La tienda de los horrores – Plan de vuelo: desaparecida

Aquí tenemos a Jodie Foster en plan vándalo intentando romper la luna de un vehículo en la bodega de un avión que realiza un vuelo transoceánico desde Alemania a Estados Unidos y en el que cree que puede estar su hija de seis años, aparentemente desaparecida en plena travesía sobre el mar… si es que en realidad tiene una hija.

Esta reciente película (es de 2005) dirigida por Robert Schwentke es una buena muestra de un fenómeno del que adolecen gran parte de los thrillers facturados por la vía rápida hoy en día y que termina por provocar el efecto contrario al que pretendía: el punto de partida demasiado álgido, la expectativa demasiado elevada a raíz de un comienzo cuya intensidad o nivel de intriga es complicado de mantener, de forma que el resto de la historia decepciona, frustra o bien despierta la indignación, como es el caso de esta cinta. Como comentamos en un reciente artículo sobre los proyectos frustrados de Alfred Hitchcock, el mago del suspense rechazó en ocasiones determinadas tramas para sus películas por la dificultad extrema en el mantenimiento de una tensión narrativa eficaz que pudiera seguir creciendo con el curso del metraje. Lo contrario, la explosión de la burbuja de la intriga, la trama desinflada a cada paso, le parecía indigno para el público, una tomadura de pelo si no directamente una falta de respeto.

Desgraciadamente a día de hoy a menudo no se tiene tanto tacto con las sensibilidades y expectativas del público y se perpretran películas que pretenciosamente parten de un comienzo interesante para poco a poco convertirse en pura banalidad. En este caso, Jodie Foster interpreta a una mujer norteamericana, experta en aeronáutica, cuyo marido ha muerto repentinamente en Alemania. En el vuelo en el que repatria su cadáver a Estados Unidos, tras dar una cabezada, comprueba que su hija no se encuentra con ella. Sin embargo, cuando empieza a buscarla, cuando pide ayuda para encontrarla, nadie en el avión parece haberla visto subir acompañada, nadie ha visto a una niña de sus descripción, ha desaparecido sin dejar rastro, pero quizá no cuando la madre creía, sino mucho antes de subir al avión, si es que no murió junto a su padre y son sus alucinaciones, el stress postraumático el que la ha convencido de estar junto a ella, de verla y hablar con ella.

Lo que aparentemente es un punto de inicio interesante (¿cómo ha podido desaparecer una niña pequeña en pleno vuelo sobre el océano? ¿cómo es que nadie la ha visto? ¿existe realmente la niña o es que la mujer equilibrada y cabal que parece Foster es en realidad una lunática del quince?) deriva sin advertencia previa, a traición y con una puñalada trapera de las más burdas, zafias, torpes e insultantes vueltas de tuerca de los últimos años en un derroche de banalidad, lugares comunes y convencionalismos simplones, estropeando un planteamiento inquietante y absorbente al derivarlo hacia una trama imbécil acerca de chantajes aéreos y amenazas de bomba. Vamos, una soplapollez, o como dice el refranero, para este viaje no hacían falta tantas alforjas.

Porque claro, tal giro argumental es tan endeble (el secuestro de la niña por parte del terrorista para obligar a la madre, experta aeronáutica a determinadas cosas) que deja tantos cabos sueltos y tantas cosas sin explicar y abre las puertas a tanta idiotez junta vista mil veces, que el espectador que haya prestado atención medianamente no puede sino cabrearse, maldecir al director, a los guionistas (Peter A. Dowling y Billy Ray) y al que puso la pasta para semejante estafa. Que Jodie Foster, Peter Saarsgard (en menor medida) o Sean Bean estén correctos en sus papeles no salva un ápice el hecho de que esta película se constituya en un crimen contra lo que debe ser el primer principio de un guión basado en el suspense: mantener expectativas de forma ascendente hasta el clímax final (si es que éste está al final, cosa que el maestro Hitchcock supo contravenir sin menguar el resultado), y sobre todo, no sobrepasar la línea que separa la ocultación o el camuflaje legítimos de información al espectador en busca de una sorpresa que emocione en la butaca y convertir los datos ofrecidos en mentiras que busquen en la sorpresa (introducida contra toda lógica, insospechada por el espectador, imposible de ver venir) y el efectismo el único fin (mismo error que por ejemplo comete Pedro Almodóvar en La mala educación).

