Cine en serie – Vatel

CINE PARA CHUPARSE LOS DEDOS (IV)

Esta película, como todas las que van completando esta mini-sección, va mucho más allá de la gastronomía o del acto de disfrute de la comida, pero quizá más que ninguna otra de las precedentes o de las que vengan, en un sentido mucho más amplio. En este caso nos encontramos en la Francia de Luis XIV con la historia basada en hechos reales de Vatel (Gerard Depardieu), maestro de ceremonias del Príncipe de Condé (una de las casas nobiliarias más importantes de la Francia de entonces), que debe diseñar las diversiones, entretenimientos y banquetes de la corte del Rey Sol en el castillo de Chantilly durante la estancia del soberano como invitado de su amo.

Roland Joffé (Los gritos del silencio, La misión) nos introduce hábilmente en los entresijos de la corte versallesca, en los juegos de poder y en la crisis y pérdida de valores de una aristocracia autocomplaciente, dedicada al despilfarro y al lujo, sin ocupación efectiva ni otra forma de entretenerse que con las intrigas políticas y amorosas, los combates por los privilegios y la quema constante de enormes fortunas en diversiones superfluas, síntomas que un siglo después llevarán al país a la Revolución en busca de la eliminación de una clase social que, lejos de guiar como antaño los destinos de un país, se había convertido en un baldón, una carga que los hombros de los pobres debían soportar. Ello queda bien reflejado en la película con la contraposición de los dos ambientes principales: la corte, el lujo de los grandes salones, las partidas de caza, los bailes y los entretenimientos (fuegos artificiales, por ejemplo) para los nobles, mientras los sótanos, cocinas, graneros almacenes, bullen de actividad con los criados y siervos cumpliendo las órdenes de Vatel para que todo salga perfecto y proporcionar una estancia digna del soberano y también de su amo, que se juega en el envite la vara de medir con la cual serán juzgados todos sus hechos y opiniones frente al rey y a los demás nobles. Porque Vatel de repente se encuentra con un inmenso poder en sus manos: de su trabajo depende el contento del rey, el de su amo y las habladurías, apoyos, quejas, rencores y chismorreos que surquen la corte de parte a parte en los próximos meses, más si cabe, teniendo en cuenta que el futuro de Francia y de Europa va a labrarse en esas jornadas de Luis XIV en Chantilly, puesto que va a decidir la entrada en guerra con los Países Bajos, mientras los bandos cortesanos a favor y en contra intrigan y conspiran para lograr sus fines.

Vatel se ve así desbordado, superado por los hechos a pesar de que despliega una impresionante actividad creativa y controla y supervisa cada nuevo acto, comida o baile para que todo esté perfecto, aunque, y es otra nota de contraste con el mundo de apariencias de lujo y exquisitez en realidad podrido por dentro, no pueda pagar a sus subalternos por falta de liquidez a causa del dinero que las cabezas cubiertas con peluca le deben. Todo lo complica el interés de Anne de Montausier (Uma Thurman), noble cortesana de nuevo cuño, deseada por todos incluido el rey y el marqués de Lauzun (Tim Roth), cortesano intrigante, pendenciero y de moral dudosa, que verá en Vatel una persona muy distinta de las que acostumbra a frecuentar en la corte, sincera, sencilla, profesional, capaz, vital y responsable, pero de una clase inferior, lo cual no parece importarle a ella pero sí va profundamente contra el sentido del deber de él, con lo que a las intrigas de poder, a los juegos amorosos y a una profesionalidad obligada más que nunca por los efectos positivos o negativos que del agrado o desencanto del rey pueden surgir para su señor, hay que añadir su propia zozobra personal.

