La tienda de los horrores – El cónsul Perlasca

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La peor película jamás rodada sobre el tema del Holocausto judío durante el nazismo y la Segunda Guerra Mundial es esta cinta italiana de Alberto Negrin (2002), sin más, abominable desde el punto en que se decidió su rodaje con un equipo de televisión y pensando en un formato de pequeña pantalla, a pesar de ser lanzada primeramente en cines en una versión “reducida” de 126 minutos (en televisión su duración llega a unos infumables 205 minutos). Luca Zingaretti, conocido por encarnar al comisario Montalbano en la estupenda serie de la RAI sobre las novelas del gran autor siciliano Andrea Camilleri, es Giorgio Perlasca, el voluntarioso funcionario italiano que, haciéndose pasar por representante diplomático español durante la crisis de los judíos húngaros de 1944, con la connivencia del embajador español en Budapest, el zaragozano Ángel Sanz Briz, logró, utilizando todos los medios a su alcance, incluso el soborno, y tras muchas penurias, salvar a miles de judíos de los campos de exterminio nazis. Ambos recibieron innumerables reconocimientos por ello, los más importantes, su declaración como “Justos” por parte del Estado de Israel. Lástima que el sufrido espectador de este inacabable y repetitivo dramón no tenga salvación a la que agarrarse.

Hungría fue un país aliado de Hitler desde el principio, ya que la dictadura que lo gobernaba era afín a los nazis. Sesenta y tantos años después de aquellos hechos tan vergonzosos, parece que Hitler solito logró sojuzgar a medio mundo y llevarse al huerto a decenas de industriales, financieros, jerarcas militares y jefes de Estado de toda Europa. Pero no, no estaba solo, ni mucho menos: no sólo otros malvados de tebeo como Mussolini o Franco le apoyaron, ni solamente otro pérfido malévolo como Stalin comtemporizó con él. Países tan civilizados como Austria o Noruega tenían sus líderes nazis locales que tomaron el poder en cuanto la Wehrmacht asomó el casco, y otros países como Hungría, Rumanía, Bulgaria, Finlandia, la Francia de Pétain, Turquía, Irán, contribuyeron en mayor o menor medida a la gloria nazi y al sustento de su barbarie, y pueblos como los letones, los croatas, los ucranianos, rusos blancos o los cosacos sirvieron de muy buena gana como carne de cañón en las tropas nazis, como policías polítcos o como guardianes de campos de exterminio. Hungría fue un país que apoyó a Hitler, incluso enviando tropas a la invasión de la U.R.S.S. En los países satélites del nazismo, Hitler era más flexible con la legislación totalitaria, incluso con la antisemita, aunque periódicamente ejercía presiones para que los judíos de estos países compartieran destino con los que ya habían dejado de existir. Hungría se sometió a esas presiones en 1944, cuando la derrota en la guerra era inevitable y cuestión de tiempo, lo cual resulta todavía más inexplicable y terrible. En ese contexto, Perlasca, un italiano ex-combatiente de la guerra de España, junto con el embajador aragonés, lograron la salvación de miles de judíos gracias a la protección diplomática, expidiendo pasaportes de ciudadanía española, primero a todos los que podían acreditar orígenes sefardíes, y luego a todos y cada uno de los que lo solicitaban, acogiéndoles en la propia embajada o en los edificios protegidos bajo bandera española.

La película, que pretende ser La lista de Schindler a la europea, naufraga desde el principio. No hay tópico o arquetipo que no aparezca, está repleta de almíbar y sentimentalismo barato a la par que de situaciones, si bien desagradables y trágicas si se piensa en su devenir histórico, envueltas en un lenguaje previsible, voluntarioso, eficaz, pero absolutamente forzado y artificioso, postizo, intentando mostrar dramatismo, pero que quedan reducidas a la mera representación en movimiento, sin alma, sin tensión ni sentimientos auténticos, sin lenguaje propio, sin querer decir otra cosa aparte de qué terribles son situaciones así, como si no lo supiéramos. Ello, unido a una escenografía notable y a una historia que, aunque mal escrita y desarrollada en torno a una serie de clichés que derivan en la confusión y en una sucesión de caprichos narrativos, no carece de interés en su planteamiento, podrían salvar el conjunto, pero la duración interminable, la repetición hastiante de situaciones, la concatenación de momentos de peligro y tensión artificiosa sin solución de continuidad y casi sin transición, en un sobresalto constante para ver interminablemente la casi segura y definitiva perdición de todos, la salvación in-extremis y la vuelta a empezar de nuevo hacia otro peligro inminente y una nueva salvación sobre la bocina, y así ad infinitum, hasta más de tres horas si se ve la versión completa, hacen del visionado de esta película un insoportable ejercicio, voluntarioso y eficaz en cuanto que logra contar algo, pero absolutamente inaguantable, por no mencionar que cualquier narración de un hecho histórico que se asiente en la dialéctica buenos-malos y la rocíe de moralina y sentimentalismo carece del más mínimo acierto en cuanto al reflejo de unos caracteres humanos creíbles, dificulta la empatía por parte del espectador, y les impide simpatizar con su drama y preocuparse por su destino. Lo que en pocas palabras quiere decir que, con tal de que acabe pronto la película, uno llega a desear que por fin se los carguen a todos. Teniendo en cuenta el tema del que trata, no es precisamente una virtud para la película llegar a despertar semejante idea tan descabellada.

