Cine en serie – ‘If…’

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LA ENSEÑANZA EN EL CINE (VI)

Concebida como un remake corregido y aumentado (aunque se queda más bien en sólo aumentado) de Cero en conducta, el magistral mediometraje del maestro francés Jean Vigo del que ya se habló dentro de esta misma sección, esta obra del británico Lindsay Anderson rodada en 1968 traslada la acción de la Francia de entreguerras a un internado británico de los sesenta en la línea más ortodoxa de la tradición y solera de la aristocracia intelectual del lugar, en la que abundan las togas, los birretes, los castigos corporales y la idolatría por la costumbre atávica como medio de conducirse en la vida diaria.

Considerada por parte de la crítica como un puente invisible entre el surrealismo y el estilo Monty Python, Anderson pasó de realizar un cine de corte más cercano a la plasmación casi documental de la vida británica (por ejemplo en El ingenuo salvaje), en especial de la juventud violenta e irreflexiva, a filmar una obra paradójicamente más realista si tenemos en cuenta que precisamente la infancia y juventud del director, procedente de una antigua familia de clase alta, habían transcurrido inmersas en el ambiente de los internados, de la alta sociedad de la aristocracia cultural y económica, de los clubes, las sociedades elitistas, en suma, de los vestigios de la era imperial a los que tanto ha costado renunciar a las elites británicas. No es de extrañar, por tanto, que Lindsay Anderson maneje adecuadamente el material del que dispone, que en gran parte corresponde a sus propias vivencias, y sepa cómo atacar de forma tan demoledora un mundo tan fundamentado en apariencias y convenciones sociales sostenidas en las diferencias de clase.

Tomando como base el clásico de Vigo, la película presta atención a la figura de Mick (interpretado con enorme solvencia por un joven Malcolm McDowell que adelanta ya su fenomenal papel para Kubrick en La naranja mecánica) y la cuadrilla de internos en el colegio junto a los que conforma un grupo considerado antisocial. Estos alumnos, carentes del menor respeto hacia unos profesores fosilizados en el pasado, se ven al mismo tiempo obligados a comportarse servilmente en las tareas cotidianas con respecto a los preceptores más jóvenes, ejerciendo privadamente toda labor de limpieza y servidumbre cada uno para un profesor en concreto, de tal manera que cada nueva incorporación docente viene acompañada de la designación de un alumno que “se ocupe de él”. El transcurso de la vida cotidiana navega entre una represión continua que utiliza la imposición de castigos ridículos ante faltas insignificantes y un ejercicio de crueles penitencias físicas que, como sucede en la escena de los azotes en el gimnasio, vienen acompañadas de la humillación de un ceremonial solemne más cercano a las ejecuciones de las plazas públicas de tiempos pasados que de una labor pedagógica y formativa.

Las notas surrealistas son abundantes en la película, desconcertantes e incluso ridículas para el espectador no advertido, como por ejemplo el cadáver que habla desde un archivador o el célebre final de la película. Si en la obra de Vigo, la contestación de los jóvenes alumnos a la rigidez institucional del colegio tenía lugar con la pelea de almohadas, en este caso las escenas finales en las que los niños acosaban a las autoridades desde los tejados se convierten aquí en un tremendo tiroteo en el que los alumnos antisociales disparan sin piedad sobre el director y el resto de profesores del internado y las autoridades invitadas a la ceremonia de entrega de premios de final de curso, en lo que es una batalla cercana a las filmadas en una cinta bélica de bajo presupuesto.

Dos son los aspectos principales a tener en cuenta en el visionado de esta cinta. En primer lugar, un momento clave de la historia que resulta revolucionario para 1968. Saliéndose de los tópicos de otras películas de internados que tienen como marco la rígida sociedad educativa de los círculos aristocráticos británicos, Anderson no se limita a retratar de forma superficial las relaciones entre alumnos, las dependencias que se establecen entre ellos, ni las homosexualidades más o menos latentes. Aquí apuesta por un sadomasoquismo más que intuido y por un sexo libre de prejuicios: Mick, impresionado con la voluptuosa profesora del internado, desarrolla (o imagina, porque no queda claro) una relación de enorme carga sexual con ella retratada, no desde la promiscuidad de una mujer que se aprovecha de un joven inexperto para obtener placer sin compromiso, ni tampoco desde la perspectiva de un joven que logra mediante la fuerza la satisfacción de sus incipientes instintos, sino que simplemente Anderson se limita a reflejar la relación, imaginada o no, de dos personas que disfrutan de la conjunción de sus cuerpos sin tener en cuenta barreras como la clase social, la edad o la opinión de terceros.

