Cruce de destinos: ‘No matarás’, de Krzysztof Kieslowski

20060324132435-kieslowski.jpg

Varsovia, segunda mitad de los ochenta. La ciudad, como toda Polonia y el resto de los países que malviven tras el telón de acero, se deja llevar lánguidamente hacia la caída del muro de Berlín y el final de la era comunista. La precariedad de la vida en la capital polaca, los barrios de cemento, los bloques graníticos de apartamentos minúsculos calcados unos a otros, los descampados donde perros abandonados se arriesgan a ser envenenados por vecinos sin escrúpulos, las tiendas mal surtidas y un cierto cansancio que se palpa en el ambiente, conviven con majestuosos palacios, monumentales plazas, empedradas avenidas conservadas en la grandiosa antigüedad de un pasado esplendor, mientras tres personajes deambulan por la ciudad siguiendo un hilo invisible que les lleva a entretejer sus destinos.

A primera hora de la mañana un taxista bastante antipático, rudo y de malos modales se prepara para iniciar la jornada laboral a los mandos de su taxi (un horrible vehículo denominado Polonez, de los cuales llegó a verse un número no insignificante de modelos en España), lavándolo escrupulosamente en el descampado que hay junto a su casa, lanzando miradas furtivas a las piernas de una joven dependienta de una verdulería próxima, discutiendo de mala manera con quienes pasan o pensando en sus cosas con gesto iracundo y amargado. En ese mismo momento, un joven recién licenciado de sus estudios se prepara para la sesión que va a decidir sus posibilidades para ejercer como abogado en una entrevista en la que varios profesores van a poner a prueba sus conocimientos legales, sus escrúpulos morales y su formación como persona. Finalmente, un joven de aspecto desaliñado y mal encarado vaga ensimismado por la ciudad, como en una búsqueda de cuyo objeto parece no estar al tanto. Sin saberlo, a esas horas de la mañana una trágica casualidad se está urdiendo para conectar la vida de los tres.

Esta obra de Kieslowski, filmada en 1988, es la precursora de su famoso ‘Decálogo’, en el que, en películas rodadas para televisión de poco más de una hora de duración, hacía un repaso de los diez mandamientos de la ley del dios cristiano como pretexto para desnudar las almas de los personajes ante el espectador y reflexionar sobre las contradicciones de la condición humana. En esta ocasión, con un guión milimétrico (magistral la forma en que los personajes son retratados, con sus caracteres y sus dudas con unas pinceladas breves pero precisas) y con una creatividad visual plena, Kieslowski va atando poco a poco los cabos que van a conectar a estos tres personajes a la tragedia.

Dos son los puntos sobre los que gira la reflexión que propone la película. El primero de ellos es la aleatoriedad del comportamiento humano en muchas situaciones cotidianas. ¿Por qué el taxista rechaza como clientes a la pareja que está esperando impaciente que termine de lavar el coche? ¿Por qué los semáforos, los cruces, las carreras que realiza durante la mañana le llevan a detenerse en el momento clave en la parada de taxis? ¿Por qué en el cine donde el muchacho vagabundo pretende refugiarse no había programado una película más entretenida que le retuviera un par de horas tranquilo y calmado? ¿Por qué escoge esa parada de taxis y no otra, u otro sitio? ¿Qué podemos hacer contra la fuerza del azar que, por ejemplo, reúne la misma mañana del crimen al asesino y a su futuro abogado sin que ellos sepan que el otro existe?

En segundo lugar, la película supone un retrato horripilante de la muerte. La larga escena del asesinato, alrededor de diez minutos de un total de 84, supone un magistral ejercicio fílmico en el retrato de la dificultad que tiene matar para quien no está entrenado para ello. Angustiosa, horrible, cruda y sobrecogedora, esta escena de muerte, la forma en que ésta llega, apenas fruto de una decisión caprichosa del asesino, es todo un manual de dirección cinematográfica, sencillamente majestuosa, aunque recuerde vagamente a la concepción que Hitchcock realizó de la muerte de Gromek en Cortina rasgada (Torn courtain, 1966). Pero la clave de la reflexión viene a cerrarse precisamente en la ejecución de la pena. Kieslowski, pendiente de no verter esfuerzos en estériles puntos de interés, realiza una elipsis incomprensible en otras latitudes fílmicas y elude hablar de lo que, en otras cintas, sería el único punto de interés: la investigación policial, el descubrimiento del criminal y su detención. El guión pasa por alto estas situaciones y nos presenta al joven asesino dispuesto a recibir su castigo, la horca, en una escena no menos angustiosa que la del hecho causante de la misma. El sórdido ritual de preparación del patíbulo donde va a tener el ajusticiamiento, en el que Kieslowski se detiene en cada minucioso detalle, el reo sacado a rastras de la celda, llevado por docenas de brazos a la sala donde va a ser ahorcado, su resistencia inútil, su angustia, su asesinato también a sangre fría, supone un alegato demoledor contra la pena capital de una efectividad rotunda. El nudo de la soga tiene su correspondencia en el que siente el espectador.

