‘Johnny cogió su fusil’, el dolor traspasa la pantalla

Esta película de 1971 es el dolor en estado puro, la evidencia de que hay situaciones mucho peores que la muerte y la postulación cruda y directa de la eutanasia como vía alternativa para paliar el sufrimiento, como forma de cortar por lo sano con la anomalía que supone el hecho de que una vida quede tan desvirtuada de lo que es su ciclo natural, de su finalidad o intencionalidad biológica expresada en la fórmula “nacer, crecer, reproducirse y morir”.

Joe Bonham (Timothy Bottoms) es un joven soldado que ha sido herido por una granada anti-carro precisamente el último día de hostilidades de la Primera Guerra Mundial. La herida es terrible: ha perdido todas las extremidades, la vista, el oído y la capacidad de hablar. Vamos, lo que el famoso chiste: “¿qué pasa, tronco?”. Bromas macabras aparte, Joe ha quedado reducido a una mínima masa corporal que incluye la cabeza y la mayor parte del tórax, pero es plenamente consciente y percibe, dentro de sus limitaciones, todo lo que sucede a su alrededor, razona, elabora juicios, y sobre todo, conserva plenamente la memoria de sus años pasados con “normalidad”. Los cuidados médicos que recibe son los mejores, pero es un monstruo. La opinión pública no podría soportar el hecho de que decisiones políticas lleven a jóvenes veinteañeros a quedar reducidos a una mera acumulación de carne, un pedazo sobre una camilla conectado a un par de máquinas que conserven sus funciones vitales, pero que nadie cree capaz de poder seguir emocionándose, sintiendo, soñando, recordando… Aislado por la autoridad militar que teme el fuerte componente propagandístico antigubernamental y antibelicista, llega a establecer una conexión puramente perceptiva con Karen, una de las enfermeras que lo atiende. Karen será lo único en su vida actual, lo que lo mantiene conectado a la vida, lo que le da fuerzas para soportar una situación tan terrible.
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Música para una banda sonora vital – David Byrne

Seducción letal (Palmetto, 1998), un tanto convencional pero muy eficaz ejercicio de cine negro rodado por el alemán Volker Schlöndorff y protagonizado por Woody Harrelson, Elizabeth Shue, Chloe Sevigny, Michael Rapaport y Gina Gershon, pasó de largo inexplicablemente de las pantallas y se fue directamente al mercado de vídeo. La historia está un poco trillada pero el guión es bueno: tipo seducido por femme-fatale que se mete en un lío turbio y de difícil salida.

La canción que suena en los créditos es casi una ironía: Miss America, de David Byrne, ex-líder de Talking Heads (grupo con canciones que, como And she was o Burning down the house, ha tenido mucha presencia en el cine), en una especie de sutil guiño cómplice a la propia trama de la película (las penurias que pasa Harrelson en la tierra del sueño americano -“I love America, yo siempre he confiado en tí, I love America, por qué me tratas así”, dice la canción, en español) o a la protagonista (la sensual Elizabeth Shue, perturbadora a más no poder). Se acompaña otro tema reciente de Byrne, Like humans do, y el tema de Talking heads, And she was, que aparece, por ejemplo, en Mira quién habla (Amy Heckerling, 1989), comedia un poco tonta que fue la resurrección de John Travolta.

Mis escenas favoritas – La pantera rosa

Merecidísimo tributo a Peter Sellers y su caracterización como inspector Clouseau a las órdenes de Blake Edwards en la saga de películas sobre La pantera rosa, en las que el genial cómico inglés da rienda suelta a su demoledor repertorio de metidas de pata, torpezas, complicaciones y catastróficos azares. Nada que ver, por supuesto, con el estúpido remake de hace unos años con Steve Martin y la neumática Beyoncé.

Para Mónica Gutiérrez Sancho.

Alfred Hitchcock presenta – Los “Hitchcocks” que no vieron la luz

Alfred Hitchcock, el auténtico Sir Alfred, no sólo es un cineasta capital para la Historia del cine y del arte del siglo XX por la inmensa calidad de su trabajo, sino también por lo que su figura supuso para la industria del cine como creador capaz de cubrir todos los aspectos de la producción cinematográfica, desde la técnica a la escritura de guiones, desde la publicidad al control financiero, llegando a ser uno de los primeros directores capaces de convertirse en productor de sus propias obras, e incluso, cosa realmente insólita, en constituirse en propietario del negativo de sus propios films. Sin embargo, su audacia, su enorme capacidad, su talento, no estuvieron libres de fracasos, de proyectos que nunca vieron la luz, de frustraciones y derrotas creativas al intentar llevar a la pantalla historias que nunca salieron adelante. Repasamos las más importantes:

