Mis escenas favoritas – Sombrero de copa

Para Virginia Tabuenca, cuyos pasos arriba y abajo de esta escalera se han empezado a oír hace poco…

Quien escribe abomina de la gran mayoría de los musicales, no siente ninguna simpatía por Fred Astaire, considera que Ginger Rogers, a pesar de haberse ganado la inmortalidad gracias a este tipo de películas, poseía una vis cómica maravillosa con la que podría haber protagonizado grandes cintas en la Historia del cine…

¿Y qué más da? Viendo la belleza de esta maravillosa escena de Sombrero de copa (Top hat, 1935), el mayor éxito de la famosa pareja de baile, típica comedia musical de enredos, diálogos chispeantes y amores sencillos y felices, ¿qué importan los prejuicios de cada cuál o el significado metafórico evidente que tiene una escena como ésta? El cine se hace leyenda por momentos como Cheek to cheek, leyenda a la que han rendido tributo cintas como La rosa púrpura de El Cairo, de Woody Allen (1985), o La milla verde, de Frank Darabont (1999), entre muchísimas otras.

27 comentarios sobre “Mis escenas favoritas – Sombrero de copa

  1. Además de una gran escena, Alfredo, me encanta todo los accesorios que hay en ella: la ropa, el peinado de ella, sus miradas, las sonrisas, y qué manera de bailar tan llena de armonía y belleza ¡las horas que ensayarían!

    A mi se mi gustan los musicales 😀

  2. Pues sí, Magda, todo es muy bonito. Supongo que ese es el problema. A mí la felicidad enlatada de los musicales clásicos es lo que no me gusta. Da la impresión de que todo el mundo era feliz, no había hipotecas, servilismo, hipocresía, maldad, traiciones ni mezquindades. Y como todo mundo irreal, como Disney, lo aguanto sólo un rato y a regañadientes. Pero con todo, esta escena es magia pura.
    Un abrazo

  3. Me parece, Alfredo, que un musical no es para recordar (o mostrar) que existía todo esto que comentas. Es para divertir, no para ponerse a llorar. Como que cada cosa en su lugar y en su demostración pertinente. Te cuento una anécdota que puede servir para lo que quiero decir: cuando mi hijo era chiquito veía el mismo episodio del hombre araña muchas veces, no importaba si lo pasaban cien veces, si lo pasaban lo volvia a ver. Un día le dije: “pero hijo, si ya sabes que el hombre araña siempre gana, cual es la gracia”. Y me dijo: “mamá, si el hombre araña perdiera ¿cual sería el sentido de ver a un héroe perder?”

  4. Tampoco soy yo muy de musicales (quitando Cabaret y poco mas) pero hay que reconocer que esta escena es absolutamente entrañable y resulta imposible no rendirse a ella. Si señor.

  5. Creo haber visto todas las películas de la mítica pareja Astaire-Rogers de pequeña, en la tele. Conservo un grato recuerdo de esos pies alados con los que Fred se movía y esa elegante gracia de Ginger. Sí, esas películas eran la típica comedia musical de enredos, pero pienso que distraer era su principal finalidad en una época difícil; con la Segunda Guerra Mundial a la vuelta de la esquina, ¿quién quería más preocupaciones?

    Un abrazo.

  6. Cierto Alfredo.Cuando hablo con mis amigos sobre el cine musical me rechazan como a un carroza.Ellos se lo pierden.Astaire es para mi en el baile como Louis Armstrong en la música.Te alegran el día,la vida.Rechazar el musical es rechazar la obra de Vicente Minelli,Cantando bajo la lluvia,West Side Story,Hair,etc.Películas que han crecido con nosotros.Sombrero de copa es una maravilla.A mi me gusta muchísimo Cole Porter.Night and Day es una de los temas más importantes de todo el siglo XX.En fin,estaríamos hablando toda una eternidad.
    Un fuerte abrazo,amigo.

  7. Coincido contigo, detesto los musicales, me parecen absurdos, no entiendo eso de que en medio de una escena se pongan a cantar. Pero esta escena es sublime, la música, la letra, la coreografía… uno de esos momentos en los que el cine te permite olvidarte de todo.
    Gracias por compartirlo.

  8. Magda, comprendo lo que dices, y además la comparación entre los musicales y los superhéroes en el sentido que apuntas me parece de lo más pertinente. Por eso mismo no me gustan, como tampoco los superhéroes. Mi problema es que los musicales no me divierten, más bien al contrario. Será que los tipos duros no bailan…
    Un abrazo

    Pues sí Hatt, dan ganas de ir haciendo bucles por el pasillo en el curro…

    Inma, de las poquitas excepciones que no me dan ganas de salir corriendo. Irresistible.

