Cine en serie – Vida de un estudiante

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LA ENSEÑANZA EN EL CINE (III)

James Bridges, semidesconocido director norteamericano de los setenta y ochenta, y no obstante, autor de obras reconocidas como El síndrome de China (1978) o Cowboy de ciudad (1980), debutó en la dirección en 1973 con otra de las recordadas obras que se acercan al mundo de la enseñanza, esta vez de la vida universitaria, desde el punto de vista de un estudiante brillante que gracias a una beca logra comenzar sus estudios de Derecho en Harvard.

La película, rodada con una sencillez apabullante, narra las peripecias de Hart (Timothy Bottoms), un joven lúcido y muy preparado pero que vive en el estado de confusión propio de la juventud norteamericana del comienzo de la década de los setenta, bombardeada por diversos y contradictorios fenómenos, como los estertores de la guerra de Vietnam, las demandas de ampliación de derechos civiles, la liberación sexual, la lucha por la igualdad racial, la atracción por las ideas izquierdistas, la generalización de las drogas, el pacifismo, la carrera espacial, las metidas de pata de Nixon, la inmensa riqueza cultural de un país decidido a refundarse con mayores cotas de libertad en contra de un poder que piensa en cómo recortarla… Un estado de permanente convulsión con dudas continuas y ocasionales sobresaltos que influye decididamente en quienes deben ser los regidores del país en un futuro no muy lejano. Bridges, autor también de un guión que fue nominado al Oscar, tomando como principio la olvidada novela de J. J. Osborn, introduce una historia que, además de narrar las aventuras de Hart, no puede inhibirse del marco político, económico, social y cultural de la época en que está enmarcado, y la clase del severo, intransigente, pero eminente profesor Kingsfield (John Houseman, ganador del premio de la Academia al mejor actor de reparto) sirve como metáfora perfecta para esa conjunción entre el ámbito íntimo de los ciudadanos (Hart) y el espacio público norteamericano de principios de los setenta (la Universidad y Kingsfield como símbolos del Estado a un tiempo tutor comprensivo y severa fuente de poder).

Harvard es una de las universidades más prestigiosas del mundo, con todo lo que eso conlleva de certeza y de escaparate. La carrera de Derecho es uno de sus más reconocidos pilares de sabiduría, y dentro de esos estudios, el profesor Kingsfield es legendario tanto por sus enormes cualidades, su gran capacidad y talento, como por su severidad y su carácter estricto, en una forma de caracterizar al personaje mediante la cual parece erigirse como símbolo del Estado norteamericano, su tutela dura, exigente, autoritaria, displicente, pero que no busca sino la perfección de sus alumnos (o ciudadanos) y la consecución del objetivo de convertirlos en perfectos hombres de leyes (o ciudadanos políticamente comprometidos con el sistema oficial). Kingsfield imparte sus clases en un aula en forma de hemiciclo. Sus alumnos se reparten de manera uniforme alrededor de un estrado sobre el que se levanta una tribuna desde la que, como un sacerdote de la antigüedad, declama en tono de salmodia sus lecciones magistrales, mientras sus pupilos, tímidos, avergonzados por su diminuta capacidad intelectual en comparación con el genio de su mentor, y en posición inferior, intentan seguir con dificultad la construcción teórica de sus explicaciones a un tiempo que se hacen los despistados mirando hacia otro lado o enterrando la cabeza en sus libros intentando no llamar la atención y no ser objeto de una de las envenenadas preguntas del profesor, que siempre conllevan la contrapartida de cierta humillación cuando ha de corregir con su talante de superioridad las incorrecciones que invariablemente detecta en las respuestas de sus alumnos, en un tono correcto, educado, formalmente adecuado que no obstante encubre su enorme desprecio por una juventud que él cree sin valores ni aptitudes para seguir manteniendo el edificio nacional que tan arduamente cree que el pueblo americano había levantado según el axioma churchilliano de “sangre, sudor y lágrimas”. Hart, que cree firmemente en sus cualidades, recogerá el guante del profesor, “desafiándole” con audaces y certeras respuestas a las cuestiones legales que le plantea, y sin embargo, pese a estar convencido de la corrección de sus planteamientos, no recibe más que desdén y todavía mayor desprecio que el manifestado a sus compañeros en forma de ninguneo a sus razonamientos teóricos y a su puesta en evidencia delante de todo el grupo de estudiantes. El ya de por sí confuso mundo interior de Hart, que comprueba que, contra lo que él esperaba, no es su propia capacidad para formar juicios y dominar las materias, sino la docilidad a los planteamientos algo caducos del profesor el objeto de su formación en Harvard, adquiere así una nota más de desasosiego, sensación acentuada cuando, en un intento por redimirse ofreciéndose voluntariamente a ser objeto de las preguntas de Kingsfield, éste prefiere mantener debates con cualquier otro alumno que no sea él.