En resumidas cuentas, que lo iba para thriller resultón termina siendo una mamarrachada de espanto, en la que la lógica indignación a los dos tercios de película convierte el desenlace en una parodia insoportable. Evidentemente, los guiones no se escriben pensando en un principio que atrape. Lo que tiene que atrapar es el final.

Acusados: Robert Schwentke, Peter A. Dowling y Billy Ray
Atenuantes: ninguno
Agravantes: mala fe evidente
Sentencia: culpables
Condena: galeras. Sin remisión. Y además como en el chiste del centurión y los remeros: “tengo una buena noticia y una mala. La buena es que hoy vais a poder cambiaros de calzoncillos. La mala: tú te los cambias con éste, tú con éste…”.

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18 comentarios sobre “La tienda de los horrores – Plan de vuelo: desaparecida

  1. Como si lo hubiera escrito yo, pero mejor; un principio interesante y un final atroz; coincido en todo, excepto que, en este caso, la sentencia dbería ser no a galeras, sino a repasar las galeradas de tantos guiones clásicos como minutos dura la película, a ver si así aprenden a confeccionar un guión como se debe.
    Una pregunta: ¿esos guionistas también hicieron huelga?¿antes, durante o después de escribir ese guión?
    Otra pregunta: El tan traido y llevado super coeficiente intelectual de la Foster ¿no le permite preveer la pifia cuando antes de empezar, se supone ha leído el guión?
    Saludos sabatinos.

  2. Una vez más he de darte la razón. La cinta en cuestión no se sustenta, a pesar de sus pretenciosas intenciones, ni por los andamios que le pudiera porporcionar la solvencia de su protagonista (aquí, un pelín desmadejada; o bien se muestra contenida, o bien por momentos totalmente ida; falta de equilibrio que se transmite al espectador, y que a pesar de lo que pudiera suponer, no responde al perfil del personaje).

    Hay ciertas academias de un guión de intriga y suspense, que hoy no se tienen en cuenta. No tengo ni idea de a qué puede responder eso; sería una temeridad por mi parte juzgar a guionistas profesionales. Pero lo bien cierto es que o bien se peca de precipitación en los desenlaces, o bien, como es el caso, se ven imposibilitadas -impotentes- por mantener una tensión, una pulsión decorosa y acorde con el drama que pretenden desarrollar.

    El Sr. Hitchcock, al que citas convenientemente- también aseguró con respecto a la falta de credibilidad de una historia, que las mentiras en un guión eran lícitas, siempre y cuando ayudaran al avance de la historia y sirvieran para apuntalar cosas creíbles, pero no cuando se convierten en el pretexto mismo para contar algo.

    Por otro lado, me jode tener que coincidir tanto contigo, pero yo también estimo que La Mala Educación -he tenido verdaderas batallas por decir ésto- es una de las películas fallidas de Almodovar (sin superar, por imposibilidad manifiesta, desastres del calibre de Kika).

  3. No la he visto, pero he visto muchas por el estilo… creo que esto una costumbre tan yankee como el Día de Acción de Gracias (en el caso del cine comercial actual, claro)… aunque supongo que otros tampoco se quedarán cortos. Al principio te enganchan, empiezan con un nivel de intriga “prometedor” y luego se van desinflando como un globo. Más de lo mismo.
    Besos.
    Rosa.