Number thirteen: en 1922 Hitchcock se encontraba dando los primeros pasos para superar su condición de rotulista y responsable de dibujos de los estudios filiales de la Paramount en Londres y poco a poco intentaba convencer a los productores de que era capaz de escribir guiones y además de dirigirlos. Su primera película, Woman to woman, vino precedida de un fracaso al rodar una historia escrita por una empleada de los estudios antigua colaboradora de Chaplin que no pasó de dos rollos de filmación ante el abandono del inversor norteamericano de los estudios. La película, inacabada, durmió para siempre el sueño de los justos.

Titanic: en 1939 los últimos éxitos de Hitchcock en el cine británico y su proyección internacional le habían asegurado un contrato con el magnate David O. Selznick, productor de Lo que el viento se llevó, para su desembarco en Hollywood y el rodaje de una película sobre el hundimiento del famoso transatlántico. Hitchcock, nunca convencido del todo de lo ajustado de ese proyecto a sus intereses y métodos de trabajo, era más partidario de rodar Rebeca, sobre la novela de Daphne du Maurier cuyos derechos ya habían sido adquiridos. Durante el año que faltaba para su incorporación efectiva a Selznick International, Hitchcock, mientras rodaba Posada Jamaica para matar el tiempo, intercambió frecuentes comunicaciones con Selznick, y tras varios tiras y aflojas y un complicado intercambio de impresiones con un hombre tan controlador y temperamental como Selznick, con el que Hitchcock nunca se entendió, el Titanic se hundió. Hitchcock debutó en Hollywood con la más inglesa de sus películas americanas.
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Cine en serie – La gran comilona

CINE PARA CHUPARSE LOS DEDOS (V)

Todos en alguna ocasión hemos tenido la suerte de asistir a algún tipo de celebración en la que la cantidad y calidad de los platos a degustar ha terminado por saturarnos, resultando la mera presencia física de comida un tanto incómoda, por no decir repulsiva, una vez rellenado todo el espacio disponible entre el píloro y la garganta… Una sensación parecida proporciona esta película francesa rodada por el italiano Marco Ferreri en 1973, con guión del maestro recientemente fallecido Rafael Azcona. Porque eso mismo, saturación de placeres mundanos, es lo que nos ofrece sin cortapisa este clásico del cine europeo, polémico drama en el momento de su estreno que logró reunir en su reparto a cuatro gigantes del cine del viejo continente: Philippe Noiret, Michel Piccoli, Ugo Tognazzi y Marcello Mastroianni.
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Paco Martínez Soria forever

En el último Bloggellón (para quien lo desconozca, acto social que reúne a los bloggeros de Zaragoza y alrededores en un mismo punto espacio-temporal), edición nº 11, y alentados ante el gran éxito que supuso la conmemoración del Día de Fernando Esteso, se aprobó por minoría absoluta la celebración, hoy 1 de junio de 2008, del día de Paco Martínez Soria, cómico turiasonense venido al mundo para mayor gloria de las Españas y uno de los principales y más exitosos difusores de los tópicos más recurrentes de lo aragonés, de lo que algunos se vanaglorian y lo que otros atacan sin piedad.

Además de recordar la fantástica página web que recorre su vida y obra: www.donpacomartinezsoria.com, como tributo a este gran actor, ante cuyos despliegues interpretativos aún hoy resulta difícil evitar una sonrisa o una carcajada por muchas veces que se hayan visto sus películas y por mucho que Cine de Barrio, el mayor exponente de la zafiedad televisiva y de la fosilización del franquismo en buena parte de la sociedad, le sirva de marco incomparable, ofrecemos un par de vídeos de su gran obra Don Erre que erre, dirigida por el cineasta del Régimen José Luis Sáenz de Heredia en 1970 y que cuenta la historia de don Rodrigo, qué casualidad de nombre, que se enfrenta a unos peces gordos de la banca cuando en un atraco los ladrones se llevan 257 pesetas que el banco estaba a punto de pagarle y que éste se exime de abonar a su cliente, remitiéndose a la responsabilidad criminal de los malechores (porque en la España de Franco y olé, también se robaban bancos…). Y los vídeos no podían ser otros que el del famoso “chiste del catapún” y el no menos célebre “que no son sus, que son mis”. Momentos imborrables de ayer y hoy… ¡¡¡¡Viva don Paco!!!!