En segundo lugar, es imposible analizar por completo la fuerte carga ideológica de la película si obviamos el año de su rodaje. Anderson filmó la cinta tras haber asistido como testigo a las revoluciones estudiantiles del mayo francés y todo lo que conllevaba un movimiento contestatario con raíz en las instituciones educativas que hicieron tambalear los cimientos de la democracia burguesa en Francia. 1968 es un convulso año con disturbios en París, de primavera en Praga, de asesinatos como el de Luther King o el de Robert Kennedy, un año apenas desde la muerte del Che. Precisamente Anderson retrata una curiosa metáfora de todos esos fenómenos juntos en la escena del ataque armado final: unos estudiantes convertidos en guerrilleros de una estética entre pija y “estilo Sierra Maestra” disparan sobre las figuras del orden establecido que se pasean indefensas por el patio, en una especie de ceremonia de demolición final de las convenciones y el necesario aplastamiento del edificio de la sociedad autocomplaciente para construir un mundo nuevo sobre sus ruinas (“bajo los adoquines, la playa”, “están comprando tu felicidad, róbala”, “no vamos a reivindicar nada, no vamos a pedir nada; tomaremos, ocuparemos”, “esto no es más que el principio, continuemos el combate”, todos lemas del mayo parisino, entre otros muchos).

Para finalizar, dos curiosidades. En primer lugar, muchos críticos han señalado el estupendo contraste de las escenas en color con otras en blanco y negro que se referirían a sueños de los protagonistas o a escenas imaginadas o bien serían escenas que el director quería conscientemente diferenciar. Nada más lejos de la realidad. Simplemente, se acabó el presupuesto y no pudieron disponer de más película en color para terminar la película. En segundo lugar, señalar que existen otras dos películas de igual tónica, dirigidas ambas por Anderson, que cuentan con McDowell como protagonista interpretando de nuevo a un Mick ya mayor, evolucionado, pero heredero de los sucesos contados en esta cinta, Un hombre de suerte (1973) y Hospital Britannia (1982).

En resumen, una película extraña, incómoda de ver, que no responde a los parámetros habituales de lo que supone una historia lineal con un desarrollo con sentido pleno, que exige observar atentamente, leer en clave e interpretar adecuadamente, y que responde, en el fondo, a dos de los principales planteamientos de las revueltas de la época: “prohibido prohibir” y “la imaginación al poder”.

13 comentarios sobre “Cine en serie – ‘If…’

  1. Tiene muy buena pinta, al menos a mi me gustan mucho ver y leer estos temas donde la tradición es, digamos, enfrentada y transgredida. Considero que este film logra ser un palo para la época en que fue mostrada.

    Aldredo, es sorprendente, y no me cansaré de repetirlo, tu conocimiento sobre cine.

  2. una asignatura pendiente que tengo es ver esta película, pero aún me entran más ganas después de leer tan amplio y detallado comentario… lo de las escenas en blanco y negro por falta de dinero es curioso, me recuerda una parodia de Benny Hill en la que un crítico señalaba la originalidad de haber cogido la cámara al hombro y el director decía que se les había roto el trípode y así con varias cosas más… Bien mirado, el neorrealismo innovó dado a la precariedad, y la nouvelle vague y la fotografía de Coutard también debían mucho a la falta de presupuesto, pero donde no hay más dinero siempre cabe la posibildad de tirar para adelante con la imaginación… la vida es a pesar de, que decía Nietzsche… Saludos.

  3. Esos presupuestos finales que citas me siguen gustando mucho… Un comentario espléndido, Sir.
    La “decisiva anécdota” de la falta de presupuesto, me recuerda a otras ocasiones en que circunstancias muy terrestres y materiales, de apaño cotidiano digamos, han dado lugar a algunas soluciones creativas espléndidas, sobre las que luego los críticos han vertido largos y sesudos párrafos teóricos… Qué tontos somos, ja, ja. Recuerdo, por ejemplo, cómo explicaba la hija de Pablo Gargallo las enormes carencias de material de su padre, y cómo solucionaba esa circunstancia. O en el caso del arte clásico: hay cuestiones de evidente improvisación inteligente ante una dificultad, que han sido interpretadas como genialidades fuera de toda lógica. Y lo eran, pero motivaas por algo tan estupendo como la propia vida al minuto.
    Un beso, Alfred 2 el grande.

  4. Magda, gracias, pero me limito a reflexionar sobre lo que otros han dicho o hecho antes, no tiene más mérito que una buena memoria y una no demasiado grande habilidad para juntar letras. Pero te lo agradezco igual.
    La película tiene mejor pinta explicada que vista, en serio, pero al menos un visionado se merece e invita a muchas reflexiones.
    Un abrazo

    Samuel, eso se llama hacer de la necesidad virtud. Saludos.

    Luisa, tuve un encuentro con Saramago en el que lo que comentas se hizo verdad inamovible, quedando yo en evidencia, por supuesto. Ya te lo contaré…
    Grande, al menos físicamente.
    Besos

  5. Este McDowell después de la Naranja Mecánica se vió poco, cuando lo normal habría sido lo contrario. Después de Calígula se pierde. ¿O qué fue de él: debió haber disfrutado de una ancianidad tipo De Niro, o Al Pacino?

    La película no la conocía: pero es una ´bonita´ manera de poner orden. De rebelarse. POr certo, ¿vas a incluir en tu serie una ya no de colegios, sino de cuarteles? Me refiero a Full Metal Jacket.