La típica película de encargo, en la que se pide que aparezcan determinados elementos, ideas, o situaciones sin que importe su conexión o su encaje en una historia mayor, que en este caso es formalmente correcta, ya que no puede decirse nada realmente negativo del uso de la técnica, ni del papel de los actores, ni de la fotografía, ni de la dirección. Todos estos apartados se limitan a cumplir el expediente, sin derroches ni grandes aciertos ni virtuosismos: el actor pone la cara y la voz, el director dirige, el iluminador ilumina, el fotógrafo fotografía, sin el menor talento, solamente con profesionalidad burocrática. Es una película hecha de oídas, como si nadie que hubiera conocido aquella terrible realidad hubiese participado en ella y el equipo se hubiera limitado a describir lo que dicen los libros sobre aquellos hechos. Desde luego, producto prescindible, aunque duela hablar así de una película que pretende mostrarnos vergonzosos hechos del pasado. Pero por eso mismo hay que exigir mayor rigor, dramatismo, terror, que lo que ofrece esta más que mediocre cinta italiana. Como único interés para el espectador español, descubrir el papel de otros españoles durante la guerra, ya que España, considerada eufemísticamente como no beligerante (sus únicos hechos de armas de aquella contienda fueron el envío de la División Azul a luchar contra el comunismo soviético y la ocupación de la ciudad internacional de Tánger) en una guerra que era la continuación de la suya propia, no participó en los combates, pero los españoles, como proyección de los bandos que ocuparon en la contienda civil, bien apoyando a los nazis en la U.R.S.S., extrayendo wolframio para Hitler o sirviendo de base de abastecimientos a los submarinos alemanes, bien participando en la resistencia en Francia, combatiendo en los fiordos noruegos o los montes yugoslavos, marchando desde el Congo a Túnez con Leclerc, liberando ciudades como París o Annecy o campos de exterminio como Mathausen, consiguiendo pruebas fotográficas con las que inculpar a los jerarcas nazis por crímenes de guerra en Nuremberg, o salvando judíos, como en este caso, sí tienen mucha memoria que rescatar de este periodo. Aunque la película de Negrin no es un vehículo demasiado acertado para lograrlo.

Acusados: Alberto Negrin y Luca Zingaretti.
Atenuantes: para Negrin, ninguno, para Zingaretti, su personaje de Montalbano.
Agravantes: 205 minutos son 205 minutos.
Sentencia: culpables.
Condena: Negrin deberá quitarle el polvo a la Gran Pirámide. Zingaretti, absuelto.

15 comentarios sobre “La tienda de los horrores – El cónsul Perlasca

  1. La he visto y es más triste que los hechos que relata.
    Por cierto, que antes había leído un libro que contaba la historia de Ángel Sanz Briz y en la película parece que el italiano es el único responsable de todo aquello.

  2. Efectivamente, Minerva, pero hay que entender que la película es italiana y hemos de ser conscientes de dos cosas: el típico autobombo italiano, que llega a cotas de chauvinismo casi tan grandes como en Francia, y las ganas que tienen de que la gente no se acuerde de que apoyaron a Hitler.
    Mejor pasar página.

  3. La peli la pusieron un día en la tele, me quedé a verla, al principio bien, pero luego me pareció intragable. AL final aguanté porque a mí el Zingaretti me gusta una barbaridad. Y si sale él pues yo pegada a la pantalla. Pero la peli es tremendamente abominable.

    Yo de castigo no sabría que decir, tal vez les obligaría a ver buen cine, mejor literatura y un poco de honestidad y menos ganas de protagonismo. Que parece que ellos son los únicos capaces de todo. Yo me canso de los heroes, y sobre todo si se empeñan en demostrar que son heroes. Ay, qué aburrimento.

  4. Bien dicho, es exactamente el problema de la película, el cansancio y la aureola del protagonista, parece un superhéroe…
    Si la viste la misma vez que yo la vi, supongo que te desconcertaría igualmente que aparecieran los títulos de crédito finales dos horas antes del final real de la película… Me quedé descolocado.
    Besos

  5. Pues te puedes creer…que también me negué a verla, si es que creo que tengo no ya un sexto sentido para estas películas históricas, sino que debe ser que he visto tanta abominación como bien dices, que uno se vacuna contra engendros manipuladores. De momento llevo buena racha, no he padecido ninguna de las últimas de “la tienda de los horrores”, buena noticia.
    Saludos!

  6. Hay cosas es las que deberia haber un límite: si eres un actor, esfuérzate por hacerlo. Si eres director, esfuérzate: si eres escrito; esfuérzate…. O si No: que hagan obra social, que les quieten el sueldo, que nos lo vuelvan a dejar hacer nada. (Hubiera sido mejor que en vez de gastarse en la película, hubieran repartido platos de lentejas a muchos).

  7. O sea, Fidel, que para ti que se hable de la realidad, aunque se haga de manera aburrida, torpe, zafia, improvisada y superficial, ya te basta. Pues a mí no, ni me conmueve la apelación constante a la lágrima fácil. Conmover es otra cosa. Aborrezco los subrayados.

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