    María, distraer es una forma de llamarlo. También podría decirse que la telebasura (y no pretendo llamar eso a esta película) distrae. La finalidad del musical alegre y despreocupado no es otra, y la de la comedia romántica en general y de otros géneros tan trillados. Pero tras la distracción está el peligro del mensaje subliminal que se pretende colar.
    Un abrazo

    Lucía, y eso que no me has visto a mí, el AlFred Astaire de ZGZ: la última vez que bailé atropellé a siete…
    Besos

    Francisco, yo te entiendo, racionalmente es la postura adecuada, pero mi corazón, mis entrañas, no soportan ver el azucaramiento y el pasteleo del musical clásico. En efecto, los únicos musicales que me entusiasman son los que citas, y alguno más, pero fuera de ahí, ná de ná. Y de Minelli me gusta más su cine en el que nadie da dos pasitos acompasados. Lo prefiero. Otra cosa es la música, como en este caso, sublime.
    Un gran abrazo

    Minerva, yo entiendo aún menos que toda una calle siga la coreografía de los protagonistas y salgan a bailotear sin cerrar las tiendas y las casas con llave… Ahora, como digo más arriba, hay casos en los que no importa.
    Gracias a ti.

  9. Que bonita la escena, a mi me pasa lo mismo, escenas aisladas muy bien, pero cuando tengo que aguantar un musical entero, no puedo, es curioso, es el único género con el que no soy capaz de empatizar, se que probablemente no será así, pero no puedo quitarme la sensación de ruptura de la narración por los números musicales, no puedo con ellos. Curiosamente, aquel musical llevado al extremo absoluto que fue Moulin Rouge (que fui a ver por aspectos emocionales y físicos XXDD), me divirtió bastante, como entretenimiento pasajero. Pero en general, no puedo con el musical, me encanta ver escenas aisladas como la que has puesto, eso si.
    Saludos Alfredo!

  10. Exacto, Iván, has descrito exactamente mi problema. Siento que interrumpen, aunque muchas veces su valor narrativo es esencial, casi siempre ligado a enamoramientos o incluso coitos metafóricos. En fin, que no conozco otra razón, al menos para mí, para ver musicales que esa misma que tú apuntas, los motivos “emocionales y físicos”, aunque no necesariamente por ese orden…
    Un abrazo, Iván

  11. una obra maestra, maravillosa, al ver cómo fluyen parece que sea sencillo bailar así de bien… y qué gran actriz cómica era Ginger Rogers, sin lugar a dudas, pudo haber llegado aún más lejos, aunque de mayor se hizo un poco capitalista y le puso un pleito a Fellini por utilizar su nombre en “Ginger y Fred”… Saludos

  12. Parece que no pesen, Samuel. El caso de Ginger es que de algo tenía que vivir cuando ya nadie quería verla bailar, y después de haber tirado por la borda sus otras potenciales facetas profesionales. Una historia triste la suya.
    Saludos

  13. Yo, como María Dubon, las vi todas todas en la televisión de pequeña. Confieso que me encandilaban: todo tan lujoso, tan elegante, tan refinado, Fred y Ginger siempre como flotando, tan gráciles, tan armoniosos, siempre resolviendo tontos conflictos que se disolvían al ritmo de la música y de los pies. Qué diferente de aquella realidad cutre de este país en mi infancia. Por eso me gustaban, sin duda esas pelis. Hoy me parecen eso, infantiles. Pero guardan momentos, escenas inolvidables y francament excelentes. Como ésta.
    Me ha gustado recordar. Thanks, sir.

  14. Luisa, estas películas tienen un gran componente de memoria sentimental, incluso para los propios americanos. Por eso resultan especiales, aunque a veces con criterios estrictamente cinematográficos haya más de una realmente vomitiva.
    Besos

  15. Je je, gracias mil, pero mis pasos apenas se oyen, tendré que ponerme las claquetas de Ginger Rogers.
    A mí sí me gusta Fred Astaire, y me encanta esta escena con la canción, los bailarines como ilustraciones de revistas antiguas y los decorados delirantes. En realidad creo que a estos musicales tan fantasiosos les sentaba bien el blanco y negro, porque si pienso, yo qué sé, en “Un americano en París” sólo me viene a la cabeza el tecnicolor sobresaturado y los pantalones reventones de Gene Kelly.
    I’d love to climb a mountain, or to reach the highest peak but it doesn’t thrill me half as much as dancing cheek to cheek…

