a mis primos, profesores sufridores, buena gente que están padeciendo un montón en sus escuelas.
    La peli ha envejecido mucho, demasiado. Pero en su momento fue importante.

    Kisses

  13. Pues a mi me gustó mucho en su momento. (Poitier sobre todo, era adolescente)y hace mucho que no la he vuelto a ver así que no sé como ha envejecido.
    Eso sí, dejadme que diga que considero que una de las obligaciones de un profesor/maestro es crear interés en sus alumnos. Intrigar, interesar….movilizar. Claro que no es fácil: casi ningún trabajo lo es.

  14. Entrenómadas, tengo que reconocer que se me calentó la boca. El problema en esencia es ése, pero quizá en frío no lo hubiese expresado así. Sin embargo, me parece un tema importante y un subgémero cinematográfico interesante del que seguiremos hablando.
    Gracias. Besos.

    Mima, Poitier está bien, pero poquito más tiene esta cinta. En parte estoy de acuerdo contigo; lo que pasa es que la única noción de interés que va quedando es la del 4% de los bancos…
    Besos

  15. no la he visto, aunque es una de las muchas herederas de “semillas de maldad”, de 1955, (era “blackboard jungle” en original inglés), en donde poitier interpretaba a uno de los alumnos chungos y el profe abnegado era glenn ford…dirigía richard brooks y se hizo famosa porque lanzó masivamente el rock de bill haley (la gente bailaba en los cines, por los pasillos), a quien, gracias, haré estrella de la semana.

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