En ese mundo confuso dentro y fuera de la Universidad, no todo es malo, al menos a priori. Hart también se enamora de una preciosa joven, la única nota de estabilidad en su parcheada vida en construcción. Mantiene con ella una apasionada relación dentro de los cánones de la liberación de la juventud lograda en la década anterior, es una muchacha divertida, afable, sexualmente deseable y complaciente, y de mente abierta y sistemática. Precisamente cuando la historia empieza a funcionar en serio, sucede el giro inesperado: una noche, mientras se encuentran en casa de los padres de ella desnudos, charlando, y con el cigarrito de después y una copa de vino, inesperadamente regresa el padre de la chica, en el que Hart descubre horrorizado al profesor Kingsfield. A pesar de que no le descubre, su figura omnipresente conseguirá, además de condicionar las ambiciones profesionales de Hart, envenenar su historia de amor, aunque ella reitera que Hart no se acuesta con su padre, sino con ella.

Más allá de la metafórica interpretación que del mundo universitario y sus relaciones puede obtenerse como una imagen de los problemas de la sociedad norteamericana de comienzos de los setenta y del drama romántico a tres bandas entre Hart, Kingsfield y su hija, la película permite captar el ambiente estudiantil de una universidad americana, no sin cierto sonrojo. Para quienes hemos tenido la suerte, en mi caso gracias al enorme sacrificio de unos padres generosos y a las ayudas estatales en forma de beca, de estudiar en la Universidad, no es fácil resistirse a establecer comparaciones. Sabido es que las más prestigiosas universidades del mundo son estadounidenses, pero viendo cómo el cine de aquel país retrata la vida universitaria, resulta complicado explicar cómo es posible. Especialmente llama la atención, para quienes nos hemos formado en el campo del Derecho y desde el primer día de clase comprendimos que Derecho y Justicia no tienen mucho que ver, la extrema ridiculez de los debates legales que suelen establecerse en la mayor parte de las películas “de abogados” o que tienen la legalidad o los juicios como marco. La posible explicación en cuanto a que el sistema anglosajón, fundamentado en la equidad y la analogia con los precedentes es muy diferente del continental europeo, cuyo pilar está en la codificación de supuestos legales (los códigos), no exime del hecho de que las controversias legales del cine americano suelan ser absurdas, y permiten sospechar que, si son traducción de la autenticidad del sistema, ayuda a explicar muchos de los desvaríos a los que la justicia norteamericana nos tiene acostumbrados. También resulta chocante el sistema de estudio presentado en la película, cuyo principio son los llamados “grupos de estudio”, consistentes en que varios estudiantes se especializan en las diferentes asignaturas impartidas, las preparan con los apuntes, libros y otros materiales, y una vez digeridas, las comparten con el resto de estudiantes del grupo una vez sintetizado todo el conjunto, de forma que de los distintos intercambios, y no de la preparación individual por cada alumno de cada asignatura, surge la preparación de todos. El inconveniente, como sucede en la película, es que si un estudiante flojea en determinado aspecto que le ha tocado preparar, los perjudicados son todos, lo cual favorece que estos grupos casi sean sociedades secretas con normas internas muy estrictas y con unos códigos, esta vez sí, internos que comprenden medidas como la expulsión del grupo.

Película que no destaca precisamente por su técnica, pero con un interesante drama interno en el que la vida de un joven que empieza a salir del cascarón es el marco de la acción, su difícil relación con su novia, su frustración personal como estudiante, la difícil elección entre su futuro en el grupo de estudio y la lealtad al único que puede llamarse amigo, y las múltiples lecturas en clave pública que pueden extraerse, la convierten en interesante producto para reflexionar. No cabe, en este punto, hacer mucho caso del lema publicitario que servía de cuña para promocionar la película: “Tienes que elegir entre la chica que amas y el título por el que has trabajado toda tu vida. Tienes 30 segundos”. Cualquiera elegiría a la chica, sin duda.