Mención aparte (sobre todo para quienes contamos con formación jurídica) merece el personaje del abogado, joven idealista cuyas respuestas en la prueba de selección alternan el optimismo de la juventud y una sólida formación con cierta duda interior, con una especie de recelo que se resiste a considerarlo preparado para un trabajo así, rasgo apuntado de manera notable al espectador al mismo tiempo que ocultado al tribunal que juzga la prueba. El letrado se derrumba ante el revés que sufre en su primer caso, se niega a reconocer la realidad, y ese escrúpulo que le azota desde el primer momento conseguirá ganar la partida, como bien insinúa magistralmente Kieslowski mediante el desmayo que sufre en la sala de la ejecución (nada de mamparas, cortinas, separaciones, como estamos acostumbrados en las películas norteamericanas) y, sobre todo, en la escena en la que, conducido por los guardias al furgón una vez condenado, el abogado llama al reo desde la ventana y le saluda con la mano sin saber por qué, manifestando el contraste entre la frialdad con la que la burocracia legal trata a un culpable que es carne de horca, un número a borrar de un expediente, y la profunda humanidad que el abogado percibe en quien, a pesar de ello, ha sido capaz de cometer un crimen de tan bárbaras circunstancias. Sobre este punto, la excelente escena en la que ambos charlan en la celda momentos antes de la ejecución, cuando el abogado pretende alargar la conversación lo más posible, aunque el director de la prisión y el fiscal están presionando para que se cumpla el horario fijado, es determinante (por cierto, no perderse el detalle de los cartapacios).

En resumen, sobrecogedora cinta, reprobación de la muerte cruel y despiadada, también cuando la presuntamente civilizada ley la utiliza como instrumento, y perturbador estudio de las condiciones y circunstancias, a menudo azarosas, caprichosas, que llevan al Hombre a su propia destrucción. Absolutamente recomendable.

16 comentarios sobre “Cruce de destinos: ‘No matarás’, de Krzysztof Kieslowski

  1. Uy, Marta, entonces te la recomiendo especialmente. Es soberbia, magnífica. Forma parte del famoso “Decálogo”, en el que las diez películas son estupendas. Apártate de la piedra, si quieres, pero apúntate esta cinta porque merece la pena; te encantará (aunque, aviso, contiene un par de escenas crudísimas).

    Besos

    PD: ¿qué te pareció “El declive del imperio americano”?

  2. Hola y nuevaente felicidades por tanta cinefilia y labor crítica. Siento decirte que voy a moderar o suprimir los comentarios en mi blog debido a que últimamente hay quien se pasa de la raya, y yo hago esto con pasión y respeto, puesto que no se puede exigir lo mismo voy a hacer algo, pego tu comentario de bergman a mi propia entrada dada su calidad. Perdona las molestias, que te aprecio mucho. Saludos.

  3. Siempre me ha gustado la concepción azarosa del mundo que tiene este hombre. Hace que las vidas de seres humanos se entrecrucen a veces para bien, a veces para muy mal, y le da una importancia extrema a los detalles, a las recurrencias que actúan casi como silenciosos leitmotivs. Me acuerdo de la anciana que casi no llega al contenedor de basura en Azul, por ejemplo. Creo que con una gran sobriedad y unos puntos en común pactados de antemano ofrece una lección de cine en cada uno de sus trabajos. Ay, ahora no recuerdo cómo se llama la del avión, esa cutrecilla del principio en la que un tipo no consigue escapar de su destino. Ya se le veía venir. Un abrazo, Patro.

  4. Recomendación muy oportuna de este interesante filme Alfredo, y feliz acierto en mencionar la escena de Cortina rasgada del maestro Hitchcock.Allí vimos lo difícil que puede resultar a veces matar a un ser humano.Kieslowski me resulta todavía hoy interesante.
    Para quien no la haya visto todavía,estoy convencido que tu magnífico texto suscitará el visionado de No matarás.
    Un fuerte abrazo,amigo.