La escenografía espléndida, preciosista y minuciosa en la recreación de los ambientes cortesanos (los grandes salones, los actos al aire libre, las esculturas de hielo…), de los vestuarios, maquillajes y peinados, y sobre todo de las opulentas mesas repletas de viandas, buenos vinos, fuentes enormes, y en las cocinas, con sus asados, sus cremas, sus salsas y sus pucheros en el fuego, hace que la película resulte además visualmente muy atractiva, y acentúa el contrapunto entre ociosidad, lujo y banalidad y servidumbre, miseria y anhelos de una vida mejor y más justa, a la vez que sirve de marco majestuoso para el retrato de los dilemas morales de Vatel, quien nos dice la historia que se suicidó ante la imposibilidad de complacer a plena satisfacción a su amo y por su complejo de culpabilidad al no haber cumplido con su trabajo, aunque cabe pensar quizá con más verosimilitud que terminara quitándose la vida asqueado de su pertenencia a un mundo de hipocresías, banalidad, zafiedad y falsas apariencias en las que su trabajo, además de proporcionarle la fama y el reconocimiento de la corte (y la envidia de muchos nobles al Príncipe de Condé), sólo le valieron para que sus servicios fueran objeto de apuesta en las partidas de naipes de Versalles.

14 comentarios sobre “Cine en serie – Vatel

  1. Me gustó, sí, pero me puso triste, muy triste. Es de una extraña inquietud. Y el pobrecito pájaro, mira que cocinarlo. Uffff,
    ¿monarquías?, aggg

    Besos, luego con algo más de tiempo digo algo más serio. Si es que hoy soy capaz, que no sé, no sé.

    M

  2. Dr. Fronkonstein, merece la pena un segundo visionado. Hay muchos matices y recovecos que pasan inadvertidos al principio.
    Saludos

    Entrenómadas, es verdad. Al fin y al cabo Vatel está preso, es un prisionero físico y moral. Se ahoga entre tanta banalidad, y además se ve obligado a servirla. ¿Monarquías? No gracias.
    Besos

    Francisco, es una película muy rica visualmente, y también en perspectivas.
    Abrazos

  3. Puede que también exista el género “refinamientos, exquisiteces y perversiones de la aristocracia francesa antes de la Revolución, ya que vivía ajena a lo que se le venía encima”. Igual para nombre de género es un poco largo, ¿no?

  4. Muy buena película. Refleja toda una época y yo como Marta me acuerdo del pájaro, lo cual no es exclusivo de entonces. Los españoles hacían un platillo de lenguas de guacamaya, imagínense cuantas mataban para complacer a los comensales.

    Abrazos

  5. Pues sí, Noe, el nombre es un poco largo, pero no vas desencaminada si nos ponemos a contar películas de ese cine prerrevolucionario. Nos salen unas cuantas. Incluso, en cierto modo, podemos incluir “Scaramouche”.

    Alba, ¿pero qué me dices? ¿Lenguas de guacamaya? En fin, ni a las pobres guacamayas dejamos tranquilas…
    Un abrazo

  6. Desconocía hasta ahora mismo esa película, pero después de tan brillante y elogiosa exposición y admirando el trabajo que suele hacer Depardieu, me parece que haré bien procurando verla, así que a la lista de pendientes va de cabeza. Gracias por la información tan detallada.
    Saludos.

  7. Alberto, un buen silogismo para elegir películas, sin duda.
    Saludos

    Josep, gracias; yo creo que te gustará, sobre todo por la cantidad de cosas que cuenta, aunque en algunos momentos se atasque…
    Saludos

  8. Me gustó mucho esta película. Aunque me dejó un sabor de lo más amargo, como si una de las salsas hubiera sido mal condimentada. Es curioso, es una de las películas donde menos hambre he pasado, a pesar de circular miles de alimentos, creo que vence el transfondo de decadencia de una manera tal que por eso consigue este efecto. La ambientación es genial.
    Un abrazo,

    Para equilibrar a ver cuando pones una escena de mis preferidas: La saga de la Pantera Rosa…

  9. Tienes razón, Mónica, la película es más bien amarga. Yo creo que con ésta no entra hambre por el marco, por la compañía, por el ambiente. Y sobre todo por la angustia del pobre hombre.
    Tomo nota de la sugerencia. En realidad lo tenía pensado para más adelante porque ya puse escenas de Blake Edwards (de “El guateque”) no hace mucho, y también porque no he podido encontrar el vídeo de una escena concreta que buscaba. Me pongo a ello.
    Un abrazo

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