Mis escenas favoritas – El golpe (The sting)

Gran escena la de la partida de póker en el tren perteneciente a este magnífico divertimento dirigido por George Roy Hill en 1973. El grupo de timadores, encabezado por el gran Paul Newman, que pretende dejar sin blanca al gángster Ray Lonnegan (o Lonimen), interpretado por Robert Shaw, le prepara una encerrona en el tren Chicago-Nueva York para ir tanteando el terreno y preparando el golpe final. La escena de la partida está a un tiempo llena de suspense, emoción y cierta comicidad. Fantástica.

El coleccionista: los peligros de acertar una quiniela

Porque ésa, la enorme suerte de acertar una quiniela millonaria es el improbable punto de origen del drama de esta obra maestra de William Wyler (1965), gran director que en sus últimos estertores fílmicos aún pudo dar a luz esta pequeña maravilla. Terence Stamp (premio en Cannes por su actuación) borda el papel del pusilánime Freddie, un joven empleado del Banco de Londres, débil, callado, introvertido, triste, que se siente rechazado por una sociedad que alimenta en él un profundo rencor y cuyo único oasis de paz es el coleccionismo de mariposas, bellos animalitos a los que no vacila en clavar a una madera enmarcada y acristalada. Sin embargo, su recelo por la sociedad no incluye las quinielas de fútbol, gracias a las cuales obtiene un cuantioso premio con el que dar rienda suelta a sus sueños.

Y su sueño no es otro que una joven de la que apenas sabe nada (Samantha Eggar, premio en Cannes por este personaje), con la que se cruza a diario, y a la que, a través de su empeño por saberlo todo sobre su vida, por tenerla constantemente alrededor, ha llegado a conocer superficialmente con pelos y señales: sus costumbres, sus relaciones, su lugar de trabajo, su residencia, sus itinerarios… Pero sabe que nunca podría aspirar al amor de esa joven. Ella ha sido educada en una sociedad en la que jóvenes como él están de más, cuyas virtudes no importan, cuyos sentimientos, ansias y sueños son accesorios. No, ella nunca podría entenderle ni amarle, la sociedad la ha enseñado a apartarse de hombres como él. Sin embargo, Freddie cree que si ella llegara a descubrir la bondad de su corazón, la pureza de sus intenciones, lo profundo y sincero de su amor, Samantha vería más allá de lo superficial y llegaría a apreciar sus sentimientos, incluso a compartirlos. Patológicamente convencido de ello, el pusilánime Freddie se convierte en un osado soñador que, al igual que ha acertado una quiniela de la que se siente mesiánico merecedor, se autoproclama destinatario único y justo del amor de la joven, y decide poner en marcha un plan de espaldas a una sociedad que también lo condenaría por su amor y por su forma de querer hacerlo realidad.
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Música para una banda sonora vital – Chungking Express

Esta sencilla y encantadora película del director chino Wong Kar-Wai, rodada en 1994, nos cuenta dos historias de amor en un populoso barrio turístico de Hong Kong. Por un lado, un inspector de policía al que su novia acaba de dejar, intenta rehacer su vida junto a una misteriosa mujer, traficante de drogas en realidad. Por otro, una joven camarera de un pequeño antro de comida rápida se fija en un guardia urbano de la ciudad, cuya novia azafata acaba de abandonarle, y empieza a rondar a su alrededor.

Como siempre en el cine de Wong Kar-Wai las imágenes sugerentes y poéticas y una música bien escogida son partes fundamentales del relato. En esta ocasión, el clásico de The Mamas and the Papas California Dreamin’ repiquetea continuamente recordando que para encontrar el paraíso a veces basta con alargar las manos. También aparece Dreams, de los irlandeses The Cranberries, en una curiosa versión en chino cantonés interpretada por Faye Wang, la chica de la película.

Diálogos de celuloide – La vida privada de Sherlock Holmes

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DR. WATSON: Holmes, ¿me permite una pregunta? No quisiera parecerle indiscreto… ¿Ha habido mujeres en su vida?

SHERLOCK HOLMES: La respuesta es sí…

DR. WATSON: ¡Ah…!

SHERLOCK HOLMES: … me parece usted indiscreto.

The private life of Sherlock Holmes. Billy Wilder (1970).

