‘Buffalo 66’, paradigma del cine “indie”

Para Francisco Machuca, dueño de El tiempo ganado, rincón imprescindible para los libros y el cine.

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Gigantesco monumento fílmico de la escena “independiente” norteamericana, este drama dirigido por el también actor Vincent Gallo es merecidamente una de las más aclamadas películas de la década de los noventa. Concebida como un proyecto estrictamente personal de Gallo (que además de dirigir y actuar, se hace cargo del guión y de la música), esta fábula a medio camino entre el surrealismo y el cuento de hadas infantil (de hecho hasta el personaje de Gallo luce, como única nota de color en el triste gris de su vestimenta unos botines rojos, como la Dorothy que encarnara años atrás Judy Garland en El mago de Oz) posee fuerza, ternura, profundidad, humor y grandes dosis de crítica social.

Es frío invierno en Buffalo cuando Billy Brown (Vincent Gallo) sale de la cárcel. No es un delincuente, sino que tiene mala suerte; simplemente asumió la condena de otro tipo cuando, no pudiendo pagar una apuesta imprudente que perdió en el pasado, y acuciado por un mafioso de pacotilla (Mickey Rourke, en su papel de siempre, con los gestos de siempre, con la cara de siempre -operadísima, eso sí-, pero sensacional en los apenas tres minutos que aparece), aceptó como pago cumplir cinco años declarándose culpable de algo que no había hecho para que su cuerpo o su vida no pagaran los platos rotos, mientras el culpable se libraba de toda responsabilidad. Incapaz de revelar la infamia a sus extravagantes padres (Ben Gazzara, un ex-cantante incapaz de cambiar dos palabras con su esposa o su hijo, y Anjelica Huston, apasionada del fútbol americano hasta el punto de ver eternamente partidos grabados ninguneando a un hijo al que no veía en cinco años, y del que no guarda más que una foto de cuando era niño) inventó una historia según la cual se hallaba fuera trabajando para el gobierno en una misión especial, y con ello toda una vida feliz inmersa en el más puro sueño americano, con joven, guapa y complaciente esposa y éxito laboral y personal. Por ello, cuando se ve de bruces ante la realidad, no encuentra otra solución que secuestrar a Layla (rebosante Christina Ricci) para presentarse en casa de sus padres para seguir simulando su cuento mientras espera cumplir el estrafalario proyecto de venganza que ha estado rumiando durante años en su celda.

A ratos deliciosa, a ratos cruda, la película contiene imágenes intensas, dolorosas, desgarradoras, otras poéticas, líricas, personajes rotos por dentro, caricaturas desfiguradas de seres humanos, un fino sentido del humor, y momentos descacharrantes (la visita a casa de los padres de Billy es antológica, está magníficamente bien rodada, con continuos cambios de punto de vista y de colocación de la cámara) y también dulces y tiernos (la escena del motel, cuando Billy y Layla se acurrucan juntos en la cama, plano completamente opuesto a cualquier connotación sexual pero intensamente emotivo). Gallo retrata un pequeño ecosistema de seres humanos perdidos, socialmente extraviados, que no encuentran su sitio en un mundo devorado por lo inmediato, por la velocidad y la prisa, en un mundo de la estadística, que no saben de dónde vienen ni a dónde van, ni tampoco la finalidad ni el sentido de todo ello. Todos los personajes viven en un cuento propio como el que inventa Billy: el padre recuerda sus glorias como cantante (fenomenal escena en la que Ben Gazzara canta a Christina Ricci una de sus canciones parodiando así el género musical), la madre vive en un continuo partido de fútbol americano (el partido imprescindible del equipo de Buffalo que no pudo ver en 1966 porque justo se puso de parto de Billy, un deporte que lo perseguirá toda su vida y que también es, en última instancia, el que lo condenó a la cárcel), Layla no tiene historia, su pasado es una gran elipsis, y su futuro una gran incógnita que ella espera despejar con Billy. Son personajes sin espacio en la sociedad, sin comunicación con los demás, como bien muestra Gallo metafóricamente cuando el personaje nada más salir de la cárcel no encuentra un baño donde aliviarse sus necesidades, ni siquiera un espacio abierto en la calle donde poder hacerlo tranquilamente, o cuando su madre se empeña en ofrecerle chocolate (alimento al que siempre ha sido alérgico, aunque su madre lo haya olvidado) o refrescos con gas (que siempre le hacen daño a su débil estómago, aunque su madre tampoco lo recuerde).

Película justa, medida, con interpretaciones soberbias, en especial el propio Gallo y Anjelica Huston como forofa deportiva absolutamente ausente del resto del mundo, en la que nada de lo que sucede o aparece en el encuadre resulta superfluo, es una hermosa fábula sobre el poder del amor como aliciente vital, como, a veces, lo único que dota a la vida de un sentido y un equilibrio. Quizá el amor es ese lugar que los personajes de la película, cada uno a su manera, van buscando para no sentirse nómadas de la vida, para que los libere de esa sensación de transitoriedad, de búsqueda permanente de un sitio en el que todo cobre un orden, desde el cual uno pueda contemplar su trayectoria vital y poder afirmar que todo ha valido la pena.