  16. La escena es realmente preciosa, aunque a mí los musicales también me producen urticaria (pero supongo que, como todo, tendrá sus excepciones).
    En cuanto a su carácter “evasivo”… supongo que, al margen de que te guste o no, en esa época era más una necesidad que una cuestión de gustos… y a propósito, hablando de musicales: ¿Has visto la última de Tim Burton? Al menos, esa no presenta un mundo feliz y despreocupado…
    Por cierto, me ha entrado la risa con eso de que te dan ganas de ir haciendo bucles por los pasillos del curro, jajaja!! Se me han venido a la mente mis profesores haciendo lo mismo por los pasillos de la Universidad… ¡Sería un cuadro digno de ver!
    Besos de lunes.
    Rosa.

  17. Pues a mi me encantan los musicales. Y, de hecho, Cantando bajo la lluvia es uno de los mejores remedios contra un bajón… Me gustan los de Gene Kelly, Astaire, Bubsy Berkeley, la ópera rock (fantasmas en paraísos, dulces travestidos de la sexual galaxia de Transilvania, mods en Vespa, hippies de pelo largo,…) incluso los acuáticos de Esther Williams y los franceses (bien sean en Cheburgo o al empezar la canción). Exceptuando a la Estreisand (que me resulta Estreisand-te, ñoña y repelente…).

    Un saludo (reivindicativo del musical).

    P.D. Y ojo a ese inclasficable “Privilege” de Peter Watkins con Ryan O’Neal y una fusión nazi-onal católica dictatorial…

  18. Postdata: lo bueno, todo-a-un-leru, es que como en la Uni los alumnos están casi de puente puedes ir haciendo bucles y entrechocando los pies (mezcla de jota y duende irlandés). Y especialmente si estás por los sótanos de facultades vacías…

    Lo dicho, un saludo.

  19. Y más si es la de Sevilla, jajaja!! Toda esta semana, vacaciones de Semana Santa, luego una semanita de clase, y luego otra de vacaciones por la feria de Abril… ¡Sí que dan ganas de entrechocar los pies! Así se escucha el eco resonando por los pasillos desérticos (con una bola de hierba seca de esas del Oeste rodando por ellos):D .

  20. Nada, nada, Virginia, gracias a ti. Es que a mí los musicales, salvo las excepciones conocidas… aggggg. Muy cierto lo que dices de los pantalones paqueteros de Kelly. Pero hay momentos en los que nada importa: el número de Donald O’Connor en “Cantando bajo la lluvia” es magistral, de atleta olímpico para arriba. Ocasionalmente pueden servir para subir el ánimo, pero a menudo sirven para bajarlo.

    Troncha, a mí me sacas de tres o cuatro, y con cualquier otro me matas. ¿Por qué derivan siempre hacia el pastel más insoportable?

    Rosa, no la he visto. Me parecía superior a mis fuerzas. En realidad, también me repatean los musicales de Broadway y más que ahora nos haya dado por importarlos como si fueran la panacea (debe ser de familia: un primo mío se durmió viendo “Cats”); así que yo, que no soy especial fan de Barton, no tenía muchos alicientes para ver eso.
    Que tengas unos días estupendos con tanto acontecimiento en pocas semanas.
    Besos

    Hatt, te veo un apasionado del tema. A mí, por lo general me dan pampurrias (aunque coincido 100% sobre “Cantando bajo la lluvia”).
    Saludos

  21. Por cierto, que del Broadway actual no tengo ni idea. Y del cine que lo adapta recientemente apenas (además el que me doblen canciones al castellano o canten en inglés y a mitad de canción pasen a hablar con un español pulido, también me chirría. De hecho, ¡qué demonios!, soy un integrista de la VO en musical y en todo lo demás…).

  22. mi corazón está dolido, estimado alfred…los musicales salvaron mi primera adolescencia de triste muchachito porteño…ya lo contaré algún día…siguen pareciéndome, los que son buenos, geniales…
    Pennies from heaven, Cabaret, All that jazz, Cotton Club, por ejemplo.

  23. Cacho de Pan, cumplieron (y cumplen) su función. Pero lo que digo por ahí arriba: distraer tiene una acepción buena y una mala, y los musicales consiguen ambas.
    Aún así, hay cuatro o cinco clásicos del musical que me encantan.
    Un abrazo

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