    Abrazos, (y por qué un tanto deprimidos: ¿aún no te repones? Suele suceder: a mi me sigue sucediendo)

  6. Esta película no la conozco, vamos que no sabía ni de su existencia.
    Tomo nota, jolín, pues si que tengo una lista larga de cosas por ver. Y hablando de ver, qué bonico el contador. Me gusta.

    Kisses

  7. Malvisto, “Full metal jacket” tendrá un sitio, sin duda. Hace no mucho puse algunas frases de su guión. Pero no hace demasiados meses hablé de otra cinta de Kubrick, y mejor espaciar un poco. En la variedad está el gusto. Pero llegará, garantizado.
    Febrero es para mí el momento “depre” del año. No está mal: escogí el mes más corto.
    Abrazos

    Entrenómadas, la verdad es que no es una película ni un director muy populares. Parece que la gente se vuelve a tomar con calma el contador; el otro día se puso a tope.
    Besos

  8. a veces envidio que, según creo, veas estas películas ahora…son tan parte de mi historia, me emocionaron tanto en su momento…
    no sé si quiero reverlas, aunque cero en conducta no me produce ningún temor: era tan vieja cuando la ví como ahora y la emoción que me produjo fue en realidad una conmoción.

  9. Cacho de Pan, algunas las veo ahora, otras no. Ésta la vi hace como casi un año. Haces bien en dudar de la conveniencia de volver a ver determinadas cosas. Mejor conservar a veces un buen recuerdo que exponerse a una decepción.

  10. If… es una película significativa por muchas cosas,Alfredo.La primera por el año de su realización;1968.
    Corría ráudo Mayo del 68,que para mí no fue una rebuelta anticapitalista sino,al contrario,la instauración definitiva de la sociedad de consumo.Al fin y al cabo,los hijos del Mayo de 68 empezaron haciendo una revolución y acabaron metiéndose en publicidad.Mayo de 68,que debía haber alumbrado una nueva civilización y que no supo,en cambio fue el final de la edad de las ilusiones.”Terminaréis siendo notarios”,espetaba Marcel Jorhandear a los manifestantes parisienses.”Hicimos la revolución para convertirnos en lo que somos”,espeta Georges Wolinski.
    Yo tenía en Mayo del 68 cuatro años,pero creo que no hubiera sido mi fiesta.Sobraba agresividad y exhibicionismo.En París,algunas pintadas pertinentes.Se citaba a Marcuse,cuando eran pocos los que lo habían leído.Se citaba las viejas resacas del surrealismo en nombre de otros ideales,tergiversandolo todo.Aquello no fue un movimiento de clase social,sino algo más simbólico y plural.En fin,uno es poco adicto a los ideales colectivos.

    Lindsay Anderson ha sido una de las grandes figuras del cine británico durante más de treinta años,así como uno de sus más exigentes cineastas.Anderson ha logrado sobrevivir a sus críticos,mientras que sus películas sobrevivirán sin duda alguna a esos duros ataques que siempre recibió.En último extremo,todas ellas hablan sobre las propias personas,sobre sus miedos e inhibiciones,sobre las posibilidades y esperanzas de los seres humanos:pues,junto a la ira y la virulencia de Anderson,existe también un marcado optimismo y una gran fe y confianza en la especie humana y en la búsqueda de la sabiduría necesaria para vivir.Toda una lección que todavía hoy sigue vigente y en extrema urgencia.If…y todo su cine está sobre todos los reclamos facilones de Mayo del 68.
    Ay,mi querido Alfredo,respecto al eslógan:”La imaginación al poder”,nunca lo pude soportar.Yo prefiero reclamar:”La imaginación en contra del poder”.
    Te pido disculpas por éste coñazo de comentario,pero el cine me pierde.
    Un fuerte abrazo,amigo.

  11. Muchas gracias, Francisco, por este pedazo de trozo de reflesión, nada de coñazo, muy pertinente para terminar de perfilar el sentido de la película (aunque Anderson todavía no fuera consciente de él). A mí tampoco me gusta mucho el eslógan, imaginación y poder no me encajan mucho en la misma frase.
    Gran abrazo

  12. Estupenda reflexion de ésta película, la encontré por mera casualidad -al igual que éste blog- ya que recuerdo haberla visto hace muchisimos años, pero me preguntaba si alguien sabe o conoce algo sobre el soundtrack de ésta cinta???

    ..como mera curiosidad, vamos, y para acompletar el cuadro dado que ése 68 marcó un hito en la cultura popular; y además de que ya me quedé ‘enganchado’ con la sinopsis.

    Saludos, y que buena casualidad encontrar un blog como este!

  13. Pues poco puedo decirte, que la partitura es de un tal Marc Wilkinson y que mezcla bastante bien melodías de aire solemne y tradicional en plan academicismo inglés con momentos más rompedores, modernos e inconformistas para ilustrar las andanzas de McDowell y compañía.
    Gracias por llegar hasta aquí, Cocotero.
    Saludos

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