17 comentarios sobre “‘Buffalo 66’, paradigma del cine “indie”

  1. Buen recordatorio me haces. No la vi cuando se estrenó y es una de mis películas pendientes. A ver si en un corto plazo….
    Un abrazo

  2. Es muy buena, no en el ámbito de la perfección técnica y narrativa, pero si en aquellos intangibles que tan difíciles son de conseguir, remover algo por dentro, la esencia del buen cine consiste en provocar alguna sensación interna, sea la que sea, y en estos tiempos en los cuales todo parece prefabricado, este filme resurge con su poderosa presencia. A mi me gustó mucho.
    Saludos Alfredo!

  3. Muchas gracias Alfredo por la dedicatoria,es todo un detalle.
    Bueno,poca cosa más puedo decir sobre esta estupénda película que no hayas dicho tú ya,por cierto,magníficamente.Para mi fue una sorpresa descubrir Buffalo 66,película que también sorprendió en el Festival de Sundance,ay,Sundance ya no es lo que era.Su tratamiento,su puesta en escena,sus personajes,en fin,cine rodando la vida,simplemente.

    Un fuerte abrazo,amigo.

  4. Súper, súper peícula. Un momento fílmico, como dices. No sé si estés enterado de que Vincent grabó hace unos años un disco lamado When: una joyita poco conocida.
    No, un monumento fílmico, como dices. Esta es la de mostrar, la de llevar, la de embaucar al futuro amor, el futuro, la futura orilla. Esta habla sobre el amor, sobre la búsqueda. Brow Bunny, que a mi me encantó, así le hayan dado muy duro, habla sobre la pérdida. Yo creo que ambas se complementan.
    Este Vincent me gusta mucho. Incluso en ese medio bodrio Amor Canibal me gusta mucho: los ojos traspasando la oscuridad, los planos.

    Es un duende.

    un abrazo, hermano.

  5. Pues sí, Valentín, hay que verla. Te gustará.
    Un abrazo

    Noe, Gallo me resulta a la vez inquietante e interesante. Buena pasta sí que tiene…

    Samuel, desde luego es refrescante entre todo lo que suele llegarnos de USA. Saludos.

    Efectivamente, Iván, quizá sus imperfecciones le dan ese aire especial del que hablas. Quizá es que la vida es imperfecta.
    Un abrazo

    Francisco, qué menos. En efecto, Sundance ya no es lo que era porque el cine independiente tampoco lo es. Las productoras independientes han quedado reducidas a meras filiales de los grandes estudios, y poco a poco inoculan su estilo consistente en la ausencia de estilos.
    Un gran abrazo

    Malvisto, qué bueno que te entusiasme tanto. A mí me sedujo desde el principio. He escuchado poco a Gallo, pero lo que oí me gustó.
    La película es un ratpo de amor, en este caso, en varios sentidos. Pero no se nos olvide que ella se deja raptar; si no, no hay manera.
    Abrazos, hermano

  6. La cosa es que yo soy Vincent: tiene todo, y por eso quiere ser él, o ser como él. Y lo del rapto, claro Cristna se deja llevar. Yo hablaba del otro de ir acompañado para mostrar cómo es que sehace y se ebe hacer.

    Por otro lado, hoy empieza eurocine; es que, es que te pediría un favor, separar la paja, no puedo ver todo, pero sí algo. ¿Me ayudas? aquí está la programación: está abajo de la página
    http://www.ambafrance-co.org/spip.php?article1317

  7. La pusieron hace no mucho un lunes noche en La2 (no podía ser otra la cadena); la grabé y los pocos días la vi. Y como dices es una delicia. Y también suscribo lo de la visita a casa de los padres, dramáticamente divertida.

  8. Y además, creo que la pusieron en versión original, nada menos que en esa cosa llamada “prime time”… Alguien debió de recibir un golpe en la cabeza, porque si no no se explica…

  9. Suena muy, muy bien… la pongo a bajar, a ver si me organizo los días de la Feria de manera que pueda estudiar y ver películas al mismo tiempo, que tengo unas ganas de ver unas cuantas…
    Esta, desde luego, suena muy bien.
    Me gusta eso que le dices a Iván de que quizás es que la vida es imperfecta… en el arte siempre se valora más lo que una pueda transmitir que la técnica… si la obra no dice nada, por buena que sea la técnica, no hay nada que hacer.
    Besos.
    Rosa.

  10. Rosa, merece la pena. Sobre lo que comentas del arte y la técnica, en principio (exceptuando quizá una gran parte del cine de Hollywood), a mejor técnica, más posibilidades de transmitir algo, de que llegue al público. En principio.
    ¿Ver películas y estudiar al mismo tiempo? Eso es desdoblar la personalidad, sí señora…
    Besos

    Minerva, lástima que les ha durado muy poquito la costumbre. Ya a veces ni siquiera son en versión original las películas de madrugada.

  11. ¡¡Jajaja!!!
    Es verdad, he puesto “al mismo tiempo”: quiero decir: películas, internet, lectura (de ocio, no de estudio): de tal a tal hora, estudiar: de tal a tal hora, y salir: de tal a tal hora… luego hay que restar el tiempo dedicado a comer, dormir, ducharse…
    ¡Ya empezamos con la “vida cuadriculada”! Y tras los finales, los parciales, hasta el verano… ay… qué mal suena, me estoy deprimiendo…

  12. No te deprimas, mujer, que todo es pasajero. Luego a disfrutar de los veranitos tan suaves que hay por allí (aunque yo estuve en Sevilla hace un par de años en pleno agosto, y te puedo garantizar que en Zaragoza hace más calor…)

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