  5. Sir Alfred, amigo, gracias por la recomendación pero por lo que cuentas no me seduce. No sé.

    Ayer noche, por cierto, ví ‘Trece días’ que ya sabes cuál es su argumento: Los 13 días que mantuvieron en vilo a todo USA con el asunto de los misiles rusos en Cuba.

    Un abrazo,

  6. Samuel, yo también estoy recibiendo algunos comentarios descerebrados de algún idiota, llenos de insultos y tonterías que dicen muy poco de su capacidad de reciocinio. Directamente los suprimo, así que me parece muy bien que hagas lo mismo. Lo importante es que tu labor siga.
    Saludos

    Pat, a mí me encanta “La doble vida de Verónica”. Espléndida. Por cierto, el motivo del anciano que no llega al contenedor también aparece en “Blanco”, y ahora mismo no recuerdo, pero diría que también en “Rojo”.
    Un abrazo

    De eso se trata, Francisco, de que le mueva a alguien a verla. Hay que recuperar a los cineastas perdidos en la niebla del marketing.
    Un gran abrazo.

    Diego, haces mal. La película es excepcional, a pesar de su dureza. Te gustará, seguro. “Trece días” no está mal, tiene momentos muy logrados. Merece un visionado.
    Un abrazo

  7. Mi amigo, cada vez escribes mejor. Entrada soberbia. Esta no me la he visto: me vi NO Amarás, que me pareció una obra maestra. Una obra maestra en el poner, ordenar, sugerir, y hacer imaginar. La escena aquella del telescopio es un susurro.
    Por al descrpción que haces de esta sé que me va a gustar: me gusta cuando va hasta el final. Odio las medias tintas. Eso sí, imagino que deberá uno de estar preparado para salir herido, y con ganas, por paadójico que sea, de ser UNA MEJOR PERSONA. Y eso, creo yo, es una de las razones para exigir buen cine: el cine enseña, hurga y hunde. Y si no eres capaz de hacer algo con ello… mejor pasa de largo. ES contigo con quien hablo, dice la película. Confieso que las películas apabullantes me gustan mucho.

    abrazos.. y mis felicitaciones .- ..
    ..

  8. Gracias, Malvisto, creo que exageras, pero te lo agradezco. Te gustará, supera cualquier límite. La película es un derechazo a la moral imperante y un retrato de la desgracia.
    Abrazos y gracias.

    Samnuel, tontos hay en todas partes. El peor desprecio es no hacerles aprecio.
    Saludos

  9. Sir Alfred, amigo, ya sabes que contigo al fin del mundo. Seguiré tu consejo y veré esta película.

    ‘Trece días! merece la pena y tiene tensión hasta el final. Me gusto.

    Un abrazo y buen fin de semana,

  10. Mi hermano, ya me la vi: impresionante. Mi lucha fue que sólo pude conseguir el capítulo para tv, con mala imagen y subtítulos en inglés un tanto inompletos. Pero por encima de todo ello se deja ver la película. Además, creo que ha sido mejor así que haya tenido que adivinar muchas partes. Sin embargo, este coerte de casi 58 minutos no tiene la escena del asesinato….
    Me aperec absolutamente increible la elipsis: qué importa cómo o cuándo: o no es bueno siempre estar preguntándose eso. La película va al grano; atacad y deja sin aliento. Me aterro el tipo aquel que suba y baja la soga: qué cara dios santo. Me dio miedo.

    Excelente, Alfredo: ya viste, estoy viendo películas y leyendo cosas que me recomiendan los amigos…. un gran abrazo.

  11. Malvisto, qué pena que no hayas podido ver la versión íntegra. Lo de la mala imagen, ojo, porque hay algunos momentos en que determinados desenfoques y oscuridades son premeditadas. Lo que le quita una eficacia enorme es que no esté el asesinato, que es una escena estupenda y le da un sentido total al relato, que trata de la muerte desde múltiples perspectivas.
    Sobre todo lo que me alegra es que las recomendaciones te gusten.
    Abrazos

  12. Hola 39! Te lo agradezco un montón!
    Azul y Blanco me las saqué de la biblio, así que las vi seguidas. Rojo todavía no he podido conseguirla…
    Lo dicho, que muchas gracias por tus explicaciones, ya te contaré cuando haya visto también “la de Verónica” y No matarás. Quizá entonces me pique el gusanillo y vuelva a ver la trilogía para reconciliarme con el director porque, desde luego… Azul me pareció un bodrio.
    Besos!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.