  4. Tengo por norma no ver nunca películas que van de gente que bucea y que viaja en avión. Pero ésta la vi y la verdad es que tienes razón es muy mala. Hay algún momento quizá de interés, de pensar qué haría yo en una situación parecida. Pero el desenlace es tan malo, el ritmo tan tontarrás y todo, todo tan sin sal.

    En fin…

    Estoy de acuerdo con lo que decís Raúl y tú sobre Almodóvar.

    Besos de sábado perezoso y lleno de libros…

    M

  5. Pues esta si que la he visto Alfredo, no me aburrí, pero eso si, es mala hasta decir basta, la de recursos narrativos que utiliza para después llegar a contradicciones denunciable hasta el extremo. Hay cada estupidez como para echarse a dormir.
    Y la srta.Foster después de esto y “La extraña que hay en ti” me ha puesto de los nervios ya.
    Saludos!

  6. Yo no sé por qué esta película me recuerda en seguida una que se llama Los Desaparecidos, o Los Olvidados (the forgotten) con Juliane Moore, en la que esperaba un desenlace mucho mejor que el de los malditos marcianos. Hubiera preferido un complot del gobierno, algo más. Y me la vi en cine, y lo peor, hasta la recomendé, después de eso o bien sale todo bien, porque se dedica uno a echar pestes, o lo dejan a uno torado porque tener tan mla gusto.
    Sí, señor, que una mala pelícual es peligrosa, como peligrosa puede ser la congetión de creer que por tener un punto intersante, como lo dices, salen con esa chorrada.
    Ja, y el chiste del centurión: gracias, buenísimo.

    un abrazo

  7. Como ya advirtió Hitchcock, amigo Josep, no puede empezarse una historia por un punto de tensión tan alto que no se pueda mantener o incluso incrementar. Es el mandamiento nº 1 del guionista o el escritor. Por eso existe una cosa llamada clímax, que es el punto álgido de cualquier historia. Si lo colocamos al principio, no tarda en desmoronarse.
    Lo del coeficiente intelectual debe ser mala cosa para actuar, porque anda que Sharon Stone, se las trae…
    Saludos domingueros

    Raúl, suscribo punto por punto tu comentario. Y no me jode, je, je. Sería para divagar mucho, pero en esos problemas de guión que citas habría que ver cuánta influencia representa la televisión y la escritura para televisión en estas perversiones de guión.
    Espléndido comentario. Saludos

    Rosa, eso es como si, por ejemplo, el sexo, empezara por el final. ¡vaya comparación!
    Besos

    Entrenómadas, a mí me encanta(ba) Jodie Foster. Pero poco ha poco ha ido diluyendo su carrera por malas elecciones y porque no hay papeles en Hollywood para ella. Además, por su condición sexual ha recibido la condena pertinente del sector más conservador de los estudios.
    La película, para olvidar.
    Besos y más libros…

    Fernando, sigue siendo la misma escalera, sólo que unos la suben y a otros los despeñamos por ella…
    Abrazos

    Iván, esto es como una chica que durante toda la noche no hace sino darte esperanzas y luego ná de ná. Una expectativa demasiado alta no lleva sino a la decepción total.
    Un abrazo

    Malvisto, sé cuál dices. Horrible, exactamente el mismo problema que ésta. En estos casos uno tiene concedido el derecho a abandonar la sala, cambiar de canal o insultar al guionista. Bula total.
    Abrazos
    PD: ¿y ese correo?

  8. Qué pena, no la he visto, pero me la imaginaba tal como la describes: efectista y vacía. Postdata: el chiste de los galeotes no pasa de moda nunca.

  9. Qué mal rato pasé con esta película, no hacía más que levantarme a hacer cosas… yo lo siento por la Foster, pero es que nunca me ha gustado.

    Un abrazo

  10. AdR, es una estupenda actriz. De sus películas cabe decir muchas otras cosas y no demasiado buenas, a veces. La película interesa al principio, hacia la mitad, cuando empieza la deriva, es para levantarse y no volver.
    Un abrazo

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