20 comentarios sobre “Cine en serie – Vida de un estudiante

  1. Conozco las otras pelis, El síndrome de China y Cowboy de ciudad. Y después de leerte me han entrado unas ganas enormes de colgar lo que estoy haciendo y marcharme a la casa de mi primo para buscar en los tesoros de pelis que tiene por ahí, igual hasta me encuentro con The paper chase. En cuanto a lo de la elección, no sé, no sé. Tiran más dos títulos de Harward que el cigarrillo y el vino de después. Esto yo lo he oído, sí, sí. La traducción es más o menos así.

    Besos de lunes y algo lunáticos

  2. Espléndido como siempre, Alfredo. Haces unas “autopsias” que dejan con la boca abierta.
    Me suena la película, sobre todo la historia del profesor y de que su hija es la novia del protagonista, pero no sé si es de ésta peli o de otra, así que no estoy segura de haberla visto.
    ¡Yo me quedaría con el cigarrillo de después!
    Besos.

  3. Entrenómadas, no sé, no sé, tengo mis dudas con la elección. Mejor dos chicas que un título de Harvard. Yo al menos, cambio mi título de Derecho por dos ucranianas…
    Besos luneros

    Samuel, apúntatela, que vale la pena. Gracias.
    Saludos

    Gracias, Lucía, y no has visto las autopsias que hago con el mandil de carnicero y sin anestesia… La historia de la chica ha aparecido después en otras pelis, es ya un poco tópica.
    Tú sí que sabes. Yo incluso, sin haber fumado nunca…
    Besos

  4. No solo elegiría la chica: pediría que removieran la otra opción. Porque precisamente lo que deja de lado la enseñanza estructurada, las calses, las notas, exámnes, y todas su mogollas, es la imaginación: el pensamiento creativo. Es decir, nos deja sin la libertad de imaginar OTRA opción. Declaro bajo juramento que no conocía al director…

    Por otro lado: ayer me vi la última de los Coen sobre una novela de Cormac Mcrthy: sí, buena, muy buena. Pero esperaba la contundencia de Fargo, De El Hombre que no estaba, incluso de O´Brother. Sobre una novela de violencia deberían, en ocasiones o ser más explicitos: o más indirectos. JUgar con eso no es sencillo: pero ellos ya son unos directores de larga trayectoria. Es solo una opinión más.

    abrazos, mi hermano….

  5. Malvisto, tal y como hemos hablado estos días y comentas ahora, creo que esta película reúne bastantes de nuestras inquietudes en cuanto al tema educativo. Échale un ojo, te gustará, aunque su ritmo es un tanto lento…
    Yo aún no la he visto, pero no sé cuál me apetece más, si ésta o su nuevo proyecto, un western en el que un pollo tiene el protagonismo en una escena grotesca…

    Abrazos, hermano

  6. HOLA ALFREDO DESDE ALGUNOS MESES ESTOY BUSCANDO LA SERIE O LA PELICULA Y NO LA ENCUENTRO, ME REFIERO A THE PAPER CHASE O CON EL TITULO QUE LA PASARON EN ECUADOR (MI PAIS DONDE VIVO) CACERIA DEL DIPLOMA, ES EXELENTE LA SERIE A PESAR DE QUE TENIA UNOS 10 AÑOS CUANDO LA EMPECE A VER ME GUSTO Y HASTA EL MOMENTO SU CONTENIDO SE APLICA A LA REALIDAD, NO SE SI TU PUEDES DARME ALGUNA DIRECCION DONDE DESCARGARLA, PORUQE ME GUSTARIA ENSEÑARLA A MIS HIJOS Y ALUMNOS, POR CASUALIDAD ENCONTRE ESTA PAGINA Y TU COMENTARIO ME PARECE BUENO. SALUDOS Y SIGUE ADELANTE ATTE. JAAG

  7. hola cuando era joven vi en la tele y siempre e querido volver a ver esta serie hoy mas que nunca que tengo mis hijos jóvenes me gustaría que ellos se enriquecieran de estas lindas experiencias universitarias nose como y donde conseguirla si me ayudas te estaré muy agradecida soy de Ecuador

    1. HOLA MARIA HASTA EL MOMENTO NO PUEDO ENCONTRAR ESTA SERIE, Y CREEME QUE ME GUSTARIA VERLA DE NUEVO, Y LES PIDO A LOS QUE LA TIENEN QUE POR FAVOR NOS DIGAN COMO CONSEGUIRLA ATTE JAAG

      1. Tengo mucho interés en conseguir la película en español. También vi la serie cuando era un niño y de verdad que es fabulosa. Lástima que cueste tanto ubicarla.

  8. The paper chase fue una película que quedó grabado en mi mente.Estoy en busca de dicha película para recordar mejor la vida de Hart y sus amigos,

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