Luis Buñuel – La edad de oro

Para Ángel Petisme, y gracias a su Buñuel del desierto

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Tras Un perro andaluz, cortometraje con el que Buñuel y Dalí escandalizaron al público y deleitaron a los intelectuales franceses, un noble francés algo dado a la extravagancia, el vizconde de Noailles, se ofreció al genio aragonés para financiarles su siguiente proyecto. La película, aunque oficialmente en los créditos cuente con la colaboración de Salvador Dalí, es en realidad producto exclusivo de Luis Buñuel, dado que el pintor catalán se desmarcó del proyecto.

Luis Buñuel crea una película que es una mera acumulación de episodios, que se abre con un documental de 1912 al que el director añade un comentario científico y que trata de los escorpiones, todo un símil de lo que pretende con su cine (la cola del escorpión sirve hábilmente de referente comparativo tanto para lo que es su intención a la hora de rodar películas como expresión de lo que para Buñuel es también la naturaleza humana, la capacidad para aguijonear conciencias, y también para ser aguijoneado). En otro episodio un grupo de bandidos intenta huir del refugio en el que se encuentran, mientras un grupo de obispos están realizando una serie de extraños rituales en una playa (lo raro no es que los obispos hagan rituales raros, sino que los hagan en una playa, o en una manifestación, añadiría uno) quedando reducidos a meros esqueletos con mitra y todo. Continuar leyendo “Luis Buñuel – La edad de oro”

Cine en serie – Deliciosa Martha

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CINE PARA CHUPARSE LOS DEDOS (I)

Abrimos otra etapa de esta sección, en la que ya hemos hablado de cine ideológicamente repugnante y también del tratamiento de la enseñanza y la educación en el cine, con una serie de películas que tienen un apetitoso nexo en común: la comida. Es pues, cine que da hambre, cine con el que uno saliva mientras disfruta de la película, cine que provoca que los pensamientos se vayan al estómago y deriven por toda una serie de apetencias culinarias. Cine para chuparse los dedos.

Empezamos con una deliciosa comedia sentimental alemana rodada por Sandra Nettelbeck en 2000 que hace de su sencillez y de su franqueza (cosas en apariencia fáciles de lograr pero verdaderamente fruto de un duro y fenomenal trabajo) su mayor virtud, demostrando que pueden partirse de situaciones quizá un poco tópicas y reiterativas pero darles un aire nuevo, refrescante y conmovedor, y dejando claro que para contar una historia de sentimientos no hace falta caer en lo blandengue ni en lo cursi, como resultó del vomitivo remake americano de esta cinta.
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¡¡¡¡ LA ESCALERA CUMPLE UN AÑO !!!!

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Los 39escalones, este espacio para reflexionar a partir del cine, recuperar viejas películas, prestar atención al cine no anunciado en los telediarios, disfrutar de frases de diálogos memorables, degustar buena música de cine y seguir maravillándose con escenas míticas, cumple un año.

Es gracias a Valentín Cazaña y a Entrenómadas que estamos aquí. Y es gracias a las ciento y pico mil visitas, las casi cuatrocientas entradas escritas, los cinco mil y pico comentarios e incluso gracias a quienes ni siquiera saben que han ayudado tanto, que el agotado mantenedor de este blog ha encontrado tiempo y fuerzas para escribir tanto y tantos días, con la intención sincera de siempre intentar compartir las emociones, la magia, el maravilloso hechizo de esa hermosa mentira que es el cine, con música, reflexiones y algo de humor, pero sobre todo respeto al cine de verdad, al Arte Cinematográfico, que siempre debería estar por encima de cualquier otra consideración. En cualquier caso, el esfuerzo ha merecido la pena. Esperamos seguir mucho más tiempo, compartir muchas más películas, escenas, músicas y horrores fílmicos, aunque no vamos a poder mantener el ritmo diario de publicación. Pero, aun de forma discontinua, la escalera va a seguir abierta.

El cuerpo me pedía un poco de cachondeo para el día de hoy; Agradecido, de Rosendo, por la efeméride, Lina Morgan cantando “agradecidaaaaa, y emocionadaaaaa, solamente puedo decir, gracias por veniiiiiiiir”. Pero el subidón emocional, la enorme satisfacción de compartir tanto con tantos y de aprender cada día gracias a tantos amigos y tantos blogs estupendos es tal que no conozco otra sensación comparable más que la de enamorarse un viernes, que, puestos a enamorarse, suponemos que debe de ser el mejor día. Uno siente por dentro la juerga que se montan aquí Robert Smith y sus chicos de The Cure (excepto el peinado).

GRACIAS INFINITAS…